viernes, 19 de febrero de 2016

LA NOVELA CONTINÚA

                                         LA NOVELA CONTINÚA
                                                         JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
                                    En  recuerdo de  Alberti, ya marinero en mar, cuya patria fue
                                    el exilio y su nación la Humanidad
                           
          
  La crisis de hegemonía  que trajo consigo el  Desastre colonial para el régimen
 de la Restauración no sólo favoreció la cristalización definitiva de los  nacionalismos vasco y catalán, sino  que fue, sin duda, el principal factor  del impulso renovado que tomó a partir de entonces el discurso del nacionalismo español.   De él  participaron  los más  importantes intelectuales españoles de diversas tendencias ideológicas, pero  donde alcanzó mayor altura y resonancia fue entre aquellos que  defendían  o eran partidarios de los proyectos reformistas que se presentaban como alternativas al sistema de la Restauración.
            Como no podía ser de otro modo, ese discurso se   centró  en el tópico del “ problema de España”, expresión que terminó por definirlo, y, envuelto en los aromas del esencialismo de los pueblos del idealismo alemán, hablándonos de una España nacida en la noche de los tiempos y del carácter genuino del pueblo español, se prolongó durante toda la primera mitad del siglo XX. Mientras que aquel que surgió paralelamente para justificar  los nacionalismos emergentes, construido también desde esos supuestos culturales, pero con mayor dosis de  esencialidad, se mantuvo y pervivió hasta hoy entre los nacionalistas periféricos.
          Dada no sólo la enjundia del tema en sí, sino también el hecho de que en el caso de muchos de esos intelectuales constituye el núcleo de su pensamiento y ha sido necesario tratarlo para realizar su biografía intelectual, acerca del mismo han corrido ríos de tinta. Por ello, el objetivo de Javier Varela en este libro, La novela de España (Taurus,1999), ha sido realizar una revisión con el propósito de no caer, ni en las apologías ni en las descalificaciones con que, según él, ha sido tratado habitualmente. Sin embargo, en este caso, no nos parece que haya logrado un fruto tan granado como el  que alcanzó con la revisión de la biografía de Jovellanos.
         La mejor manera de no caer en análisis  apologéticos ni descalificadores habría sido tratar de explicar la función política y social de ese discurso nacionalista dentro de su contexto histórico. Pero Varela no hace eso, sino un repaso  brillante y ameno,  erudito y analítico del discurso nacionalista español desde el de  Menéndez Pelayo hasta el de J. A. Maraval pasando por el de los krausistas, regeneracionistas, generación del 98, Costa, Ortega, A. Castro y Sánchez Albornoz. Su análisis desborda incluso ese marco con valoraciones sobre la biografía intelectual de los estudiados e incluso con incursiones en su biografía personal. 
            No es que uno no valore la actitud desmitificadora  ni la erudición que envuelve todo el libro de Varela. Al contrario, deben de agradecerse y son un aliciente más de su lectura. Así provocan la sonrisa los éxtasis serranos de Giner de los Ríos o las peripecias de la amañada oposición a cátedra de don Marcelino. Pero los excesos en ese afán desmitificador le hacen caer en algunos pasajes y ocasiones en la caricatura, y  la prolija erudición, en el detallismo  fútil. Como ocurre cuando habla de la religiosidad de los hombres de la Institución Libre de Enseñanza o  describe los elementos culturales nacionales que adornaban la casa del paseo del Obelisco (como era conocida entre los miembros la sede madrileña de la Institución), mencionando hasta la cecina de Villablino.
            Se echa de menos un capítulo dedicado a Azaña, quien, sin duda, por su condición de eslabón  fundamental entre el nacionalismo de obras públicas, llorón  y lastimero de los hombres del 98 y el nacionalismo liberal- democrático que don Manuel representa, bien  merecía un tratamiento más especifico y no sólo las frecuentes referencias que de él se hacen. Entre tanta erudición y análisis brillantes, se encuentran también a veces ciertas imprecisiones y se aprecia algún fallo que otro. Como ocurre en el apartado dedicado a Rafael Altamira, en el que se habla ambiguamente de la relación de Salmerón y de éste con los medios de prensa republicanos, sin mencionar a La Justicia, periódico de inspiración republicana moderada promovido por aquél y otros correligionarios y el cual  dirigió durante algún tiempo el intelectual alicantino. O cuando en su análisis no se valora la vertiente americanista del pensamiento nacionalista de Altamira o la importancia decisiva que tuvo en su biografía intelectual y académica su viaje a América.    
            Cien años después de que ese discurso tomara vuelo y veintiuno tras la aprobación de la Constitución, en medio de una estratégica y unilateral “tregua” de ETA, el modelo de articulación territorial del Estado, concretamente el ajuste de los nacionalismos periféricos dentro del marco estatal, hace aguas. Ese enfrentamiento entre los partidarios del nacionalismo español y los nacionalistas periféricos, ha vuelto a hacer reaparecer la “angustia nacional”. Eliminados, más o menos, los otros tradicionales demonios familiares, éste se resiste a desaparecer y urge hallar una definitiva formula para su  solución.
            Una propuesta para encontrarla es la que desarrolla Javier Tusell en este libro, España, una angustia nacional, (Espasa,1999). Casi podría darse al lector el mal consejo de que comenzase su lectura por el final donde está resumida la “solución” que Tusell nos propone, porque toda  la argumentación académica  multidisciplinar que desarrolla el libro, desde la ciencia política hasta la sociología, pasando por la Historia, está al servicio de su justificación. Propuesta que no deja de ser una legítima  opción ideológica más, cercana a  la de la  Declaración de Barcelona realizada por los partidos nacionalistas el año pasado, basada en la construcción de un estado asimétrico que reconozca  a los nacionalismos periféricos un status diferente del de las otras autonomías.
            Tusell propone que ese reconocimiento debe ser realizado por consenso y dentro del marco constitucional actual. Y para convencer a uno y otro bando,  tratando de que se supere la dialéctica de enfrentamiento, reviste sus argumentos de contenido  científico para tratar de demostrar  cómo las posiciones tanto de los nacionalistas españoles como las de los periféricos más extremos no son corroboradas ni por la ciencia política ni por la Historia y sí el contenido de su propuesta.    
             Para ello dedica parte del libro a realizar un repaso a galope de las diferentes teorías que la ciencia política ha dado sobre el nacionalismo, a trazar un sintético, pero sustancioso análisis del proceso histórico de la  formación del nacionalismo español, y a proponernos su visión del significado del actual resurgimiento de los nacionalismos. Y todo ello, cómo no, le lleva a concluir lo idóneo de su propuesta. El proceso histórico del nacionalismo español ha tenido como resultado la conversión  de España en una “nación de naciones”, peculiaridad española dentro de Europa que hace tan respetable como compatibles a la nación española como a los nacionalismos periféricos. La ciencia política le demuestra que las teorías de la izquierda sobre los fundamentos de clase del origen del nacionalismo y de la invención de la nación por el Estado no tienen  fundamento. Y, en consecuencia, por no tener  ese origen espurio, sí tienen derecho de reconocimiento los proyectos nacionalistas periféricos basados en un nacionalismo cultural blando. Finalmente, el nacionalismo posmoderno que ha resurgido en la actualidad dentro de un mundo globalizado ha dejado obsoletos, según el autor, tanto el intento de querer imponer un Estado mononacional como pretenden los nacionalistas españoles,  como  tratar de conseguir la independencia para construir a su vez otros Estados- nación de menor escala  como dice la ideología de los nacionalistas periféricos.
         En resumen, la novela de España continúa y no se ha escrito aún su final. “Dios mio, pero qué es España”, escribió Ortega definiendo el nudo de su primera parte, relacionado con el problema de la “modernización” de España. “Qué será España”, podría ser la interrogación  que vivida con o sin angustia, según los casos, mejor sintetice el de ésta segunda que se está escribiendo hoy en torno a  la cuestión problemática de los nacionalismos periféricos. En relación con ello, el libro de Varela no deja de ser una limitada, pero erudita y brillante explicación del argumento de la primera novela de España. Mientras que el texto de Tussell, fundamentado y de lectura aprovechable, no es sino  un elemento más del argumento de  la inconclusa continuación  de esa novela.













jueves, 11 de febrero de 2016

Agustín Arüelles, el arquitecto de la Constitución de 1812

ARGÜELLES, EL ARQUITECTO DE LA CONSTITUCIÓN DE 1812

                                                                         Julio Antonio Vaquero Iglesias

                                                                         
 
ASUSTÍN ARGÜELLES

El año del bicentenario de la Constitución de 1812  está a punto de finalizar en Asturias con un sonoro -casi estridente- silencio acerca del crucial  papel que en su redacción y aprobación tuvo el insigne asturiano, natural de Ribadesella, Agustín Argüelles. Ese silencio, que es una muestra más de la incuria de nuestros políticos e instituciones  culturales y académicas, sólo ha sido roto por este libro del profesor  Juan Ramón  Coronas Gonzáles: Agustín Argüelles. Permanecerá en la memoria, publicado por ASOCIACIÓN CULTURAL AMIGOS DE RIBADESELLA (ACAR) editado- es también de justicia precisarlo- en colaboración con la CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE
.   Coronas, buen conocedor de la biografía y la obra política del ilustre liberal riosellano como demostró en una anterior biografía de Argüelles centrada en la reconstrucción  de su obra  política, analiza, matiza, concreta en la primera parte de su libro la actividad pública de don Agustín a lo largo de su agitada vida política. Vida política  que abarca desde su  primordial papel  como partero de la Constitución de 1812, su destierro  a la vuelta del rey felón en el sexenio absolutista y  su posterior  vuelta a la actividad política con la reposición del liberalismo en el Trienio como ministro de la Gobernación, su exilio en Londres durante la década absolutista, hasta su regreso a España a la muerte de Fernando VII y su participación política como diputado, Presidente de las Cortes, tutor real  en el régimen liberal que sustituyó al absolutismo fernandino. Última etapa de su vida política  esta en la que también jugó un destacado papel en la institucionalización del liberalismo doctrinario con su activa participación en la redacción de la Constitución de 1837 que suponía el paso de la monarquía parlamentaria de 1812, en la que la soberanía residía exclusivamente  en la nación, a  una monarquía constitucional en la que la  soberanía nacional  era compartida por el Rey y las Cortes. Esta evolución política de Argüelles  es representativa, sin duda, de la que siguieron la mayoría de los  primeros liberales de las Cortes de  Cádiz, pasando de las posiciones del liberalismo de cuño democrático de la monarquía parlamentaria diseñada en 1812 a las del liberalismo doctrinario y oligárquico de la monarquía constitucional que dominaría en España  el resto del siglo XIX y en parte del siguiente.
     Deja claro el autor los dos hitos biográficos  que llevaron a Argüelles a convertirse en la cabeza del grupo de liberales españoles que, tras las huellas del racionalismo político francés y no del británico- como pretendía Jovellanos-, dieron vida a unas Cortes legislativas y extraordinarias que transformaron el sistema absolutista imperante en un  régimen liberal  de tendencia democrática. Sistema político  en  el que los súbditos se convirtieron en ciudadanos y unas Cortes unicamerales representaban exclusivamente  a la nación.
 Esos dos momentos fueron, primero, la feliz circunstancia que llevó a Argüelles a Londres en 1806  en una misión diplomática encargada por el Gobierno de la Monarquía, de objetivos no bien conocidos. Estancia  londinense que le permitió conocer y admirar de la mano del precoz hispanista lord Holland, el funcionamiento del sistema parlamentario británico cuyo conocimiento fue decisivo para su práctica política en las Cortes gaditanas, aunque después se decantara por el modelo constitucional revolucionario francés. (Por  cierto que allí le encontró y recibió su apoyo el  grupo de comisionados asturianos que la Junta de Asturias había enviado en 1808 a la capital inglesa para llevar a cabo una alianza militar  con Gran Bretaña contra el invasor francés, tras haber declarado los representantes asturianos  la guerra  a Napoleón) El segundo hito que explica en parte su decisivo papel en las Cortes de Cádiz es, sin duda, su nombramiento como Secretario de la Comisión  de  Legislación la Junta Suprema Central establecida en Sevilla a causa de la guerra;  nombramiento en el que tuvo que ver, sin duda, la influencia de Jovellanos quien  incluso, descontento con la forma unicameral de las Cortes, y la dirección que tomaba  la obra legislativa  preconstitucional gaditana, siempre le manifestó su respeto y estima. Su intensa actividad legislativa en Sevilla le permitió tener un profundo conocimiento de la legislación de los reinos y la Monarquía españoles y del proceso constitucional francés, conocimiento que después utilizaría con gran maestría y habilidad tanto en los primeros decretos preconstitucionales aprobados por las Cortes como en la Comisión constitucional, creada por éstas para alumbrar el proyecto de Constitución. Comisión de la que  Argüelles fue miembro destacado y,  por sus conocimientos, elemento decisivo en la redacción del proyecto, así como después en su discusión  y aprobación.
Que su  papel  en la composición del texto constitucional fue decisiva, lo prueba que Argüelles, junto con  Espiga y Gadea, fue uno de los dos  diputados encargados de redactar el Discurso Preliminar con que la Comisión presentó el texto constitucional a las Cortes Y el asturiano fue, además, el encargado de presentarlo y leerlo. Coronas considera con cierto fundamento que esos datos son una clara prueba de que don Agustín fue  el verdadero autor material del mismo   
Más original y novedosa es la segunda parte del libro cuyo contenido es una reconstrucción minuciosa de los homenajes y honores post mortem que se le dedicaron al tribuno asturiano y,  través de los cuales, se constata  cómo fue la recepción que la sociedad española tuvo de la obra política de Argüelles, o dicho de de forma más actual, cuál ha sido el contenido y la evolución de la  memoria histórica de su obra política  Ese recorrido por “los lugares de la memoria” - como los denomina la historiografía francesa- de Argüelles, son una prueba más del escaso interés que en Asturias ha despertado su legado, con algunas excepciones. El único homenaje en vida que recibió fue precisamente  su nombramiento  como “doctor honoris causa” por la Universidad ovetense. Y en el pasado siglo y en el  actual, y de lo que es una muestra palpable este libro, los que le ha dedicado su villa de  nacimiento: Ribadesella.   
      /(PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO CULTURAL DE "lA NUEVA ESPAÑA" DE OVIEDO)                                                                   


  

Una solvente versión de La Muralla

               UNA SOLVENTE VERSIÓN DE “LA MURALLA”
                               JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
              
             
                JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS






 Como brillante colofón del IX Festival de Teatro Amateur “Ciudad de Oviedo” 2015 (por el que hay que felicitar a su organizador y patrocinador: la Federación de Grupos de Teatro Amateur del Principado de Asturias y el Ayuntamiento de Oviedo, respectivamente) se representó este pasado martes en el Teatro Filarmónica de Oviedo por el grupo teatral Odisea Teatro. la obra de Joaquín Calvo Sotelo, “la Muralla” que obtuvo cuando fue estrenada en 1954 un clamoroso éxito de público y de crítica a nivel nacional e internacional.
Estamos ante una obra de tesis que narra el drama de conciencia de un antiguo militar del ejército franquista que se apropia fraudulentamente del patrimonio de uno de los vencidos en la Guerra civil y tras el miedo a la muerte originado por una grave enfermedad, trata de devolver, por temor a la justicia divina, su patrimonio a su verdadero propietario. A ello se opone con uña y dientes su familia que edifica en torno a él una simbólica muralla para impedirle llevar a cabo su decisión. La trama desarrolla una “atrevida” crítica (en realidad meliflua y limitada) a la corrupción y la hipocresía religiosa muy extendidas en el bando vencedor. Crítica que le causó al autor numerosos problemas con la censura y algunos sectores del régimen franquista.
 La puesta en escena que se nos ha ofrecido en esta representación respeta en general la estructura del texto escrito de la obra, pero la directora y su ayudante de dirección, Arantxa Atutxa y Inma Montes, con acierto  lo han acortado suprimiendo algunos pasajes retóricos para darle más ritmo y hacerlo así más asequible  a los espectadores. Del mismo modo que han sabido resolver con maestría una de las mayores  dificultades de la puesta en escena de esta obra. Esto es: como disponer y dar movimiento  en el único escenario en el que se desarrolla toda la trama, el salón de una casa burguesa de la época, con habilidad y simbolismo a los ocho personajes que constituyen el cuadro de actores. Está bien logrado también, a mi modo de ver, el contraste que el autor ha querido establecer entre el tono relajado y humorístico que destilan algunos diálogos de los actos que desarrollan el planteamiento y el nudo de la obra y que protagonizan algunos personajes como es el caso del cura de Puebla de Trives, y el tono de alta tensión y melodramático que se alcanza en el desenlace cuando Jorge Hontanar, el protagonista, pretende tener una entrevista con Gervasio Quiroga, su víctima, para confesarle su intención. Y para  impedírselo su familia se dispone en torno a él como una muralla y el protagonista fallece sin poder cumplir su propósito.
 La interpretación del elenco de actores fue notable, llegando en algunos casos a excelente, comenzando por los dos protagonistas, Jorge Hontanar (Eusebio Tuya) y Matilde (Ana Cristina Tolivar), su suegra y la verdadera organizadora y manipuladora del complot familiar, y el resto de los actores: Beatriz Arrieta en el papel de esposa del protagonista; Charly Katz, en el del secretario; Génesis Abigail, en el de su hija; Jorge Melero, en el de su futuro consuegro; Tita Saavedra, en el de la criada y Octavio, en el del cura rural. La iluminación y música fueron apropiadas para realzar la puesta en escena y el vestuario ajustado a la época en que se desarrolla la obra.
  La recepción de la representación por parte del público que llenaba el teatro fue positiva con aplausos en los cambios de acto y calurosa al finalizar la obra.
 En conclusión, una solvente versión de “La Muralla” por la que, sin duda,  hay que felicitar al grupo teatral Odisea Teatro.    
 
  Como brillante colofón del IX Festival de Teatro Amateur “Ciudad de Oviedo” 2015 (por el que hay que felicitar a su organizador y patrocinador: la Federación de Grupos de Teatro Amateur del Principado de Asturias y el Ayuntamiento de Oviedo, respectivamente) se representó este pasado martes en el Teatro Filarmónica de Oviedo por el grupo teatral Odisea Teatro. la obra de Joaquín Calvo Sotelo, “la Muralla” que obtuvo cuando fue estrenada en 1954 un clamoroso éxito de público y de crítica a nivel nacional e internacional.
Estamos ante una obra de tesis que narra el drama de conciencia de un antiguo militar del ejército franquista que se apropia fraudulentamente del patrimonio de uno de los vencidos en la Guerra civil y tras el miedo a la muerte originado por una grave enfermedad, trata de devolver, por temor a la justicia divina, su patrimonio a su verdadero propietario. A ello se opone con uña y dientes su familia que edifica en torno a él una simbólica muralla para impedirle llevar a cabo su decisión. La trama desarrolla una “atrevida” crítica (en realidad meliflua y limitada) a la corrupción y la hipocresía religiosa muy extendidas en el bando vencedor. Crítica que le causó al autor numerosos problemas con la censura y algunos sectores del régimen franquista.
 La puesta en escena que se nos ha ofrecido en esta representación respeta en general la estructura del texto escrito de la obra, pero la directora y su ayudante de dirección, Arantxa Atutxa y Inma Montes, con acierto  lo han acortado suprimiendo algunos pasajes retóricos para darle más ritmo y hacerlo así más asequible  a los espectadores. Del mismo modo que han sabido resolver con maestría una de las mayores  dificultades de la puesta en escena de esta obra. Esto es: como disponer y dar movimiento  en el único escenario en el que se desarrolla toda la trama, el salón de una casa burguesa de la época, con habilidad y simbolismo a los ocho personajes que constituyen el cuadro de actores. Está bien logrado también, a mi modo de ver, el contraste que el autor ha querido establecer entre el tono relajado y humorístico que destilan algunos diálogos de los actos que desarrollan el planteamiento y el nudo de la obra y que protagonizan algunos personajes como es el caso del cura de Puebla de Trives, y el tono de alta tensión y melodramático que se alcanza en el desenlace cuando Jorge Hontanar, el protagonista, pretende tener una entrevista con Gervasio Quiroga, su víctima, para confesarle su intención. Y para  impedírselo su familia se dispone en torno a él como una muralla y el protagonista fallece sin poder cumplir su propósito.
 La interpretación del elenco de actores fue notable, llegando en algunos casos a excelente, comenzando por los dos protagonistas, Jorge Hontanar (Eusebio Tuya) y Matilde (Ana Cristina Tolivar), su suegra y la verdadera organizadora y manipuladora del complot familiar, y el resto de los actores: Beatriz Arrieta en el papel de esposa del protagonista; Charly Katz, en el del secretario; Génesis Abigail, en el de su hija; Jorge Melero, en el de su futuro consuegro; Tita Saavedra, en el de la criada y Octavio, en el del cura rural. La iluminación y música fueron apropiadas para realzar la puesta en escena y el vestuario ajustado a la época en que se desarrolla la obra.
  La recepción de la representación por parte del público que llenaba el teatro fue positiva con aplausos en los cambios de acto y calurosa al finalizar la obra.
 En conclusión, una solvente versión de “La Muralla” por la que, sin duda,  hay que felicitar al grupo teatral Odisea Teatro.    
 
     ( PUBLICADO EN LA NUEVA ESPAÑA, DE OVIEDO)


martes, 9 de febrero de 2016

OCTUBRE DE 1934 DESDE FRANCIA
                                              JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS





Carbón Rojo. La insurrección de 1934 en Asturias y en España  (Ancrage/Ediciones d´Albret/ Memoire´de l´Espagne Républicaine en Lot—Et- Garonne 47,  2015) recoge en español y francés  las actas del Coloquio celebrado en octubre de 2014 en la ciudad francesa de Nerac sobre la revolución de Octubre en Asturias y en España con motivo de su ochenta aniversario.
Son  nueve  comunicaciones y dos testimonios que, como apunta la autora del prólogo, Geneeviève Dreyfus-Armand, tratan de responder a las nuevas preguntas, mitos e interrogaciones que ochenta años después el Octubre Rojo asturiano y español siguen planteando a militantes e historiadores y que son la constatación del profundo impacto   que  aquel proceso revolucionario tuvo y sigue teniendo hoy entre la militancia de la izquierda no sólo  en España, sino a nivel internacional  como demuestra este coloquio celebrado en el país vecino. Las citadas comunicaciones abarcan un amplio arco de temas que cubren no sólo el desarrollo y significado de la revolución en Asturias: la “Comuna“ asturiana, el contexto económico y social asturiano a lo largo del primer tercio del siglo XX, las fuerzas revolucionarias asturianas, la visión de los acontecimientos revolucionarios en Asturias del jurista católico-republicano Alfredo Mendizábal, la interpretación del octubre asturiano desde la prensa regional francesa del suroeste. Los análisis  abordan también  el desarrollo revolucionario en Cataluña y País Vasco y el papel de las mujeres en aquellos acontecimientos. Estas comunicaciones se cierran con los expresivos  testimonios de un nieto y una hija  de dos mineros asturianos que participaron en la insurrección y se abren con la del  historiador asturiano David Ruiz. “El Octubre del 34 en la España del siglo XX”, uno de los más cualificados especialistas en este movimiento revolucionario.
El impacto en Francia de la insurrección obrera en Asturias y España fue enorme. La prensa socialista y comunista francesa la comparó con la Comuna de París y al” Octubre rojo” soviético y la ve desde el prisma de la sociedad francesa,  Como es sabido sobre el “Octubre rojo” español escribieron elogiosamente los escritores franceses Romain Rolland, Jacques Prévert y el  joven Albert Camus y la solidaridad política con los mineros asturianos  se expresó también con la ayuda a las víctimas de la represión. Después de la derrota de la insurrección se creó  para ese fin un Comité que estuvo presidido por el filósofo y profesor del Collège de France, Henry Wallon y en el que estaban representados varias organizaciones de izquierda con ese objeto; y asimismo con la misión de reclamar el derecho de asilo para los refugiados se  crearon sendos comités en varias ciudades francesas como Marsella, Perpiñan, Toulouse, Montauban, Narbona, Niza y Beziers.
  ¿Cómo han tratado a largo del siglo XX vencidos y vencedores y la historiografía el movimiento insurreccional asturiano? ¿Cuál fue su verdadera  naturaleza? La  citada  comunicación de David Ruiz y la que presenta Jean Ortiz,   tratan   de responder a esas  preguntas claves del Octubre de 1934.El historiador asturiano expone cómo  durante la Guerra civil en el bando republicano no se insistirá en la memoria del movimiento insurreccional mientras que, al contrario, en el fascista comienza a difundirse  la interpretación que después dominará entre los vencedores  durante  la Dictadura: su utilización como justificación del golpe contra la República. Interpretación que a su vez difundió la historiografía franquista durante cuarenta años. La idealización y tergiversación de ese proceso revolucionario continuó, según nuestro historiador, hasta finales del siglo XX cuando se comenzaron a abrir los archivos, en especial, el de Salamanca.
 En cuanto a la naturaleza e interpretación  de la insurrección, Ruiz la considera como un profundo error de las ejecutivas del Partido y el Sindicato socialistas, controlado por su facción reformista dirigida por Largo Caballero convertida contradictoriamente en revolucionaria. Mientras que  Jean Ortiz, por su parte, tras un análisis pormenorizado y aceptable de los acontecimientos de la Comuna asturiana, insiste, frente  al revisionismo historiográfico surgido  durante la etapa democrática y encabezado por el pseudohistoriador Pio Moa, en negar la interpretación de la insurrección de Octubre como un intento frustrado de golpe de Estado del socialismo marxista y el comunismo bolchevique que fue el origen de la Guerra civil y considerarlo únicamente como una insurrección preventiva.-
    Sin duda, una buena lectura para conmemorar este 81 aniversario del Octubre rojo asturiano.    


lunes, 1 de febrero de 2016

Otro holocausto es posible

                                      OTRO HOLOCAUSTO ES POSIBLE

                                                             JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS




En el no muy abundante bagaje de libros  destacados de Historia  editados en España el pasado año,  el tema del Holocausto y el nazismo en general como un pasado que no pasa  ha seguido dando excelentes frutos y algunos de  esos libros fueron elegidos por los críticos en su balance final en los primeros  lugares de  sus listas. Entre ellos hay que colocar sin duda el libro del catedrático de Yale y destacado especialista en el nazismo Timothy Snyder, “Tierra Negra” ( Galaxia Gutemberg, 2015).
  La mirada historiográfica de Snyder hay que situarla entre la  de ese grupo de historiadores recientes  del  Holocausto (alguno no tan reciente como Daniel Goldhagen con su espléndida obra, Los verdugos voluntarios de Hitler , de 1995) que ya no lo entienden como algo singular, excepcional, irrepetible de la historia humana como lo expresa el dictum de Adorno: “¿Es posible escribir poesía después de Auschwitz?”, sino como un proceso histórico del que los historiadores pueden y deben analizar sus causas con el objeto de tratar que una barbarie similar no pueda repetirse jamás. La conclusión a que llega el historiador norteamericano es que las condiciones actuales de nuestro tiempo no sólo hacen posible, sino bastante probable que fenómenos de inhumanidad semejantes puedan volver a reproducirse. Aunque las condiciones y factores concretos  que condujeron al genocidio nazi nunca volverán a reproducirse, otros holocaustos son posibles en nuestro tiempo.
        A esa terrible conclusión llega nuestro historiador en este ensayo desarrollando para ello, con una  un profusa documentación y una impecable lógica, tres aspectos esenciales para comprender el Holocausto y la advertencia que supone para los tiempos actuales : un lúcido análisis de la cosmovisión nazi desarrollada por Hitler en Mi lucha: un profuso estudio de los escenarios y desarrollo de la dominación del nazismo sobre la Europa oriental y su frustrado intento de invasión y ocupación de la URSS; y, finalmente, el análisis de  las condiciones de la actual situación mundial de la Humanidad  en este nuevo  milenio que le permiten comparar lo que ocurrió en la Europa del siglo XX  con la situación actual y pronosticar la factibilidad de que lleguen a reproducirse nuevos holocaustos.
 En un contexto de presión demográfica sobre los recursos naturales, el darwinismo racial de Hitler alumbró una cosmovisión de gran coherencia interna, que en gran medida desarrolló aquel filósofo racista que fue  Carl Schmitt, y de la que se deducían dos  objetivos esenciales para la política nazi: que el lebensraun (el espacio vital) para el desarrollo de Alemania no era sino la colonización de la Europa del Este, sobre todo, el espacio ocupado por la URSS, habitada  por una raza inferior como eran los eslavos. El otro objetivo necesario para que “la lucha” racial inmanente en la naturaleza diese sus frutos, la eliminación de los judíos, aquella no raza o contra raza, que con su prédica del universalismo, de los valores humanos, de la ética religiosa,  obstruía el verdadero curso natural de la evolución humana que era el domino del mundo a través de la lucha por las razas superiores como era la alemana.
    En el sugestivo análisis que realiza  del proceso de ocupación de su espacio vital en el Este europeo, Snyder insiste en la idea de que fue la presencia del Estado en Alemania la causa que determinó el que la mayor eliminación de judíos no se produjera en suelo alemán, donde el Estado, a pesar de su radical transformación por los nazis, siguió existiendo.  Sino que  fue en las zonas ocupadas del Este, donde la destrucción del Estado por la ocupación bélica, lo permitió al constituirse  en “ una verdadera factoría industrial” para la eliminación de los judíos, esto es, el espacio  donde verdaderamente se aplicó con todas sus consecuencias la “Solución final”, sobre todo, cuando el fracaso en la ocupación del suelo soviético, permitió concentrar la atención nazi en alcanzar  su otro gran objetivo político: eliminar a los judíos como si de una plaga natural se tratase. De modo que, según opina el historiador norteamericano y, aunque esto es, sin duda, discutible, no fue la presencia de un  Estado hiperracionalizado y tecnificado lo que permitió llevar a cabo el  genocidio judío, como teorizaban los filósofos neomarxistas  de la Escuela de Frankfurt, sino precisamente la ausencia del Estado como garante de las leyes y los derechos de sus ciudadanos.

   En nuestro mundo actual, nos dice Snyder, la excesiva presión demográfica sobre los recursos en algunos continentes, sobre todo,  aquellas que se originen por  los desórdenes naturales  que puede acarrear el cambio climático, podrían ser las causas de fondo que provoquen la falta de recursos en algunos continentes  y con ella el surgimiento de cualquier imperialismo colonizador violento que busque como justificación su chivo expiatorio en cualquier otro grupo humano para legitimar sus objetivos como ocurrió con el nazismo. Pero de lo que no nos dice  nada nuestro  historiador  es de  cuál es la causa de fondo última  de la que se derivarían tales situaciones y a la que habría que poner sin duda límites para intentar paliarlas: el capitalismo globalizador salvaje que domina nuestro mundo.  
 ( Publicado en el suplemento cultural de La Nueva España.de Oviedo)

martes, 26 de enero de 2016

,MALRAUX DESMITIFICADO

MALRAUX DESMITIFICADO

                     Julio Antonio Vaquero Iglesias


ANDRÉ MALRAUX

        
En 1996, al cumplirse el vigésimo año de su muerte, André Malraux entró en el  Olimpo de los franceses inmortales. Sus cenizas se depositaron en el Panteón de hombres ilustres. Era el quinto escritor que ingresaba en ese templo laico de la nación francesa. Nada menos que después de Voltaire, Rousseau, Victor Hugo y Zola. Poco después aparecían dos biografías desmitificadoras del escritor, intelectual y político francés. Una, la de Lyotard que, como corresponde a un pensador posmoderno, nos presenta a  Malraux como un personaje de máscaras y contradicciones. La otra, la del periodista y escritor francés  Olivier Todd que reseñamos aquí, André Malraux. Una vida  (Tusquets, 2002), nos aporta, a través de un impresionante cúmulo de información, una visión demoledora, pero en cierta medida ambigua de la vida de su biografiado.  
En la obra de Malraux  están inextricablemente unidas ficción e historia, literatura y realidad. Pero también en su vida se mezclan ambiguamente realidad vivida y fantasía, verdad y mentira. Todd en su biografía ha sabido, con la  precisión del biógrafo- cirujano y el buen manejo de numerosas e inéditas fuentes- escalpelo, diseccionar y separar la verdad de la mentira de la vida de Malraux. Pero así y todo no consigue darnos una explicación convincente  de  esa dualidad de historia vivida/ historia contada que constituye su vida. Más bien se inclina, con cierta indulgencia, por la mitomanía del autor que por su perversidad, más por la “boutade” del genio que por la impostura del mentiroso. Juicio, por cierto, más suave que el que emitió  de él  Raymond Aron, cuya amistad y respeto intelectual cultivó Malraux: “ Un tercio de genialidad, un tercio de falsedad y un tercio incomprensible”.
         Tampoco el biógrafo logra explicarnos bien  la relación del otro par de contrarios  que atraviesa, en este caso, no la vida, sino el contenido de toda  la obra literaria de  Malraux: la mezcla de ficción e historia que constituye el eje de sus novelas. La ideología malrauxiana que sería el nexo de unión entre ambas no está tratada sistemáticamente y los análisis que realiza Todd  de sus  grandes novelas nos descubren, sobre todo, datos concretos, interesantes, sin duda, pero que no aclaran del todo lo que es fundamental entender de la biografía intelectual de Malraux. Esto es: los silencios del escritor comprometido en relación con el estalinismo, su posición frente a la ideología socialista y comunista y su giro copernicano después de 1945, cuando pasó de escritor comprometido a intelectual orgánico al convertirse en el mejor apoyo intelectual con el que contó el cesarismo gaullista.
         Así, por ejemplo, el análisis que realiza Todd de la relación que Malraux mantuvo con Trotsky es poco profundo. Admirador de las novelas de Malraux del ciclo sobre el colonialismo asiático, Los conquistadores  y La condición humana, Trotski y Malraux tuvieron una relación intelectual que terminó en ruptura por la negativa de éste a condenar los procesos de Moscú y la persecución del POUM en España. El estudio detallado de esa relación hubiese sido una buena vía, que el biógrafo  transita, pero sin recorrerla del todo, para conocer los planteamientos ideológicos del Malraux de aquella época en relación con la ideología marxista y sus planteamientos ante la guerra de España. Achacar aquella negativa a una actitud pragmática de Malraux para no causar mayor desunión en el bando republicano y tratar de mantener el apoyo de la Unión Soviética, no es suficiente. Como tampoco lo es, liquidar el papel ideológico y propagandístico que Malraux ejerció como intelectual orgánico y ministro de Cultura durante el gobierno del general de Gaulle, con una plétora de datos sobre su actuación ministerial, pero con la simple idea de que el autor de Los robles abatidos (obra dedicada al General) no creía ideológicamente en el gaullismo sin De Gaulle y sí, únicamente, en la persona y la personalidad política del mandatario francés.
         Sí conocemos, en cambio, a través de la biografía del periodista francés, una ingente información documentada sobre la vida personal y política del escritor que le permite reconstruir con toda precisión las mentiras y inexactitudes  que contó o dejó correr sobre su vida y su obra. En ese sentido, el principal personaje que creó Malraux fue el suyo y la  mejor novela que escribió fue la de su vida. Todd rastrea todas esas tergiversaciones contrastando el decir y el verdadero hacer del escritor. La acción y el hacer fueron para el autor de La condición humana los principios rectores de una existencia condenada, según él, en última instancia al absurdo. Además del  fundamento de su literatura y eje de su etapa de compromiso anticolonial y antifascista ( etapa limitada, en realidad, a un corto  periodo de tiempo en Asia y al año que participó como combatiente en la guerra civil española y a su tardía participación en la Resistencia). Pero, el decir de Malraux  transmutó ese hacer, finalmente y en gran medida, en ficción, justificable para unos en un escritor; para otros mentira  interesada de un impostor. Depende cómo se juzgue. El biógrafo no termina por decidirse por una u otra valoración. Sin embargo, algunos de sus  lectores no dudarán al emitir su juicio. Basta atender a su evolución política posterior y ello a pesar de las justificaciones literarias que, en ese sentido, realiza Malraux en sus Antimemorias. Cierto fue, en cambio, que el origen de su literatura de  creación se nutría de la experiencia vivida en su etapa de intelectual “comprometido” El resto de su obra, tras la segunda guerra mundial, en su etapa de intelectual y político “instalado”, tuvo casi como exclusivo eje el ensayo sobre el arte y su historia. Su propósito de escribir una novela sobre la Resistencia, aunque lo intentó con No, como muestra el borrador que ha manejado Todd, quedó en eso, en un proyecto inacabado.     
         La lista de esas mentiras e invenciones  es larga. Mencionemos algunas. Malraux no tuvo ninguna intervención en el Kuomintang en el marco del el enfrentamiento entre nacionalistas y comunistas chinos que noveló en las dos obras citadas más arriba. Nunca descubrió los restos de ninguna ciudad de la reina de Saba. Ni fue herido gravemente en la guerra española, como difundió en su viaje a EE UU en apoyo de la República española y en otras ocasiones posteriores. En la realidad, sólo se contusionó levemente en un accidente de aviación. Tampoco, como hizo creer, comenzó desde el inicio de la guerra su actividad en la Resistencia, sino ya en la fase final, en 1943, cuando ya podía intuirse el final favorable a los aliados, y su liberación, tras ser detenido por los alemanes, está llena de puntos oscuros. Su entrevista de tres horas con Mao, como ministro del presidente Charles de Gaulle, narrada  en las Antimemorias como de vital importancia para las relaciones occidentales con la China comunista, resultó ser una entrevista de un cuarto de hora y de puro protocolo que aburrió al líder chino.
         Como pretendía al iniciar su carrera de escritor, Malraux ha alcanzado, finalmente, la inmortalidad  con el depósito de sus restos en  el Panteón. En sentido contrario, la biografía de Todd, aun con toda su ambigüedad, desmitifica al personaje y lo convierte en hombre mortal, aunque sea como rey desnudo. Pero, así y todo, la impresión que uno tiene después de su lectura es la de que la biografía literaria, intelectual y política de Malraux sigue abierta todavía. Pero ya para siempre, del intelectual nos quedará su compromiso antifascista y del novelista,  La esperanza.
=====================================================          

MALRAUX Y LA GUERRA DE ESPAÑA

         Malraux fundó y dirigió la Escuadrilla España. Compró los aviones y reclutó a los pilotos. Fue, además, combatiente en ella como ametrallador, pero no su jefe operativo. El ejército republicano lo homologó con el grado de teniente coronel. Integrada la escuadrilla en la aviación republicana, Malraux realizó en 1937 un viaje por EE UU y Canadá en apoyo a la causa de la República.
         En el terreno literario, la guerra de España fue el tema de una de sus mejores novelas, La Esperanza. Cuenta en ella los primeros ocho meses de guerra hasta la victoria republicana en Guadalajara que permitía tener “la esperanza” de ganar la guerra. Entre las varias interpretaciones que ha tenido, Todd se suma a la  que considera que la novela defiende la actitud procomunista de Malraux ante la guerra. La versión española de la novela fue en realidad el film Sierra de Teruel, que trata de uno de los episodios de aquélla. Producida por el gobierno republicano, dirigida por Malraux con la colaboración de Max Aub, la película se comenzó a rodar en Barcelona en los últimos momentos de guerra y se tuvo que terminar en Francia, cuando realmente  ya había dejado de existir cualquier clase de “esperanza” de ganarla.   
================================

lunes, 25 de enero de 2016

LA masoneria en Asturias en los años 30

                LA MASONERÍA ASTURIANA EN LOS AÑOS TREINTA

                                                       JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

           


   Las referencias históricas a la masonería han venido adoleciendo  de modo recurrente de dos sesgos ideológicos. O bien se ha tendido a interpretar su actuación desde las propias posiciones de la institución con un enfoque parcialmente positivo. O al contrario, desde las visiones antimasónicas de la derecha tradicional y conservadora, se ha dado y construido  sobre ella una verdadera leyenda negra haciéndola responsable decisiva de casi todos los episodios históricos de los que la derecha abomina. Por ello, la visión historiográfica académica que  ha ido desarrollándose en los últimos tiempos sobre la organización masónica ha  tenido, sin duda, que combatir las mixtificaciones que han originado una u otra de esas visiones y tratar de ofrecernos una explicación objetiva y desmitificada  sobre su actuación   y significado históricos.
 Es en  ese contexto historiográfico académico en el que hay colocar este libro de Iván Pozuelo Andrés, licenciado en Historia por la Universidad de la Sorbona- París I,  La masonería  en Asturias (1931-1939), publicado por el Servicio de Publicaciones de nuestra Universidad. Obra que ha tenido como origen  su tesis doctoral presentada en la Universidad de Oviedo y  dirigida por el profesor David Ruiz. Nuestro flamante doctor trata de desvelar en  el libro la actuación de la sociedad masónica en Asturias  en los años treinta del pasado siglo precisamente cuando se desarrollaron dos momentos históricos sobre los que las interpretaciones sesgadas mencionadas  insistieron ya en el momento de producirse y posteriormente. Me refiero, claro es, : a la  etapa propiamente republicana, con su momento de máxima tensión: la revolución de 1934,  y a  la Guerra Civil.
            A través principalmente del método de la prosopografía - esto es, de la reconstrucción de biografías de los masones asturianos-, Pozuelo ha analizado su actuación política en esas dos etapas, así como su sociología y sociabilidad: organizaciones, número, ideología política, y la represión política que padecieron tras el fracaso del movimiento insurreccional de 1934 y la derrota en la Guerra Civil. Y ha llegado así a unas conclusiones que echan por tierra  las interpretaciones sesgadas que sobre la actuación de la sociedad masónica en Asturias propalaron tanto los ideólogos de la derecha ya en el momento de los hechos y durante la etapa franquista como  las que posteriormente en sentido positivo propaló la  propia masonería.
            La masonería asturiana del siglo XX supone una discontinuidad en relación con el inicio de la Orden en nuestra región en la segunda mitad del siglo XIX. Fue, sobre todo, el resultado de un nuevo proceso de implantación de la institución y difusión en Asturias en 1911, 17 años después del final de la última logia de la masonería asturiana surgida en el siglo anterior.  Esaa nueva fase su  despegue se produjo en la etapa de la Dictadura de Primo de Rivera y su centro siguió siendo la ciudad de Gijón, donde siempre destacó la logia Jovellanos. Y sus miembros estuvieron políticamente vinculados en su mayoría a Partido Reformista de Melquíades Álvarez, siendo su principal dirigente hasta su fallecimiento en 1932, Alberto de Lera, que llegó a ser Gran Maestre de la Gran Logia Regional del Noroeste.
  En 1931, la masonería asturiana contaba con 198 afiliados, 90 de ellas miembros de la logia Jovellanos de Gijón. Tras la muerte de De Lera, la mayoría abandonaron el reformismo melquiadista en que habían militado y se integraron mayoritariamente en el recién creado Partido Radical- Socialista. Y otros en menor número militaron en los partidos republicanos de derecha y centro e, incluso, hubo entre ellos, rizando el rizo de la contradicción ideológica, algún líder del movimiento obrero asturiano como el socialista Teodomiro Menéndez y el anarquista Eleuterio Quintanilla. La  extracción social dominante de los masones asturianos procedió dominantemente de la mediana y pequeña burguesía. Y su número descendió numéricamente a lo largo del periodo republicano debido, en parte, a la represión a que fueron sometidos después de la revolución de Octubre.
Contra las interpretaciones mitificadotas que hemos mencionado o la que mantuvo el dirigente socialista Amaro del Rosal acerca de que los masones  fueron los responsables de la derrota obrera en la insurrección de Octubre, el autor constata que la masonería a nivel institucional no participó decisivamente ni en la llegada del régimen republicano, ni en la revolución de Octubre, ni en el Frente Popular, ni tuvo una intervención relevante  en el curso de la guerra civil en  Asturias, aunque particularmente y, con las ideas masónicas amueblando su cabeza, muchos de ellos sí tuvieron una destacada actuación en todos esos acontecimientos, Y, además, muchos aspectos aquellos acontecimientos influyeron de diversas maneras  y de modo decisivo en la propia masonería asturiana, como hemos señalado, por ejemplo con la represión que padecieron, resultado de la percepción no objetiva que los actores del momento tuvieron de la intervención de la masonería. .

 Sin duda, y más allá de ciertos defectos de la estructura del contenido y errores de forma que pueden dificultar y hacer más trabajosa su lectura,  la principal virtud de este libro es que  cubre, desde luego, un  casi  vacío en la historiografía de Asturias Y, sin duda, la conclusión final a la que llega el autor tras su análisis acerca de la función histórica de la institución masónica asturiana y española de aquellos tiempos nos parece en cierto modo aceptable. La masonería, de inspiración liberal y reformista, trató de difundir y practicar una actitud conciliadora de clases que, en resumidas cuentas, no conducía  sino al afianzamiento y legitimación del sistema liberal capitalista. Actitud conciliadora  que, por cierto, no la libró  de ser objeto de la implacable represión franquista. 

lunes, 18 de enero de 2016

MUJERES DE LA TERCERA ESPAÑA

                               MUJERES DE LA TERCERA ESPAÑA
                                                            JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
         



  En  “Palomas  de guerra” ( Plaza&Janés), su último libro, el historiador e hispanista británico, Paul Preston, se mueve dentro de la trayectoria que  ha venido caracterizando sus trabajos sobre la historia contemporánea española. En cuanto al método, y siguiendo una tradición cara para la historia anglosajona y no tanto para la española, utiliza en esta obra también la biografía histórica como vía de acceso al conocimiento histórico, género que ya había utilizado, con gran maestría, en su biografía de Franco o en  Las Españas del 36.  Respecto al contenido, el criterio de selección  de sus cinco biografiadas en este libro, está en relación con la tesis que viene manteniendo sobre la guerra civil española.
            Frente a la interpretación habitual  de nuestro conflicto civil como expresión de dos bandos irreconciliables y radicalizados, Preston defiende que la tercera España, la de aquellos que no estuvieron con uno u otro bando y rechazaron la guerra marchándose al exilio, debe de ampliarse con otros muchos que se quedaron aquí y  participaron en ella. Con  aquellos que lucharon en uno u otro bando, pero lo hicieron lealmente y sin el ánimo cainita de exterminar a los de contrario y fueron proclives a poner fin al conflicto o mostraron actitudes humanitarias  y compasivas ante los horrores de la guerra. 
            Ese método, el de la biografía, y esa tesis están en la base de este nuevo libro del hispanista inglés. Pero ahora desde la perspectiva de género, aplicados a la experiencia vivida por cuatro mujeres de uno y otro bando – dos británicas, Nan Green y Priscila Scott- Ellis y dos españolas, Mercedes Sanz Bachiller y Margarita Nelken- en el marco de nuestra guerra civil, poniendo como contrapunto a otra que él considera en el extremo opuesto de esas actitudes, la mujer del general Franco, Carmen Polo.
             Como el propio Preston reconoce, su libro no tiene ninguna pretensión teórica. Las cuatro mujeres biografiadas no son representativas, son casos excepcionales, únicos y tienen en común su compasión,  independencia, valentía e inteligencia. Pero, a pesar de ello, a través de su peripecia bélica, se expresa el trágico impacto que en tantas mujeres produjo la guerra marcando el rumbo de su vida interior y externa después del conflicto. Exilio exterior e interno, pérdida de seres queridos, maridos e hijos, vidas desgarradas, fueron algunas de las de las consecuencias que para estas mujeres tuvo aquella guerra. Esa fue paradójicamente la contrapartida que tuvo su compasión y lucha por atender y sus intentos de  tratar de remediar en lo posible los sufrimientos de sus víctimas. Ésa es la principal pretensión de Preston en este libro. Reconstruir minuciosamente la biografía sentimental de esas mujeres a través de sus cartas, diarios y memorias.
            Pero, como no puede ser de otra manera, a través de sus experiencias se recrea también la profunda transformación que la guerra supuso para la superación de las relaciones tradicionales de género y del papel tradicional y subordinado de la mujer, sobre todo, en el bando republicano. Aunque , incluso en éste, también el cambio fuese limitado y todo ello no fuera nada más que un paréntesis que se había abierto con la llegada del orden republicano y cerrado con la vuelta a la actitud patriarcal, acentuada y matizada por la ideología  falangista, que implantaron los vencedores.
         Además de todo lo anterior, Preston también expone, con su habitual maestría, gran rigor y una ingente y concretísima documentación – a veces hasta abrumadora-  el contexto histórico en que se desarrollan las vidas y acciones concretas de las biografiadas. El libro ofrece, desde este plano, una gran riqueza de información y proporciona a  su lectura un interés añadido nada despreciable.     
            Las dos féminas británicas eran de ideología y extracción social diferente y en función de ello participaron en el bando correspondiente. Nan Green perteneciente a la clase obrera inglesa  vino a España  a apoyar a  los republicanos para luchar contra el fascismo. Pero también para estar a lado de su marido que combatía en las Brigadas Internacionales. Su labor como administradora y gestora de los  hospitales de guerra para estos combatientes fue titánica y le conllevó numerosos sinsabores y denuncias y el alejamiento por muchos meses de sus hijos. En los últimos combates inmediatamente anteriores a la marcha de las Brigadas Internacionales, su marido fue muerto. La experiencia española la llevó a continuar combatiendo al fascismo y participando en labores de  ayuda  a los excombatientes republicanos en Inglaterra como secretaria de la Asociación de la Brigada Internacional. Por su experiencia médica y hablar español, participó personalmente en el viaje  de refugiados republicanos  a México en el SS Sinaia. 
            Vinculada por sus relaciones familiares al matrimonio de Alfonso de Orleáns y  la princesa Beatriz Sajonia. Coburgo, Priscila Scott- Ellis vino a España, más por amor que por ideología. Los hijos de Alfonso de Orleáns se unieron a los nacionales como pilotos, y la joven inglesa  estaba enamorada de  uno de ellos, Ataúlfo. Y tras él llegó a España. Sin embargo, su trabajo  en los hospitales del frente cambió su vida de joven rica y alocada en una experimentada, compasiva e infatigable enfermera. No consiguió casarse con el Orleáns. Pero la experiencia de la guerra cambió su vida. Además, en ella. conoció al que iba a ser después de finalizada, su futuro marido, José Luis de Vilallonga. Desgraciadamente para ella, como éste dijo después de su separación. Preston echa a abajo la peregrina y fantasiosa versión que Vilallonga ha dado en sus Memorias  del primer encuentro entre los dos en un Teruel recién reconquistado por los nacionales.  
            Las dos biografiadas españolas, al contrario que las inglesas, sí tuvieron cierto papel en la vida pública durante antes y durante la guerra. También para ellas la guerra fue hecho definitivo de sus vidas. Una, Mercedes Sanz- Bachiller, perdió a su marido al poco de comenzar la guerra. Era la mujer de líder jonsista,  Onésimo Redondo. Para la otra, Margarita Nelken, la derrota de su bando supuso indirectamente la muerte de su hijo, que continuó luchando contra el fascismo en el Ejército soviético y perdió la vida en combate en el frente ruso. Ambas tuvieron en su propio bando la competencia de otra mujer de peso con la que mantuvieron una relación de enemistad. Pilar Primo de Rivera en el caso de Mercedes Sanz- Bachiller. Y Pasionaria en el de Margarita Nelken, cuando, durante la guerra, ésta abandonó el partido socialista y se pasó al comunista. También para las dos corrieron malos tiempos después de finalizado el conflicto. Margarita Nelken, separada de su marido, vivió un duro exilio en México. Mercedes Sanz- Bachiller vio su obra desvirtuada y no reconocida, y ella misma y su marido, si no formalmente, fueron  postergados en el régimen franquista.    
            La labor de Mercedes Sanz- Bachiller durante la guerra con la creación del Auxilio de Invierno ( después Auxilio Social) fue más allá de la relación subordinada de la mujer al hombre que predicaba el ideario falangista y que suponía, en el contexto de guerra, la  limitación de la actuación de las mujeres a determinadas y concretas  labores en función de su sexo. La suya no fue una organización  exclusivamente de mujeres, aunque predominasen éstas. Y la labor asistencial  de Auxilio Social no discriminó a las víctimas de la guerra y de la represión del otro bando. Si bien, como apunta el historiador británico, se utilizó por el bando nacional  como propaganda ante la opinión pública exterior y ante la población civil española.
            Crítica de arte, novelista, ensayista, la postura feminista  que defendió Margarita Nelken le valió toda  la gama de insultos vejatorios por parte de la derecha con relación a su femenidad: desde puta hasta andrógina. Pero también la incomprensión y hasta la salacidad por algunos hombres de la izquierda. Madre soltera- tuvo un hijo con el que fue el gran amor de su vida, el escultor Julio Antonio-, su  lucha en favor de que las mujeres españolas se liberaran de la opresión masculina y lograsen la igualdad sexual y social con el hombre, la llevó al primer parlamento de la II República ( aunque, por razones pragmáticas, no defendió el derecho al voto de las mujeres, que aquél aprobó). Antes y durante la guerra, creó instituciones para mejorar la situación de las mujeres. Se había convertido en un personaje público con su libro, La condición social de la mujer, en el que denunció su estado de inferioridad y las malas condiciones de vida que éste originaba, a la vez que defendía la compatibilidad del feminismo con la maternidad. El libro provocó un gran escándalo y su condena por el obispo de Lérida. Diputada socialista por Badajoz, durante la Republica realizó una  defensa radical del campesinado sin tierra  extremeño, denunciando sus miserables  condiciones de vida.  Durante la guerra, permaneció por voluntad propia en el Madrid asediado para apoyar a los soldado republicanos que lo defendían. Sus denuncias y protestas ante los dirigentes socialistas por la marcha de la guerra, la llevaron finalmente a abandonar su partido y a ingresar en el Partido Comunista.  
     Como contrapunto de estas cuatro mujeres, Preston  traza un duro y crítico retrato de Carmen Polo, la mujer de Franco. Tuvo una gran influencia sobre el general. De hecho, el hispanista inglés  achaca, en cierto modo,  la caída de determinados políticos del régimen a la pérdida de su apoyo por haber tenido comportamientos que no coincidían con su rígida y puritana moral sexual. Además, del ya conocido caso de su propio cuñado, Serrano Suñer, es menos conocido el del Ministro de Educación del régimen y catedrático especialista en literatura mística, Pedro Sainz Rodríguez, por acudir habitualmente a un prostíbulo  en el coche oficial. ( “No iba a ir andando, claro”, parece ser que contestó el interesado, cuando se lo comunicaron). Ese gran poder no se tradujo, sin embargo, en actos de compasión  ni en iniciativas  para aliviar los sufrimientos de la guerra. Ésa fue la diferencia entre ella y las otras mujeres biografiadas. No poca, desde luego. Preston las coloca en dos Españas distintas.   

(Publicado en el suplemento cultural de La Nueva España, de Oviedo)

viernes, 8 de enero de 2016

LA ESTIGMATIZACIÓN DE LOS “ROJOS”
                                                          JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
Rojos.
La representación del enemigo
en la guerra civil
Francisco Sevillano
Madrid, Alianza, 2007
183 páginas





La representación de los “rojos” por los sublevados durante la guerra civil como  “enemigo absoluto”

 La violencia simbólica, condensada en el término “rojos” con la connotación de “mal absoluto”, que difundió el ejército sublevado no fue mera propaganda instrumental para justificar la violencia práctica ejercida para aterrorizar a la población y conseguir el éxito del golpe militar en el menor tiempo posible. Fue, al contrario, un aspecto fundamental  de esa violencia y tuvo un fin en sí mismo. Esta es la tesis que defiende en este libro el historiador y profesor de la Universidad de Alicante, Francisco Sevillano, especialista en el tema de la violencia durante la guerra civil y el franquismo.
             Para ello, Sevillano reconstruye su contenido en las diversas manifestaciones  en que se expresa  esa imagen de los “rojos” y establece las pautas fundamentales que siguen los códigos de ese discurso y llega a la conclusión de que constituye una propaganda de corte totalitario como la que en ese momento está  creando y difundiendo  el nazismo y ha estudiado magistralmente Víctor Klemperer  en sus Diarios.
            La pauta fundamental que sigue ese discurso es la de considerar a los “rojos” como el “mal” en estado puro. No participan de la esencia de la identidad española, son la antiEspaña, portadores de  elementos ideológicos extranjeros corruptores de aquélla como el marxismo, el judaísmo y la masonería. Desde  ese núcleo de significado adquieren sentido todas las referencias que la propaganda  lanza de la imagen de  los que considera enemigos en el sentido radical del término, como “no humanos”,  como  enemigos “públicos”, que teorizó el pensador filonazi Carl Schmitt.
            Tal imagen de los “rojos” la constata el autor en el análisis tanto del discurso propagandístico de naturaleza propiamente literaria como en los de contenido religioso, médico y hasta humorístico y alcanza a su  más perversa elaboración en el tratamiento que da a las mujeres “rojas”, a  las milicianas.
            Si la legitimación religiosa del bando “nacional” por la Iglesia española, llevó a considerar a los “rojos” como pecadores, necesitados de redención, en el plano médico se  les atribuyó a los vencidos ser la expresión de una patología social. El psiquiatra Vallejo Nájera elaboró toda una teoría de la misma, escribiendo lindezas de este jaez : “ Apriorísticamente presumimos que los fanáticos marxistas que han combatido con las armas en la mano, ofrecerán un comportamiento esquizotímico, o variedades degenerativas de esa serie temperamental”.  La estigmatización de los “rojos”, aquella “horda criminal”, alcanzó tal grado que llegó a decirse seriamente que su  podredumbre moral se traducía en mal olor. Wenceslao Fernández Flórez escribía en 1939 en las páginas de Abc: “El olor a rojo es tan fuerte y tan típico que creo distinguir a un marxista y aun seguir su rastro con un olfato poco ejercitado. El marxismo- religión de presidiarios, de fracasados, de envidiosos, de contrahechos de vividores, de perezosos, de gente de cubil- tenía que oler así, precisamente, a conciencia podrida, que huele peor que una ballena muerta”
            Las “rojas” son en este discurso la antítesis de las “azules”, las falangistas, que son la expresión más acabada de la feminidad y  las virtudes  de la raza hispana. La caricatura de las milicianas incide en despojarlas de su condición femenina, tachándolas de marimachos y ridiculizando su manera masculina de vestir con el consabido “mono” y su comportamiento licencioso y su actividad revolucionaria. Así  las retrataba  Jardiiel Poncela: ”las mujeres “rojas son agitadoras políticas, oradoras de mitin, periodistas (…), feas conscientes de serlo; patizambas, contrahechas, bizcas y amargadas de la vida (…)”.   
    El intento de Sevillano de teorizar este discurso del “rojo” apenas queda en un esbozo, de escasa profundidad, pero el análisis de su contenido y su uso sí deja claro que constituyó algo más que un discurso instrumental para uso bélico. De hecho, fundamentó, tras la derrota republicana, la represión legal del franquismo cuyas consecuencias han llegado hasta hoy.               
 ( PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO CULTURAL DE "lA NUEVA ESPAÑA!, DE OVIEDO)




Alfrdo Mendízabal, una voz de la verdadera Tercera España



 ALFREDO MENDIZABAL, UNA VOZ DE LAVERDADERA TERCERA ESPAÑA
                                                                   JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS




Alfredo Mendizábal con su esposa
  
Alfredo Mendizábal
    


 Como es conocido, la expresión  tercera España se comenzó ya utilizar durante la  Guerra civil (de hecho, fue el título de un conocido artículo escrito en 1937, durante su exilio, por uno de sus miembros más destacados: Alcalá-Zamora) para designar a un grupo de destacados intelectuales y políticos que se exiliaron en 1936, porque no se identificaron con ninguno de los dos bandos contendientes.
 Pero no todos esos exiliados, como ha escrito Jordi Gracia hace unos años, pueden considerarse en puridad como parte de esa verdadera tercera España, porque  un sector de ellos, de manera inmediata o más tardía, se terminó inclinando por el bando franquista. El caso más ilustrativo de esa evolución, por el prestigio intelectual que gozaba fuera y dentro de España, fue el de Ortega y Gasset, que se decantó, como mal menor, por el bando franquista, sin  identificase con sus planteamientos ideológicos.
            Fueron más bien demasiados pocos los exiliados que pueden considerarse  parte de esa verdadera tercera España, si es que realmente esa expresión responde a una realidad sociológica y no es sólo una metáfora vacía de contenido. Entre ellos tuvo, sin duda, un papel relevante el catedrático de Derecho Natural de la Universidad de Oviedo, Alfredo Mendizábal, cuyas memorias inéditas, ha publicado este año el Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) con el título Pretérito imperfecto. Memorias de un utopista. La edición ha estado a cargo de  Benjamín Rivaya, Etelvino González y Rafael Sampau e incorpora, además, sendos estudios introductorios biográficos sobre el autor, escritos por los dos primeros editores.
            Mendizábal, perteneciente a una familia burguesa aragonesa, fue  catedrático en Oviedo durante un decenio, desde 1926, cuando accedió a la cátedra ovetense, hasta 1936, en que al comenzar la guerra, que le sorprendió fuera de España, se exilió en  París. Así, pues, residió en Asturias durante la etapa de la segunda fase de la Dictadura de Primo de Rivera- la del Directorio civil-  y el quinquenio correspondiente a la Segunda República.
 Desde su perspectiva ideológica de demócrata de tendencia liberal católica,  el autor de estas memorias, con la  claridad del buen profesor, la agudeza de un consumado historiador y la aportación de algunos interesantes datos inéditos o poco conocidos, reconstruye la evolución histórica en ambas etapas para insertar dentro de ellas cuál fue su participación y actitud ante aquellos acontecimientos, a la par que aporta también interesantes noticias acerca de la pequeña historia de la ciudad y de su Universidad, como también alguno datos interesantes sobre algunos de los relevantes personajes asturianos, españoles o extranjeros que conoció.
            Como demócrata  convencido, partidario de la tendencia  que lideraba Ossorio y Gallardo, Mendizábal combatió como profesor e intelectual a la Dictadura de Primo Rivera  a través de su labor puramente   académica. Cuando la oposición universitaria- de profesores y alumnos- contra aquel régimen “absolutista”, “inepto y corrupto” (son  algunos de los adjetivos que emplea para calificarlo) arreció al ordenar el dictador cerrar la Universidad madrileña, el catedrático de Derecho Natural  tuvo un papel destacado en la protesta del claustro de la Facultad de Derecho ovetense. De hecho, fue el autor material del escrito de protesta que emanó del mismo y provocó el cierre de nuestra Universidad.  
            A la caída del dictador en 1930, Mendizábal se inclinó por la implantación de la República y comenzó a participar en la vida política partidista. Se sumó al partido de Alcalá-Zamora y Miguel Maura, Derecha Liberal Republicana, en cuya implantación en Asturias tuvo un papel decisivo. Fue el autor de su manifiesto de presentación en la región “A la opinión asturiana” y fue elegido  miembro de su comité local de Oviedo y como delegado de su partido lo representó  en el comité republicano de Asturias. Comités organizados en toda España por la oposición republicana para llevar a cabo la transición al  régimen republicano, si lograban derribar a la Monarquía.
               Descontento con la política de reformas llevada a cabo por el Gobierno republicano de Azaña, sobre todo, con su  política secularizadora que él entendía no sólo como sectaria y antirreligiosa, sino también como antiliberal; y descontento también con el funcionamiento de su propio partido, Mendizábal abandonó su actividad partidaria y orientó su participación en la vida pública hacia su actuación como intelectual católico.
Así llevó a cabo una importante la labor en la creación y articulación en España de las instituciones de la intelectualidad católica como la fundación de la revista católica “Cruz y Raya” y la sección española de la Unión Católica de Estudios Internacionales. Desde esas plataformas y otras contribuyó a la creación y difusión de un pensamiento católico modernizado y enfocado hacia temas de actualidad como la crítica del fascismo en sus dos versiones -nazismo y  fascismo- y del comunismo, la difusión del pacifismo y los temas sociales.
             Mendizábal  vivió en Oviedo durante el movimiento revolucionario de Octubre  una peripecia que estuvo a punto de costarle la vida. Los mineros revolucionarios tomaron el Hotel Inglés donde residía y comenzaron a ejecutar a sus residentes. Gracias a su iniciativa de poner en conocimiento de Teodomiro Menéndez la situación crítica por la que estaban pasando, la mayoría de ellos pudieron salvarse. Sin embargo, ese episodio no implicó que la ecuanimidad de Mendizabal no condenara la brutal e indiscriminada  represión que vino después de la derrota de los revolucionarios.       
            En 1936, al iniciarse la guerra civil, se exilió en París y se convirtió en uno de  los más destacados miembros de la tercera España. De él fue la iniciativa de crear el Comité Español por la Paz Civil que realizó una intensa labor de mediación internacional para conseguir la paz entre los dos bandos, a la vez que llevó a cabo una importante labor humanitaria entre las víctimas del conflicto como el canje de prisioneros o la protesta por los bombardeos sobre la población civil. A la vez que difundía a través de las asociaciones católicas y los periódicos franceses su posición de neutralidad ante los dos bandos, criticando incluso a la Jerarquía de la iglesia católica española por su posicionamiento por el bando franquista. Actitud que le valió ser separado de su cátedra por uno y otro bando e, incluso, amonestado por el Vaticano.
              En febrero de 1937, al llegarle la noticia de aquella parodia de juicio militar que condenó a la pena de muerte a su amigo y ex rector de la Universidad ovetense, Leopoldo Alas Argüelles, Alfredo promovió el envío de sendos telegramas de petición de indulto en nombre de la Facultad de Derecho parisina y del Instituto Católico de París, peticiones que junto con otras muchas, no impidieron su bárbaro fusilamiento unos días después. (Los editores deberían haber anotado- junto con algún otro “error histórico” que aparece en el texto- el dato inexacto del autor que indica que la pena de muerte fue conmutada por la de cadena perpetua y que su fusilamiento tuvo su origen en una “saca” de la cárcel de Oviedo)
            Ante la amenaza de la ocupación de París por el ejército alemán, Mendizábal huyó y pasó a Estados Unidos, donde durante un tiempo reanudó su actividad intelectual y docente que finalmente abandonó para trabajar como traductor para las Naciones Unidas en  Estados Unidos y en Europa donde residió hasta que en los últimos años de su vida  regresó definitivamente a España donde falleció en 1981 sin ninguna clase de  reconocimiento y  en el más completo olvido.
             En cierto modo, la acertada publicación de estas memorias va a suponer una justa la reparación de ese olvido y avanzar  en el conocimiento de su biografía y su obra, si- como anuncian sus  editores- se publican en español su libro Aux origenes d´une tragédie (del que ya hay ediciones en Francia, Inglaterra y Estados Unidos y Suecia) y su  relación epistolar inédita con importantes intelectuales españoles y del resto de Europa.
 
( PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO CULTURAL DE "lA NUEVA ESPAÑA", DE OVIEDO