miércoles, 17 de junio de 2020
LA EDUCACIÓN TRAS LA PANDEMIA
JULIO ANTONIO
VAQUERO IGLESIAS
Como tantos
otros aspectos de nuestra vida social,
es fácil pensar que el tremendo impacto que la pandemia del coronavirus está
causando en todos los órdenes de nuestra vida, puede afectar también de manera sustancial a los
sistemas educativos. La necesidad del desarrollo de la enseñanza digital que la fuerza de los
acontecimientos epidémicos ha impuesto en los tiempos del confinamiento, ¿va a
suponer que ese modo de educación ha venido para quedarse definitivamente
sustituyendo en gran medida a la
tradicional enseñanza presencial?. ¿Ocurrirá
con esa modalidad de enseñanza lo que sí parece que va a ocurrir con el
teletrabajo, esto es, que alcance un sustancial desarrollo y ello suponga una subordinación de la enseñanza presencial?
Las limitaciones en esta coyuntura pasada de esa modalidad de enseñanza a distancia han
sido evidentes. En gran medida por la brecha digital que existe en nuestro país
que supone diferentes posibilidades de
acceso a los elementos técnicos de esa modalidad de enseñanza y por la
diferente preparación familiar para el correspondiente apoyo a los escolares que implica la misma. De modo que una de las
funciones inexcusables de la enseñanza en
las sociedades democráticas como
es la de paliar las diferencias sociales de origen de los educandos no sólo no
se ha cumplido en la etapa de confinamiento, sino que incluso, casi podríamos
decir, que ha aumentado. Del mismo modo que la función de socialización que
debe estar implícito entre las funciones
a conseguir por todo sistema educativo desaparece en esa modalidad exclusiva de
educación.
Renunciar o reducir al mínimo la educación presencial concediéndole a
prioridad dominante a la enseñanza a distancia a través de los medios
telemáticos sería, sin duda, abandonar
algunas de las funciones esenciales de la escuela. La presencia física, el
contacto directo con el maestro, con el profesor, es fundamental. Todos los que hemos ejercido esa
honrosa profesión lo sabemos: el alumno no sólo aprende en la escuela
contenidos disciplinares, sino valores y actitudes que, sin duda, se
desarrollan con el contacto directo con el que le educa si éste es consciente
de que la escuela no sólo debe transmitir conocimientos, esto es, instruir,
sino, y creo que sobre todo, educar. Y esa función, además de la de
socialización que conlleva y a la que nos referíamos más arriba, sólo puede
desarrollarse con la educación
presencial
Lo que
no es óbice para que la escuela se
dedique a instruir y desarrollar los
conocimientos y las prácticas en las nuevas tecnologías que son instrumentos
básicos e imprescindibles ya en la sociedad digital en la que los alumnos van a vivir. Del mismo modo
que es necesario que el profesor las utilice, como ya se viene haciendo, en las aulas como elementos de gran eficacia didáctica.
jueves, 28 de mayo de 2020
MIGUEL ARTOLA: EL HISTORIADOR DE LOS ORÍGENES DE LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA.
JULIO ANTONIO VAQUERO
IGLESIAS
A los 96 años ha fallecido don Miguel Artola, uno de los “grandes” de la
historiografía española. Formado en la universidad de Madrid, Artola alcanzó la
cátedra de Historia de España de la Universidad de Salamanca en los años
sesenta para después trasladarse a la Universidad Autónoma de Madrid, donde
realizó una destacada la labor en la reorganización y modernización de los estudios históricos de aquella
universidad y en la formación de un
importante elenco de jóvenes historiadores que destacarían después como
profesores e historiadores de historia
contemporánea y moderna de España.
Pero lo más destacado de la obra de
Artola, además de su labor académica y profesoral es, sin duda, su propia labor historiográfica que le
convirtió en uno de los grandes renovadores de la historia de España de la segunda mitad del siglo XX en lo que se refiere al conocimiento de la etapa histórica en la
que se especializó que fue en la historia del liberalismo decimonónico español,
prestando, sobre todo, especial atención
a la crisis del Antiguo Régimen y el surgimiento del liberalismo en
nuestro país. Asunto que ya comenzó tratando en su tesis doctoral, Los afrancesados, que fue prologado por
don Gregorio Marañón y continuó después con los Orígenes de la España contemporánea, análisis novedoso de las bases de la
revolución liberal en nuestro país o en el tomo XXVI de la Historia de España
de Menéndez Pidal, con La España de
Fernando VII y en otras varias obras.
Esa doble especialización- en el
análisis del primer liberalismo español y en el campo de la historia
política en cuyos análisis destacó por la novedad de utilizar el aparato
conceptual de las ciencias sociales - le llevó posteriormente a convertirse en
un profundo conocedor de la historia del constitucionalismo y el sistema
político español con obras como El modelo constitucional español en el siglo
XIX y Partidos y programas
políticos(1808-1936).
Artola fue, además, coordinador de importantes
obras de síntesis sobre la historia de España como la de siete volúmenes, de la editorial Alfaguara que le valió el
Premio Nacional de Historia en 1992 titulada Enciclopedia de la Historia de
España. Y como reconocimiento de toda su obra historiográfica recibió
el Premio Príncipe de Asturias de
Ciencias Sociales en 1991.
Otro aspecto poco destacado en
los análisis de su obra, pero que, sin
duda, revistió de gran importancia, fue su gran labor en el campo de la
divulgación histórica, tanto entre el público culto por medio de algunas de sus
obras destinadas a ese fin como entre los escolares por medio del profesorado
de historia que las difundía en sus
clases de historia. No podemos olvidar en ese sentido sus Textos fundamentales para la historia, en los recogía, tras una
excelente y sintética, introducción, algunos de las más destacadas fuentes
históricas de la historia universal. O
la Historia de España de
Alfaguara que fue durante algunas décadas la historia de España que leyó
nuestra clase media. Obra que él coordinó y
en la que es autor del volumen V La
burguesía revolucionaria. 1808- 1874.
Finalmente, tampoco podemos
olvidar, sobre todo, escribiendo desde Asturias, que Artola fue un pulcro y riguroso
editor de la Obras completas de
Gaspar Melchor de Jovellanos, del que era un gran admirador y profundo
conocedor de su obra.
lunes, 11 de mayo de 2020
El rey desnudo
EL REY DESNUDO
Julio Antonio Vaquero Iglesias
La pandemia está dando lugar, sin duda, a
numerosos y sofisticados análisis del futuro que nos espera tras la
desoladora y trágica huella que va dejar a su paso. Sin duda, son análisis
sofisticados y pertinentes. Pero la impresión que uno tiene y cada vez que
avanza “la desescalada” más lo aprecia
uno, es que el negativo que suponen esas visiones, esto es, el de que el mundo
que viene debería ser lo contrario de lo que ha llegado a ser y cuyas
consecuencias las estamos sufriendo con
esta pandemia que nos asola, no deja de ser más que un sueño de una noche de
verano, en este caso de primavera.
Porque, para que fuera así, el
capitalismo neoliberal que nos ha traído hasta aquí con sus consecuencias
negativas como la de la globalización desigual que está en la base de esta
pandemia con su depredación de la naturaleza, su destrucción de la ecología, su
conversión de los estados y los gobiernos no en organizaciones para construir,
expandir y defender el estado del
bienestar de todos sus ciudadanos, sino para apuntalar y desarrollar la
desigualdad y las diferencias, debería de modificarse sustancialmente y no
parece que vaya a ser así, sino todo lo contrario.
La pavorosa crisis económica y
social que trae consigo como consecuencia la pandemia, da la impresión cada vez
acentuada que, como ha ocurrido con la Gran Recesión y a diferencia en cierto
modo y sólo para determinados países de
lo que ocurrió con la Gran Depresión de 1929, la van a pagar sufriendo otra vez
más los de abajo y va introducir más desigualdad sobre la desigualdad ya
inherente al sistema establecido con todas las consecuencias derivadas de esa
situación adversa.
Ojalá que esta visión personal no sea más que una mirada pesimista sobre
el futuro que se nos avecina. Pero me temo muy mucho que, dado el cariz que
están tomado los acontecimientos actuales, las actitudes de determinados
mandatarios como, por ejemplo, Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil,
Putin en la Rusia actual o el presidente
chino Xi Jinping, no dan la impresión de que
el futuro contenga indicios de tener en cuenta esta enmienda a la
totalidad que ha supuesto para el mundo
actual el desencadenamiento y los efectos destructivos que ha supuesto la actual pandemia. En realidad, casi
podríamos decir que el futuro que se adivina tras la pandemia aparece cada vez más negro y adverso para la mayoría de la población. Es
algo así como si el futuro inmediato se acercara un paso más hacia alguna de
las distopías horribles que nos relatan los autores de ciencia ficción.
Sin embargo, lo que si nos ha
dejado al descubierto la pandemia es el esqueleto de las miserias de nuestro
mundo como si de una radiografía exacta de
éste se tratara, dejando al aire y sin ropas al rey desnudo.
Porque la globalización
neoliberal ha roído pedazo a pedazo, poco a poco, los restos del estado de
bienestar que todavía se resistían a desaparecer en el llamado mundo del
capitalismo renano, no del anglosajón, en el que nunca existió porque nunca se trató de introducir.
Hemos visto también cómo el capitalismo neoliberal había
ido dejando en mantillas el sistema sanitario público al privatizar, dicho esto
en el sentido étimo de la palabra, es decir, privar al común de los servicios
públicos, traduciendo en negocio privado lo que realmente es un bien público.
Hemos visto también a unos gobiernos incapaces de proporcionar los
instrumentos básicos sanitarios a la población, porque el neoliberalismo los
había mercantilizado y los comerciantes chinos a los que la globalización había convertido en los mercaderes de la
fábrica del mundo imponer sus condiciones leoninas a los gobiernos del mundo: o
había dinero en metálico o no había instrumentos y equipos médicos para salvar vidas.
Hemos visto cómo al contrario de lo que decían
algunos respecto de que el virus maligno no distinguía de clases sociales, ni
de pobres ni de ricos ni de razas, la enfermedad se cebaba más en los pobres y
minorías raciales que en los ricos y mayorías blancas, reflejando las profundas
diferencias sociales que nos corroen.
Nos ha
descubierto el virus además cómo
las ideas neoliberales han penetrado en
los intersticios de nuestra sociedad y lo que defienden algunos partidos no son
más que “ideología” en el sentido marxiano, esto es, como falsa
conciencia, como encubrimiento de la realidad bajo el ropaje de bellos ideales
humanísticos para preservar en realidad
los verdaderos intereses escondidos de esta última fase del capitalismo y cuyo
verdadero rostro aparece tal como es en personajes tan siniestros como Trump, Bolsonaro, Lepen, Salvini o
Abascal en España…. .
Sí, la verdad es que la pandemia
en esta ocasión ha ido más allá: no sólo
nos ha dejado ver al rey desnudo, sino
en pelotas.
domingo, 3 de mayo de 2020
Vocabulario,comunicación y políticos en la pandemia
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| Pablo Casado en el baño |
VOCABULARIO, COMUNICACIÓN Y POLITICOS DE LA PANDEMIA
JULIO ANTONIO VAQUERO
IGLESIAS
La pandemia que sufrimos nos ha
traído un nuevo vocabulario. Casi podríamos decir que una neolengua como de la que
hablaba Orwel en “1984”. Términos por
cierto que, en su mayoría, no responden a correctos criterios lingüísticos.
Pensemos sino en la contradicción en los términos que supone “distancia social”
o la ambigüedad y la connotación orweliana que implica “nueva realidad” o el
anglicismo que es “desescaladamiento” que, por cierto, supone que antes hubo
una escalada que es un acto volitivo que
nunca hubo porque el virus llegó, invadió y mató sin que hubiera ninguna
voluntad por nuestra parte. No faltan tampoco los nuevos acrónimos como Erte
(Expediente de Regularización Temporal de Empleo), que desgraciadamente nos
traen referencias de las pavorosas consecuencias sociales y económicas que está
causando la pandemia que nos asola. O expresiones de connotación tan oscura como la de “laminar
el tiempo”, cuando tenemos en castellano expresiones claras para decir lo
mismo.
En cierto sentido, parece como si
la distopía se hubiese hecho ya realidad entre nosotros y hubiésemos dejado sin
argumentos a los autores de ciencia ficción para mucho tiempo.
La otra realidad que cada vez parece imponerse de
manera más clara es el clamoroso fracaso de la política de comunicación del
gobierno de coalición. Está claro que Pedro Sánchez, a pesar de su atractivo kennediano,
no es, desde luego, un político muy dotado para la comunicación o, al menos, en
esta dramática situación no está al nivel requerido. Abusa de los
circunloquios, es difícil seguir el curso de su idea principal por sus
continuos rodeos y, al final, no va al grano, lo que implica capacidad de síntesis
y oratoria directa. Sus intervenciones deberían de ser más cortas y dejar los
aspectos técnicos para que los contestasen sus expertos y dejar a un lado ese continúo
paternalismo que tiñe sus parlamentos como si los españoles fuéramos niños o
personas inmaduras. Quizás Sánchez
debería fijarse más en los modelos de Macron o de Merkel en sus maneras de
comunicar. Por cierto, esos expertos no
son, desde luego “presuntos expertos” como ha salido de la viperina lengua de
la marquesa Cayetana Álvarez de Toledo quien, por cierto, nunca se podría
equiparar aunque quisiera a los “marqueses” de Galapagar porque ella lo es de nacimiento, esto es, sin méritos nacidos de
sus obras, mientras que, de serlo, los Iglesias, lo serían por méritos propios de su inteligencia
y de sus obras que es de donde debería salir cualquier título honorífico de
reconocimiento democrático.
Por cierto, el propio Pablo
Iglesias debería, nos parece, enfocar adecuadamente su habilidad oratoria que,
sin duda, hay que reconocerle para asumir lo que no parece reconocer del todo y
es que ahora no está en la oposición, sino en el banco azul y es miembro
importante del gobierno. Porque si un espectador no avisado no supiera esa condición, de oír sus parlamentos pensaría
sin duda que eran los de un orador de la oposición y no de un importante
miembro del gobierno. Y esto debería de tenerlo en cuenta incluso en sus
respuestas a Vox, aunque la verdad es que hay que reconocer que a muchos de
nosotros también nos costaría controlarnos al escuchar cómo ese
partido utiliza los muertos y los mayores para sus fines políticos.
Sin duda, en las situaciones difíciles y dramáticas como la
que estamos atravesando es donde se descubren los verdaderos políticos, los
auténticos estadistas, como fueron los casos, dicho sea solo a título de
ejemplo, de Churchill en la trágica coyuntura de la Segunda Guerra Mundial o de
Adolfo Suárez, en la de nuestra transición.
En esta actual que padecemos y en
nuestro país se ven pocos, por no decir ninguno, que llevarnos a los labios
para mencionarlos. Aunque, eso sí, no puedan medirse todos los políticos con el
mismo rasero, sin duda. No es lo mismo, desde luego, Casado mirándose en el
espejo para intentar que Vox no le alcance por detrás y teniendo por delante
como referente al valiente Aznar que cuando se declaró la epidemia en Madrid,
salió como alma a la que persigue el diablo hacia Málaga para evitar los
efectos de la pandemia, que otros que tratan con errores de bulto, pero buenas intenciones de
controlar el tsunami que nos ha caído encima y de evitar que, como ocurrió en la Gran Recesión, la
factura la paguen los de siempre, esto
es, los de abajo. A la vez que unos pocos, muy pocos, desde luego, de ambos
bandos, tratan por todos los medios de ponerse delante del toro para evitar en
lo posible los efectos mortíferos de su acometida como es el caso, déjenme
citar solo a dos, pero seguro que, si rebuscamos saldrían otros (no muchos)
como el alcalde Almeida en Madrid que ha puesto los actos por delante de las
palabras o Gabilondo que busca denodadamente en la Comunidad de Madrid de aunar
las sinergias necesarias de derecha e izquierda para atajar en lo posible los
efectos de la tragedia en la que estamos sumidos.
Desde luego, los mejores de la
crítica situación están siendo, sin duda, los ciudadanos y aquella parte de
ellos, los profesionales, que les ha tocado la acción directa ante la pandemia
y que no hay que convertirlos en héroes, sino reconocerlos como profesionales
cabales que han sabido cumplir con sus deberes y su obligaciones, en muchos
casos, por encima de sus responsabilidades.
De ellos, todos nosotros tenemos,
sin duda, que estar agradecidos. Y no desde luego, de los políticos de todos los niveles
institucionales (no todos, desde luego) que ni siquiera han entendido en esta
coyuntura crucial la importancia que tienen los gestos simbólicos que como los
más altos magistrados públicos deberían haber adoptado. Y no sólo no lo han hecho, sino que incluso los
han rechazado, como el de reducirse sus emolumentos y dedicarlos a los más
castigados por la pandemia.
miércoles, 8 de abril de 2020
LA GRIPE ESPAÑOLA EN ASTURIAS
JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
La pandemia de gripe de 1918 se extendió por Asturias en el mes
de octubre, con un rebrote en marzo-abril de 1919, y castigó a nuestra
región en menor medida que a la mayor
parte de España, sobre todo, Madrid que parece que fue, como hoy, el epicentro
de aquel terremoto epidémico. Se
extendió prácticamente por toda la región, pero fueron los concejos del centro,
donde se situaban los tres principales
núcleos urbanos asturianos: Oviedo, Gijón y Avilés los más castigados
por la epidemia: 640, 307 y 120 fallecidos respectivamente Y en la zona del
interior, sin que se sepan muy bien las razones, el concejo en el que tuvo
mayor incidencia fue el de Cangas de Narcea, donde fue más duradera y mortífera.
Para Gijón conocemos
algunas de las medidas sanitarias y sociales
más importantes que se tomaron para tratar de controlar la epidemia. El
Ayuntamiento se mantuvo reunido en sesión permanente, se suprimieron los
espectáculos públicos y las ferias, se cerraron los cafés y las tabernas a las
diez de la noche, como también los centros públicos de enseñanza. Los entierros debían de llevarse a cabo dos o
tres horas después de los fallecimientos
y sin ningún boato. Se mantuvo una farmacia de guardia permanente las 24 horas.
Como también se constituyeron cinco grupos
de acción para desinfectar viviendas, llevar a cabo la clausura de las
viviendas insalubres, sanear retretes y alcantarillas, limpiar iglesias y
calles... Además de incautar diez coches para ponerlos a disposición de los
médicos, establecer juntas de desinfección en El Musel, Pumarín, la Calzada y
en Natahoyo y ampliar los cementerios de Natahoyo, El Sucu y Ceares. Llama la
atención en relación con nuestro actual momento epidémico la propuesta de la Alcaldía gijonesa, para cuando el brote amainase, de llevar a
cabo la construcción de dos barracones
preventivos para el aislamiento temporal
de los contagiados supervivientes.
La participación de la sociedad civil gijonesa a través de sus
instituciones benéficas, caritativas y culturales en el apoyo a las autoridades en la
lucha contra la pandemia es también la expresión de la profunda solidaridad
ciudadana que despertó aquella crisis epidémica.
La epidemia gripal
provocó entre la población un verdadero clima de pánico. Como escribía un
periodista ovetense nadie salía de su casa por miedo a contagiarse y los
afectados morían por falta de asistencia médica o porque nadie les auxiliaba
por temor al contagio, de modo que muchos de ellos no morían realmente a causa de la gripe sino de hambre.
En el concejo de Cangas
del Narcea, donde la pandemia tuvo un mayor impacto y duración (duró casi cinco meses y la tasa de
mortalidad fue casi tres veces mayor que en el
resto de Asturias) el brote inicial parece ser que se produjo entre los
moradores del Monasterio de Corias que se contagiaron por unos seminaristas
provenientes de Palencia. Pronto fueron ochenta
los infectados y ocho fallecidos. Lo que
determinó que la Junta Local de Subsistencias para vender a precio
de tasa los alimentos sobrantes y así
evitar los abusos de esos traficantes sin escrúpulos que no les importan las
vidas humanas con tal de sacar cualquier beneficio, como desgraciadamente
estamos comprobando también en nuestra trágica situación actual.
La mayor parte de las de
las víctimas en Cangas de Narcea fueron miembros de las clases populares,
porque como consecuencia de la epidemia se produjo también un fuerte carestía y escasez de
alimentos que afectó a los más favorecidos dándose casi más muertes por la
hambruna derivada de esa situación que por la propia enfermedad, El alcalde
llegó a ordenar a la Guardia civil el registro de los domicilios de los
sospechosos de esa prácticas e incautar
el trigo, centeno y castañas acaparados.
En total, la pandemia de
la gripe dejó en Cangas de Narcea tras de sí
700 fallecidos y todo parece indicar que las causas de esa mayor
incidencia en relación con lo que ocurrió en la zona central fue la situación
de pobreza, hacinamiento y malas condiciones higiénicas en que se vivía en el
concejo.
Está
claro que, con las diferencias evidentes
de los casi doscientos y cien años
respectivamente que separan las pandemias del cólera en el XIX y ésta de la
gripe “española” en Asturias de la actual que estamos padeciendo, los
paralelismos entre las tres son muchos.
Las diferencias son, sin duda, las mejores condiciones sanitarias, sociales y
económicas con que afrontamos la actual.
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Vicente Sánchez Fernández, Pedro Ignacio Arcos
González y otros, La pandemia de gripe de
1918-1919 en territorio asturiano.”. Ería, Revista Cuatrimestral de
Geografía, nº 3. 2019.
jueves, 2 de abril de 2020
EL CÓLERA EN ASTURIAS EN EL SIGLO XIX
JULIO
ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
La actual pandemia de coronavirus
que padecemos nos lleva a preguntarnos por las otras grandes epidemias
contemporáneas que ha sufrido nuestra
región. Sobre la pandemia de la mal llamada “gripe española” que asoló al mundo
en 1918 contamos para Asturias con un buen estudio desde el punto de vista epidemiológico como el de Pedro Arcos
González La pandemia del cólera morbo
que padeció a través de cuatro oleadas nuestra región en el siglo XIX la conocemos
desde el punto de vista histórico con gran detalle gracias a los trabajos del
historiador y profesor José María Moro.
Causado por una bacteria (“Vibrio
cholerae”) el cólera origina una
infección aguda intestinal que puede producir vómitos y diarrea que llegan
a producir la deshidratación del organismo y la muerte. La enfermedad se transmite por la ingesta de agua o
alimentos contaminados por el citado bacilo y por contacto directo con
superficies infectadas e incluso pueden
propagarlo las personas contagiadas. En el siglo XIX todavía no se conocían estos mecanismos de
contagio y la vacuna no se descubrió hasta
1885 por el médico valenciano Jaime Ferrán.
Procedente de Asia,
concretamente de la India, en el siglo XIX, en un mundo ya medianamente globalizado se convirtió en una pandemia que
asoló Asia, Europa y América. En España, concretamente, en Asturias, se expandió en cuatro oleadas:
1834,1854, 1865 y 1885. Fueron epidemias que, con mayor o menor fuerza, se
extendieron por toda la región, con mayor o menor intensidad en unos u otros
concejos. Pero la más extensa, intensa y grave, sobre todo en Oviedo, fue la de
1854. Esta oleada estuvo agravada en nuestra región por una
profunda crisis de subsistencias originada por las malas cosechas del
año anterior y dio origen al conocido Manifiesto del Hambre de Bernardo de
Quirós en el que se relata con testimonios estremecedores el hambre y la pobreza con que aquella crisis de subsistencias asoló la región e indirectamente agravó la epidemia
de cólera de aquel trágico año, en que el cólera dejó tras de sí 3.319
fallecidos de una población de alrededor de los 500.000 habitantes de la
Asturias de la época. Las otras tres oleadas fueron, desde luego, menos
mortíferas. Pero causaron también un profundo estado de alarma entre los
habitantes de la región, como lo
testimonian las medidas preventivas sanitarias
que antes y después de 1854 se tomaron en la región. Entre otras,
después de la de 1854, el avance en la
construcción de cementerios fuera de las iglesias, dado que los entierros dentro
de las iglesias seguían siendo todavía
frecuentes en el mundo rural asturiano.
En la oleada de 1854, se tomaron medidas para prevenir la
llegada del cólera y una vez desarrollado
éste otras para evitar su extensión dentro de Oviedo y los otros concejos próximos
afectados y su propagación por la
región, además de las dedicadas a atención a los enfermos con medidas
económicas y, sobre todo, sanitarias.
En el caso de las dedicadas a prevenir la extensión del cólera,
una de las fundamentales fue el aislamiento de la población para evitar
los contagios, aunque, como hemos escrito, no se conocían
todavía bien los mecanismos de propagación del bacilo del cólera. La
lectura de los periódicos ovetenses de aquel año describían métodos muy
peculiares para eliminarlo como realizar hogueras en las aceras para purificar
el aire, además de medidas para limpiar las vías públicas y las casas y
habitaciones malsanas en que se hacinaban las familias de la zona rural de basuras y desperdicios.
Como escribía un médico ante aquella coyuntura: “ (la propagación de la
enfermedad la favorecen) esas bodegas habitadas sin ventilación y sin más luz
que la que reciben de la calles, en las que los padres y los hijos el cerdo y
la gallina en funesta mancomunidad, viviendas húmedas sin “tillado” ni
vertedero en las que asfixia el humo”, Las multas también se produjeron. En el
Boletín Oficial de la Provincia, se recogen multas impuestas por el Gobernador
civil de la provincia por diversas causas como arrojar basura por el balcón en
Gijón o por arrojar agua sucia por la ventana o en Oviedo por tener basura en
la puerta de la vivienda.
En cuanto a la atención
de los enfermos se dispusieron medidas económicas para los de la clase más
menesterosa para mejorar sus malas condiciones de vida y así tratar de impedir
el avance de la epidemia concediéndoles ayudas en metálico, aunque éstas
tropezaron con las dificultades de las arcas escasamente boyantes de la
Administración asturiana de la época. Las medidas propiamente sanitarias consistieron en
crear centros hospitalarios específicos
para los coléricos en las principales ciudades y en establecer la
atención domiciliaria de los enfermos menos graves a la vez que se instruía a
los familiares de estos últimos para tratar a los enfermos. En Oviedo, por
ejemplo, se estableció un hospital en el Convento de la Vega y se dispuso de un
número de camas específicas y separadas en el Hospital Provincial. Además de
establecer un turno entre las farmacias de la ciudad para una se estuviese
abierta toda la noche y pudiese atender a los demandantes de medicinas. En
Gijón se habilitó una sala del Palacio Valdés como hospital de coléricos, Y,
cómo no, también se tomaron medidas para aumentar el número de médicos y
cirujanos de la región que comenzaron a
ser insuficientes para atender a
los enfermos coléricos, acudiendo al Gobierno de la Nación para conseguirlo.
Tampoco faltaron, los
consabidos anuncios en las páginas de la prensa regional de toda clase de remedios caseros “mágicos”
contra la epidemia, como los que pululan
por las redes sociales para acabar con
el mortífero virus que hoy padecemos.
Y eso sí sin necesidad de subirse a los tejados
como hoy, la Iglesia asturiana de aquel tiempo de cólera hizo las consabidas
rogativas para tratar de evitar y acabar con la epidemia del cólera morbo.
Además de preocuparse con un plan especial de atender espiritualmente a los
enfermos en situación de muerte por la enfermedad.
Está
claro que con las consabidas diferencias de los casi doscientos años que
separan las dos experiencias epidémicas, los paralelismos entre ellas son
muchos y la lección que nos brinda para la actual la historia de la epidemia colérica asturiana
es que siempre hay una luz al final del túnel.
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José María Moro, Las epidemias de cólera en la Asturias el
siglo XIX. Oviedo,2003.
lunes, 23 de marzo de 2020
GEOPOLÍTICA DEL CORONAVIRUS
JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
La pandemia del coronavirus está
originando profundos cambios en las relaciones multilaterales y en el orden
mundial o bien sacando a flote
situaciones que hasta ahora se mantenían semiocultas en cierto equilibrio
inestable o bien han producido por su reacción ante la pandemia reforzamientos o hundimientos en la relación
entre las potencias hegemónicas del
orden mundial, amén de poner en evidencia las contradicciones ocultas entre
la globalización económica y el orden político mundial. Sin duda, el
orden político mundial que surja de la pandemia va a ser muy diferente de la
situación anterior a la difusión mundial del coronavirus.
La primera realidad que ha puesto en evidencia y en cierta manera ha
profundizado la pandemia actual es la
debilidad estructural de la Unión
Europea. Las reacciones particulares de
cada Estado miembro ante la pandemia y no la colectiva y común que sería
esperable de la Unión a través de sus
instituciones comunes, han dejado al desnudo la realidad de una unión política
que ha estado basada más en los intereses económicos de la unión supraestatal,
la bien denominada “Europa de los mercaderes” que una unión basada y dirigida
al objetivo de una unión de ciudadanos que ponga como principal objetivo la
defensa y el desarrollo de los derechos humanos y sociales de todos sus
miembros.
Las diferentes respuestas estatales de los estados miembros
de la Unión, la falta de un plan común de respuesta en los diversos estados o la ausencia de un sistema de ayudas serio por parte de las instituciones
europeas para aquellos países como
Italia y España que están sufriendo con mayor virulencia (nunca mejor dicho)
las arremetidas de la epidemia, es la demostración de la escasa unión y
cohesión interna que padece la entidad
supraestatal. ¿Dará respuesta adecuada y suficiente a los peligros de la amenazante crisis
económica que la pandemia cierne sobre todos nosotros? Quizás en este aspecto
la naturaleza predominantemente económica de la Europa unida ponga más interés
en tomar medidas. Pero en los aspectos sociales y, en concreto, en la de satisfacer las necesidades de los
estratos más débiles de la sociedad europea es difícil pensar que ponga toda la
carne en el asador. Desde luego, la Unión Europa se juega mucho en esta
coyuntura. Sin duda, su propia existencia está en peligro en el mundo que surja
tras la pandemia del coronavirus.
El otro aspecto geopolítico que emerge de esta
situación es, sin duda, el poder hegemónico de China en el nuevo mapa
geopolítico. La rapidez, eficacia organizativa, capacidad tecnológica que ha demostrado para
paliar en un corto espacio de tiempo a la amenaza de la pandemia (más allá de
los aspectos autoritarios de su régimen político que, sin duda, también han
contribuido a ello. Además de su diferente cultura comunitaria y colectiva,
totalmente ajena al individualismo predominante que el neoliberalismo ha
inyectado en las sociedades occidentales) la están convirtiendo en la potencia
dominante a nivel mundial.
Sobre todo, cuando la otra potencia mundial, el Estados Unidos de Trump ha reaccionado tarde y mal a esta nueva coyuntura crítica mundial.
El presidente norteamericano ha respondido como un boxeador noqueado y tendido
en la lona manifestando su estulticia habitual como llamar al virus epidémico
“virus extranjero” y retrasando
sensiblemente la adopción de medidas drásticas contra la epidemia. Mientras
que China apoya con médicos y envía ayuda de
instrumentos médicos escasos a los
países de la Unión Europea y otros países comportándose como una verdadera
potencia hegemónica.
El
tercer aspecto geopolítico que ha puesto de relieve la actual situación
apocalíptica que vivimos es la contradicción flagrante en que se está
desarrollando el orden mundial. Mientras la globalización económica uniformiza
y crea problemas de escala mundial, el orden político sólo les
responde desde la perspectiva de los estados-nación sin que haya los
organismo supraestatales adecuados para poder responder a esos problemas con
una óptica y una escala verdaderamente mundial. Las Naciones Unidas no son
sino una institución obsoleta compuesta a base estados-nación que dominan y
controlan sus acciones como el resto de los organismo multilaterales que
existen en la actualidad.
La pandemia actual ha puesto, sin duda, ante
nuestros ojos de manera meridana esa flagrante contradicción de nuestro mundo
actual. Opción ésta de una gobernanza global de difícil solución cuando se está
dando la paradoja de que la globalización económica está originando como
rechazo a sus consecuencias un repunte de los movimientos del nacionalismo
identitario en numerosos puntos del mapa
mundial.
Sin duda,
el mundo y la geopolítica que
surja de esta crisis epidémica van a ser muy diferentes de los actuales
sábado, 14 de marzo de 2020
BUITRES
BUITRES
JULIO
ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
La pandemia (no, la pandemia “global” como he escuchado recientemente
repetir insistentemente a un presentador
en una emisora de televisión) del
coronavirus parece que está sacando a flote algunos de nuestros peores
instintos como especie, azuzados por un miedo cerval e irracional que dice poco
( o nada) de nuestro bagaje civilizatorio. Por una parte, como estamos viendo
en España, un importante sector de “ciudadanos” se está dedicando a comprar compulsivamente excedentes de
alimentos sin tener en cuenta las necesidades de los demás personas y con
escasas razones objetivas y razonables, aunque sí con una fundamental que es la del miedo
incontrolado e irracional para prepararse
bien para una cuarentena general
o bien para sobrevivir en una imaginaria catástrofe universal , quién sabe,
como las que nos cuentan las distopías que nos relatan la literatura y el cine ( y, por cierto, obligando en
cierta manera a los demás a caer en tan aberrante práctica). Lo que se
demuestra con ese “ sálvese quien pueda ”o
es sólo ( con ser ya bastante) la falta
de solidaridad humana que campa por estos pagos, sino también la ausencia de
los mínimos cimientos de educación
cívica que nuestro sistema educativo ha logrado imbuir entre un importante
sector de nuestros compatriotas.
Pero, además de este espectáculo bochornoso al que estamos asistiendo
que parece ser sólo ( ya es bastante) un
efecto del miedo irracional y el comportamiento insolidario de muchos y que
cuando pase la ola epidémica los abochornará
y será sin duda objeto de estudio por sociólogos y psicólogos sociales,
lo que estamos viendo volver aparecer entre nosotros en gran número ( haber
siempre los ha habido, baste recordar los intereses de usura que cobran los
bancos por nuestros descubiertos bancarios; en realidad no es ni más ni menos
que una excrecencia del sistema económico en el que vivimos para el que la
ganancia a toda costa y sea como sea es lo propio y adecuado) son los “buitres
carroñeros” que han vuelto a pulular por nuestro cielo aprovechándose de las circunstancias angustiosas que está
creando esta crisis global que está
fomentando la epidemia del coronavirus.
Los “buitres carroñeros” vuelan otra vez aprovechándose del miedo y las escaseces y necesidades, en algunos
casos imaginarias –como hemos dicho- que la actual epidemia está originando de
determinados productos entre amplios sectores de nuestra población. Aunque bien
sé que una anécdota no hace categoría, también, a veces, sí es ilustrativa de ella. Me la contó estos días un amigo. En
una conversación con una tendera de Oviedo, le decía ésta que nunca, ni
siquiera en la navidades pasadas, había
vendido tanto como estos días de atrás y que sus ganancias habían sido
además tan sustanciosas porque, además, vendió sus productos a precios más
elevados que los meses anteriores y que lo que trataba era hacer un
aprovisionamiento abundante de papel higiénico, porque lo vendería todo y al
precio que pusiese. Aquél iba a ser el negocio de su vida. Así tal cual.
Esta anécdota no sería ilustrativa
de una categoría si no reflejase en cierto modo lo que está pasando con otros
muchos productos que han aumentado de manera desorbitada su precio, no su
valor, desde luego, como diría Machado, por su la escasez y la dificultad de adquirirlos
y que cuando se logran encontrar se venden a precios muy por encima de los
anteriores. Vaya usted sino a comprar un termómetro y compare su precio con el
del anterior que ha tenido. O inténtelo
con los líquidos para la higiene de las manos y verá usted que ocurre una cosa
similar. Lo mismo pasa con las mascarillas. Y qué decirle si usted quiere hacer
un test en un hospital privado para saber si está infectado o no del
coronavirus. De un costo real de unas decenas de euros que cuesta tal análisis
tendrá usted que pasar a pagar varios cientos de euros. Sin duda, los de
siempre, sean, en primer lugar y sobre
todo, las grandes corporaciones farmacéuticas y los negociantes de la sanidad
privada o los simples tenderos ( desde luego sólo algunos y no la mayoría cuya
honradez está fuera de toda duda) comportándose como auténticos “buitres de
rapiña” están aprovechando las situaciones reales o creadas de necesidad para
hacer su agosto en esta primavera de coronavirus.
Que esto es una realidad y un problema, lo demuestra una de las medidas
que está dispuesto a tomar el actual gobierno para acabar con tales abusos (y
que, por cierto, debería ya haber arbitrado): fijar el precio de tales productos y procurar que se produzca el
suficiente abastecimiento de los mismos
para acabar con tales abusos. Esperemos que así sea. ¡Ah, y que, dado lo visto,
en la nueva ley de educación que va a iniciar su trayecto parlamentario, la
educación en valores cívicos y humanos sea una parte esencial del currículo. A
ver si en la próxima epidemia que, sin duda, llegará, las nuevas generaciones
nos miren a nosotros como contraejemplo para enfrentarse a ella.
(PUBLICADO EN LAS
PÁGINAS DE OPINIÓN DE LA NUEVA ESPAÑA, DE OVIEDO)
jueves, 5 de marzo de 2020
DESGRAVIO A MIGUEL
HERNÁNDEZ
JULIO
ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
Todos lo sabemos. Pero
desgraciadamente es necesario volver a recordarlo. Miguel Hernández, el poeta
de Orihuela, cabrero de origen y siempre hijo del pueblo, luchó, como no podía ser de otra manera, en
nuestra guerra civil en el bando republicano y alentó con sus versos sus
legítimas razones. Tras la derrota y tras un largo y penoso peregrinaje por un
rosario de cárceles fue condenado a pena
de muerte conmutada posteriormente por la de 30 años de reclusión por uno de
aquellos tribunales militares de dudosa legalidad que constituyó el
franquismo no para hacer justicia, sino para llevar a cabo una represión
sistemática de los vencidos,. Y en la enfermería de la prisión de Alicante
falleció el poeta consumido por la tuberculosis el día 28 de marzo de
1942, sin que nadie de los presentes en su muerte pudiera cerrar sus ojos.
Como no podía ser de otra manera en una dictadura de gran dureza
represiva como fue la franquista, su voz poética fue silenciada durante aquella
“longa noite de pedra” (Celso Emilio Ferreiro dixit) que fue aquella etapa y
sólo en los sesenta a través de nuestros cantautores se oyeron sus versos como elemento de oposición
al régimen dictatorial. Llegada la democracia, la excelente obra poética de
Miguel Hernández pudo conocerse a fondo y valorarse positivamente entre el público en general, más allá del
conocimiento que determinados sectores ilustrados tenían ya de ella.
Pues bien: resulta que ahora el Ayuntamiento de Madrid, con mayoría de la
derecha, ultraderecha y los liberales de Ciudadanos, a través de su alcalde, el
señor Almeida, está llevando a cabo una operación de “resignificación” del memorial del cementerio de la Almudena que había
proyectado la anterior corporación municipal
presidida por Manuela Carmena y que estaba en fase de construcción. En el nuevo
monumento no sólo se han borrado los
nombres de los 3000 asesinados por los tribunales franquistas entre 1939 y 1944
en Madrid, sino que, además, se han eliminado los doce versos grabados en la
primera placa que había diseñado el autor del memorial y que estaban en coherencia con su simbolismo
de conjunto.
Esos doce versos eran los correspondientes a su poema “El herido” de su libro El hombre acecha” (1938- 39). Son
aquellos versos que cantó Serrat y otros cantautores y
acaban así: Retoñarán aladas de savia sin otoño/ reliquias de mi cuerpo que
pierdo en cada herida./Porque soy como el árbol talado que retoño/ porque aún
tengo vida /.
El alcalde de Madrid, quien, por cierto ya nos tiene acostumbrados a sus
polémicas declaraciones que no suelen ser tales sino exabruptos que demuestran
su escaso nivel intelectual y su ideología neofranquista, justifica la
retirada de los versos de Miguel Hernández
y los nombres de los tres mil ajusticiados del memorial con la excusa de
que ni los versos ni los nombres de aquellos responden al “espíritu de la transición”. Para
él de lo que se trata con esa
eliminación de los versos de Miguel Hernández no es sino el objetivo de dar una “resignificación” distinta al contenido
del memorial inicial. Pero es fácil entender que lo que realmente se ha
pretendido con ello es hacer desaparecer
los versos de aquel poeta de corazón limpio y mirada serena siempre
preocupado por los de abajo, que se utilizaron
para oponerse y luchar contra una
dictadura que pretendió no sólo eliminar de raíz a sus oponentes una
vez terminada la guerra, sino construir un régimen sin libertades y sin
reconocimiento de los derechos humanos
fundamentales.
Como demostración de lo anterior, basta con
escuchar algunas de sus declaraciones con motivo de la polémica desatada por su intención de cambiar el sentido del
memorial de la Almudena: “A veces decimos resignificar, pero en realidad
queremos borrarlo porque durante el franquismo no pasó nada, son fake news de
los rojos. Sólo hubo bienestar económico y oportunidades”. O aquellas otras que
demuestran su ( el de él y sus correligionarios, incluidos los concejales
“liberales” de Ciudadanos) elevada sensibilidad y nivel cultural: ”Además en el
consistorio no nos gusta la poesía, porque expresa emociones y las emociones dan problemas”. Así tal cual.
En realidad, estas humildes palabras de
desagravio de Miguel Hernández, de su vida y su obra que van inextricablemente
unidas, sé que no son necesarias. Porque
sus versos “para la libertad” y su
actitud vital en defensa de la igualdad entre los seres humanos siempre estarán
vivos porque “retoñarán aladas de savia sin otoño”, generación tras generación,
entre muchos de nosotros.
(publicado en las páginas de Opinión de La Nueva España, de Oviedo)
miércoles, 19 de febrero de 2020
POBREZA Y DESIGUALDAD EN LA ESPAÑA DE HOY
POBREZA Y DESIGUALDAD EN LA ESPAÑA DE HOY
JULIO
ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
“España debería de
verse de cerca en el espejo y actuar. Lo que verá no es lo que desearía la
mayoría de los españoles, ni lo que muchos responsables de formular políticas
tenía planeado: una pobreza generalizada y un alto nivel de desempleo, una
crisis de vivienda de proporciones inquietantes, un sistema de protección
social completamente inadecuado que arrastra deliberadamente a un gran número
de personas a la pobreza, un sistema educativo segregado y cada vez más
anacrónico, un sistema fiscal que brinda mucho más beneficios a los ricos que a
los pobres y una gestión burocrática
profundamente arraigada en muchas
partes del gobierno que valora los
procedimientos formalistas por encima del bienestar de las personas”
Este es el desolador panorama que retrata en
sus primeras conclusiones (las definitivas las presentará en junio en la sede
del Consejo de Derechos humanos de las Naciones Unidas), el informe del relator de la ONU el australiano Philip Alston
sobre la pobreza en España y la consiguiente desigualdad social en un país que está en el quinto puesto del nivel de riqueza de Europa. El 26 % de la población
está en riesgo de pobreza o exclusión social; la mitad tiene problemas para
llegar a final de mes; el 14% de la población activa está en paro; cerca de 7
millones de personas padecen pobreza
energética; los elevados alquileres suponen un porcentaje muy alto de los
ingresos familiares y son la causa del elevado número de desahucios…
Los colectivos sociales que sufren
más agudamente esa pobreza son la población inmigrante, las mujeres, las
personas con discapacidad, las trabajadoras domésticas, la población gitana y la
población infantil.
España es el segundo país de la Unión Europea con
mayores tasas de pobreza infantil, tasas que alcanzan sus mayores cotas en
familias encabezadas por abuelos, por adultos de origen inmigrante y por madres
solas. No es éste un problema marginal: son 2,1 millones de menores que la sufren y la mitad de ellos de manera
severa y no de manera temporal, puesto que el 8 por ciento de los niños que
nacen en esta situación están condenados a padecerla de por vida. La razón es
doble. Por una parte, los bajos niveles
de inversión en familia e infancia, que son netamente inferiores a la
media europea: España invierte un 1,4 por ciento de su presupuesto en estos
asuntos mientras que la media europea es de 2,4 por ciento. Y por otra, un
sistema educativo que no favorece en
gran medida la igualdad de oportunidades y con ella la movilidad social, de tal manera que la escuela ha perdido en gran medida la función de ascensor social que debería de
ejercer.
De esa situación de pobreza se deriva, como apunta el informe de nuestro
relator de Naciones Unidas, la profunda desigualad que sufre hoy la población
española, una de las más elevadas de la Unión Europea, de tal modo que casi
podríamos hablar de dos Españas, la pobre y la rica, cuyo origen radica en gran medida en el modo
y las políticas selectivas con
que se trató de salir de la Gran Recesión a base de cargar los sacrificios de
la misma sobre las clases trabajadora y media baja, mientras que la clase media
alta y la gran burguesía han quedado al margen de esa pobreza generalizada que
padece el resto de la sociedad española.
Las soluciones para remediar esta penosa
situación son, entre otras, según apunta el informe del relator de las Naciones
Unidas, mejorar cualitativamente el sistema de protección social principalmente aumentando su dotación
presupuestaria y mejorando su eficacia administrativa, realizar mejoras
sustanciales en el sistema educativo dándole prioridad a la educación pública para
hacer realidad el principio de la igualdad de
oportunidades y evitar así su actual función de segregación; remediar
el gravísimo problema de la vivienda:
limitando el elevado costo de los alquileres en las grandes ciudades,
incrementando la vivienda social y
parando los desahucios.
(PUBLICADO EN LAS PÁGINAS DE
OPINIÓN DE “LA NUEVA ESPAÑA”, DE OVIEDO)
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