viernes, 17 de octubre de 2014

Cómo y por qué hemos llegado hasta aquí



  CÓMO Y POR QUÉ  HEMOS LLEGADO HASTA AQUÍ
                                                            Julio Antonio Vaquero Iglesias
¿ Por qué las promesas de paz, libertad, prosperidad e igualdad que hicieron en la Carta del Atlántico (1941) los que iban a ser en 1945 vencedores de la segunda guerra mundial contra el fascismo no sólo no se han cumplido, sino que la situación actual del mundo en todos esos aspectos se encuentra en una verdadera encrucijada crítica?. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Esto es, a una realidad como la actual en que  las guerras se suceden por doquier, la democracia liberal es cada vez más una fórmula vacía,  la esclavitud continúa existiendo bajo diversas formas, el hambre sigue asolando a una gran parte de la población mundial y los niveles de desigualdad son cada vez mayores en el mundo y dentro de los estados. Esas son las preguntas que el historiador catalán Josep Fontana trata de responder con esta monumental obra, Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945 (Pasado/Presente), de 1200 páginas, 200 de ellas dedicadas a reseñar la bibliografía utilizada para su confección. Nada menos que tres lustros ha tardado en concluirla.
 El autor confiesa  que su propósito no ha sido escribir una obra de investigación dadas las dimensiones del periodo tratado ni un ensayo histórico como lo prueban las  innumerables fuentes bibliográficas utilizadas; sino una reflexión documentada sobre esos 66 años que van desde el fin la segunda guerra mundial hasta hoy que sirva para proporcionar  elementos de discusión que nos ayuden  a comprender las causas que nos han traído a un presente tan difícil y confuso como el que hoy vive la humanidad. Pero la verdad es que, tras su lectura, uno tiene la impresión que Fontana ha sido humilde en la calificación de su obra, porque ésta combina perfectamente elementos de  investigación histórica con los del ensayo. En efecto, estamos  ante un estudio construido con una asombrosa batería de fuentes primarias (documentos y testimonios, muchos de ellos recientemente desclasificados) a una escala que ya quisieran poder utilizar muchas investigaciones históricas, además  de la oceánica bibliografía de múltiples orígenes e idiomas que aquí se emplea; pero, a pesar de su extensión, nos encontramos también ante un texto con claros componentes del ensayo como la claridad meridiana y el buen estilo con que está escrito y las ideas e interpretaciones sugerentes y brillantes que contiene. Y por todo lo anterior el autor ha conseguido perfectamente lo que pretendía: un potente  análisis histórico abierto a la reflexión sobre nuestro pasado reciente y por ello sobre  nuestro presente.    
     El hilo conductor del libro es el análisis de la guerra fría hasta 1991 en que desaparece la Unión Soviética para seguir después con el estudio de la evolución de la realidad política internacional surgida tras el fin de la guerra fría a través de  la práctica imperialista de lo que él denomina como “nuevo imperio” estadounidense. Ese análisis no se limita a los enfrentamientos entre los dos bloques en Estados Unidos y la Unión Soviética, sino que se extiende al del desarrollo de la guerra fría en los otros continentes: Europa, África, Asia y América Latina y llega hasta los últimos conflictos internacionales que están todavía hoy en proceso de desarrollo. .
     Pero además, dado el concepto que el autor tiene de la naturaleza y objetivos de la guerra fría, no sólo trata de los procesos y acontecimientos del nivel político internacional y nacional, sino también de los aspectos económicos y sociales (los culturales también, pero en menor medida) en cuanto que éstos están intrínsecamente imbricados con  aquéllos. Es excelente, por ejemplo, su análisis del origen, desarrollo e implicaciones de la actual crisis económica, y del origen y significado de las políticas neoliberales que nos han llevado a esa crisis. Como el de las causas de la laminación de la resistencia a esas fuerzas neoliberales por parte de las tradicionales fuerzas sociales – trabajadores y sindicatos – que representan los intereses de los sectores sociales más castigados por tales políticas. Así como la reciente aparición de una espontánea y todavía desarticulada oposición a ellas por los jóvenes y otros sectores ciudadanos.   
            La retórica de la guerra fría encubre para Fontana su verdadera naturaleza y objetivos. Ni fue un enfrentamiento entre dos bloques, uno, el occidental, hegemonizado por los Estados Unidos cuyo objetivo era defender las libertades individuales  y el gobierno democrático frente al totalitarismo del  otro dirigido por la Unión Soviética, como pretendía el discurso occidental. Ni tampoco, como se planteaba en el otro bloque, un combate por un proyecto de sociedad socialista igualitaria contra la opresión del capitalismo imperialista. Tras esas legitimaciones lo que verdaderamente existía era la lucha por tratar de  imponer uno u otro sistema político, económico y social, sistemas que en la realidad no buscaban  desarrollar los valores que uno y otro decían defender.
            Los hechos lo demuestran hasta la saciedad con la constatación de la práctica política internacional estadounidense defensora de dictaduras y dictadores de derechas sin escrúpulos (“nuestros” hijos de puta) a lo largo y ancho de todo el mundo como perros guardianes de sus intereses políticos y económicos. Quizás la prueba más fehaciente de ello ha sido que el fin de la guerra fría no ha supuesto, sin embargo, el final de esa política norteamericana hegemónica de control y dominio  del mundo en defensa de sus intereses materiales que ahora aparece disfrazada con el ropaje retórico de guerra contra el “terror”. Así como en el caso del otro bloque, la persecución y eliminación del enemigo interno, la jerarquización burocrática y la ausencia de verdadera libertad que le caracterizaron,  contradecían sus supuestos ideológicos.
            En el aspecto socioeconómico, la pérdida del miedo al enemigo interno y externo que originó la distensión internacional iniciada  a partir de los años setenta fue un factor de primer orden para entender cómo se trató  de salir de la grave  crisis del capitalismo de los años setenta a través de un profundo giro a la derecha  (introducido primero  en Estados Unidos y Gran Bretaña con Reagan y Thatcher y después en la Unión Europa y el resto del mundo ) con la implantación de las políticas económicas neoliberales, las cuales a través de la desregulación financiera y otras medidas conservadoras introdujeron el capitalismo de casino que, tras numerosas crisis, ha desembocado finalmente en la actual crisis económica global..
Desde luego que esta magna obra cumple con creces el propósito inicial de su autor: hacernos reflexionar sobre el mundo en que vivimos. A la vez que le consagra como uno de los grandes historiadores de nuestro tiempo.     .
( Publicado en suplemento “Cultura” de La Nueva España ( Oviedo-Asturias)          
   
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martes, 7 de octubre de 2014


EL IMPERIO DE LOS BANQUEROS

                                                               Julio Antonio Vaquero Iglesias

 
Para poder  combatir los desastrosos efectos que la Gran Recesión está produciendo    sobre la humanidad es necesario, sin duda, comprender la naturaleza y el funcionamiento del capitalismo financiero o neoliberalismo económico que está en  su origen y ello implica conocer a fondo los instrumentos y procedimientos que éste  viene empleando. Solo así podremos desvelar en su justa medida las consecuencias que su implantación esta teniendo sobre nuestras vidas. Consecuencias  que han conducido en muchos países, como en el nuestro, al  desempleo masivo, el incremento de la desigualdad y la extensión de la pobreza. Estas    son en parte la consecuencia  social de las realidades económicas negativas que ha traído el capital financiero como son la hipertrofia del endeudamiento público y privado, la especulación sobre las materias primas y alimentos o el medio ambiente, la subordinación de la economía real o productiva a la economía especulativa entendida como un fin en si mismo. Así, como en el plano político e ideológico, el desmantelamiento de la democracia liberal realmente existente con la colusión entre poder económico financiero y  el poder político (las denominadas”puertas giratorias”). Y el control mediático de las conciencias que permite el dominio sobre la sociedad de la banca y los grupos financiero que son hoy los “verdaderos amos del mundo”

Solo si conocemos a fondo el funcionamiento de ese capitalismo financiero   podremos ser verdaderamente conscientes -frente al velo con  que lo cubre la ideología neoliberal- de que esta grave situación actual originada por la crisis económica  no es algo natural, irreversible contra lo que es imposible luchar como si de un fenómeno natural se tratara. A la vez que solo con una clara conciencia de ello  podremos tratar de poner en marcha una alternativa eficaz frente a la  desastrosa e injusta situación actual que estamos padeciendo. Alternativa que exige a su vez un replanteamiento de la acción y organización política tradicional, puesto que los poderes financieros  que mueven los hilos de este desequilibrado desarrollo social y económico han terminado por dejar vacía de todo  contenido y competencias reales ( a no ser las vicarias) la democracia formal liberal en que se sustentaba el edificio económico- social capitalista. 

             De todo esto nos habla este sugerente y pertinente libro. Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero (Espasa, 2012) del que son autores dos economistas progresistas  Vicenç Navarro  y Juan Torres no es sino una clara y pedagógica ( como corresponde a su finalidad) disección que analiza el origen, las causas y consecuencias  del capitalismo financiero que nos subyuga, a la vez que nos hace  la propuesta de una alternativa frente al mismo.

 .          Torres y Navarro nos muestran  cuáles son los fundamentos del enorme poder actual de la banca. Su principal  privilegio hoy  se basa  en el poder privado  que ésta ha logrado- con el consiguiente poder político y social que ello conlleva-  de crear dinero bancario a través de los créditos, esto es, elementos de pago que nada o poco tienen que  ver ya con la economía real. Lo que ha llevado a la institución bancaria  a promover  como instrumento básico de explotación humana el desarrollo hipertrofiado del crédito Y,  para ello, ha logrado, a través  de un conjunto de reformas políticas neoliberales - que comenzaron en los años noventa con el Consenso de Washington- , la desregulación casi total  de las operaciones  financieras convirtiendo la especulación a gran escala  en el objetivo final de la economía  mundial frente a la economía real o productiva. Esto es, han convertido la economía  global en  un gran casino. Casino global  en el  que, como titulan los autores un capítulo, se “hace juego” través de un conjunto variado, sofisticado y arriesgado  de instrumentos especulativos  que los autores  analizan con claridad  y no dudan en calificar como “terrorismo financiero”. Análisis que  eriza el vello de los lectores  por los riesgos y abusos (inmorales siempre y  en una gran mayoría de casos, delictivos) que implican tanto para los inversores de a pie como para la mayoría de la población que los padece, dada la  pobreza, la desigualdad e inseguridad que conllevan sus consecuencias.

Las dos condiciones para poner fin a esta situación de injusticia y abuso, según nuestros dos economistas, están hoy ya presentes. Lo que les hace pensar que es factible tratar de ponerle fin. Una condición necesaria, pero no suficiente es el descontento que se extiende lentamente como una mancha de aceite entre la mayoría ciudadana de que esta situación está llegando a límites inaceptables e insostenibles y la historia de la humanidad demuestra que poderes tan imponentes como los que detenta este imperio de los banqueros también  han caído y pasado. La condición suficiente es que ya existe elaborada por los economistas no convencionales, organismos públicos y privados y grupos de pensamiento no serviles con esos poderes, una alternativa fundamentada a ese orden económico y financiero neoliberal que supone el beneficio desmesurado de unos pocos frente al sufrimiento y la pobreza de  la mayoría.

 Esa alternativa, de la que se hace en el libro un sumario repaso, pasa necesariamente, entre otras medidas, por la regulación estricta de los mercados financieros, el fin del  poder privado de la banca de crear dinero, la creación de una banca pública al servicio de las empresas de producción de bienes y servicios, el desarrollo de la cogestión y de la propiedad cooperativa y la desglobalizacón financiera que ha desarrollado el capitalismo neoliberal.

Sin embargo,  desde su perspectiva económica, nuestros autores dejan en el aire un aspecto de vital importancia para diseñar una verdadera alternativa integral: cómo articular políticamente ese potencial sujeto transformador, dada la crisis de la izquierda realmente existente. Pero, a pesar de ello,  estamos, sin duda, ante un libro clarificador  que deberían leer todos aquellos que realmente quieran comprender y responder a  la grave e injusta  situación por la que estamos pasando.           

  

 

 

martes, 23 de septiembre de 2014

El republicanismo como alternativa democrática en España


El REPUBLICANISMO COMO ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA EN ESPAÑA

                                                  Julio Antonio Vaquero iglesias

Alberto Garzón Espinosa es, sin duda y a pesar de su juventud, uno de los políticos más influyentes de la izquierda actual española. Diputado de Izquierda Unida por Málaga, Garzón ha estado vinculado al movimiento del 15 M y en cierta medida viene  ejerciendo  el papel de  enlace entre ese movimiento y la izquierda  alternativa representada en el sistema. Este, su último libro (La III República. Construyamos ya la sociedad de futuro que necesita España, 2014) demuestra que no es casualidad o oportunismo burocrático la destacada posición que viene ejerciendo  dentro de su partido. Sus  páginas nos  lo presentan, al contrario de lo que es habitual en el gremio,  como un político de gran talla intelectual y una madurez política  que llaman la atención por su mencionada juventud.

                A medio camino  entre la teoría y la propuesta política, pero siempre con un claro fin pedagógico por su objetivo divulgativo, Garzón nos plantea en este libro, ni nada más ni nada menos, que una completa propuesta política para el momento crucial en el que se encuentra nuestro  sistema político y la sociedad española. Y lo hace desde una impecable fundamentación teórica de izquierda en un momento en que no sólo a nivel español sino global no existe, en el contexto de una clara  hegemonía ideológica del capitalismo neoliberal, una consistente y aceptable  alternativa a éste. Pero más allá de lo que es habitual no sólo nos presenta su  propuesta  con sólida base teórica inspirada en el pensamiento republicano y socialista  y con un profundo conocimiento de la historia de la teoría política y económica, sino que desarrolla  también  de manera consecuente con su análisis teórico el procedimiento o camino para tratar de  hacer realidad  esa  alternativa política que plantea como respuesta a la actual realidad política, social y económica española actual.

                La solución dada por conservadores , liberales y  socioliberales  a  la   crisis del modelo de acumulación neoliberal  iniciada en 2007  ha  sido en España, siguiendo  las pautas establecidas por las élites políticas y sociales  que dirigen la Unión Europea, la de darle otra vuelta más de tuerca  al modelo neoliberal. Y para ello la derecha que nos gobierna ha impuesto y diseñado un conjunto de reformas institucionales que establecen las condiciones  económicas, sociales y políticas que pueden favorecen el despliegue de ese nuevo modelo de acumulación neoliberal. Tales reformas institucionales suponen  de hecho un verdadero proceso constituyente (dicho sea en sentido amplio y factual) y han  dado lugar a un descontento entre la población  afectada por ellas y  de insatisfacción generalizada entre la ciudadanía   con la actuación de los políticos y el funcionamiento del sistema político.

                En tal coyuntura,  Garzón   traza un modelo alternativo  constituyente inspirado en la tradición política del republicanismo. Tradición cuya historia, contenidos y autores, explora con claridad y abundante y sólida bibliografía  desde el mundo antiguo ( Grecia y Roma-) hasta el moderno y contemporáneo  de las revoluciones burguesas pasando por el análisis de la teoría y práctica del republicanismo renacentista. El autor  destaca cómo  esa tradición republicana se contrapone frontalmente al modelo liberal emergente y termina vinculándose desde la Revolución Francesa con la tradición socialista, puesto que la libertad positiva que defiende el republicanismo frente a la negativa del liberalismo  sólo puede hacerse realidad en el marco de una sociedad que avance hacia el socialismo.

                Ese modelo alternativo tiene  como uno de sus  objetivos  construir una democracia procedimental basada en una mayor participación directa de los ciudadanos  en la actividad política, al contrario de lo que ocurre en el actual  modelo  de  democracia liberal representativa en España  que la  limita  al voto cada cuatro años y  ha ido derivando en la práctica hacia un régimen de  partidocracia. Uno de los capítulos más sugerentes y aprovechables  del libro es precisamente el que dedica al análisis de las limitaciones estructurales  y desviaciones funcionales  de nuestro sistema político liberal representativo.  La otra pata de ese modelo republicano sería  establecer una democracia sustantiva, esto es, que desarrolle  la dimensión social del sistema constitucional como condición necesaria para hacer realidad la libertad positiva del ciudadano, subordinando para ello  la economía capitalista  a la política y avanzando en la dirección de un socialismo basado en los valores de la Ilustración y de carácter no dogmático ni autoritario. Esto es: todo lo contrario de lo que pretende el modelo neoliberal que trata de implantar aquí  la derecha en el poder, eliminando o reduciendo drásticamente con sus reformas el Estado de bienestar y los derechos sociales reconocidos para que no sean obstáculo al  desarrollo  de ese  nuevo  modelo neoliberal de acumulación en el que la política debe estar subordinada a los intereses económicos. La forma de Estado republicana sustituyendo a la monárquica no sería, pues, un elemento central sino una consecuencia más de la implantación de ese modelo político.

  ¿Quién es  el sujeto potencial  que puede protagonizar ese cambio político, cuáles, los procedimientos  y con qué instrumentos debería llevarse a cabo?

                El sujeto transformador no sería sino para Garzón la numerosa pléyade de descontentos producidos por la explotación y las  múltiples   consecuencias negativas  que ha impuesto el desarrollo del modelo de acumulación neoliberal. Desde la heterogénea clase trabajadora originada por el capitalismo neoliberal hasta los descontentos sectoriales  con  alguna de las reformas neoliberales  impuestas por el rodillo electoral de la derecha en el poder como los afectados los o por las reformas educativa o sanitaria, pasando por  los movimientos sociales  ecologista, feminista, pacifista,  de gays y lesbianas,  la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, el  movimiento de  pensionistas y el  del  15- M  y tantos otros.     

                Los procedimientos para convertir  esa masa de descontentos en una  mayoría social que apoye esa alternativa  serían  la lucha ideológica con el objetivo de conseguir la hegemonía ideológica en el sentido gramsciano  que está hoy en manos de la derecha. Lo que implica tanto  desmontar  el “sentido común” impuesto por el neoliberalismo como deconstruir nuestro  sistema político liberal representativo que se asienta sobre dos pilares: el bipartidismo y la Monarquía   para hacer evidentes y difundir sus defectos y la función que viene ejerciendo como soporte del neoliberalismo. De la misma manera que es necesario participar a pie de calle en apoyo de las luchas sociales de los damnificados por el capitalismo neoliberal, tratando de hacerles conscientes de las causas estructurales del problema concreto que les afecta.  Unos partidos políticos radicalmente democráticos sometidos al control de sus afiliados y unos sindicatos renovados no burocratizados, transparentes y controlados por todos sus componentes  serían  loa instrumentos para promover  esa alternativa republicana democrática. Lástima que por la fecha de publicación del libro, Garzón no haya podido analizar el papel que podría jugar Podemos, el nuevo partido surgido de las elecciones europeas, en el marco de su  propuesta

       Sobre el papel el planteamiento  de Garzón en lo que se refiere al modelo de sociedad  política, es  perfectamente asumible desde la perspectiva de la izquierda alternativa. Pero los procedimientos para implantarla, aunque coherentes con su propuesta y acertados, son sin duda  un camino  erizado de numerosos problemas y obstáculos y suscitarán a sus lectores  numerosos problemas e interrogantes. Pero  sólo  su puesta en práctica y su contraste con la realidad nos dirán si son eficaces o no.         

         En fin, un libro de lectura obligada no sólo  para aquellos lectores que se muevan en las coordenadas ideológicas de la izquierda alternativa o quieran  conocer  la historia de la tradición  republicana y su vigencia actual, sino también para aquellos que les interese  comprender a fondo nuestra actual realidad económica, social y política y qué hacer desde una posición de izquierda ante ella. Y todo esto desarrollado  en 200 páginas escritas con meridiana claridad. No es poco desde luego.      

martes, 26 de agosto de 2014


ALTAMIRA Y  EL AMERICANISMO DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO

                                              JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

Mi viaje a América

Rafael Altamira

Servicio de Publicaciones de la

Universidad de Oviedo, 2008

 358  páginas
 

El programa del primer americanismo español a través del viaje de Altamira a América

             En el marco de la conmemoración del cuarto centenario de la fundación de la Universidad ovetense, se ha presentado  estos días pasados en sede universitaria este libro de Rafael Altamira, Mi viaje a América, que recoge la historia del viaje que llevó a cabo, durante diez meses entre 1909 y 1910, el insigne catedrático institucionista  como delegado del alma máter asturiana a cinco países de Hispanoamérica y a Estados Unidos. Los principales  objetivos de aquella misión eran promover el intercambio de profesores universitarios  entre las universidades de aquellos países y la asturiana y estrechar las relaciones intelectuales con ellos para reavivar el tronco común de la civilización hispánica.

.Mi viaje a América  es un libro de documentos que recoge las  circulares, comunicaciones, conferencias y otros documentos que generó aquel viaje con explicaciones intercaladas del autor. A través de  toda esa masa documental se puede reconstruir con todo detalle, como ya hiciera de manera brillantemente nuestro siempre recordado Santiago Melón, el significado y contenido de  aquel viaje triunfal que supuso no sólo uno de los episodios más brillantes  de la historia de nuestra Universidad, sino también, y sobre todo, el origen del americanismos español. Esto es, un movimiento cultural de aproximación y  estrechamiento de relaciones con aquel conjunto de países  que surgieron  del proceso de la independencia colonial.

Pero el intercambio de profesores y alumnos, no era sino un aspecto concreto del  objetivo más amplio y ambicioso que pretendía alcanzar ese viaje y que era  el de iniciar  el  americanismo español y relanzar las  tibias relaciones que se mantenían con los nuevos estados hispánicos después de su independencia, precisamente cuando se cumplía el primer centenario aquellos acontecimientos.  Altamira se le debe considerar, pues,  como uno de los padres fundadores de nuestro americanismo.

El sentido último de ese  americanismo, hay que vincularlo al regeneracionismo de cuño institucionista que ponía el énfasis en la educación y el desarrollo intelectual como medio para regenerar la nación, sumidas sus clases dirigentes, como le gustaba decir  a Altamira, en el pesimismo patriótico tras, no la pérdida, sino el despojo del resto de nuestras colonias por el imperialismo norteamericano. Y en ese sentido el origen intelectual de ese viaje hay que colocarlo en el famoso discurso de inauguración del curso universitario 1898-1899 en Oviedo titulado El patriotismo en la Universidad  en el que  Altamira  desarrolló el programa  del regeneracionismo institucionista y diseñó cómo debía de contribuir la Universidad al mismo. Aunque fuese después en 1908, con motivo de la celebración por nuestra Universidad  de su tercer centenario y del primer centenario de la independencia hispanoamericana, cuando tomó cuerpo el proyecto del viaje americano de Altamira al extender a  cinco países hispanoamericanos(Argentina, Uruguay, Chile, Perú, México), además de una corta estancia en Estados Unidos, el  intercambio de profesores que en un principio se pensó realizar sólo con Cuba, a instancia del rector de la Universidad de La Habana, doctor Dihigo, una de las muchas autoridades universitarias invitadas a la celebración de aquellos eventos de 1908 en la Universidad de Oviedo.

En aquel mencionado discurso, el regeneracionismo que inspiraba el nacionalismo  liberal de Altamira proponía, en el campo del americanismo, una restauración del crédito de la historia de nuestra colonización americana Pero también una difusión ante los nuevos países americanos de los valores intelectuales renacidos de aquella otra España que emergía por debajo de la costra oligárquica del régimen de la Restauración, y de los que la Universidad de Oviedo, en plena renovación por  los institucionistas del Grupo de Oviedo, se entendía portadora. El objetivo final no era sino revitalizar  el tronco de la civilización común hispánica frente al poder avasallador de las civilizaciones anglosajona y germánica. Por tanto, estamos ante un americanismo intelectual, no económico, que predicaba una relación entre España y los países hispanoamericanos, en términos de igualdad y solidaridad, y no una relación espuria nacida intereses y objetivos económicos que pretendiese buscar el dominio o la hegemonía española sobre la comunidad hispánica. .

 A exponer  ese programa americanista Rafael Altamira dedica la última parte de su libro. El conjunto de medidas proyectado  suponía, sin duda, un reflexionado y coherente  programa americanista. Pero, a pesar del éxito del viaje- recibimiento en loor de multitud de Altamira, entrevista y apoyo del propio monarca- sólo hubo una aplicación puntual de algunas de las medidas propuestas. Del mismo modo que en la Universidad de Oviedo, que debería haberse convertido en su centro y foco dinamizador, pasado el brillante capítulo del Grupo de Oviedo, tal  programa fue dejado a un lado  y  se convirtió  con el tiempo en solo  un recuerdo de una etapa en la que los ecos del nombre de la institución universitaria asturiana y de sus renovados planteamientos académicos resonaron  por toda América con la oratoria brillante y sabia  de Altamira.   

 

 

 

 

 

                            ORGANIZACIÓN Y BALANCE DEL VIAJE
                                                                  J. A. V. I
 
    Altamira fue elegido por el claustro ovetense para llevar a cabo el viaje a América  por sus trabajos y vocación americanista, pero también porque era el miembro de la escuela de Oviedo que tenía mayor prestigio académico e intelectual fuera de España. Asombra leer la impresionante labor que desarrolló durante el mismo. Pronunció decenas de conferencias, cursos, discursos, visitas, dictámenes, informes, entrevistas con los principales responsables educativos de los países que visitó- especialmente en Argentina, México y Cuba que fueron los países en los que su estancia fue de mayor duración-. A algunas de sus intervenciones asistieron hasta los presidentes de las repúblicas visitadas. Pero todavía asombra más saber que  el viaje no tuvo ninguna financiación oficial. La cabeza organizadora del mismo fue el rector don Fermín Canella..
             Además de las actividades propiamente universitarias, Altamira realizó una extensa labor  formativa, de  apoyo y contacto con los profesores de los diferentes niveles educativos, visitó escuelas e institutos y dio conferencias en los centros de formación del profesorado sobre cuestiones pedagógicas y la experiencia de la Extensión universitaria ovetense. Pero también se reunió y dio charlas y conferencias a los alumnos universitarios con los que logró un alto grado de identificación. Asimismo fueron  extensas e intensas las relaciones de confraternización que mantuvo con las asociaciones de emigrantes españoles. Para todos ellos arbitró medidas en su programa americanista.

 

sábado, 2 de agosto de 2014

Detrás de las barricadas republicanas


DETRÁS DE LAS BARRICADAS REPUBLICANAS

 

                                                             JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

  

            Como es bien sabido, la guerra civil española se vivió por muchos intelectuales como el primer episodio de un   amenazador avance del fascismo en Europa y el mundo. Ese supuesto explica en cierta manera la gran cobertura periodística y literaria que tuvo el conflicto español. Basta hacer un somero repaso de los intelectuales y creadores que tomaron como tema de sus obras nuestra guerra civil a partir de su experiencia directa o indirecta del conflicto, y utilizaron para ello los más variados registros literarios: la novela, el periodismo, la poesía, el ensayo. Norteamericanos como Hemingway y Dos Passos; franceses como Malraux, Bernanos, Saint- Exupéry; alemanes como Koestler y Thomas Mann; austriacos como Borkenau; latinoamericanos como Neruda, Cesar Vallejo; o británicos como Auden, Spender, Orwell y John Lagdon-Davies… fueron algunos de los principales intelectuales e escritores que dedicaron algunas de sus obras a la guerra de España.

            Sin duda, entre esas obras sobre la guerra civil, hay  dos  de gran importancia  por la difusión que alcanzaron y su valor histórico y literario que va más allá de la función política instrumental inmediata con la que se concibieron  Y también porque son fundamentales para conocer el  desarrollo de los acontecimientos militares, políticos y sociales en la  Cataluña republicana durante el conflicto. Me refiero a   “Homenaje a Cataluña” (1938) de George Orwell y la de Jonh Langdon-Davies, “Detrás de las barricadas españolas” (1936), que ha sido reeditada este año por la editorial Península con prólogo de  Paul Preston.

            John Lagdon-Davies fue un periodista y escritor británico de ideología izquierdista, profundamente  conocedor de la cultura catalana  por su  estancia de varios años en Cataluña en la década de los veinte, al que el periódico progresista londinense News Chronicle encargó, primero, cubrir los desfiles de la fiesta del trabajo del 1º de mayo de 1936 y después, tras la sublevación del 18 de julio, los primeros acontecimientos militares, políticos, sociales y bélicos en la zona republicana. Durante los meses agosto y septiembre Langdon- Davies recorrió en motocicleta toda Cataluña, Valencia, Madrid y Toledo, enviando a su periódico numerosos reportajes con  sus experiencias directas de  aquellos meses iniciales de la guerra, en los que la debacle de las fuerzas del orden público y la amenaza de los sublevados dio lugar a un vacío de poder con  una sustitución del Estado por el pueblo en armas y su organización en aquel “ejército con monos” de milicianos que logró impedir el éxito inmediato del golpe de Estado.

            Esa doble experiencia  es la que después recogió en este libro el periodista y escritor inglés con el objetivo explícito de contrarrestar  entre el público británico la visión tremendista e interesada que los periódicos conservadores y los sesgados informes del cónsul inglés en Barcelona estaban difundiendo sobre el conflicto español. Conflicto que interpretaban como el inicio de una revolución comunista que amenazaba a toda la Europa Occidental. Y no,  como entendían los demócratas, un  peligroso avance del fascismo que ponía en peligro el futuro de  las democracias liberales europeas. Era necesario  difundir entre  la opinión pública anglosajona la verdadera situación española y propiciar con ello la intervención de las países democráticos a favor del bando  republicano que era el depositario de la  razón moral y la legalidad democrática. Y Lagdon-Davies lo hace  sin negar en ningún momento la violencia desatada en la zona republicana contra las personas y las iglesias. Pero desmintiendo con datos las exageraciones de las fuentes conservadoras y tratando de hallar no una justificación, sino una explicación de esos excesos, cuya responsabilidad atribuye en última instancia a los propios rebeldes. Pues, según él, fueron los sublevados, con su golpe de Estado,  los verdaderos  responsables de  haber desencadenado  la peor de las tragedias humanas, una guerra civil que es siempre“la madre de todas las atrocidades”.        
( Publicado en Cultura, suplemento cultural de La Nueva España de Oviedo)
 

 

Contra el revisionismo historiográfico franquista


         CONTRA EL REVISIONISMO HISTORIOGRÁFICO FRANQUISTA

                                                   JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

 

   Tras el escándalo que han levantado las perlas formales y pifias ideológicas contenidas en los tomos referidos a la República, Guerra Civil, Franquismo y Democracia del Diccionario Biográfico Español de la RAH, vino el sainete protagonizado por la resistencia de la real institución para proceder a la rectificación encomendada por el Parlamento español. La Dirección de la “docta” casa intentó “mantenella y no enmendalla” y se apoyó  en la nueva  mayoría parlamentaria del PP, que no había votada a favor de tal rectificación y que, incluso, una vez en el Gobierno, antes de conocer el contenido de los cambios propuestos por la comisión académica de la RAH,  asignó para el Diccionario una nueva dotación en los Presupuestos Generales del Estado de 2012. Finalmente, el ministro del ramo (dicho sea en este caso con otro  sentido metafórico diferente, esto es, la de su lejanía y desconocimiento del suelo y el “humus” educativo), Luis Ignacio Wert, ante la presión parlamentaria, ha optado por aceptar el dictamen llevado a cabo por la primera comisión de la Academia (Artola, Fusi y Sanz) que propuso una rectificación de un 6% de los 500 personajes nacidos entre 1875 y 1931(¿?). Sin embargo, ese porcentaje está muy por debajo del 20% que  recomienda corregir el informe de la Asociación de Historia Contemporánea que ha llevado a cabo el historiador y profesor de la Universidad de Zaragoza José Luis Ledesma. El bochorno intelectual  que han producido esos contenidos ha sido tal   que hasta el Times Literary Supplement ha dedicado un informe al análisis cualitativo del Diccionario que ha titulado significativamente “Los amigos de Franco”.  

        No es extraño que con tales antecedentes, y desde el primer momento en que salieron a la luz los tomos ya publicados de la obra, un sector muy cualificado de los historiadores profesionales españoles  especializados en la historia contemporánea de España, pusieran el grito en el cielo y pidieran la retirada de la parte de la obra ya  publicada. Esa protesta no era sólo porque en su realización la RAH, teóricamente el organismo defensor por excelencia de las esencias historiográficas, no había cumplido las más elementales normas de la objetividad histórica. Basta mencionar como ilustración su  encargo de redactar la entrada de Franco a Luis Suárez, presidente de la Fundación Francisco Franco, y medievalista de especialidad o la biografía de Alfonso Armada, el conspirador del 23 F a su yerno; o la de Esperanza Aguirre, a un historiador de la economía, Manuel González y González, que fue secretario de Estado con ella, o las de los miembros de la familia real, encargadas a la  propia Casa Real. El resultado no podía ser otro. Franco aparece en el Diccionario como un político moderado y prudente que encabezó un régimen autoritario, no dictatorial; Alfonso Armada como un celoso, pero equivocado defensor de la Monarquía; la “lideresa” como una política significada  no sólo por el halo de la fortuna al salir ilesa de un accidente y un atentado, sino también por su especial capacidad para reaccionar ante situaciones críticas. Eso sí, de  la minucia del “tamayazo” no hay en tal semblanza un sola mención. Y los retratos de nuestros  reyes, príncipe, princesa e infantas, claro está,  pura hagiografía monárquica que contrasta burdamente con los últimos episodios reales.

            Sin embargo, como han diagnosticado estos historiadores críticos con la obra, el mal es más profundo que los de  la subjetividad y el  amiguismo. Lo que reflejan una gran parte de las biografías de esas etapas de la historia contemporánea de España es claramente una asunción por parte de sus biógrafos de los planteamientos y tópicos del revisionismo historiográfico franquista que, como denunciaba con fundamento recientemente el historiador Borja Riquer, a pesar de su escaso valor científico, ha experimentado un importante rearme en los últimos tiempos, con el apoyo, incluso, de instituciones oficiales. Basten unos botones como muestra:  el carácter de Cruzada y de Alzamiento Nacional con que califican los autores a la sublevación armada de una parte del ejército contra la legalidad democrática republicana; la caracterización de los guerrilleros resistentes al franquismo como bandoleros y facinerosos; la descripción enfática de la represión en la zona republicana frente  a la  escueta referencia a la realizada por el franquismo  durante y al final de la guerra civil; la relación de causa efecto entre la República y la Guerra Civil considerando que ésta  no fue  sino un corolario inevitable de aquélla... En fin, todos los tópicos de esa  deleznable literatura revisionista   que ha proliferado en estos últimos años  frente a la ingente obra  llevada a cabo por  los historiadores profesionales, a los que paradójicamente aquélla denomina en el colmo de la desfachatez  como “historiadores militantes”..

            Este diagnóstico es el que está en el origen de esta obra: En el combate por la Historia.  La República, la Guevra Civil, el Franqusimo ( Pasado/ Presente, 2012). Era necesario responder sin duda a esa visión revisionista de nuestro pasado reciente contemporáneo que inunda las biografías del Diccionario. Era necesario responder con lo que podría calificarse como un contradiccionario, pero que va mucho más allá que eso. Y desde luego nadie mejor para hacerlo que aquellos profesionales  de la historia contemporánea española que han contribuido con una investigación solvente a reconstruirla y que han sido excluidos, la mayoría, de la participación en el Diccionario. Y nada mejor que hacerlo con una obra que lleva un título que remeda una de las mejores apologías  escritas sobre la historiografía: la del padre fundador de los Anales, Lucien Fevre y su Combates por la Historia (1952).

Coordinada por ángel Viñas, en esta obra colectiva participan 33 historiadores profesionales que son especialistas en cada uno de los campos que tratan. No están, desde luego, todos los que son, pero, sin duda, son todos los que están. Son historiadores elegidos conscientemente, además, como representantes de las tres generaciones que han investigado  sobre la República, la Guerra Civil y el Franquismo y tienen a sus espaldas una obra solvente avalada por la comunidad historiográfica. Entre los de la generación más veterana están entre otros, además del coordinador Viñas,  nombres como Josep  Fontana, Paul Preston, Alberto Reig Tapia, Antonio Elorza, José- Carlos Mainer, Julio Aróstegui, Hilari Raguer….; de la intermedia, esto es aquellos que andan hoy entre los 40 y 50 años, pueden ser representativos Julian Casanova y  Enrique Moradiellos….;  y de los la generación más joven podemos citar , entre otros muchos, historiadores con una obra  ya suficientemente contrastada como José Luis Ledesma y Fernando Hernández Sánchez.

. La estructura del libro comprende cuatro partes. Las tres primeras dedicadas al análisis de  la República, Guerra Civil y Franquismo con entradas bien significativas que tratan de todos los tópicos de cada periodo y han sido analizados por el especialista correspondiente. La cuarta parte como contrapunto al Diccionario Biográfico  recoge  la biografía de 12 de los grandes actores  de esa época como son, entre otras, las de Franco, Azaña, Largo Caballero,  Negrin,  Prieto, José Antonio Primo de Rivera, Serrano Suñer…. Semblanzas cuyo contenido poco tiene ver con las incorporadas por el Diccionario. Finalmente, el epilogo del libro, escrito por Viñas y Reig Tapia es una dura, pero objetiva y pertinente diatriba escrita contra ese revisionismo  historiográfico franquista (la historietografía franquista, como le denominan) analizando su finalidad ideológica y sus procedimientos deformantes como son la denigración de los actores , la distorsión de los hechos, la ocultación de los mismos, la confusión, la apelación a autoridades dudosas, la tergiversación, la sustracción de información y… la mentira pura y dura.    

  En el libro se desmontan, pues, de manera sólida  y documentada todo ese clase de tópicos revisionistas que impregnan las biografías del Diccionario: desde la falsedad del binomío República- Guerra Civil que pretende poner el origen del conflicto en lo ocurrido en la etapa republicana, justificando con ello la sublevación contra la República hasta el del que trata de hacer pasar el franquismo por un régimen meramente autoritario y no por lo que realmente fue: una dictadura fascistizada, pasando, además de muchos otros, por el desmontaje  del de la equiparación en finalidad y volumen de la represión en la zona republicana con la llevada a cabo en la zona sublevada y después durante el franquismo, represión esta última que fue, detrás de la estaliniana, la más sangrienta de las llevadas a cabo por los fascismos en Europa.    

            Desde luego, para muchos de los lectores de este aprovechable libro – entre los que me encuentro- las declaraciones del Director de la RAH manifestando que el Diccionario “es un monumento a la libertad de expresión” no deja de ser un sarcasmo inaceptable.
(Publicado en el suplemento Cultura de La Nueva España de Oviedo)

sábado, 5 de julio de 2014

CIA, Mafia y exiliados cubanos asesinaro a Kennedy


El ASESINATO DE KENNEDY, UN EPISODIO DE LA GUERRA SECRETA  CONTRA CUBA

  Fabián Escalante,, ex jefe de los Servicios de Inteligencia de Cuba, sostiene que el magnicidio de Dallas fue obra de un complot de la Mafia y los exiliados cubanos dirigidos por la CIA  

                                                          JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

                                                           CATEDRÁTICO E HISTORIADOR

 

“Yo soy un producto de mi generación: iba para médico y tuve que dedicar toda mi vida, como muchos otros jóvenes cubanos, a defender la Revolución”. Así se expresa Fabián Escalante Font. Sin duda, el más profundo conocedor de la guerra sucia de los Estados Unidos contra Cuba y el investigador  que  ha proporcionado una de las tesis más fundamentadas y convincentes del que fue, según él, uno de los capítulos más importantes de esa guerra: el asesinato del presidente Kennedy.

Autor de doce libros sobre la que él  denomina “guerra secreta”,  Escalante ha participado con gran éxito de público en la XXIII Semana Negra de Gijón. Sus libros, que encuentran enormes dificultades para ser difundidos fuera de Cuba , se agotaron  en la primera jornada de la Semana y sus intervenciones fueron seguidas por un público numeroso y profundamente interesado. Lo que no es nada extraño si tenemos en cuenta no sólo su gran  experiencia en ese campo: comenzó  como oficinista y lo ha sido todo en los servicios de seguridad cubanos, con sendas estancias de diez y dos  años en Nicaragua y Angola (hoy es  general de división jubilado).  Sino también su  posterior labor investigadora como escritor de esa guerra  secreta contra Cuba que dura más de cincuenta años y todavía hoy no ha finalizado. De ambas fuentes, que se retroalimentan,  se nutren, pues, sus libros, imprescindibles para conocer uno de los episodios más tenebrosos, crueles  e  injustos de la historia del siglo XX.
  Esa guerra secreta contra la Cuba de Castro- me dice Escalante- fue promocionada y dirigida desde los altos  niveles de la Administración norteamericana y comenzó desde el primer momento del triunfo de la Revolución, antes de iniciar ésta su evolución hacia el socialismo, a causa de  sus medidas a favor de las clases populares:  “El primer gobierno tras la Revolución se puede señalar como compuesto por gente de la burguesía, sin embargo hablaba y realizaba medidas revolucionarias: reforma agraria, descenso de los precios de la vivienda, abaratar los medicamentos, bajar los precios de la luz... Ese era su verdadero pecado”. Tuvo unos concretos ejecutores: la CIA, la Mafia y los exiliados cubanos. La  Mafía, porque perdió  con el triunfo de la Revolución sus lucrativas ganancias del juego organizado junto con el negocio de las drogas y la prostitución. “Sólo el casino del  hotel  Havana Riviera  - precisa el escritor cubano- logró obtener  del juego organizado, en 1958, un millón  de dólares…. de los de entonces”). Los exiliados cubanos, porque o bien unos  habían sido cómplices de la dictadura de Batista o bien otros no aceptaron las reformas y cambios que la Revolución introdujo  en beneficio del pueblo cubano y en contra de sus intereses de clase. CIA, Mafia y disidencia cubana  terminaron formando, a partir de los sesenta, un criminal conglomerado que Escalante ha bautizado como el “mecanismo cubano americano de la CIA y  Mafia” que devino en la  hoy conocida como mafia cubana de Miami. Ésta, enriquecida por el tráfico de armas y  drogas y el contrabando de alcohol desarrollados al socaire de la guerra sucia, ha llegado a convertirse en un poderoso grupo de presión político y operar en ocasiones de manera independiente de la propia Administración norteamericana, como ocurrió en el magnicidio de Dallas.  
 Los métodos  empleados  con  en esa guerra secreta fueron de  los  más  abyectos  y criminales que se pueden utilizar, y  deben de considerarse como verdaderos actos de terrorismo de Estado: la guerra subversiva, la guerra psicológica, la guerra económica, la guerra bacteriológica, la guerra informativa y el magnicidio como lo prueban los 354 frustrados  intentos de asesinar a Fidel Castro que Escalante ha logrado documentar y de los que más de ciento y pico fueron  producto de complots. Y para ello contaron con   el pleno apoyo militar, financiero y técnico norteamericano a través de la CIA: “ En Miami, la Agencia creó una estación contra la Revolución cubana  que se  llamó en clave JM/WAVE y que albergaba a 400 oficiales de caso, contaba con 4.000 agentes de origen cubano, barcos grandes, medianos y pequeños, aviones para volar a la isla, una empresa aérea de transportes desde la que empiezan a traficar con armas en Centroamérica y a traer droga de allí, astilleros, imprentas, alquiler de coches, agencias inmobiliarias... Tantos medios que daban de comer a casi toda la disidencia cubana.” Los servicios secretos cubanos, con escasos medios, sólo pudieron hacer frente a esa guerra subversiva- añade  el investigador y escritor cubano - gracias a la solidaridad  latinoamericana  y el apoyo del pueblo cubano.  

El asesinato de Kennedy no fue, pues, “obra de un asesino solitario, como concluyó la Comisión Warren, sino el resultado de un complot organizado por ese mecanismo cubanoamericano de la CIA y la Mafia”, afirma  el ex jefe de la  Inteligencia cubana. Los objetivos de la conspiración eran deshacerse del presidente Kennedy, cuyas políticas antirracista y económica alarmaron a  ciertos sectores del capital monopolista norteamericano (como  ocurrió con los magnates de la industria del acero) y a  los medios de la ultraderecha estadounidense. Pero el complot, debido al gran descontento que produjo entre la disidencia cubana el  cambio de  la política presidencial hacia Cuba, trataba también de inculpar a Castro en ese  magnicidio para promover una invasión de la Isla que lo derrocase y pusiese el punto final a la Revolución cubana.   Además (como posteriormente dedujo Escalante) esa conspiración estuvo combinada con el que fue uno de los más serios intentos de asesinato de Castro: la operación que la CIA denominó con el criptónimo de  AM/LASH cuyo objetivo era poner fin a la vida del mandatario cubano  e iba a ejecutar Rolando Cubela, un alto jefe del ejército revolucionario que había ejercido cargos de gran  responsabilidad en el Gobierno de Castro y había sido reclutado por la CIA. 
 En efecto, tras el fracaso del intento de invasión de la Isla en Bahía Cochinos vino la solución negociada del mandatario norteamericano con los soviéticos (“sin contar con los cubanos”, recalca nuestro escritor e investigador) de la Crisis de los Misiles con su promesa de no invadir la Isla. Lo que tuvo como consecuencia un cambio táctico de la Administración Kennedy hacia la Revolución cubana que dio lugar a numerosas y radicales muestras de descontento en los medios del exilio, la ultraderecha americana  y la CIA.
 Ese ambiente  fue el caldo de cultivo idóneo en el que brotó  el complot para asesinar al presidente norteamericano. En realidad, Kennedy- me  explica el escritor cubano-  no trató  de hacer las paces con el castrismo, sino utilizar la estrategia de “la corrosión progresiva” que rechazaba el objetivo de la invasión de la Isla, pero no significaba  el fin de las acciones subversivas y la guerra económica y psicológica contra el régimen cubano. Disolvió la Operación Mangosta que tenía  como objetivo desencadenar una guerra civil en la Isla. Pero continuó con las acciones terroristas contra Cuba, tratando de obstaculizar el abastecimiento de la Isla y desarticular así su economía con la continuación del bloqueo, buscando originar el descontento  de la población cubana  sin tener  en cuenta para nada su sufrimiento. En febrero de 1963, su hermano Robert Kennedy organizó y autorizó la actuación de  los denominados grupos autónomos integrados por cubanos disidentes. La CIA les  proponía los objetivos terroristas a cumplir y los apoyó militar y financieramente para que instalasen distintas bases fuera del territorio americano (Nicaragua, Costa Rica, Republica Dominicana) y así eludir la responsabilidad del Gobierno estadounidense. Uno de esos grupos, el que operaba desde Nicaragua, fue el Movimiento de Recuperación Revoluciona (MRR) dirigido por Manuel Artime Buesa con la misión de impedir que llegasen alimentos y cualquier clase de pertrechos a Cuba, y fue el responsable, en 1964, del ataque al barco español “Sierra Aránzazu” que costó la vida a tres marinos españoles. En dos ocasiones (en 1975 para  el Comité Church del Senado y en 1978  para el Comité Selecto la Cámara de Representantes), Escalante como jefe de los Servicios de Inteligencia investigó el magnicidio y en ambas defendió como conclusión la  teoría del complot.  Posteriormente y de manera mucho más detallada y exhaustiva, reanudó esas investigaciones que  recogió en su libro de 2004, 1963: El complot. Objetivos: JFK y Fidel 
El hilo conductor de esas investigaciones fue el seguimiento detallado, día a día, hora a hora, de las actuaciones de  L. H. Oswald, desde abril de 1963, cuando volvió de la Unión Soviética, hasta el preciso momento del asesinato del presidente.  Y esa información le ha proporcionado numerosos indicios y  evidencias de la existencia de un complot para el asesinato de Kennedy cuyos autores intelectuales probablemente estén relacionados con los círculos de poder norteamericano opuestos a las políticas de  presidente asesinado. Los autores materiales pertenecerían al mecanismo cubanoamericano de la CIA y la Mafia. Oswald  fue – añade-  un agente doble de la CIA infiltrado en la Unión Soviética,  y que a su vuelta de aquel país, recibió instrucciones en Nueva Orleáns para convertirse en simpatizante del régimen castrista. Su papel en el complot- explica el investigador cubano- no era otro “que involucrar  al Gobierno cubano en el crimen, elemento esencial para justificar el asesinato de Fidel Castro y concitar una invasión de Cuba por el ejército norteamericano” 
 Fabian Escalante,  a sus sesenta y nueve  años, sigue  todavía empeñado en desenredar todos los hilos de la madeja del complot del magnicidio y prepara un nuevo  libro sobre el tema, porque es consciente que sólo investigaciones como las suyas y las de otros estudiosos independientes  pueden arrojar la luz definitiva sobre el asesinato del presidente norteamericano. No hay ninguna posibilidad-añade- que ese complot sea desvelado por el Gobierno estadounidense. Sus claves no sólo están bien guardadas  con siete llaves en una caja oculta  que la CIA esconde en algún rincón de  su guarida, sino que, además, la Agencia “no ha sido ajena, según él,  a la publicación de materiales, libros, artículos, entrevistas que han pretendido inundar de pistas falsas a los investigadores que han pretendido desvelar el asesinato presidencial”. Como ocurrió con el documental  del   cineasta alemán  Wilfried Huismanm, Cita con la muerte, que trató, incluso, de implicarlo a él en el asesinato. Y cuyo verdadero objetivo – me comenta  con cierto orgullo- no fue  sino un burdo intento  de descalificar las tesis de su libro, contando  para ello  con  la financiación de la CIA y de la Mafia.
                Desde luego, si algún día llegamos a conocer toda (o casi toda) la verdad del magnicidio de Dallas, la contribución a ello de las  investigaciones de Escalante  habrá sido  decisiva. 
                ( Publicado en Atlántica XXII. Revista asturiana de Información y Pensamiento) 
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