lunes, 24 de septiembre de 2018


                  










     LAS NEGACIONES DE AZNAR
                                                    JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
¿Alguien  podría pensar conociendo al personaje  que el señor Aznar iba a pedir perdón en la Comisión de investigación sobre su posible responsabilidad en  la trama de corrupción de su partido que la verdad judicial ha establecido como cierta y que se inició  bajo su presidencia? La trayectoria política del ex presidente del Gobierno español era la mejor prueba de que lo habitual de este señor es lo de “sostenella y no enmendalla”. Incluso hoy, con los culpables enjuiciados y en la cárcel, parece que sigue manteniendo lo que en su día no fue más que un intento de seguir en el gobierno ante las inminentes elecciones que iban realizarse después del terrorífico atentando de Atocha: que la autoría del mismo, defendía, había sido obra de  ETA y bajo la cual latía incluso por algunos de sus acólitos la insinuación de que con la colaboración, aunque sólo fuese pasiva e indirecta, de algunos sectores policiales afectos al PSOE.
La otra negación, y ésta sí que la continúa manteniendo abiertamente hasta hoy a pesar de los hechos y de que los otros responsables de aquel desaguisado militar ya lo han admitido y pedido el perdón consecuente. es la de su responsabilidad en la invasión de Irak. Todavía uno recuerda , cuando  la patraña de las amas de destrucción masiva ya era evidente y la opinión pública española se pronunciaba en las calles contra aquella guerra imperialista y él aparecía como un gran estadista, aunque no era sino  un  mero comparsa ( por no utilizar otro término más duro) de Bush y Blair, su aparición en las pantallas de la televisión estatal dirigiéndose a los españoles e insistía en mantener  lo que ya era inaceptable: que  Saddan Hussein escondía “armas de destrucción masiva” que podían poner en peligro la supervivencia de Oriente Medio y hasta del mundo.  
   Dados esos dos antecedentes lo esperable era, como así ocurrió, que  esta ocasión fuera la de  su gran tercera negación. Él no sabía nada de tal corrupción ni de la doble contabilidad de su partido ni de los sobresueldos y que  en realidad los casos de corrupción en su mandato eran limitados a dos municipios de Madrid y obra de unos golfos  desaprensivos de su partido. Que no se habían puesto, dijo, como establece  la sentencia, durante su mandato las bases de una corrupción sistémica que en  cierta medida, esto lo digo yo, ponen en cuarentena la limpieza  y la validez de las elecciones ganadas por el PP hasta hoy.  Desde luego, como apuntó con perspicacia el representante del PNV en la mencionada comisión, Aznar ha sido un verdadero maestro avant la lettre en el manejo de la posverdad, ese cáncer que corroe hoy la opinión publica de las democracias y que tan bien maneja otro político tan histriónico como él que es el señor Trump.
Por lo demás, sus contestaciones a los  miembros de la Comisión no fueron otra cosa que poner a circular el ventilador para atacar a los diputados interrogadores y a sus respectivos partidos y hablar de lo divino y de lo humano y de sus opiniones políticas como demostración – para él y los suyos, claro-  de su “gran talla de estadista”. Todo ello envuelto en el lenguaje oral y corporal agresivo, petulante y agrio al que el señor Aznar ya nos tiene acostumbrados.
   Si conociendo al personaje y su trayectoria ya sabíamos cuál  iba a ser su actitud y respuesta y habiendo como había ya una verdad judicial establecida, ¿tenía sentido esta Comisión? Creo que para muchos ciudadanos, entre los que me encuentro, si fue oportuna y hasta necesaria y clarificadora. Muchos de nosotros, ante el lodazal  de la corrupción sin fin que anegaba nuestro país, también la procedente de las filas del PSOE y otros partidos, también, pero  sobre todo, la del partido en el poder por el  carácter sistémico que presentaba y que la citada sentencia judicial establece, siempre hemos creído que los gobiernos del señor Aznar y él como máximo responsable se estaban librando del peso de su responsabilidad en esa corrupción cuando realmente había sido él y los suyos  los auténticos fautores de ese sistema. El señor Aznar y los suyos se estaban yendo de rositas dejando toda la mierda (nunca como en este caso ha habido mejor identificación  entre  metáfora y realidad), para Rajoy y su equipo cuando realmente  éstos  habían sido sus continuadores, pero no sus  verdaderos constructores.
 Aunque sólo fuera  en honor de la justicia y la verdad  era necesario dejar claro ese origen. Pero, además,  el  resultado de la citada Comisión ha sido clarificador en otro sentido. El apoyo entusiástico del señor Casado y los suyos a la intervención del señor Aznar en la misma nos abre aún más los ojos sobre la orientación política de la nueva dirección del PP, si es que alguien todavía los tenía vendados a pesar de hechos como la posición que han mantenido en la Unión Europea acerca de la condena de  la actitud ultraderechista del dirigente húngaro Orbán, amén de otras muchas declaraciones y actuaciones que Casado y los suyos defienden. Me refiero, claro es, al avance hacia las posiciones de extrema derecha del actual partido conservador español. Porque, a pesar de la pátina liberal con que adorna sus palabras, no sus actos, el señor Aznar no deja de ser un político de la derecha pura y dura. 
                                     
(PUBLICADO EN LAS PÁGINAS DE OPINIÓN DE "LA NUEVA ESPAÑA", DE OVIEDO

domingo, 23 de septiembre de 2018


UNA DISTOPIA CON SOLUCIONES
                       JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
  









 El historiador israelí  Yuval Noah Harari se ha convertido con sus dos obras anteriores  Homo Sapiens y Homo Deus  en un verdadero fenómeno editorial. Decenas de miles de libros vendidos de esos dos ensayos citados, leído y  alabado por los grandes líderes mundiales como Obama y Zuckerberg, el fundador de Facebook, publica ahora su tercer libro que en cierta medida es una continuación de los dos anteriores: si Homo Sapiens era un brillante análisis del pasado de nuestra especie y Homo Deus, del futuro de la misma,  21 lecciones sobre el siglo XXI, no es sino un profundo y bien argumentado  recorrido por los graves  problemas y amenazas que para la humanidad puede suponer la evolución del siglo XXI.
 Aparte de la brillantez de su escritura y la profundidad de sus conocimientos que demuestran sus páginas, Harari no limita su análisis a una visión distópica  de nuestro siglo, sino que también nos  propone remedidos y soluciones para los graves problemas que avizora a partir de las tendencias actuales  por las que discurren  la tecnología, la evolución política, los problemas ecológicos, las corrientes migratorias, la guerra nuclear, el terrorismo y la posverdad. En cierto modo, nos presenta un panorama amenazador si no somos capaces de ponerle los remedios adecuados de modo urgente, porque todas esas amenazas ya están ahí abriéndose paso en los próximos decenios de este siglo y en el futuro próximo. Estamos, pues, ante una distopía fundamentada en la realidad actual que Harari analiza con brillantez a la vez que reflexiona sobre cómo debería actuar la humanidad para impedir el  desarrollo de esos graves problemas humanos que pueden llevarnos al fin de la vida humana o a una sociedad  profundamente desigualitaria como no la hubo nunca en la historia de Homo sapiens, porque  no sólo puede llegar a ser económico-social, sino incluso biológica.
   La combinación de los avances en tecnología informativa y en  la biotecnología concede a los humanos un potencial revolucionario para cambiar la vida de Homo  Sapiens y esto puede ser para bien o para mal según se utilice Si no adoptamos medidas inmediatas y dejamos esos poderes al albur del mercado  podemos terminar en una dictadura digital en la que no solo la mayoría de los  humanos  serían una masa de desocupados, sino que incluso  ese sector mayoritario  pasaría a ser una población irrelevante dirigida por una  pequeña élite de humanos que, incluso, al ser los únicos que  estarían en condiciones pagarse los avances de la biotecnología podrían incluso conformar una minoría biológicamente diferente de la mayoría de la población.
  Dado ese potencial peligro que nos amenaza ya en las próximas décadas y en el futuro inmediato se hace  cada vez más necesario tratar de controlar el flujo de macrodatos que no pueden ser considerados como mera  propiedad privada, sino  como un bien común que debe estar bajo el control  de toda la humanidad.  Pero, como señala Harari, la situación política que vivimos en la actualidad con la profunda crisis que padece el liberalismo como ideología y sistema político y el auge cada vez mayor de los nacionalismos, las dificultades para ejercer ese control no sólo se hacen difíciles, sino que la  tendencia  de éstos a mirarse únicamente su ombligo, bloquea la posibilidad de tomar medidas globales que no exigen para el autor tender hacia la constitución de gobierno mundial sino desarrollar una conciencia global entre los ciudadanos del mundo y hacia ese fin  está dirigido el contenido de su libro.
La parte final del libro deriva hacia la búsqueda  de una propuesta de resiliencia para que el  hombre actual que tenga sufrir todas esas contradicciones que le amenazan pueda resistirlas y encontrar su sentido de la vida. Y Harari ( al modo de Aldous Huxley, el creador r de la más brillante distopía que conozco,  Un mundo feliz, y que  es también un autor de culto para  Harari), se refugia en la meditación, en la técnica del Vipassana.
 Quizás haya que echar en falta en el contenido del libro referencias más amplias y determinantes para tratar de poner límites a  ese posible futuro negativo, a la necesidad de corregir la  probable tendencia evolutiva del capitalismo globalizado que está, sin duda, en la base y el origen de todos esos peligros que se analizan en sus páginas como son los casos  del problema ecológico, la guerra nuclear, el terrorismo, la inmigración, la crisis del liberalismo. Porque el funcionamiento normativo de aquél  tiende a engendrar y acentuar   las crisis sistémicas que jalonan su evolución, como acabamos de constatar y padecer con la Gran Recesión. Y  por otra parte también el texto, por lo demás bien escrito y sugerente, peca, a mi entender, de una excesiva acumulación de ejemplos que si bien son ilustrativos  y de gran interés, a veces, como los árboles, no dejan ver el bosque.  
    Estamos, sin duda, ante un ensayo brillante que tenemos la impresión de que va a alcanzar, sin duda, también un gran éxito entre los lectores, aunque, a mi humilde entender, la obra no llegue al nivel que tuvieron  sus dos libros anteriores.
( Publicado en el suplemento cultural de La Nueva España, de Oviedo)

sábado, 15 de septiembre de 2018

HACER DE LA NECESIDAD, VIRTUD




Portada de ka tessis de Pedro Sánchzez


HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD
                           JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
 Sin duda es de alabar la dimisión de la ministra de Sanidad, señora Montón por los problemas derivados de su máster de la Universidad Rey Juan Carlos. No solo la constatación final del plagio en gran escala que desarrollaba en su trabajo final de máster, sino las irregularidades constatadas anteriormente en su expediente exigían esa dimisión.  No es de recibo, pues, ese intento del gobierno Sánchez de hacer pasar por virtud lo que no fue sino una necesidad política para quien ha llegado al gobierno ni más ni menos que como consecuencia del descontento generalizado de políticos y opinión pública  por el olor putrefacto que despedían las sentinas del PP. 
Al contrario, a pesar del buen comienzo de la labor política de la ministra dimisionaria cuyas primeras medidas trataban de remediar  algunas de las injustas decisiones  que durante la crisis había tomado el gobierno de Rajoy en cuestiones de derechos sanitarios de los españoles y de los inmigrantes, el que su máster no respondiese a las más elementales normas de equidad con respecto a los demás alumnos debería de haber sido más que suficiente para que la ex ministra no se hubiese resistido a pedir de inmediato por propia voluntad  su dimisión  o que el propio  Pedro Sánchez se la hubiese demandado.
Tratar ahora de hacer de la necesidad virtud desmerece en gran medida la decisión tardía y hasta cierto punto resistida de la ministra dimisionaria y   el potencial que la misma hubiese tenido de ser inmediata y voluntaria para pedir responsabilidades políticas al actual líder del PP Pablo Casado por las presuntas irregularidades que pudiera haberse dado en el suyo. 
   Porque, como todos los másteres impartidos y aprobados por el Instituto- chiringuito del señor Álvarez Conde a políticos en tiempo de merecer, el del señor Casado huele también mal y el hecho de que tampoco el suyo haya pasado por  la prueba del algodón de enseñar el contenido del trabajo final hace pensar mal a muchos. Más allá de la peregrina argumentación del dirigente del PP, el señor Maroto, que mantiene  que Casado  como cualquier español corriente no tiene por qué hacerlo porque en tal caso sería inmiscuirse en su ámbito privado. Sin duda, un español corriente no, pero un dirigente político cuya credibilidad  está puesta en juego debería hacerlo aunque sólo fuese para la tranquilidad de sus propios seguidores. Como también debería hacerlo el propio presidente Sánchez con su tesis doctoral puesta también en entredicho ahora al calor de los problemas habidos con los másteres.
 Todos  estos episodios sobre los discutidos másteres de políticos del citado instituto de la  Universidad  Rey Juan Carlos  que ya han causado la dimisión de una presidenta de Comunidad, el de una ministra y está poniendo en aprietos al líder del principal partido de la oposición, nos obligan a los ciudadanos a hacernos  muchas preguntas. ¿Cómo es posible que los servicios de inspección de una universidad pública no tuviesen bajo control tales desmanes que suponían no sólo irregularidades de bulto sobre las actividades de tal instituto que funcionaba, visto lo visto, como  un expendedor de títulos vacíos de contenido académico para una determinada élite política? ¿Qué obtenían o que esperaban obtener a cambio?  ¿Es posible que pueda existir tal descontrol en los títulos de máster de otras universidades públicas españolas? ¿Y en las privadas? ¿Tales títulos se han convertido o se están convirtiendo en algunas universidades únicamente en un negocio como presuntamente ocurría  en el caso del citado instituto de  la universidad Rey  Juan Carlos (en la que, por cierto, sus autoridades ya debían estar alerta, porque ya se había denunciado un caso de plagio en una publicación atribuido  nada menos que a su ex rector, el señor Suárez), negocio  no sólo de ingresos monetarios sino también de mercadeo de influencias?
    Poner fin a episodios como éstos y controlar la limpieza, idoneidad y equidad de los estudios universitarios debe ser, visto lo visto, una de las principales y inexcusable tareas de muestras autoridades académicas y esto debe hacerse en un contexto en el que sus actividades pasen también  por  un control público y democrático de los representantes de la ciudadanía que haya en sus órganos directivos. Será, sin duda, la única manera de que desaparezcan las dudas e intranquilidad que estos casos están causando entre  los  ciudadanos.   
(Publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)

lunes, 10 de septiembre de 2018







 UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE ESPAÑA DIFERENTE
                                Julio Antonio Vaquero iglesias
Coordinada por  dos prestigiosos catedráticos de Historia contemporánea de España, José Álvarez Junco y  Adrián Schubert, el primero, nuestro gran especialista en la historia del nacionalismo español y el segundo, catedrático de la Universidad de Toronto, hispanista y profundo conocedor de nuestra historia contemporánea (es autor entre otros,  de un excelente estudio sobre la Revolución del 34 en Asturias), Nueva historia de la España contemporánea (1808-2018) es una historia con una estructura diferente de la que es habitual en un ensayo de esta clase y es preciso decir ya en primer lugar que es ese rasgo el que define los valores positivos que  aporta su texto.
 El libro está dividido en tres ejes estructurales diferenciados: el primero desarrolla en siete capítulos la historia de España desde la guerra de la independencia hasta  el momento actual. El segundo eje lo componen  trece capítulos temáticos que tratan con mayor profundidad y detalle los diferentes aspectos internos de ese desarrollo histórico analizando desde las relaciones de género, modos de vida, imperio y colonias, cultura, intelectuales, movimientos sociales, la religión, migraciones, Estado, la guerra y militares y las políticas de la memoria. Esto es, desde los tradicionales temas tratados por nuestros contemporaneístas hasta  los más recientes y novedosos.
 Y finalmente al calor de la revalorización de la biografía  como género historiográfico y buscando dar entrada en el análisis  a la dimensión propiamente humana, el tercer eje estructural que desarrolla el libro es el de las biografías. Son quince biografías  de algunos de los más importantes y significativos políticos, artistas e intelectuales  de nuestra historia contemporánea: desde Fernando VII a Adolfo Suárez pasando por Azaña, Francisco Franco y otros varios; desde Emilia Pardo Bazán a Manuel de Falla pasando por Ortega y Gasset y otros.
 Los 36 autores son, como es obvio, especialistas en los diferentes campos  históricos  que tratan en el libro y proceden de ocho países distintos; Alemania, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, Israel, Italia y Reino Unido y  no se adscriben a ninguna escuela historiográfica concreta, ni comparten la misma orientación política. Entre ellos, encontramos  historiadores sobradamente conocidos por los lectores habituales  de la  historia contemporánea de España como Javier Moreno Luzón, Nigel Townson, Xosé M. Nuñez Seixas, Santos Juliá, Paloma Aguilar Fernández, por citar sólo a algunos.
Si como decíamos los mencionados autores no pertenecen a ninguna escuela o tendencia historiográfica común, en cambio sí se puede establecer como nexo  de todos ellos el que participan  del paradigma historiográfico  que parte del principio de que nuestra historia contemporánea, como toda nuestra historia, no ha sido peculiar y diferente  a la del resto de la de los estados europeos, como mantuvieron desde finales del siglo XIX una buena parte de sus historiadores. Esto es, la historia de España no ha sido una anomalía respecto al discurrir histórico del de  los países europeos, aunque como es comprensible, ese discurrir histórico, como en cada uno de ellos, haya tenido sin duda sus peculiaridades y rasgos específicos
 Como es habitual en esta clase de historias de autoría colectiva los resultados en este caso también son desiguales, pero sí es preciso reconocer que  este caso el conjunto puede considerarse como de un nivel más que aceptable e, incluso, algunos de los capítulos sobre el desarrollo histórico o en los biográficos, pero sobre todo, en los temáticos son de gran interés y valor. Así podríamos destacar el de Nuñez Seixas sobre los nacionalismos, una excelente síntesis de gran claridad y  actualización digna de destacarse; o el de Paloma Aguilar sobre el novedoso  tema de las políticas de la memoria de gran actualidad en el que se propone con razón la interpretación no beatífica de la Transición a la que nos tienen acostumbrados muchos de sus historiadores y políticos en activo, vinculada a una ascendente demanda, de justicia y reparación para las víctimas del franquismo y que casa mal con nuestra realidad actual. O el de Santos Juliá sobre los intelectuales basada en aquel su excelente libro Nosotros, los abajo firmantes  (2014), por citar algunos de los que presentan  mejor factura, en mi humilde opinión.
 Como también es de destacar la clarificadora introducción de los coordinadores, José  Álvarez Junco y Adrian Schubert, que no sólo realizan una  actual y significativa síntesis de la evolución  histórica de  España desde 1808 hasta hoy, sino que desarrollan además un breve pero sustancioso análisis de la evolución de la historiografía sobre nuestra historia contemporánea.
    Es cierto que esta Nueva Historia de España contemporánea    no es una obra  original sino que se basa  en la  Spanish  History Since 1808, publicada ya en 2000 por Oxford University Press que fue reeditada por Bloomsbury  en 2016. Pero ésta nueva  versión está   ampliada y adaptada al actual contexto histórico español muy diferente del que existía en el momento de su versión original, sino a la coyuntura histórica  crítica por la que pasa hoy España. Lo que unido a su estructura no convencional la convierte  no sólo en una historia   diferente, sino plenamente actualizada.  

jueves, 30 de agosto de 2018


                 







        NUESTRA DEUDA CON JOSEP FONTANA
                                       JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
 A los 86 años un cáncer se nos  ha llevado al que ha sido desde los años cincuenta uno de los más destacados historiadores españoles y europeos Josep Fontana Lázaro. En cierta medida, todos los historiadores y estudiantes de Historia españoles somos deudores de la importante y polifacética obra historiográfica desarrollada por Fontana.
 Discípulo de los grandes  historiadores catalanes Ferrán Soldevila, Vicens Vives y del historiador marxista francés Pierre Vilar, Fontana ha llevado a cabo una impresionante labor como investigador, divulgador y difusor en España  como editor de las obras historiográficas más modernas y valiosas  que se publicaban  en Europa y América.
 Catedrático de Historia Económica sucesivamente de las universidades de Valencia y Autónoma de Barcelona, su especialidad como investigador fueron sus brillantes y sólidos   análisis de la transición del Antiguo Régimen al capitalismo liberal en España desde el punto de vista económico y político ( ése fue el objeto de su tesis doctoral que después ( 1970) se publicó en la editorial Ariel como  La quiebra de la Monarquía absoluta,1814-1820). Libro que se convirtió en un clásico de la historia contemporánea de España. Estudio al que siguieron otras muchas y valiosas obras sobre la formación del mercado peninsular, las revoluciones de   1820 y 1868 en España y las relaciones entre las finanzas públicas y el desarrollo económico español.
 Pero los centros de interés de sus investigaciones históricas fueron a lo largo de su carrera profesional más variados. Fontana fue un profundo conocedor de la evolución de las teorías historiográficas más novedosas  en el mundo y su difusor en nuestro país. A través de sus obras sobre  ese tema los historiadores y profesores de historia pudimos conocer las más modernas y progresistas corrientes historiográficas además de los autores que las representaban y difundían. A través de sis análisis conocimos  la obra de los marxistas británicos (Hosbawm, Thompson, Rudé…) y los fundamentos e implicaciones de las corrientes historiográficas más actuales. La historia después del fin de Historia. Reflexiones y elementos para una guía de las corrientes actuales (1992) es en ese sentido una de sus obras más significativa y valiosa.
   De la misma manera, Fontana nos ha dejado importantes reflexiones sobre su manera de entender la ciencia histórica. Como buen discípulo de Pierre Vilar mantuvo siempre una concepción de la historia como ciencia social basada en el aparato conceptual marxiano, Ciencia   que debía servirnos para entender el presente y contribuir a proporcionarnos los instrumentos para transformarlo en beneficio de toda la Humanidad.  Esto es; todo lo contrario del positivismo ramplón que todavía se resistía a desaparecer en la historia española de la segunda mitad del siglo XX. Esa concepción explica en gran manera su manera concreta de escribir la historia: análisis fundamentados en una gran masa de documentación de la que extraía interpretaciones sugerentes que expresaba con una gran claridad y brillantez y profundamente fundamentados teórica y bibliográficamente.
  Pero su producción fue todavía más allá. En su última etapa  Fontana publicó unos  profundos análisis  de la historia mundial y europea que tuvieron por su gran calidad una gran difusión dentro y fuera de España y le convirtieron en uno de los historiadores más apreciados y conocidos a nivel mundial. Basta recordar su penúltima gran obra   Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945 (2011) un brillante fresco, por documentadísimo y por la  profundidad de su análisis, de la historia mundial desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. O la última, El siglo de la revolución, un libro en el que hace un brillante y significativo  análisis del acontecer mundial y las implicaciones que en él tuvo la revolución soviética de 1917.
  Por si todo lo anterior no fuera suficiente, en el haber de la obra de Fontana hay que mencionar, sin duda, su labor de difusión de las obras historiográficas más importantes publicadas en el mundo para el mercado español  a través de su labor como editor, primero, en Ariel y después en Crítica. Sus conocimientos bibliográficos eran apabullantes. Era hijo de un librero de viejo y leía todo lo que se publicaba en el mundo sobre historiografía. Su biblioteca llegó a contar con decenas de miles de libros y al contrario de lo que habitualmente sucede los había leído todos  Además fue también importante su  labor como divulgador del conocimiento histórico a través de su labor didáctica entre los profesores de Historia de instituto y entre el público en general. Siempre consideró la divulgación histórica como una labor importante propia del historiador, lo que estaba, sin duda, en consonancia con su concepción de la utilidad social del saber histórico,
    Antifranquista y nacionalista catalán convencido, adscripciones que para él nunca fueron incompatibles, Fontana fue expulsado de la Universidad por Franco por su participación en la creación del Sindicato Democrático de Estudiantes de Barcelona en la conocida como “capuchinada” de Sarriá. Militó en el PSUC pero siempre mantuvo una posición partidaria crítica y propia.
   Tras su muerte, comienza, sin duda, una etapa de análisis crítico y en profundidad de una obra de la que, sin duda, somos deudores todos los historiadores españoles.

(Publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)
       

martes, 21 de agosto de 2018






SIN PERDÓN
                    Julio Antonio  Vaquero  Iglesias
Las declaraciones del ex portavoz del PP,  Rafael Hernando en una reciente entrevista con motivo de su relevo como portavoz  de su  Grupo parlamentario reconociendo algunos de sus errores durante sus intervenciones como tal ( una de las más insolentes e injustas la de acusar a las víctimas de la dictadura franquista  de tratar de recuperar sus restos por razones venales ) nos plantea la cuestión de si en el ejercicio de la actividad parlamentaria  vale todo para los políticos: la mentira, el insulto, la grosería, las amenazas e, incluso, el llegar a las manos como incurrió el tal Hernando con el líder del partido socialista Rubalcaba. 
A pesar de lo que pasa en otros Parlamentos como el británico que siempre se pone de contraejemplo, no es de recibo en ningún caso tal   actitud. Se pueden mantener las posturas más duras y firmes con las formas debidas sin perder por eso ninguna clase de fuerza oratoria ni capacidad de denuncia. Y es que, como ocurre en el  caso de la Monarquía parlamentaria cuya función principal es ser símbolo del Estado y por tanto una de sus funciones esenciales es  el comportamiento social y privado correcto de sus miembros, el Parlamento debe de ser también  un lugar simbólico que exprese la esencia de la democracia :  la lucha a brazo partido entre los partidos por defender y sacar adelante sus  propuestas e intereses partidistas, pero renunciando a la violencia fáctica,  incluso, sin que ésta llegue a manifestarse ni siquiera en el plano  dialéctico
  Por eso nombrar como hizo el PP anterior a un  ¿político? como el que pide hoy perdón por algunas de sus despreciables apreciaciones y ataques ad hominem, qué casualidad ahora precisamente cuando es relevado de sus cargo por el cambio político en su partido, es la expresión del escaso talante democrático que tuvo el PP de Rajoy y de su concepción de la política como mero espectáculo que no tiene nada que ver en la realidad con los verdadero intereses que se mueven detrás del escenario.
Pero también  esa  actitud del  mencionado portavoz pepero es muestra del talante  grosero, de mala baba, con la amenaza y el insulto  en la boca como argumento  que adoptó durante su portavocía.  ¿Se puede fingir tanto si realmente no se es así por naturaleza, a pesar de su actitud condescendiente, de doble cara, en su supuesto y aparente  papel de doctor Jenkin y mister Hyde, duro en la tribuna oratoria, pero amigable en el plano personal con los parlamentarios de los otros partidos como se dice de la actitud que mantenía el que hoy pide perdón como, pelillos a la mar, si no hubiera pasado nada?
La demostración más clara de que ese es su talante natural son sus últimas declaraciones, que, por cierto nos han provocado a muchos vómitos, cuando el susodicho ya no es portavoz parlamentario, de que el destino de esa última expedición del “Aquarius” debía de ser un puerto de Libia, esto es, devolver al horror y  la miseria y  los abusos a esos160 refugiados (no inmigrantes) que buscan su salvación en Europa. Evidentemente, esa declaración ya  no era parte de su papel de portavoz, sino que salía de sus propias entrañas.
 No es extraño que muchos entre los que me encuentro ( ya sé que a él le importará tres pepinos)  no aceptemos sus excusas y no le concedamos el perdón que solicita de los familiares de las víctimas de la dictadura franquista, aquellas que, según él, sólo les movían para pedir la recuperación de los restos de  sus desaparecidos sus intereses crematísticos. ¡Menudo personaje!.
( Publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)


miércoles, 1 de agosto de 2018









EL SALVINI  ESPAÑOL
                                                          JULIO ANTONIO VAQUERO

Ya tardaba mucho, pero se le veía venir. Las recientes declaraciones de Pablo Casado sobre el problema migratorio en España, lo dejan claro. Que Casado tras la senda de su maestro y antiguo jefe Aznar toma la deriva de la extrema derecha que ellos denominan, qué sarcasmo, liberal. De ganar las elecciones esta nueva derecha que hace buena la línea pragmática, quién lo iba decir, de Mariano Rajoy es fácil pensar, tras las esas mencionadas declaraciones, que el “joven viejo” Casado impondría una política migratoria en la línea de la extrema derecha italiana que lidera Salvini:  terminante negativa a aceptar en suelo español de ningún migrante lo que supondría la vuelta a las expulsiones en caliente que implantó, recuerdan, Aznar, cómo no, (ojalá que los socialistas no caigan en la tentación de  esa política que ya han practicado estos días) y la política de tolerancia cero con los migrantes sin aceptar ninguna política común implantada por la Unión europea para tratar de repartir el problema del reparto de los cupos de los inmigrantes.
 Ni recibir ni dejar entrar a ninguno de esos desgraciados que buscan huir del infierno de la guerra y el hambre al que los hemos arrojado  los países desarrollados. Ahora, eso sí, el Salvini español deja claro que lo que se debe es regular su entrada en nuestra país para la recolección agraria y otros trabajos necesarios de temporeros. Claro es la explotación de los migrantes no debe ser desaprovechada, pero el apoyo y la ayuda desinteresada negada terminante. Sin duda, los rasgos de la ideología neoliberal se combinan en su pensamiento con los de la ultraderechista. Ni más ni menos que el  paralelismo  es claro  con el mencionado Salvini en Italia. Ni una sola palabra sobre la adopción de medidas conjuntas de la Unión europea para tratar de canalizar de manera coherente y aceptable  el flujo migratorio hacia Europa. Pero, claro, tampoco ninguna alusión a la necesaria y justa, de justicia porque así lo determinan los derechos humanos reconocidos en nuestro país y que son, además, el soporte ideológico de toda la construcción europea, represión y combate de los traficantes de carne humana que se lucran con este tráfico, como los armadores de los barcos  negreros lo hicieron en siglos anteriores con el tráfico de esclavos. Sólo recibir a los que necesitemos para nuestras necesidades de mano de obra que todos sabemos que es una mano de obra que esta sobreexplotada y que trabaja  y vive en condiciones infrahumanas  en el  sur y sureste de España y si no basta con darse una vuelta por sus zonas rurales.  La lógica de sus palabras está meridianamente clara. Migrantes que nos causen problemas y gastos, no. Migrantes que puedan ser explotados por nuestros (los de ellos) clientes políticos propietarios de las grandes explotaciones agrarias del sur, sí.   
 El Salivini español debe saber, y si no, pobres de nosotros, qué dios nos coja confesados si algún día llega al poder, que la situación actual no es consecuencia del “efecto llamada” propiciado por la actitud justa y loable del nuevo gobierno socialista hacia los migrantes que vagaban sin rumbo por el Mediterráneo porque la Italia de la ultraderecha les negaba el cobijo, permitiéndoles desembarcar en España y proporcionándoles  la justa cobertura legal y el amparo físico. Sino de que el cierre de esa vía migratoria por la ultraderecha italiana ha originado en contrapartida  el aumento de esa corriente por el camino español, vía Marruecos,  a lo que hay que añadir los problemas que arrastra el propio país vecino que ha dejado de ser un pétrea muralla regulada para contener el indetenible flujo migratorio que hasta ahora tampoco  es  de dimensiones bíblicas como da a entender nuestro ultraderechista y neoliberal  político. 
 Se dice que la mejor manera de detectar la carga ideológica de un discurso  político es fijarse en aquellos elementos que no se mencionan. Es decir, establecer  más las ausencias que las afirmaciones  En el del Salvini español es claro. Entre las posibles soluciones a largo plazo de este, sin duda, grave problema no está ni se mencionan el aumentar sustantivamente las subvenciones y apoyos a los países emisores, aunque no sea por una razón de justicia, como pensamos otros, sino puramente  por razones instrumentales. Nadie se arriesga a perder su vida y la de sus hijos y otras muchas cosas  como su propia familia, identidad y cultura  si no es por una imperiosa necesidad. Solucionar los problemas del subdesarrollo, incluidos los ecológicos, y poner fin a las guerras imperialistas es el mejor camino para acabar con los flujos migratorios. De ninguna de esas cosas habla Casado, preocupado, eso sí, por  dejar abierta en  la muralla que pretende establecer, una puerta para la mano de obra que necesiten los grandes propietarios del Sur y Sureste de España.
  Desde luego está bien que en su viaje a la frontera sur, Casado dé un  significativo abrazo a los guardias civiles que bien se lo merecen por tener que soportar en su trabajo policial las contradicciones de los políticos de turno, pero no estaría de más que se acercase a uno de los lugares de acogida de los migrantes  y se lo diese también a una de esas “personas” que han logrado no morir en el intento de huir de la miseria y la muerte.

(Artículo publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)












martes, 26 de junio de 2018










El FASCISMO DE TRUMP Y SALVINI
                                      Julio Antonio Vaquero Iglesias
Lo dijo Bertolt Brecht en medio de aquel huracán fascista que desataron Hitler y Mussolini contra judíos, izquierdistas, homosexuales, gitanos:  “Cuando los nazis vinieron a  por los comunistas/guardé silencio porque yo no era comunista/ Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio/ porque yo no era socialdemócrata/ Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté/porque yo no era sindicalista/ Cuando vinieron a llevarse a los judíos/no protesté porque yo no era judío/Cuando vinieron a buscarme, no había nadie que pudiera protestar por mí. Y  creíamos que tras aquel horror solo íbamos a volver a recordar esos versos como testimonio de un atroz pasado, pero las políticas migratorias de los gobiernos populistas de Trump en Estados Unidos  y de Conte y Salvini en Italia las vuelven a hacer vigentes de nuevo y todo bien nacido debe de tenerlas en cuenta para rechazarlas no porque, como dice Brecht, puedan afectarles a ellos- que también-, sino porque les va en ello el poder mirarse a sí mismos como humanos y no como alimañas que sólo y únicamente piensan y defienden sus intereses económicos e identitarios.
Si el  “buenísmo” consiste en esta actitud, como mantienen con cierta reticencia algunos sectores de las derechas europeas y los partidos populistas en el resto del continente: defender  no sólo por razones humanitarias, que también, sino como defensa de los valores que la civilización occidental se ha dado a sí misma y que tienen como base la idea esencial de que todos los hombres son iguales y tienen derecho a una vida y  una supervivencia dignas, está claro que somos muchos los que nos apuntamos al “buenismo”.Máxime cuando la situación de pobreza, exclusión e indefensión ante las situaciones bélicas de sus países es en parte consecuencia de la explotación y abusos a que les ha sometido el propio capitalismo globalizado cuyos intereses y beneficios están en Occidente.     
 En Italia, el vicepresidente i y ministro del Interior Salvino de ese gobierno populista que tiene el poder en el país vecino en nombre del Movimiento 4 estrellas y la Liga, pretende hacer un censo de gitanos, como los nazis lo hicieron de los judíos, para distinguir los de nacimiento en el país y los procedentes de fuera con el objeto de expulsar a éstos y tener controlados a los primeros (a estos últimos “habrá que sufrirlos”, ha llegado a decir”) mientras con un discurso xenófobo y compatible con el que mantenían las SS de Hitler niega toda posibilidad de recibir en suelo italiano a cualquier clase de  migrantes, sea cual sea la condición de necesidad y auxilio en que se encuentren. Es preciso matizar ante tal ignominiosa actitud que es necesario distinguir entre la que mantiene el gobierno populista italiano y la del rechazo de tales políticas racistas y xenófobas  por parte de  un importante sector de la opinión pública italiana que es heredera de personajes de la talla moral y la coherencia ética de un  Mazzini o un Gramsci, por mencionar sólo a dos de los más destacados personajes públicos de su historia. Con qué ojos de espanto verían éstos lo que está pasando en su país. Lo que diría, en cambio, Mussolini es evidente y claro.    
     La política disuasoria de Trump  para los migrantes de Centroamérica hacia los Estados Unidos le ha llevado a criminalizarlos dictando una ley que les convierte en delincuentes por el solo hecho de tratar de entrar en aquella tierra de promisión. Y como consecuencia al detener a los padres, ha sido necesario separarlos de sus hijos que pasan a estar bajo la tutela de los Servicios sociales norteamericanos. Son más de 2000 niños separados  de sus padres que han alojado en verdaderas jaulas como si de crías de animales se tratara. La presión de la propia sociedad norteamericana ha hecho que el populista y ególatra Trump haya tenido que dar marcha atrás y rectificar su medida, pero no desde luego su intención de acabar por la fuerza con esa corriente migratoria.
 Corriente migratoria que no parece ser causada en este caso- la mayoría de los migrantes  son hondureños-  por razones de supervivencia económica, sino como remedio para huir de los efectos de la violencia política y social de sus países. Países que en su día y aún hoy siguen siendo el patio trasero de la potencia norteamericana y que, en gran medida, ha sido responsable de  la miseria de gran parte de su poblaciones y de la violencia política que han impuesto los dictadores en la región Aquellos dictadores que los propios próceres norteamericanos reconocían como “verdaderos” hijos de puta, pero que eran “sus” hijos de puta. Y en ese sentido la política de Trump hacia su patio trasero no sólo no parece haber cambiado sustancialmente, sino que se ha hecho más dura y agresiva contra ellos, cuando su política económica proteccionista  ya no necesita del trabajo casi esclavo e  informal de aquellas poblaciones.
   Está claro que aunque los países ricos hayan dado oficialmente por finalizada la Gran Recesión, sus negativas consecuencias sociales, dada las discriminatorias medidas tomadas para salir de ella que sólo han beneficiado a determinadas minorías sociales, siguen y seguirán afectándonos a los que ya en cierta manera las hemos pagado.
(Publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)  



lunes, 18 de junio de 2018

"AQUARIUS"


             
                                       
                                        
                                   




                                            “ AQUARIUS”
                               Julio Antonio Vaquero iglesias
Que el nuevo gobierno socialista tiene una sensibilidad humanitaria  más acentuada que el anterior gobierno del PP es un dato que ha demostrado la  actitud que ha expresado ante esa tragedia humana que suponen los 626 migrantes recogidos por el  “ Aquarius ”, ese barco flotado por la  ONG francesa SOS Mediterranée y que ni el gobierno populista  y xenófobo de Italia del Movimiento 5 estrellas y la Liga, ni el de Malta quieren recibir en sus países, condenando a su carga humana, entre la que se encuentran 213 niños, a vagar como un barco fantasma por el Mediterráneo occidental  con su carga de desheredados de la fortuna y damnificados por las guerras y la pobreza.
Que la inhumanidad de la torticera  política  del gobierno del  PP, presidido por ese gran humanista que fue el señor Rajoy, quien con la boca grande decía que sí a todas las medidas a favor de los migrantes que se disponían en la UE y con la  pequeña hacía lo contrario, quedó clara con su política migratoria. Baste recordar lo que ocurrió  con la decisión de varias ciudades españolas, como fue el caso de  Valencia, para aceptar e integrar a los migrantes  del conflicto sirio en nuestro territorio  y que el gobierno central del PP, que tenía- y tiene- en sus filas a tantos y tantos democristianos, finalmente no autorizó. ( Es cierto que en este caso a última hora el presidente de Galicia y el Ayuntamiento de la ciudad de Málaga gobernado por el PP se han desmarcado de esa actitud de su partido y aceptan recibir a los del “Aquarius” en esa Autonomía y esa ciudad. Lo que, sin duda, les honra).
Esa política inhumana y excluyente no ha sido continuada por el actual Gobierno socialista de Sánchez y es sin duda un dato más de que  algo parece haber  cambiado  en nuestro país con la llegada del nuevo gobierno. Muchos ciudadanos esperamos que no sólo sea en  esto sino que se continúe por ese camino cumpliendo varias más de las promesas de esa naturaleza  con que ha llegado al poder el partido socialista.
   No es sólo una cuestión de humanidad, que también, sino del cumplimiento de  derechos humanos promulgados y vigentes como el derecho a ser asistidos, según establecen los convenios internacionales, ante un inminente peligro de supervivencia en el mar. Es, además, una decisión con una profunda carga simbólica. Ante una Unión Europea en crisis en la que la ultraderecha populista comienza a demandar  políticas racistas y xenófobas, como es el caso de la Italia gobernada por esa clase de partidos,                defender los derechos y valores humanos que han constituido, al menos teóricamente, los supuestos sobre los que se ha  levantado  edificio de la Europa unida, frente al  neoliberalismo rampante que ha dado carta de naturaleza al capitalismo anglosajón y ahora, incluso, el populismo de derechas que defiende Trump, la decisión del gobierno español de apostar decididamente  por los peregrinos del “Aquarius” es una muestra inequívoca de que nuestro gobierno opta por una Unión Europea que vaya más allá de la Europa de los mercaderes. Esa Europa hacia la cual desgraciadamente se había orientado la entidad supraestatal hasta que la Gran Recesión hizo surgir y reverdecer los populismos de extrema derecha. A una Europa con esa clase de valores, ideales y políticas pueden, sin duda, apuntarse y apoyarla los ciudadanos progresistas que forman parte de sus estados.
  Por eso no sólo debemos recibir y dar auxilio a los inmigrantes del “Aquarius”, sino también concederles el estatus de refugiados y proporcionarles los medios necesarios para que finalmente puedan integrarse en nuestro país. Del mismo modo que nuestro gobierno debe  abanderar y defender en los organismos  de la UE  que se apliquen políticas migratorias europeas de esa naturaleza frente a la deriva xenófoba y racista de gobiernos (no de opiniones públicas) de  países de gran tradición humanística y social como Italia (¡qué vergüenza!) u otros que mantienen políticas y actitudes similares como algunos estados  nórdicos o del Este.

(Artículo publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)



                                

sábado, 16 de junio de 2018


                                       ¡JODER, QUÉ TROPA!
                               JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
 Este “miércoles negro” me han dado ganas de salir corriendo buscando una embajada  para pedir el cambio de nacionalidad. Seguro que ya saben por dónde voy. Las tres noticias del día, la destitución de Lopetegui como entrenador de la selección por haber fichado por  Real Madrid sin conocimiento previo de la Federación; la información desvelada de que el flamante ministro de Cultura y Deportes, Máxim  Huerta había sido sentenciado por un delito fiscal y condenado a pagar una multa cuantiosa. Y, finalmente, la sentencia a más de cinco años de cárcel del cuñado del rey actual que se creyó que podía sustraer dineros públicos únicamente por ser quién era dentro de la familia real, nos llevan a unas reflexiones pesimistas sobre nuestro carácter, nuestra idiosincrasia y nos proporcionan dudas fundadas sobre nuestra modernización. La verdad es que ante estos hechos medio mundo nos mira asombrados como si los españoles   fuéramos extraterrestres.
 ¿Cómo es posible que el tal Rubiales, aun sintiéndose traicionado y engañado con razón por su seleccionador y por los intereses particulares de Florentino y el Real Madrid que son también parte culpable de este dislate, tome la determinación  de destituirlo a 48 horas de la primera intervención del equipo español en el campeonato mundial después de dos años de preparación y sin haber sufrido ninguna derrota a sus espaldas? ¿Es posible que haya tomado esa decisión como si de una venganza siciliana se tratara? ¿Ha sido incapaz de entender que el interés general de la afición futbolística española que esperaba una actuación destacada de nuestros futbolistas con el efecto consiguiente de cohesión social de la que tan necesitado anda este país, estaba muy por encima del planteamiento alicorto, personal y visceral del celtibérico “el que la hace la paga” y “el a mí no me torea nadie”? .
 Lo de Máxim Huerta ya ha tenido su desenlace: su dimisión. No podía ser de otra manera. ¿ Cómo un gobierno que sale de una moción de censura contra la corrupción institucional del anterior partido gobernante, puede nombrar como ministro a alguien que ha creado una sociedad interpuesta para pagar menos impuestos?. ¿Cómo es posible que en esas circunstancias un señor que se dice defensor a ultranza de la cultura, cuyo pilar fundamental es siempre la honestidad, acepta un nombramiento de ministro? Era el interés cultural del país o su ascenso al olimpo ministerial lo que buscaba. ¿Cómo es  posible que creyese que no le iban a sacar inmediatamente ese marrón y poner en una difícil situación al Gobierno socialista entrante?  ¿De dónde sacó Pedro Sánchez  a tal personaje, habiendo como hay numerosos y excelentes potenciales ministros de cultura en el campo socialista? Al menos, el presidente socialista, al contrario de lo que hacía Rajoy con sus corruptos, ha tenido la coherencia de forzarle a  pedir su dimisión 
   En el caso del cuñadísimo pasa lo mismo, aunque   con mucha mayor gravedad: ha sido el interés personal y particular sobre el interés público y colectivo el que ha predominado claramente en su actuación. ¿En qué Escuela de Negocios le enseñaron a este señor que bajo el amparo de la figura real podía cometer las tropelías que la sentencia dice que ha cometido? ¿ Se creyó que el país era el patio de armas del castillo de la Monarquía? ¿Cómo es posible aceptar que su esposa, la infanta, no sabía nada de sus turbios negocios? Muchos españoles se temen que su reclusión carcelaria no sea otra cosa que una jaula de oro, con todas las comodidades posibles y excelente trato carcelario, de la que  no tardará en salir de una u otra manera, con unos u otros beneficios carcelarios. La ley es igual para todos, dicen algunos, pero para unos  menos que para otros.
    Este es un país tan peculiar que hasta puede ocurrir que la selección termine ganando el campeonato mundial (cosa que dudo); que Máxim dimita (eso ya ha ocurrido); y que Urdagarín sea  tratado exactamente igual que cualquier preso de las cárceles españolas. Entonces, sí que de verdad el resto del mundo nos verá, dado lo que hay hoy, como auténticos extraterrestres y nosotros los españoles nos veremos a nosotros mismos como ciudadanos de cualquier país democrático de nuestro entorno. Entonces, si me decido, volveré a pedir la nacionalidad española.
(PUBLICADO EN LAS PÁGINAS DE OPINIÓN DE”LA NUEVA ESPAÑA, DE OVIEDO)