lunes, 31 de marzo de 2014

Una visión orteguiana de España


UNA VISIÓN ORTEGUIANA DE ESPAÑA
                                                       JULIO  ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
Este ensayo, El “alma de España”. Cien años de inseguridad  (Ediciones Nobel 2013, 2ª edición)   podríamos clasificarlo, sin duda, como una  obra más de ese subgénero, el ensayismo identitario, que tanto éxito tuvo en las letras españolas a partir de las dudas e interrogantes que surgieron sobre la identidad española con el “Desastre” del 1898 en relación con la necesidad de cambio y regeneración ante  el incierto y poco prometedor futuro que parecía  esperarle a España en el nuevo siglo que se desplegaba en el horizonte. Y digo esto porque en efecto en sus páginas no sólo se trata de explicar la visión de España que desarrollaron los  componentes de la Generación del 98, sino que además el autor  lleva a cabo un recorrido  por la historia intelectual de nuestro siglo XX analizada desde ese punto de vista: la identidad  de la nación española. Para terminar ofreciéndonos su  personal visión  de  esa identidad en la actualidad y los problemas que ha padecido la nación española en esos cien años y los que padece en el momento actual. Visión toda ella profundamente enraizada en los planteamientos y las categorías  del pensamiento de  Ortega y Gasset.
            Este libro, editado ya en la Colección Jovellanos de Ensayo en 1997, se reedita ahora de nuevo con motivo de la concesión  del Premio Internacional Menéndez Pelayo 2013 a su autor, Ciriaco Morón Arroyo, catedrático emérito de la Universidad de Cornell (EE. UU.), cuyo campo de investigación ha sido – y sigue siendo- la historia intelectual española y la epistemología de las humanidades, temáticas sobre la que ha publicado varios libros como, por ejemplo, El sistema de Ortega y Gasset ( 1968) y Las humanidades en la era tecnológica (1997), además de  numerosos trabajos y estudios.
El núcleo del ensayo, y lo más aprovechable de él, en mi opinión, es, sin duda, la  parte dedicada (abarca los cuatro primeros capítulos del libro) al análisis de la visión de España  que desarrollaron  los escritores e intelectuales de la Generación del 98. La tesis central  que defiende el autor es que, a pesar de los diferentes enfoques con que  aquéllos abordaron  esa identidad  y las diversas  características que le atribuyeron, todos ellos nos presentan España como un sujeto colectivo con unos caracteres comunes que constituyen su “espíritu”, “genio”, “carácter”, su “psicología colectiva” esto es, lo que denominan  el “alma nacional”. Fueron más allá del esencialismo patrio, buscando en la nueva ciencia de la psicología colectiva, como aprendices del positivismo que eran, los caracteres que definían lo español. Los fundamentos que utilizaron, pues,  para  descubrir y conocer  ese “alma nacional” fueron, según nuestro autor, los principios que en aquellos momentos estaban poniendo al descubierto la etnopsicología. Y la base teórica a partir de la cual desarrollaron su discurso del “alma de España”, la tomaron de los estudios y trabajos de la revista alemana Revista de etnopsicología y lingüística, fundada en 1860. Ese fue el marco teórico con el que los escritores del 98 explicaron y justificaron  su noción del “alma colectiva” de España.
Morón considera, desde su perspectiva orteguiana, que esa visión de España que,  dentro del marco teórico de la psicología colectiva, propusieron los hombres del 98 es falsa (de ahí  el entrecomillado con que remarca el sintagma alma de España en el título del libro). La nación española existe pero sólo se puede explicar desde la “razón histórica”. Esto es, “desde la presencia de la historia compartida del pasado, no como  tradicionalismo ciego, sino como estudio científico en vista de proyectos de vida presente y futura  y desde la conciencia de lo que esa historia nos brinda como aceptable y nos impone como obligación” ( página XVII del prólogo de esta segunda edición).
La base de su planteamiento está, pues, en el dictum orteguiano de que “el hombre no es naturaleza, sino historia” (principio que, por cierto, el filósofo no desarrolló al tratar en su España invertebrada de la identidad colectiva de los españoles, identidad que explica en esa obra  más bien desde la óptica del naturalismo organicista con su teoría de que el “problema de España” derivaba  de la carencia o debilidad del feudalismo implantado por los godos, quienes no eran sino  un “pueblo decadente”, “alcoholizado  de romanismo”).
Así, pues, Morón desecha para su análisis de la nación tanto los planteamientos esencialistas puros como los provenientes de la psicología étnica que habían fundado la visión de España de los escritores del 98. Pero también le parecen inaceptables los de la actual escuela modernista que consideran al nacionalismo como una construcción artificial, una invención, pero una invención interesada funcional  consecuencia de un profundo cambio histórico cultural  que se  produce con la  Modernidad. Aunque el autor sólo hace referencia entre estos  autores a Benedict Anderson y su teoría de la “comunidades imaginadas”, que descalifica por nominalista.
             En relación con su visión de los problemas  de la nación española, los históricos y los actuales,  el análisis que realiza en  su libro escrito antes del desencadenamiento de  la actual crisis ha quedado, en cierto modo, desfasado. El problema territorial que consideraba superado vuelve a surgir ahora con inusitada fuerza con el intento de independencia de Cataluña como también ha reaparecido  el económico- social  con tintes de profunda  gravedad como consecuencia de la crisis económica, de modo que en su prólogo a  esta segunda edición, arremete con denuedo y argumentos contra tal intento, manteniendo, como diría Ortega, que Cataluña  no sólo es España, sino que es su célula originaria, como núcleo inicial  que fue de  Hispania.
En fin, a un lector como el que escribe estas líneas al que la perspectiva orteguiana que impregna estas páginas no le parece sino un “idealismo” alambicado y le convencen mucho más las teorías del origen artificial de las naciones, los planteamientos de este ensayo identitario le suenan en cierto modo a música celestial. Aunque estoy seguro que su lectura será de interés  y satisfacción para  otros muchos lectores como parece indicar la necesidad de su reedición.    
           (Publicado en Cultura, suplemento cultural de La Nueva España, 24 de enero 2014)