domingo, 23 de agosto de 2020



  




      LA TRAGEDIA DE LAS RESIDENCIAS DE MAYORES
                            JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
 “Poco, tarde y mal. El inaceptable desamparo  de los  mayores en residencias durante la C0VID-19 en España”. Este es el significativo título  del informe de Médicos Sin Fronteras  sobre esa gran tragedia ocurrida en las residencias de nuestros mayores con motivo de la primera oleada de la pandemia. Y escribo “tragedia” y no exagero en nada. Las cifras lo  dicen todo. Fueron 27.359  de nuestros mayores los fallecidos en las residencias. Esto es: bastante más de la mitad (69%) de las víctimas de esa primera oleada ( entre el 3 de abril y el 20 de junio) de la pandemia estaban alojados en residencias. Y lo más duro y doloroso para todos nosotros como sociedad es que lo fueron en su mayoría en una situación de abandono y desatención de sus necesidades de salud y cuidados e incluso, como se relata en este informe, en los límites de la dignidad que exige toda persona y más aquellas que se encuentra en una situación de mayor vulnerabilidad por su edad y  su  delicada situación médica.
      Todos los españoles deberíamos leer este informe de MSF, realizado tras la experiencia de la ONG en su actuación en unas 500 residencias, no sólo para pedirles cuentas a nuestros políticos y autoridades sanitarias de esta masacre, sino también para, y sobre todo, tratar de que por todos los medios posibles subsanen su improvisación y su falta de interés por aquella población que era, sin duda, por su edad y condiciones, la más  vulnerable al COVID- 19 ante la posibilidad de una nueva oleada de la pandemia. De no hacerlo y repetirse esa situación  sería no solo injustificable, como la ha sido ya en la primera oleada del virus, sino delito de lesa humanidad, porque, como se dice en el informe, “la asistencia a las personas mayores y la protección de quienes los cuidan no son una opción, sino una obligación médica, ética, social y normativa”.
 El análisis que se realiza en el informe es demoledor. El modelo de residencias que se ha implantado en España  no responde a las verdaderas necesidades de nuestros mayores, como lo prueban sus insuficiencias ante la crisis pandémica: ni respondió como un servicio de atención primaria ni en su relación con los servicios hospitalarios. Sus usuarios “fueron abandonados  sin posibilidad de derivación hospitalaria y sin asistencia adecuada de la atención primaria”.
En los momentos álgidos de la crisis sanitaria, el foco de la acción sanitaria se centró exclusivamente  en el colapso del sistema sanitario, en los servicios de urgencia y las ucis de los hospitales, llegándose al punto de obstaculizar las derivaciones de los pacientes de las residencias a los centros hospitalarios, convirtiendo éstas en auténticos  encierros de muerte para sus usuarios, alejados y apartados de sus familias. Las residencias tuvieron que asumir de facto una responsabilidad para la que no estaban preparadas ni en los medios ni en la formación de sus trabajadores, insuficientes y no siempre con la formación adecuada  para gestionar esa crítica situación.. Y es preciso reconocer, como lo hace el informe, que la mayoría de ellos  lucharon como verdaderos héroes  en esa trágica coyuntura.
     MSF no deja de expresar, a pesar de la inapropiada concepción de esas residencias para responder a una crisis epidémica de esa envergadura, la negligencia por parte de las autoridades competentes para actuar en esas circunstancias  y no dejar que muchas personas mayores  falleciesen aisladas y solas. Se debieron proponer alternativas con los medios y recursos disponibles, procediendo a derivaciones a centros sanitarios, extensiones hospitalarias, hoteles “confort” o en los hospitales privados, ya que en todos estos lugares hubo plazas disponibles, incluso en el pico epidemiológico. Y no dejar a los residentes que cayeron enfermos en espacios cerrados, sin atención médica y psicológica adecuada. Lo que multiplicó los contagios, aceleró la mortalidad y produjo “situaciones indignas e inhumanas”.
   El informe no sólo describe y analiza lo que pasó sin tapujos ni ocultaciones, sino que insta a autoridades y a todos los agentes interesados en la situación de nuestros mayores a tomar ya de inmediato, en preparación para otra  probable ola del virus en este otoño y propone en el citado informe, un conjunto de atinadas medidas para reformar nuestro sistema residencial de mayores e impedir que  vuelva a repetirse la tragedia que han vivido los que lo han dado todo por nosotros. Tragedia  que nos debe avergonzar como sociedad, personas y ciudadanos.
   ( Este artículo ha sido publicado en las páginas de opinión del diario "La Nueva España"  de Oviedo (Asturias-España)

lunes, 17 de agosto de 2020

  







 HIROSHIMA Y NAGASAKI, SETENTA Y CINCO AÑOS DESPUÉS.
                               JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
El día seis de agosto se cumplieron setenta y cinco años del lanzamiento por el bombardero norteamericano Enola Gay de la primera bomba atómica sobre  la ciudad japonesa de  Hiroshima. Fueron 140.000 las víctimas de una población de alrededor de los 350.00 habitantes (más las víctimas posteriores a causa de las heridas y radiaciones). Una semana más tarde se lanzaría la segunda bomba atómica sobre la ciudad de  Nagasaki. Esta última ciudad, por cierto, no era el objetivo predeterminado del bombardeo, pero por las malas condiciones atmosféricas la bomba no pudo ser lanzada sobre la ciudad previamente elegida y se decidió lanzarla sobre esta ciudad. Fueron en este caso 40. 000 las víctimas inmediatas más otros miles a finales del año a causa de las heridas y efectos radioactivos consecuentes.
   Las conmemoraciones en este setenta y cinco aniversario, limitadas por los efectos de la pandemia que sufrimos, han insistido en la necesidad de prohibir  taxativamente  la fabricación de las armas atómicas y pedir a su propio país que  se sume al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares  firmado en la ONU el siete de julio de 2007 firmado por 122 estados miembros, pero que tiene que ser ratificado al menos por 50 estados y  hasta hoy sólo lo han hecho 40. Y entre los que no está, cuesta creerlo, la única víctima de un ataque nuclear en la historia del mundo  hasta hoy como lo fue Japón.
   Si cada v ez parece más claro que el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre la población civil de estas dos ciudades japonesas, no fue en realidad, como se dijo para justificarlo, el golpe definitivo y necesario  para acabar con la Segunda Guerra Mundial, sino el inicio de la Guerra Fría y la búsqueda del establecimiento de la hegemonía norteamericana en el nuevo mundo que surgía tras el conflicto mundial, la realidad geopolítica mundial de hoy  cargada de tensiones tras el derrumbe de la Unión Soviética y con la presencia de nueve estados que poseen armas nucleares: Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, Pakistán, India, Israel y Corea del Norte, hace cada vez más necesario y perentorio lograr un acuerdo mundial para la prohibición de la utilización y el desarrollo de las armas nucleares. De ahí que la petición del alcalde de Hiroshima en esta conmemoración de poner fin al peligro de la guerra nuclear no sea sólo un canto idealista sin base real, sino todo lo contrario, expresa una necesidad de lograr esa seguridad no en un mundo bipolar como el de la Guerra Fría, sino en otro multipolar con numerosos puntos de tensión y fricciones internacionales que, sin duda, los efectos de la pandemia están incluso haciendo  más peligroso. Sin duda, a la altura de esta 75ª conmemoración el peligro de un conflicto nuclear no sólo no ha desaparecido, sino que entra dentro de las realidades geopolíticas potenciales de nuestro mundo.
 Otro aspecto que sigue latiendo a la altura de esta conmemoración es, sin duda, el verdadero significado ético y moral que tuvo el lanzamiento de aquellas bombas atómicas por parte de Estados Unidos. Hoy parece claro que la teoría del “mal menor” con que lo justificaron Truman y Churchill no es ya de recibo. Japón estaba ya en un proceso inmediato de pedir la paz, máxime cuando la URSS entró en guerra contra Japón y  amenazaba con invadir  la potencia nipona.
  La mayor parte de las autoridades militares norteamericanas no  consideraron necesario este empleo de las armas nucleares para poner fin al conflicto que ya prácticamente estaba acabado. Fueron los casos, entre otros muchos, de  Eisenhower y Mac Arthur, amén de otros variados personajes que tuvieron después notables responsabilidades políticas en el gobierno de Estados Unidos. 
    Esa es también la opinión de numerosos historiadores (Jackson, Kurwick, Selden…, entre otros). Algunos de ellos  consideran esos dos bombardeos atómicos como un verdadero crimen  de lesa humanidad. Y algunos de ellos  se preguntan con plena pertinencia si lo que buscaban las autoridades norteamericanas era el final de la guerra para evitar más víctimas por qué no usaron las bombas sobre escenarios sin potenciales víctimas civiles.
 La tesis dominante hoy es, como ya dijimos, que la decisión de lanzar las bombas atómicas sobre objetivos civiles tuvo como primera y  principal finalidad comenzar la futura Guerra Fría con predominio  norteamericano más que poner fin a la Segunda Guerra Mundial.  
  Sin duda, la memoria de Hiroshima y Nagasaki, setenta y cinco años después, sigue siendo una memoria viva que nos habla del presente y de las amenazas que se ciernen sobre nuestro futuro.  

(PUBLICADO EN LAS PÁGINAS DE OPINIÓN DE lA NUEVA ESPAÑA, DE OVIEDO.ESPAÑA)

domingo, 26 de julio de 2020




       




 BALMIS: LA VUELTA AL MUNDO DE UNA VACUNA
                                JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
La intervención del ejército español en la lucha contra el coronavirus en la fase de confinamiento fue denominada como operación Balmis y quizás muchos españoles no sepan que tal denominación no fue sino un homenaje al médico militar y científico alicantino  Francisco Xavier Balmis y Berenguer que fue el director de la Real Expedición Filantrópica de la vacuna de la Viruela promocionada   por Carlos IV  para llevarla por todos los ámbitos del aquel  Imperio español que atravesaba ya en aquellos tiempos  por una profunda e irreversible crisis política y económica.
  Castigado en su propia familia por aquella terrible plaga, el rey respondió a la petición de ayuda de sus súbditos de Santa Fe de Bogotá masacrados por la viruela como otros territorios americanos imperiales impulsando la creación con su  real y personal apoyo de una expedición que llevase la nueva vacuna descubierta por el médico inglés Jenner a todos los territorios imperiales de Ultramar en América y Filipinas. De filantrópica se la calificó y, sin duda, lo era, pero sin que faltasen  tampoco en sus finalidades  razones de alta  política cara a restablecer y afianzar el poder imperial español y el prestigio de la metrópoli en aquellos territorios en el contexto de emancipación que comenzaba a extenderse por el continente. Carlos IV  ordenó a su valido, Godoy y al ministro de Gracia y Justicia, José Caballero, que apoyasen sin limitaciones aquella empresa sanitaria y política.
 Como director de la expedición fue elegido el médico y cirujano militar Balmis y como segundo director el médico catalán Josep Salvany y LLopart.  Balmis tenía ya una gran  experiencia y conocimiento del empleo que se venía haciendo de la variolización (es decir, la inyección del viruso de la viruela humana en las personas sanas para provocar su inmunización). Pero en  cuanto  Jenner  descubrió y puso a punto su método “vacunal” basado en el principio de que el  pus  infectado de viruela de las vacas inoculado en seres humanos impedía el desarrollo de la enfermedad, se convirtió en un acérrimo defensor de su práctica  para luchar contra aquella plaga que asolaba a todo el mundo desde hacía siglos y que era peor por sus efectos mortíferos que las epidemias de  peste, el cólera y la fiebre amarilla  
 Hombre meticuloso y gran organizador planeó cuidadosamente el itinerario y la organización sistemática de la vacunación. Su planteamiento era no sólo vacunar al mayor número posible de personas,     sino también con el apoyo de las estructuras virreinales y de la Iglesia organizar juntas de vacunación con locales y personal preparado para continuar las vacunaciones tras el paso de la expedición. El punto clave de la organización era cómo llevar el fluido vacunal de la viruela bovina activo y dado que no era posible incorporar reses bovinas la genial solución a la que se llegó fue la de incorporar a la expedición  niños inyectados con el virus de la viruela bovina que serían los que trasportaran la linfa convertidos en portadores humanos.
  Con un grupo de niños hospicianos de Madrid,  varios médicos y enfermeros, la expedición viajó a La Coruña, donde Balmis consiguió armar tras vencer muchos obstáculos la corbeta María Pita  e incorporar junto a cuatro  de los infantes madrileños otros dieciocho niños hospicianos gallegos de entre siete y diez años hasta tener el número necesario de portadores de la linfa. Además de sumar a la Real y Filantrópica Expedición a la rectora del Hospicio coruñés como cuidadora de los niños portadores de la vacuna. Isabel Zendal era una gallega de humilde origen campesino, que viajó con su hijo ilegítimo con el ánimo de eliminar en América los prejuicios sociales y legales que suponía esa situación para las madres solteras en la península La actuación de Isabel Zendal fue decisiva para el éxito de la expedición hasta casi ser considerada por Balmis como la verdadera alma de la expedición.
   El día 30 de noviembre de 1803  zarpaba de La Coruña la María Pita y inició un viaje que  se considera hoy como una de las grandes hazañas médicas y filantrópicas que ha realizado la Humanidad. Primero hicieron escala en Santa Cruz de Tenerife , donde tuvieron una excelente recepción y vacunaron a numerosos isleños. Posteriormente llegaron a Puerto Rico, donde la acogida no fue tan exitosa, aunque también realizaron su campaña vacunal. De Puerto Rico pasaron a Cuba, donde su llegada y trato fue excelente haciendo una importante campaña de vacunación. Viajaron después a Venezuela donde  su recepción no fue todo lo exitosa que esperaban
En Venezuela, la expedición se dividió: una parte de ella se dirigió a través de Colombia dirigida por Salvany hacia los Virreinatos de Perú y de Nueva Granada, teniendo que salvar innumerables obstáculos geográficos (selvas ecuatoriales y elevadas cumbres andinas) y una gran variedad de climas extremos. Y a pesar de  la oposición social de los criollos y en  algunos casos de los pobladores indígenas, Salvany y su grupo lograron inocular a más doscientas cincuenta mil personas el suero contra la viruela. Salvany no logró resistir aquel sobrehumano esfuerzo y falleció en Cochabamba  durante el transcurso de la expedición.
 Balmis prosiguió con su expedición a México, donde a pesar de la decida oposición del corrupto  Virrey José Iturrigaray realizó con gran éxito su campaña de vacunación por casi todo el territorio azteca logrando dejar establecida la estructura médica adecuada  para mantener activa en el tiempo la vacunación.
  Desde Acapulco, de donde partía para los territorios españoles de Filipinas el denominado Galeón de Manila, Balmis, con ventiséis  niños reclutados en México como portadores de la linfa de la vacuna y la presencia en la expedición de Isabel Zendal, llegó a Manila donde realizó su campaña de vacunaciones para pasar posteriormente con el mismo objeto a Macao y Cantón. Desde donde regresó a Madrid a través de Lisboa y recibió los honores por su grandiosa hazaña de manos del que había su impulsor Carlos IV. En menos de tres años, la Real  Expedición Filantrópica de la Vacuna dirigida por Balmis había dado la vuelta al mundo difundiendo la vacunación  contra la viruela por cuatro continentes. 
   De la gesta de la expedición de Balmis quizás se puedan extraer hoy también algunas lecciones y advertencias acerca de la distribución de la posible futura  vacuna  contra el coronavirus. En el Viirreinato de la Nueva España fue la  competencia entre el poder virreinal y la autoridad del poder real que representaba  el médico alicantino lo que dificultó su propagación. Esto es: las rivalidades políticas en busca de poder  y hegemonía geopolítica pueden convertirse en obstáculos para una difusión universal y no discriminatoria de la  futura vacuna. Pero, sobre todo, la mayor lección para hoy de lo acontecido con la expedición de Balmis ocurrió  en el caso de  los virreinatos de Perú y de Nueva Granada. Allí la vacuna contra la viruela se convirtió en un mero negocio de comerciantes que dificultó sobremanera su distribución de manera igualitaria entre todos los habitantes, más allá de su raza y origen social. De ahí que el modelo de vacunación que difundió Balmis en América  a través de una red estatal de establecimientos, gratuita y universal nos parece el medio no sólo más justo, sino también más eficaz para acabar con la pandemia actual.
 (Javier Moro, A flor de piel,2015)    
Publicado  en las páginas de La Nueva Españla, de I
Oviedo (ASTURIAS)

lunes, 13 de julio de 2020


    









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                               JOSÉ RAMÓN GARCÍA QUEIPO 




  JOSÉ RAMÓN GARCIA QUEIPO, IN MEMORIAM
                                         JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
   El 17 del pasado mes nos dejó  José Ramón García Queipo.  Las circunstancias de estos tiempos turbulentos que vivimos  fueron la causa de que  muchos de sus amigos y conocidos tuviésemos un conocimiento tardío de su fallecimiento y no hayamos podido  manifestar nuestras condolencias a sus deudos. De ahí la pretensión de  que estas humildes palabras traten de remediar en la medida en que esto es posible nuestra ausencia en el acompañamiento en ese postrero momento de nuestro amigo y el apoyo a su familia: a sus hijos y a su compañera María Luisa y a toda su demás familia.
    José Ramón  realizó sus estudios secundarios en los años de la posguerra en un centro  en el que se formaban  las élites madrileñas como era en aquellos años el internado del instituto Ramiro Maeztu. Él  siempre contaba que tuvo como condiscípulo  y amigo al hijo del Raisuni de Marruecos con el que siguió teniendo relación  en su etapa como alférez de Milicias del Tercio de Regulares que desempeñó en  Ceuta. Etapa de la que contaba numerosas anécdotas  y que, a pesar de su brevedad, tuvo una gran influencia para la formación de su carácter y en su manera de entender la vida. Sus estudios en el Ramiro de Maeztu fueron decisivos en su formación personal y cultural  y aficiones deportivas.
 Se licenció en Derecho en la Universidad de Oviedo  y comenzó su actividad como abogado en  sus despachos primero de Grado y después también en Oviedo. Fue un letrado conocido y respetado y su vocación forense constituyó sin duda el eje de su labor profesional dedicándose tanto a asuntos de Derecho civil como Penal y Administrativo.  Asesoró a diversos Ayuntamientos, Junta General del Principado, PSOE y otras instituciones públicas y llevó numerosos e importantes pleitos  de particulares. En realidad, la abogacía fue la verdadera vocación de su vida y siempre ejerció su profesión con honradez y no fue, desde luego, el dinero el motor de su actividad forense. La mejor expresión de todo lo que significaba su profesión para él  es su último deseo de ser enterrado envuelto en su toga.     
  Durante una etapa de su vida tuvo una  activa participación política. Vinculado a los sectores de la izquierda, sobre todo al  PSOE, colaboró en la lucha contra la dictadura y ya en la etapa democrática, en 1983, se presentó a las primeras elecciones autonómicas como candidato a diputado por el PSOE obteniendo el acta correspondiente en la Junta General del Principado y posteriormente fue  elegido como Vicepresidente Primero de la Junta General del Principado realizando un activo papel en la  redacción y aprobación del Estatuto de Autonomía. Su papel en esa  actividad política fue reconocido con la concesión de la medalla de plata de la Junta General.
  Su atención por los asuntos públicos  y por el bienestar de Asturias y los asturianos nunca dejó de ser una de las atenciones prioritarias de su vida. Lo demuestra, por ejemplo, su participación como miembro destacado de la Plataforma Pro Autovía del Suroccidente de Asturias que con la consecución de sus objetivos fue galardonada como el Moscón de Oro. Galardón del que como moscón orgullosamente ejerciente que era se mostraba sumamente orgulloso.
    José Ramón, como sabíamos bien todos los que le conocimos, era un hombre culto, excelente conversador y buen conocedor de los clásicos. Te sorprendía  con sus citas literales de las obras de Cervantes y por  su saber e interés por la cultura clásica. Colaboró activamente en Tribuna Ciudadana bien apoyando a su compañera María Luisa bien organizando y participando en muchas de sus actividades  culturales.
   Nos quedaría incompleto este esbozo póstumo de la vida de Queipo sin mencionar  que  fue también  un profundo conocedor y amante de  Asturias y  sus paisajes naturales y por extensión de la vida en pleno contacto con la naturaleza. Parte de su tiempo de ocio lo dedicaba  pasear con sus perros, ascender a sus montes, bañarse en sus ríos y lagos, incluso, en pleno invierno.
 Como plasmó su hija en una emocionante y sentida misiva de  despedida a su padre: José Ramón  tuvo una vida plena y fructífera en todos los órdenes. Pero la característica que, para ella y para muchos de nosotros que tuvimos la suerte y el gozo de tratarlo, le define es haber sido un hombre bueno. Dicho con los versos de Machado: “Y más que un hombre al uso que sabe su doctrina/ soy en el buen sentido de la palabra bueno/”. Sin duda, el mejor balance al que se puede aspirar al dejar este mundo.
 (ARTÍCULO PUBLICADO EN LA NUEVA ESPAÑA, DE OVIEDO)

miércoles, 8 de julio de 2020













                                MORRICONE
                                JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
Este pasado lunes ha fallecido a  los 91 años en Roma Ennio Morricone , uno de los mejores compositores de la historia del cine. Todos aquellos que amamos el arte cinematográfico, sobre todo, aquellos miembros de mi generación para los que el cine constituyó parte esencial de nuestra socialización  y  para los que el cine fue una de las pocas ventanas al mundo exterior que  la  sordidez de la dictadura franquista dejó entreabiertas, Ennio Morricone ha sido un personaje digno de nuestra admiración. Tanto como la    que hemos sentido  por los actores y los directores de las obras cinematográficas.
  Morricone fue capaz de convertir las bandas sonoras de las películas en las que participó, no en un elemento más de esos filmes  como podían ser  la fotografía, la interpretación de los actores o el gui0n, sino que su música se convertía en una especie de argamasa que unía todos esos elementos, reforzando  unidad del conjunto artístico, remarcando el carácter de los actores o el mensaje y los valores que se defendían en los filmes en que participaba. Quién no recuerda en ese sentido el subrayado musical de los caracteres de los personajes de El bueno, el feo y el malo  de la película de Sergio Leone. 0 el que  enmarca  los valores de la valentía, el sacrificio y la coherencia de los jesuitas que defienden  a los indios guaraníes en La misión de Roland Joffé. O la música de la banda sonora de  Novecento de Bertolucci, que resalta  la expresión de la  épica obrera que desarrolla la película.  Y  eso fue tan claro en su caso que, al contrario de lo que era habitual (esto es, que  la banda musical se compusiese después de rodada la película) en el caso de Morricone lo hacía antes y el film se adaptaba en cierta medida a ella.
 El compositor italiano, profundamente enamorado de Roma, su ciudad natal, consiguió,  a pesar de las tentadoras ofertas que se le hicieron para residir en Hollywood y trabajar exclusivamente para la industria cinematográfica norteamericana, realizar toda su obra desde Italia y no colaborar sólo con  el cine americano, sino también para el cine europeo, sobre todo, para el italiano. Baste rememorar su participación y colaboraciones en las bandas sonoras de las películas de Giusseppi Tornatore, sobre todo, en su magistral Cinema Paraíso,  o en las de Sergio Leone, el creador del “spaghetti western”.
  Quizás haya sido esa negativa suya a entregarse exclusivamente al imperialismo de Hollywood  lo que provocó que la obra de  Morricone se aceptase, a pesar del indudable reconocimiento que tuvo  en la meca del cine, con ciertos recelos. Lo cierto es que recibió cinco  nominaciones para el correspondiente premio Oscar y un premio honorífico en 2006 hasta que ya tardíamente, a los 87 años, se le concedió por la banda sonora de la película de Quentin Tarantino, Los odiosos ocho.
 Sin duda, con la muerte de Morricone, que no podrá recoger en Oviedo su recién concedido Premio Princesa de Asturias de las Artes 2020, se  nos va un excelente compositor de cine que ha sabido aumentar  emoción y belleza  de ese arte que constituye una parte esencial  de nuestras vidas. Pero, aunque suene a tópico, no desaparece. Porque lo cierto es que de él  nos queda la inolvidable  música de sus películas.

jueves, 2 de julio de 2020





    LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS Y SOCIALES DE LA  PANDEMIA
                              JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
La lectura del último informe de OXFAM  ( Una reconstrucción justa es posible y necesaria )  sobre los efectos socioeconómicos de la pandemia del Covid 19 en España nos pone los pelos de punta. Nunca podremos decir que, dados los alrededor de treinta y mil muertos que desgraciadamente hasta ahora ha causado el virus en nuestro país, las consecuencias socioeconómicas pueden llegar a ser tan trágicas como las de los fallecidos que la crisis sanitaria ha causado. Pero la magnitud  de los efectos  a nivel económico-social que está ya causando y los que amenaza  seguir produciendo  en esos aspectos no le va desde luego a la zaga.
 Y la paradoja  es que los trabajadores esenciales,  esto es,  los de los equipos sanitarios y los otros sectores de personal que estuvieron en el frente directo de la lucha contra el virus, procedentes de las clases populares y medias de la sociedad, puede ocurrir que sean  otra vez los más  perjudicados en el proceso de reconstrucción económica con el  que se trate de dar una respuesta a la situación crítica por la que atraviesa España y el resto del mundo, como ocurrió con la Gran Recesión.
 En realidad, los datos que nos proporciona el citado informe para España, pasados sólo cinco meses desde el impacto en nuestro país  del virus, van de manera evidente es esa dirección. Y sería del todo injusto que las políticas de reconstrucción  no tuviesen en cuenta esos hechos y de nuevo, como en 2008, fueran los de abajo los que terminaran pagando esa pesada factura que nos deja la pandemia.
 La tasa de paro  en estos cinco meses  ha pasado del 13% al 19% y el número de pobres podría aumentar en más de 700.000 personas hasta alcanzar  la situación de pobreza a más de 10,8 millones. Este aumento de la pobreza  castiga sobre todo a las mujeres y los migrantes y  puede llegar alcanzar al 23,1 % de la población, esto es, a casi uno de cada cuatro españoles. Por comunidades, las más afectadas en términos relativos por esa pobreza son, según nuestro informe, Baleares, seguida de Castilla y León y en cifras de pobreza absoluta destaca Andalucía con 201.000 pobres. Y la caída del PIB en la renta neta disponible  será más acusada en Extremadura, Canarias y Andalucía. Esto es: la pobreza castigaría sobremanera a las comunidades ya de por sí más pobres del conjunto estatal y menos a las más ricas como País Vasco, Cataluña y Madrid.
  Pero la pandemia ha aportado no sólo más pobreza, sino también mayor desigualdad social. Su impacto económico y social  afecta sobre todo a las rentas más bajas, porque el desempleo que está produciendo es asimétrico afectando, sobre todo, a las personas con menos niveles de renta. El índice de Gini que expresa la desigualdad en una sociedad aumentaría en 1,7 puntos hasta alcanzar los 34,2 puntos. Bastante más que en la crisis económica anterior.
  Una distribución desigual de la riqueza que hasta puede apreciarse cualitativamente y que casi me atrevería a calificarla como obscena. Entre el 18 de marzo y principios de junio de este año, esto es, en alrededor de 79 días los millonarios de la lista Forbes han visto aumentar el  valor de su riqueza en algo más de 19.200 millones de  euros.    
   Si no queremos que esos efectos sociales negativos de la pandemia  caigan, como en la crisis  anterior, sobre los más débiles (bastante han padecido ya estos  los de la crisis sanitaria) es necesario, como apunta el informe de OXFAM, por una parte, reforzar la actuación de los poderes públicos para que adopten políticas en ayuda de los más débiles. Y eso significa, desde luego, hacer más progresivo el sistema fiscal cuya presión es todavía inferior al de los grandes estados de la Unión Europea  . Pero evitando que, al final, como suele ocurrir, ese tipo de reformas no castigue en realidad a las clases medias que están siendo también un sector masacrado por los efectos de la pandemia.
  Del mismo modo debe quedar claro, según los autores del informe, que la respuesta a la pandemia debe ser global. Los líderes mundiales (la pregunta es si realmente los hay en la actualidad) y en particular el G-20 deben desarrollar un plan global de salud pública y emergencia para salvar vidas humanas. Como también debe de articularse un plan de rescate económico mundial a la altura de la crisis para impedir el colapso económico global. 
Recomendaciones estas últimas  pertinentes, sin duda, pero que la realidad de la geopolítica mundial actual con personajes y líderes  del nivel intelectual y sobre todo la calaña moral de Trump,  Bolsonaro, Putin y Johnson  a la cabeza de sus estados, es difícil que puedan hacerse realidad.

miércoles, 17 de junio de 2020

Entrevista a David Ruiz, historiador por Ramón García Piñero

https://revistanuestrahistoria.com/nh9/









LA EDUCACIÓN TRAS  LA PANDEMIA
                              JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
Como tantos otros aspectos de  nuestra vida social, es fácil pensar que el tremendo impacto que la pandemia del coronavirus está causando en todos los órdenes de nuestra vida, puede  afectar también de manera sustancial a los sistemas educativos. La necesidad del desarrollo de  la enseñanza digital que la fuerza de los acontecimientos epidémicos ha impuesto en los tiempos del confinamiento, ¿va a suponer que ese modo de educación ha venido para quedarse definitivamente sustituyendo en gran medida  a la tradicional enseñanza presencial?. ¿Ocurrirá  con esa modalidad de enseñanza lo que sí parece que va a ocurrir con el teletrabajo, esto es, que alcance un sustancial desarrollo y ello suponga  una subordinación de la enseñanza presencial?
  Las limitaciones en esta coyuntura pasada de  esa modalidad de enseñanza a distancia han sido evidentes. En gran medida por la brecha digital que existe en nuestro país que supone  diferentes posibilidades de acceso a los elementos técnicos de esa modalidad de enseñanza y por la diferente preparación familiar para el correspondiente apoyo a los escolares  que implica la misma. De modo que una de las funciones inexcusables de la enseñanza en  las  sociedades democráticas como es la de paliar las diferencias sociales de origen de los educandos no sólo no se ha cumplido en la etapa de confinamiento, sino que incluso, casi podríamos decir, que ha aumentado. Del mismo modo que la función de socialización que debe  estar implícito entre las funciones a conseguir por todo sistema educativo desaparece en esa modalidad exclusiva de educación.
 Renunciar o reducir al mínimo  la educación presencial concediéndole a prioridad dominante a la enseñanza a distancia a través de los medios telemáticos  sería, sin duda, abandonar algunas de las funciones esenciales de la escuela. La presencia física, el contacto directo con el maestro, con el profesor, es  fundamental. Todos los que hemos ejercido esa honrosa profesión lo sabemos: el alumno no sólo aprende en la escuela contenidos disciplinares, sino valores y actitudes que, sin duda, se desarrollan con el contacto directo con el que le educa si éste es consciente de que la escuela no sólo debe transmitir conocimientos, esto es, instruir, sino, y creo que sobre todo, educar. Y esa función, además de la de socialización que conlleva y a la que nos referíamos más arriba, sólo puede desarrollarse con la educación  presencial       
  Lo que no es óbice  para que la escuela se dedique a instruir y desarrollar  los conocimientos y las prácticas en las nuevas tecnologías que son instrumentos básicos e imprescindibles ya en la sociedad digital en la  que los alumnos van a vivir. Del mismo modo que es necesario que el profesor las utilice, como ya se viene haciendo,  en las aulas como elementos  de gran eficacia didáctica.  
  

jueves, 28 de mayo de 2020









MIGUEL ARTOLA: EL HISTORIADOR DE LOS ORÍGENES  DE LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA.
                   JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
 A los 96 años ha fallecido  don Miguel Artola, uno de los “grandes” de la historiografía española. Formado en la universidad de Madrid, Artola alcanzó la cátedra de Historia de España de la Universidad de Salamanca en los años sesenta para después trasladarse a la Universidad Autónoma de Madrid, donde realizó una destacada la labor en la reorganización y modernización  de los estudios históricos de aquella universidad y en la formación  de un importante elenco de jóvenes historiadores que destacarían después como profesores e historiadores  de historia contemporánea y moderna de España.
Pero lo más destacado de la obra de Artola, además de su labor académica y profesoral es, sin duda,  su propia labor historiográfica que le convirtió en uno de los grandes renovadores de la historia de España de  la segunda mitad del siglo XX  en lo que se refiere  al conocimiento de la etapa histórica en la que se especializó que fue en la historia del liberalismo decimonónico español, prestando, sobre todo, especial atención  a la crisis del Antiguo Régimen y el surgimiento del liberalismo en nuestro país. Asunto que ya comenzó tratando en su tesis doctoral, Los afrancesados, que fue prologado por don Gregorio Marañón y continuó después con los Orígenes de la España contemporánea,  análisis novedoso de las bases de la revolución liberal en nuestro país o en el tomo XXVI de la Historia de España de Menéndez Pidal, con La España de Fernando VII y en otras varias obras.
  Esa doble especialización- en el  análisis del primer liberalismo español y en el campo de la historia política en cuyos análisis destacó por la novedad de utilizar el aparato conceptual de las ciencias sociales - le llevó posteriormente a convertirse en un profundo conocedor de la historia del constitucionalismo y el sistema político español  con obras como El modelo constitucional español en el siglo XIX y Partidos  y programas políticos(1808-1936).
 Artola fue, además, coordinador de importantes obras de síntesis sobre la historia de España como la  de siete volúmenes,  de la editorial Alfaguara que le valió el Premio Nacional de Historia en 1992 titulada Enciclopedia de la Historia de España. Y como reconocimiento de toda su obra historiográfica recibió el Premio Príncipe de Asturias  de Ciencias Sociales en 1991.
   Otro aspecto poco destacado en los análisis  de su obra, pero que, sin duda, revistió de gran importancia, fue su gran labor en el campo de la divulgación histórica, tanto entre el público culto por medio de algunas de sus obras destinadas a ese fin como entre los escolares por medio del profesorado de historia  que las difundía en sus clases de historia. No podemos olvidar en ese sentido sus Textos fundamentales para la historia, en los recogía, tras una excelente y sintética, introducción, algunos de las más destacadas fuentes históricas de la historia universal. O  la Historia de España de Alfaguara que fue durante algunas décadas la historia de España que leyó nuestra clase media. Obra que él coordinó y  en la que es autor del volumen V La burguesía revolucionaria. 1808- 1874.
    Finalmente, tampoco  podemos olvidar, sobre todo, escribiendo desde Asturias, que Artola fue un pulcro y riguroso editor de la Obras completas de Gaspar Melchor de Jovellanos, del que era un gran admirador y profundo conocedor de su obra.

lunes, 11 de mayo de 2020

El rey desnudo







El rey desnudo



                             EL REY DESNUDO
                     Julio Antonio Vaquero Iglesias
La pandemia está dando lugar, sin duda, a  numerosos y sofisticados análisis del futuro que nos espera tras la desoladora y trágica huella que va dejar a su paso. Sin duda, son análisis sofisticados y pertinentes. Pero la impresión que uno tiene y cada vez que avanza  “la desescalada” más lo aprecia uno, es que el negativo que suponen esas visiones, esto es, el de que el mundo que viene debería ser lo contrario de lo que ha llegado a ser y cuyas consecuencias  las estamos sufriendo con esta pandemia que nos asola, no deja de ser más que un sueño de una noche de verano, en este caso de primavera.
 Porque, para que fuera así, el capitalismo neoliberal que nos ha traído hasta aquí con sus consecuencias negativas como la de la globalización desigual que está en la base de esta pandemia con su depredación de la naturaleza, su destrucción de la ecología, su conversión de los estados y los gobiernos no en organizaciones para construir, expandir y defender  el estado del bienestar de todos sus ciudadanos, sino para apuntalar y desarrollar la desigualdad y las diferencias, debería de modificarse sustancialmente y no parece que vaya a ser así, sino todo lo contrario.
 La pavorosa crisis económica y social que trae consigo como consecuencia la pandemia, da la impresión cada vez acentuada que, como ha ocurrido con la Gran Recesión y a diferencia en cierto modo y sólo para determinados países  de lo que ocurrió con la Gran Depresión de 1929, la van a pagar sufriendo otra vez más los de abajo y va introducir más desigualdad sobre la desigualdad ya inherente al sistema establecido con todas las consecuencias derivadas de esa situación adversa.
Ojalá que esta visión personal no sea más que una mirada pesimista sobre el futuro que se nos avecina. Pero me temo muy mucho que, dado el cariz que están tomado los acontecimientos actuales, las actitudes de determinados mandatarios como, por ejemplo, Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, Putin en la Rusia actual o el  presidente chino Xi Jinping, no dan la impresión de que  el futuro contenga indicios de tener en cuenta esta enmienda a la totalidad  que ha supuesto para el mundo actual el desencadenamiento y los efectos destructivos que ha supuesto  la actual pandemia. En realidad, casi podríamos decir que el futuro que se adivina tras la pandemia aparece  cada vez más negro  y adverso para la mayoría de la población. Es algo así como si el futuro inmediato se acercara un paso más hacia alguna de las distopías horribles que nos relatan los autores de ciencia ficción.
     Sin embargo, lo que si nos ha dejado al descubierto la pandemia es el esqueleto de las miserias de nuestro mundo como si de una radiografía exacta de  éste  se tratara, dejando al aire  y sin ropas al rey desnudo.
  Porque la globalización neoliberal ha roído pedazo a pedazo, poco a poco, los restos del estado de bienestar que todavía se resistían a desaparecer en el llamado mundo del capitalismo renano, no del anglosajón, en el que nunca existió porque  nunca se trató de introducir.
 Hemos visto  también cómo el capitalismo neoliberal había ido dejando en mantillas el sistema sanitario público al privatizar, dicho esto en el sentido étimo de la palabra, es decir, privar al común de los servicios públicos, traduciendo en negocio privado lo que realmente es un bien público.
Hemos visto también a unos gobiernos incapaces de proporcionar los instrumentos básicos sanitarios a la población, porque el neoliberalismo los había mercantilizado y los comerciantes chinos a los que la globalización  había convertido en los mercaderes de la fábrica del mundo imponer sus condiciones leoninas a los gobiernos del mundo: o había dinero en metálico o no había instrumentos y equipos  médicos para salvar vidas.
 Hemos  visto cómo al contrario de lo que decían algunos respecto de que el virus maligno no distinguía de clases sociales, ni de pobres ni de ricos ni de razas, la enfermedad se cebaba más en los pobres y minorías raciales que en los ricos y mayorías blancas, reflejando las profundas diferencias sociales que nos corroen.
  Nos ha descubierto  el virus además  cómo  las ideas neoliberales han penetrado en los intersticios de nuestra sociedad y lo que defienden algunos partidos no son  más que “ideología”  en el sentido marxiano, esto es, como falsa conciencia, como encubrimiento de la realidad bajo el ropaje de bellos ideales humanísticos para preservar  en realidad los verdaderos intereses escondidos de esta última fase del capitalismo y cuyo verdadero rostro aparece tal como es en personajes tan siniestros  como Trump, Bolsonaro, Lepen, Salvini o Abascal en España…. .
   Sí, la verdad es que la pandemia en esta ocasión  ha ido más allá: no sólo nos  ha dejado ver al rey desnudo, sino en pelotas.       

domingo, 3 de mayo de 2020

Vocabulario,comunicación y políticos en la pandemia



Pablo Casado en el baño






VOCABULARIO,  COMUNICACIÓN Y POLITICOS DE LA PANDEMIA
                  JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
 La pandemia que sufrimos nos ha traído un nuevo vocabulario. Casi podríamos decir que una neolengua como  de la que hablaba Orwel en “1984”. Términos por cierto que, en su mayoría, no responden a correctos criterios lingüísticos. Pensemos sino en la contradicción en los términos que supone “distancia social” o la ambigüedad y la connotación orweliana que implica “nueva realidad” o el anglicismo que es “desescaladamiento” que, por cierto, supone que antes hubo una escalada que es  un acto volitivo que nunca hubo porque el virus llegó, invadió y mató sin que hubiera ninguna voluntad por nuestra parte. No faltan tampoco los nuevos acrónimos como Erte (Expediente de Regularización Temporal de Empleo), que desgraciadamente nos traen referencias de las pavorosas   consecuencias sociales y económicas que está causando la pandemia que nos asola. O expresiones  de connotación tan oscura como la de “laminar el tiempo”, cuando tenemos en castellano expresiones claras para decir lo mismo.
 En cierto sentido, parece como si la distopía se hubiese hecho ya realidad entre nosotros y hubiésemos dejado sin argumentos a los autores de ciencia ficción para mucho tiempo.
 La otra  realidad que cada vez parece imponerse de manera más clara es el clamoroso fracaso de la política de comunicación del gobierno de coalición. Está claro que Pedro Sánchez, a pesar de su atractivo kennediano, no es, desde luego, un político muy dotado para la comunicación o, al menos, en esta dramática situación no está al nivel requerido. Abusa de los circunloquios, es difícil seguir el curso de su idea principal por sus continuos rodeos y, al final, no va al grano, lo que implica capacidad de síntesis y oratoria directa. Sus intervenciones deberían de ser más cortas y dejar los aspectos técnicos para que los contestasen sus  expertos y dejar a un lado ese continúo paternalismo que tiñe sus parlamentos como si los españoles fuéramos niños o personas  inmaduras. Quizás Sánchez debería fijarse más en los modelos de Macron o de Merkel en sus maneras de comunicar. Por cierto, esos expertos  no son, desde luego “presuntos expertos” como ha salido de la viperina lengua de la marquesa Cayetana Álvarez de Toledo quien, por cierto, nunca se podría equiparar aunque quisiera a los “marqueses”  de Galapagar porque ella lo es de  nacimiento, esto es, sin méritos nacidos de sus obras, mientras que, de serlo, los Iglesias,  lo serían por méritos propios de su inteligencia y de sus obras que es de donde debería salir cualquier título honorífico de reconocimiento democrático.
  Por cierto, el propio Pablo Iglesias debería, nos parece, enfocar adecuadamente su habilidad oratoria que, sin duda, hay que reconocerle para asumir lo que no parece reconocer del todo y es que ahora no está en la oposición, sino en el banco azul y es miembro importante del gobierno. Porque si un espectador no avisado no supiera esa  condición, de oír sus parlamentos pensaría sin duda que eran los de un orador de la oposición y no de un importante miembro del gobierno. Y esto debería de tenerlo en cuenta incluso en sus respuestas a Vox, aunque la verdad es que hay que reconocer que a muchos de nosotros también  nos  costaría controlarnos al escuchar cómo ese partido utiliza los muertos y los mayores para sus fines políticos.
  Sin duda, en las  situaciones difíciles y dramáticas como la que estamos atravesando es donde se descubren los verdaderos políticos, los auténticos estadistas, como fueron los casos, dicho sea solo a título de ejemplo, de Churchill en la trágica coyuntura de la Segunda Guerra Mundial o de Adolfo Suárez, en la de nuestra transición.
  En esta actual que padecemos y en nuestro país se ven pocos, por no decir ninguno, que llevarnos a los labios para mencionarlos. Aunque, eso sí, no puedan medirse todos los políticos con el mismo rasero, sin duda. No es lo mismo, desde luego, Casado mirándose en el espejo para intentar que Vox no le alcance por detrás y teniendo por delante como referente al valiente Aznar que cuando se declaró la epidemia en Madrid, salió como alma a la que persigue el diablo hacia Málaga para evitar los efectos de la pandemia, que otros que tratan con  errores de bulto, pero buenas intenciones de controlar el tsunami que nos ha caído encima y de evitar  que, como ocurrió en la Gran Recesión, la factura  la paguen los de siempre, esto es, los de abajo. A la vez que unos pocos, muy pocos, desde luego, de ambos bandos, tratan por todos los medios de ponerse delante del toro para evitar en lo posible los efectos mortíferos de su acometida como es el caso, déjenme citar solo a dos, pero seguro que, si rebuscamos saldrían otros (no muchos) como el alcalde Almeida en Madrid que ha puesto los actos por delante de las palabras o Gabilondo que busca denodadamente en la Comunidad de Madrid de aunar las sinergias necesarias de derecha e izquierda para atajar en lo posible los efectos de la tragedia en la que estamos sumidos.   
  Desde luego, los mejores de la crítica situación están siendo, sin duda, los ciudadanos y aquella parte de ellos, los profesionales, que les ha tocado la acción directa ante la pandemia y que no hay que convertirlos en héroes, sino reconocerlos como profesionales cabales que han sabido cumplir con sus deberes y su obligaciones, en muchos casos, por encima de sus responsabilidades.
 De ellos, todos nosotros tenemos, sin duda, que estar agradecidos. Y no desde luego, de  los políticos de todos los niveles institucionales (no todos, desde luego)  que ni siquiera han entendido en esta coyuntura crucial la importancia que tienen los gestos simbólicos que como los más altos magistrados públicos deberían haber adoptado. Y  no sólo no lo han hecho, sino que incluso los han rechazado, como el de reducirse sus emolumentos y dedicarlos a los más castigados por la pandemia.