martes, 6 de noviembre de 2018


 ALMUDENA GRANDES Y LA FUNDACIÓN SIERRA PAMBLEY
EDIFICIO DE LA FUNDACIÓN SIERRA PAMBLEY EN VILLABLINO






         ALMUDENA GRANDES Y LA FUNDACIÓN SIERRA           PAMBLEY
                                JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
Almudena Grandes acaba de ganar merecidamente el Premio Nacional de Narrativa por su última novela  Los pacientes del doctor García, cuarta novela de su serie "Episodios de una guerra interminable". Ficciona en ella, con la excelente documentación con que construye sus novelas, los años negros del franquismo tras la derrota republicana en el conflicto español. Son, sin duda, personajes procedentes de la ficción, pero que perfectamente podrían haber salido de la negra realidad de aquellos años de miedo y represión. El doctor García podría sin duda haber existido en la realidad y  la trama de los nazis que el franquismo ocultó y dio cobertura  para salir de España  a través de la organización de una persona real, Clara Stauffer, nazi y falangista, se fundamenta en hechos reales  y demuestra la profunda relación que existió y tuvo el régimen franquista con el nazi protegiendo y amparando en España a muchos de los militares y dirigentes nazis que lograron escapar de la persecución de las autoridades aliadas que derribaron a Hitler.
Como siempre y sobre todo en su trilogía sobre la guerra civil  Almudena traza un cuadro  sombrío pero real del primer franquismo que hace que sus novelas sean una combinación de ficción y realidad con una base de profunda realidad histórica y que nos recuerdan continuamente  que la memoria histórica sigue siendo una asignatura que nuestra democracia no ha logrado superar todavía.
  Pero quizás para muchos de los lectores de esta novela haya pasado desapercibido el homenaje que desarrolla en sus páginas a una institución educativa que  fundada por don Paco Sierra ( Francisco Fernández Blanco y Sierra Pambley) en Villablino (Laciana) que inspirada en los  principios educativos de la Institución Libre de Enseñanza  convirtió aquel valle y las comarcas próximas en una verdadera excepción en cuanto al nivel educativo de toda la provincia y de las adyacentes a través de aquella institución filantrópica creada para dar educación a los que no tenían recursos y en la que supo unir una enseñanza práctica profesional mercantil y ganadera  con una formación humana integral  de los alumnos que se convirtió en una de las iniciativas educativas más queridas por los institucionistas y en cuya fundación, puesta a punto y desarrollo colaboraron intensamente los catedráticos y puntales de la ILE don  Francisco Giner de los Ríos, Manuel Bartolomé Cossío y Gumersindo de Azcárate. Los frutos de aquella institución que comenzó a andar en 1886 y derramó instrucción y educación sobre los habitantes de aquellas comarcas hasta  que con el triunfo del franquismo en la guerra civil terminó incautada y desmantelado su primigenio espíritu.
  Almudena debió de conocer, deduzco, aquella institución y su magna obra educativa  a través del recientemente fallecido Eduardo Arroyo, el gran pintor e intelectual español, cuyo origen familiar procede de aquella comarca y del que ella como su marido fueron grandes amigos. Y esa admiración se trasluce en uno de los personajes de ficción(Manuel Arroyo Benítez, nacido en Robles de Laciana) más interesantes de su novela  formado en aquella institución y  de origen humilde que acaba convirtiéndose en un importante elemento de los cuadros de los  destacados intelectuales que apoyaron la II República como diplomático y que en la trama de la novela  trata de introducirse en la red de la Stauffen y  documentar y denunciar a la altas autoridades internacionales la existencia de aquélla para salvaguardar y pasarlos, dándoles cobertura legal, a  América latina a algunos de los nazis huidos y protegidos por Franco en España. Denuncia aquella que desgraciadamente no interesó a las autoridades internacionales porque en aquellos años, como bien apunta Almudena, la realpolitik trató de convertir a Franco y el franquismo en un bastión frente al miedo al  avance de la Unión Soviética.   
  En fin, un justo y merecido homenaje el que tributa Almudena Grandes  en las páginas de su novela a través del mencionado personaje a aquella benéfica institución que cambió la faz del valle de Laciana y sus vecinas comarcas.
( Publicado en las páginas de opinión de LA NUEVA ESPAÑA, de Oviedo)

viernes, 2 de noviembre de 2018











LIBERALISMO Y SISTEMA EDUCATIVO EN ESPAÑA
                                                          Julio  Antonio Vaquero Iglesias

¿Cuál fue el proceso legislativo que condujo  desde las referencias al sistema educativo de la Constitución de Cádiz en 1812 hasta  la Ley de Instrucción pública de Claudio Moyano en 1857 que supuso la implantación definitiva  en España de un sistema educativo basado en los principios liberales, ley  cuyo contenido fundamental, con supresiones y modificaciones y añadidos, llegaría hasta la Ley General de Educación de 1970 que supuso su derogación definitiva?
  Es el análisis de ese proceso el que se desarrolla en  el contenido de este libro (Génesis del sistema educativo liberal en España, KRK Ediciones, 2018) de la profesora titular de Historia contemporánea de la Universidad de Oviedo, Carmen García, que es una de la más profundas conocedoras del origen y desarrollo de la génesis de la  revolución liberal en Asturias y España. Esta obra es la parte introductoria de su tesis doctoral presentada en la Universidad de Oviedo con el título de El papel de la Historia  en el sistema educativo española durante el siglo XIX. El lento afianzamiento de las disciplinas históricas como saberes académicos.
Sin duda, como demuestra este libro, la implantación del sistema educativo liberal fue un proceso lento y gradual que finalmente terminó bastante alejado del modelo que había establecido la Constitución gaditana en su  título IX en el que se recogían los principios básicos  que debían de informar el sistema educativo liberal: igualdad, universalidad, uniformidad y libertad. Principios que debían de  fundamentar el desarrollo de una futura ley general de la enseñanza cuya preparación debía de realizar una Junta de Instrucción Pública. Ese fue el conocido como Informe Quintana que no pasó de la fase de proyecto, porque la reacción absolutista fernandina echó abajo ese primer  intento de crear un verdadero sistema educativo liberal, aunque, como dice la autora, ese proyecto tuvo su influencia en los posteriores como marco de referencia en la complicada historia legislativa posterior.
 Lo cierto es que, como va desgranando en su análisis Carmen García, en gran medida los principios que emanaron del texto constitucional gaditano, no llegaron a plasmarse en la realidad del sistema educativo liberal. No solo los de gratuidad y universalidad por razones propiamente materiales, pero también, sin duda, político-ideológicas (la reacción absolutista, primero y después, aunque no presentara grandes diferencias con el Progresista,  el predominio del Partido Moderado en esa primera fase del proceso revolucionario liberal, la gran influencia de los neocatólicos contrarios a todo cambio que oliese al proceso revolucionario francés en marcha y, sobre todo, la negativa de la Iglesia católica a perder en lo  más mínimo el control que venía ejerciendo sobre el sistema educativo de la etapa absolutista…). Como tampoco el principio de la libertad,  dado que, a pesar de las limitaciones que se establecieron en ciertos aspectos a la injerencia de la Iglesia en la enseñanza, la Ley Moyano, por ejemplo, frente al tono más secularizador del plan   Pidal de 1845 del Partido Moderado  y el proyecto progresista  de Alonso Martínez de 1855, mantuvo el derecho de inspección de la Iglesia  limitando la libertad de  cátedra. Lo que explica la polémica de los “textos vivos”, esto es, la crítica a los profesores que defendían en sus cátedras ideas y doctrinas “heterodoxas”. Crítica que culminó  en la denominada “primera cuestión universitaria” que terminó con la expulsión de algunos profesores demócratas y krausistas de la Universidad de Madrid como fueron los casos de Castelar y Sanz del Río.
Si bien es cierto que el nuevo sistema educativo que terminó estableciendo  la ley  Moyano supuso una nueva estructura que ha llegado hasta hoy con  la división del mismo en los tres niveles;  educción primaria, secundaria y universitaria, además de un profundo cambio en el nivel universitario, al menos teóricamente, en cuanto a disciplinas y contenidos curriculares en relación con los que se desarrollaban en la  universidad de Antiguo Régimen. Pero quizás lo más novedoso fue la introducción del segundo nivel claramente destinado a la instrucción de las nuevas clases medias, de tamaño e importancia reducida en nuestro país, que  originaron la aparición de una nuevo tipo  de centro donde impartirla como los institutos y una nueva clase de profesorado para llevarla a cabo. Como también lo es que los principios de uniformidad y centralismo del nuevo sistema educativo, siguiendo el modelo del sistema educativo francés, se establecieron, por lo menos sobre el papel de la ley, con gran rigor y meticulosidad. Algunos de los casos que analiza nuestra profesora de esa regulación minuciosa tanto de las actividades de los profesores y alumnos son verdaderamente llamativos.
  Sin duda, a pesar del tiempo trascurrido desde la presentación de este texto en nuestra universidad como estudio introductorio de la correspondiente tesis doctoral y la abundante bibliografía posterior sobre el asunto, el contenido de este libro sigue teniendo vigencia e  interés y sólo podemos lamentar que no  haya visto la luz antes. Y a la vez nos demuestra que las  tesis doctorales de circunstancias y baja calidad, como esa en la que usted está pensando, “aunque haber, haylas”, no son la “mercancía” habitual en nuestra universidad.    

( PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA Nuevas ESPAÑA, DE OVIIEDO)               


domingo, 28 de octubre de 2018




                             CASADO Y LA HISPANIDAD
                       Julio Antonio Vaquero Iglesias
Lo cierto y verdad es que me había prometido que no volvería a escribir ningún artículo más criticando a los  dirigentes políticos del PP. Pero me lo están poniendo muy difícil. Las declaraciones de Pablo Casado el pasado domingo al iniciar la campaña de las elecciones andaluzas están tan fuera de lugar y suponen un desconocimiento tan profundo de la Historia y llevan una carga ideológica tan burda que uno no puede dejar de  hacer referencia a ellas ya no para comentarlas, sino para tratar de comprenderlas y saber a cuento de qué vienen tales barbaridades, es decir, a  qué parroquia electoral van dirigidas o a quién  quiere atraer con ellas.
Porque me parece imposible que, a pesar de los caminos tortuosos por los cuales  el presidente del PP aprobó sus másteres y consiguió la convalidación masiva de sus asignaturas, haya dicho las barbaridades que ha soltado creyéndoselas él mismo  o dejándoselas endosar por el negro que le escriba sus intervenciones. Sería aceptar que este señor no tiene la talla cultural mínima que se le supone que debe de tener alguien que puede llegar a ser presidente de nuestro país.
  ¿Se trata de una estrategia para uncir a su carro electoral a ese sector de la ultraderecha que comienza a tomar cuerpo y que predica un nacionalismo patriotero acrítico que considera, como Rajoy que la nación española es la más antigua de Europa o  que la entienden como una realidad metafísica, eterna, como una unidad de destino en lo universal a la que el descubrimiento y colonización de la América hispana le correspondió como misión divina para sacar a los indios de su paganismo?  Si es así uno lo puede entender, pero, desde luego, no aceptar, porque sería, por decirlo suavemente, alimentar ideas y valores de los que no se participa por razones únicamente instrumentales y difundir ideas e interpretaciones que no se sostienen y que difícilmente, creo, los sectores ilustrados y conscientes del PP podrán aceptar.
  Desde luego, la otra alternativa es mucho peor. Si realmente se cree Casado de verdad las afirmaciones que ha difundido en su intervención demuestra una ignorancia y una falta de madurez intelectual tal  que clama al cielo. Ni siquiera, creo, algunos de los historiadores de la  ultraderecha podrían validarlas (aunque me temo que muchos sí). Que el hecho más importante de la historia universal sea el de la Hispanidad, como ha dicho, no sólo es un despropósito histórico, sino que es una afirmación que lleva implícita una valoración y una carga ideológica que la invalida como un hecho histórico objetivo. Quizás sólo en las más laudatorias alabanzas de la Hispanidad en la etapa del franquismo no como afirmación histórica, sino como elemento de propaganda, se  haya llegado a decir tal cosa.
       Lo que, en realidad, podría esperarse en este último caso, esto es, si las afirmaciones de Casado no son meramente instrumentales, esto es, utilizadas como gancho electoral para atraer a su redil político esa extrema derecha que aparece en  el horizonte, y se las cree de verdad, es que, al menos, fuera coherente con la propia ideología liberal que dice seguir. Porque lo coherente con tal ideología sería su adhesión a un nacionalismo democrático que no deja de ser una ideología respetable y de gran tradición en el liberalismo español de la primera mitad del siglo XX, para el que la acción colonial española en América, lo que Casado nombra con el término cargado de ideología franquista de Hispanidad, siempre fue valorada con un saldo positivo reconociendo las sombras que también se proyectaron en esa labor colonizadora. Le recomiendo al líder del PP que lea a Rafael Altamira que fue el intelectual liberal institucionista que mejor desarrolló esa visión de la acción española en América.
 En fin, el colofón de sus declaraciones haciendo referencia  a la intervención de la iniciativa privada en la empresa americana no es sino un anacronismo fuera de lugar para hacer mención, deduzco, de los  prestamistas a los que acudió la reina Isabel para financiar el viaje colombino, que sus buenos dineros sacarían con sus préstamos siempre al nivel de la usura. O a los contratos de la Corona con los conquistadores
  La verdad es que parece difícil decir tantas barbaridades en tan pocas palabras. Le recomiendo al líder del PP  que para no caer en tales simplezas, cualquiera que sea su finalidad, se matricule en un máster  sobre la Historia de la América hispana. Eso sí, procurando elegir con sumo cuidado la institución académica que lo imparta.   
(Publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)

lunes, 24 de septiembre de 2018


                  










     LAS NEGACIONES DE AZNAR
                                                    JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
¿Alguien  podría pensar conociendo al personaje  que el señor Aznar iba a pedir perdón en la Comisión de investigación sobre su posible responsabilidad en  la trama de corrupción de su partido que la verdad judicial ha establecido como cierta y que se inició  bajo su presidencia? La trayectoria política del ex presidente del Gobierno español era la mejor prueba de que lo habitual de este señor es lo de “sostenella y no enmendalla”. Incluso hoy, con los culpables enjuiciados y en la cárcel, parece que sigue manteniendo lo que en su día no fue más que un intento de seguir en el gobierno ante las inminentes elecciones que iban realizarse después del terrorífico atentando de Atocha: que la autoría del mismo, defendía, había sido obra de  ETA y bajo la cual latía incluso por algunos de sus acólitos la insinuación de que con la colaboración, aunque sólo fuese pasiva e indirecta, de algunos sectores policiales afectos al PSOE.
La otra negación, y ésta sí que la continúa manteniendo abiertamente hasta hoy a pesar de los hechos y de que los otros responsables de aquel desaguisado militar ya lo han admitido y pedido el perdón consecuente. es la de su responsabilidad en la invasión de Irak. Todavía uno recuerda , cuando  la patraña de las amas de destrucción masiva ya era evidente y la opinión pública española se pronunciaba en las calles contra aquella guerra imperialista y él aparecía como un gran estadista, aunque no era sino  un  mero comparsa ( por no utilizar otro término más duro) de Bush y Blair, su aparición en las pantallas de la televisión estatal dirigiéndose a los españoles e insistía en mantener  lo que ya era inaceptable: que  Saddan Hussein escondía “armas de destrucción masiva” que podían poner en peligro la supervivencia de Oriente Medio y hasta del mundo.  
   Dados esos dos antecedentes lo esperable era, como así ocurrió, que  esta ocasión fuera la de  su gran tercera negación. Él no sabía nada de tal corrupción ni de la doble contabilidad de su partido ni de los sobresueldos y que  en realidad los casos de corrupción en su mandato eran limitados a dos municipios de Madrid y obra de unos golfos  desaprensivos de su partido. Que no se habían puesto, dijo, como establece  la sentencia, durante su mandato las bases de una corrupción sistémica que en  cierta medida, esto lo digo yo, ponen en cuarentena la limpieza  y la validez de las elecciones ganadas por el PP hasta hoy.  Desde luego, como apuntó con perspicacia el representante del PNV en la mencionada comisión, Aznar ha sido un verdadero maestro avant la lettre en el manejo de la posverdad, ese cáncer que corroe hoy la opinión publica de las democracias y que tan bien maneja otro político tan histriónico como él que es el señor Trump.
Por lo demás, sus contestaciones a los  miembros de la Comisión no fueron otra cosa que poner a circular el ventilador para atacar a los diputados interrogadores y a sus respectivos partidos y hablar de lo divino y de lo humano y de sus opiniones políticas como demostración – para él y los suyos, claro-  de su “gran talla de estadista”. Todo ello envuelto en el lenguaje oral y corporal agresivo, petulante y agrio al que el señor Aznar ya nos tiene acostumbrados.
   Si conociendo al personaje y su trayectoria ya sabíamos cuál  iba a ser su actitud y respuesta y habiendo como había ya una verdad judicial establecida, ¿tenía sentido esta Comisión? Creo que para muchos ciudadanos, entre los que me encuentro, si fue oportuna y hasta necesaria y clarificadora. Muchos de nosotros, ante el lodazal  de la corrupción sin fin que anegaba nuestro país, también la procedente de las filas del PSOE y otros partidos, también, pero  sobre todo, la del partido en el poder por el  carácter sistémico que presentaba y que la citada sentencia judicial establece, siempre hemos creído que los gobiernos del señor Aznar y él como máximo responsable se estaban librando del peso de su responsabilidad en esa corrupción cuando realmente había sido él y los suyos  los auténticos fautores de ese sistema. El señor Aznar y los suyos se estaban yendo de rositas dejando toda la mierda (nunca como en este caso ha habido mejor identificación  entre  metáfora y realidad), para Rajoy y su equipo cuando realmente  éstos  habían sido sus continuadores, pero no sus  verdaderos constructores.
 Aunque sólo fuera  en honor de la justicia y la verdad  era necesario dejar claro ese origen. Pero, además,  el  resultado de la citada Comisión ha sido clarificador en otro sentido. El apoyo entusiástico del señor Casado y los suyos a la intervención del señor Aznar en la misma nos abre aún más los ojos sobre la orientación política de la nueva dirección del PP, si es que alguien todavía los tenía vendados a pesar de hechos como la posición que han mantenido en la Unión Europea acerca de la condena de  la actitud ultraderechista del dirigente húngaro Orbán, amén de otras muchas declaraciones y actuaciones que Casado y los suyos defienden. Me refiero, claro es, al avance hacia las posiciones de extrema derecha del actual partido conservador español. Porque, a pesar de la pátina liberal con que adorna sus palabras, no sus actos, el señor Aznar no deja de ser un político de la derecha pura y dura. 
                                     
(PUBLICADO EN LAS PÁGINAS DE OPINIÓN DE "LA NUEVA ESPAÑA", DE OVIEDO

domingo, 23 de septiembre de 2018


UNA DISTOPIA CON SOLUCIONES
                       JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
  









 El historiador israelí  Yuval Noah Harari se ha convertido con sus dos obras anteriores  Homo Sapiens y Homo Deus  en un verdadero fenómeno editorial. Decenas de miles de libros vendidos de esos dos ensayos citados, leído y  alabado por los grandes líderes mundiales como Obama y Zuckerberg, el fundador de Facebook, publica ahora su tercer libro que en cierta medida es una continuación de los dos anteriores: si Homo Sapiens era un brillante análisis del pasado de nuestra especie y Homo Deus, del futuro de la misma,  21 lecciones sobre el siglo XXI, no es sino un profundo y bien argumentado  recorrido por los graves  problemas y amenazas que para la humanidad puede suponer la evolución del siglo XXI.
 Aparte de la brillantez de su escritura y la profundidad de sus conocimientos que demuestran sus páginas, Harari no limita su análisis a una visión distópica  de nuestro siglo, sino que también nos  propone remedidos y soluciones para los graves problemas que avizora a partir de las tendencias actuales  por las que discurren  la tecnología, la evolución política, los problemas ecológicos, las corrientes migratorias, la guerra nuclear, el terrorismo y la posverdad. En cierto modo, nos presenta un panorama amenazador si no somos capaces de ponerle los remedios adecuados de modo urgente, porque todas esas amenazas ya están ahí abriéndose paso en los próximos decenios de este siglo y en el futuro próximo. Estamos, pues, ante una distopía fundamentada en la realidad actual que Harari analiza con brillantez a la vez que reflexiona sobre cómo debería actuar la humanidad para impedir el  desarrollo de esos graves problemas humanos que pueden llevarnos al fin de la vida humana o a una sociedad  profundamente desigualitaria como no la hubo nunca en la historia de Homo sapiens, porque  no sólo puede llegar a ser económico-social, sino incluso biológica.
   La combinación de los avances en tecnología informativa y en  la biotecnología concede a los humanos un potencial revolucionario para cambiar la vida de Homo  Sapiens y esto puede ser para bien o para mal según se utilice Si no adoptamos medidas inmediatas y dejamos esos poderes al albur del mercado  podemos terminar en una dictadura digital en la que no solo la mayoría de los  humanos  serían una masa de desocupados, sino que incluso  ese sector mayoritario  pasaría a ser una población irrelevante dirigida por una  pequeña élite de humanos que, incluso, al ser los únicos que  estarían en condiciones pagarse los avances de la biotecnología podrían incluso conformar una minoría biológicamente diferente de la mayoría de la población.
  Dado ese potencial peligro que nos amenaza ya en las próximas décadas y en el futuro inmediato se hace  cada vez más necesario tratar de controlar el flujo de macrodatos que no pueden ser considerados como mera  propiedad privada, sino  como un bien común que debe estar bajo el control  de toda la humanidad.  Pero, como señala Harari, la situación política que vivimos en la actualidad con la profunda crisis que padece el liberalismo como ideología y sistema político y el auge cada vez mayor de los nacionalismos, las dificultades para ejercer ese control no sólo se hacen difíciles, sino que la  tendencia  de éstos a mirarse únicamente su ombligo, bloquea la posibilidad de tomar medidas globales que no exigen para el autor tender hacia la constitución de gobierno mundial sino desarrollar una conciencia global entre los ciudadanos del mundo y hacia ese fin  está dirigido el contenido de su libro.
La parte final del libro deriva hacia la búsqueda  de una propuesta de resiliencia para que el  hombre actual que tenga sufrir todas esas contradicciones que le amenazan pueda resistirlas y encontrar su sentido de la vida. Y Harari ( al modo de Aldous Huxley, el creador r de la más brillante distopía que conozco,  Un mundo feliz, y que  es también un autor de culto para  Harari), se refugia en la meditación, en la técnica del Vipassana.
 Quizás haya que echar en falta en el contenido del libro referencias más amplias y determinantes para tratar de poner límites a  ese posible futuro negativo, a la necesidad de corregir la  probable tendencia evolutiva del capitalismo globalizado que está, sin duda, en la base y el origen de todos esos peligros que se analizan en sus páginas como son los casos  del problema ecológico, la guerra nuclear, el terrorismo, la inmigración, la crisis del liberalismo. Porque el funcionamiento normativo de aquél  tiende a engendrar y acentuar   las crisis sistémicas que jalonan su evolución, como acabamos de constatar y padecer con la Gran Recesión. Y  por otra parte también el texto, por lo demás bien escrito y sugerente, peca, a mi entender, de una excesiva acumulación de ejemplos que si bien son ilustrativos  y de gran interés, a veces, como los árboles, no dejan ver el bosque.  
    Estamos, sin duda, ante un ensayo brillante que tenemos la impresión de que va a alcanzar, sin duda, también un gran éxito entre los lectores, aunque, a mi humilde entender, la obra no llegue al nivel que tuvieron  sus dos libros anteriores.
( Publicado en el suplemento cultural de La Nueva España, de Oviedo)

sábado, 15 de septiembre de 2018

HACER DE LA NECESIDAD, VIRTUD




Portada de ka tessis de Pedro Sánchzez


HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD
                           JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
 Sin duda es de alabar la dimisión de la ministra de Sanidad, señora Montón por los problemas derivados de su máster de la Universidad Rey Juan Carlos. No solo la constatación final del plagio en gran escala que desarrollaba en su trabajo final de máster, sino las irregularidades constatadas anteriormente en su expediente exigían esa dimisión.  No es de recibo, pues, ese intento del gobierno Sánchez de hacer pasar por virtud lo que no fue sino una necesidad política para quien ha llegado al gobierno ni más ni menos que como consecuencia del descontento generalizado de políticos y opinión pública  por el olor putrefacto que despedían las sentinas del PP. 
Al contrario, a pesar del buen comienzo de la labor política de la ministra dimisionaria cuyas primeras medidas trataban de remediar  algunas de las injustas decisiones  que durante la crisis había tomado el gobierno de Rajoy en cuestiones de derechos sanitarios de los españoles y de los inmigrantes, el que su máster no respondiese a las más elementales normas de equidad con respecto a los demás alumnos debería de haber sido más que suficiente para que la ex ministra no se hubiese resistido a pedir de inmediato por propia voluntad  su dimisión  o que el propio  Pedro Sánchez se la hubiese demandado.
Tratar ahora de hacer de la necesidad virtud desmerece en gran medida la decisión tardía y hasta cierto punto resistida de la ministra dimisionaria y   el potencial que la misma hubiese tenido de ser inmediata y voluntaria para pedir responsabilidades políticas al actual líder del PP Pablo Casado por las presuntas irregularidades que pudiera haberse dado en el suyo. 
   Porque, como todos los másteres impartidos y aprobados por el Instituto- chiringuito del señor Álvarez Conde a políticos en tiempo de merecer, el del señor Casado huele también mal y el hecho de que tampoco el suyo haya pasado por  la prueba del algodón de enseñar el contenido del trabajo final hace pensar mal a muchos. Más allá de la peregrina argumentación del dirigente del PP, el señor Maroto, que mantiene  que Casado  como cualquier español corriente no tiene por qué hacerlo porque en tal caso sería inmiscuirse en su ámbito privado. Sin duda, un español corriente no, pero un dirigente político cuya credibilidad  está puesta en juego debería hacerlo aunque sólo fuese para la tranquilidad de sus propios seguidores. Como también debería hacerlo el propio presidente Sánchez con su tesis doctoral puesta también en entredicho ahora al calor de los problemas habidos con los másteres.
 Todos  estos episodios sobre los discutidos másteres de políticos del citado instituto de la  Universidad  Rey Juan Carlos  que ya han causado la dimisión de una presidenta de Comunidad, el de una ministra y está poniendo en aprietos al líder del principal partido de la oposición, nos obligan a los ciudadanos a hacernos  muchas preguntas. ¿Cómo es posible que los servicios de inspección de una universidad pública no tuviesen bajo control tales desmanes que suponían no sólo irregularidades de bulto sobre las actividades de tal instituto que funcionaba, visto lo visto, como  un expendedor de títulos vacíos de contenido académico para una determinada élite política? ¿Qué obtenían o que esperaban obtener a cambio?  ¿Es posible que pueda existir tal descontrol en los títulos de máster de otras universidades públicas españolas? ¿Y en las privadas? ¿Tales títulos se han convertido o se están convirtiendo en algunas universidades únicamente en un negocio como presuntamente ocurría  en el caso del citado instituto de  la universidad Rey  Juan Carlos (en la que, por cierto, sus autoridades ya debían estar alerta, porque ya se había denunciado un caso de plagio en una publicación atribuido  nada menos que a su ex rector, el señor Suárez), negocio  no sólo de ingresos monetarios sino también de mercadeo de influencias?
    Poner fin a episodios como éstos y controlar la limpieza, idoneidad y equidad de los estudios universitarios debe ser, visto lo visto, una de las principales y inexcusable tareas de muestras autoridades académicas y esto debe hacerse en un contexto en el que sus actividades pasen también  por  un control público y democrático de los representantes de la ciudadanía que haya en sus órganos directivos. Será, sin duda, la única manera de que desaparezcan las dudas e intranquilidad que estos casos están causando entre  los  ciudadanos.   
(Publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)

lunes, 10 de septiembre de 2018







 UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE ESPAÑA DIFERENTE
                                Julio Antonio Vaquero iglesias
Coordinada por  dos prestigiosos catedráticos de Historia contemporánea de España, José Álvarez Junco y  Adrián Schubert, el primero, nuestro gran especialista en la historia del nacionalismo español y el segundo, catedrático de la Universidad de Toronto, hispanista y profundo conocedor de nuestra historia contemporánea (es autor entre otros,  de un excelente estudio sobre la Revolución del 34 en Asturias), Nueva historia de la España contemporánea (1808-2018) es una historia con una estructura diferente de la que es habitual en un ensayo de esta clase y es preciso decir ya en primer lugar que es ese rasgo el que define los valores positivos que  aporta su texto.
 El libro está dividido en tres ejes estructurales diferenciados: el primero desarrolla en siete capítulos la historia de España desde la guerra de la independencia hasta  el momento actual. El segundo eje lo componen  trece capítulos temáticos que tratan con mayor profundidad y detalle los diferentes aspectos internos de ese desarrollo histórico analizando desde las relaciones de género, modos de vida, imperio y colonias, cultura, intelectuales, movimientos sociales, la religión, migraciones, Estado, la guerra y militares y las políticas de la memoria. Esto es, desde los tradicionales temas tratados por nuestros contemporaneístas hasta  los más recientes y novedosos.
 Y finalmente al calor de la revalorización de la biografía  como género historiográfico y buscando dar entrada en el análisis  a la dimensión propiamente humana, el tercer eje estructural que desarrolla el libro es el de las biografías. Son quince biografías  de algunos de los más importantes y significativos políticos, artistas e intelectuales  de nuestra historia contemporánea: desde Fernando VII a Adolfo Suárez pasando por Azaña, Francisco Franco y otros varios; desde Emilia Pardo Bazán a Manuel de Falla pasando por Ortega y Gasset y otros.
 Los 36 autores son, como es obvio, especialistas en los diferentes campos  históricos  que tratan en el libro y proceden de ocho países distintos; Alemania, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, Israel, Italia y Reino Unido y  no se adscriben a ninguna escuela historiográfica concreta, ni comparten la misma orientación política. Entre ellos, encontramos  historiadores sobradamente conocidos por los lectores habituales  de la  historia contemporánea de España como Javier Moreno Luzón, Nigel Townson, Xosé M. Nuñez Seixas, Santos Juliá, Paloma Aguilar Fernández, por citar sólo a algunos.
Si como decíamos los mencionados autores no pertenecen a ninguna escuela o tendencia historiográfica común, en cambio sí se puede establecer como nexo  de todos ellos el que participan  del paradigma historiográfico  que parte del principio de que nuestra historia contemporánea, como toda nuestra historia, no ha sido peculiar y diferente  a la del resto de la de los estados europeos, como mantuvieron desde finales del siglo XIX una buena parte de sus historiadores. Esto es, la historia de España no ha sido una anomalía respecto al discurrir histórico del de  los países europeos, aunque como es comprensible, ese discurrir histórico, como en cada uno de ellos, haya tenido sin duda sus peculiaridades y rasgos específicos
 Como es habitual en esta clase de historias de autoría colectiva los resultados en este caso también son desiguales, pero sí es preciso reconocer que  este caso el conjunto puede considerarse como de un nivel más que aceptable e, incluso, algunos de los capítulos sobre el desarrollo histórico o en los biográficos, pero sobre todo, en los temáticos son de gran interés y valor. Así podríamos destacar el de Nuñez Seixas sobre los nacionalismos, una excelente síntesis de gran claridad y  actualización digna de destacarse; o el de Paloma Aguilar sobre el novedoso  tema de las políticas de la memoria de gran actualidad en el que se propone con razón la interpretación no beatífica de la Transición a la que nos tienen acostumbrados muchos de sus historiadores y políticos en activo, vinculada a una ascendente demanda, de justicia y reparación para las víctimas del franquismo y que casa mal con nuestra realidad actual. O el de Santos Juliá sobre los intelectuales basada en aquel su excelente libro Nosotros, los abajo firmantes  (2014), por citar algunos de los que presentan  mejor factura, en mi humilde opinión.
 Como también es de destacar la clarificadora introducción de los coordinadores, José  Álvarez Junco y Adrian Schubert, que no sólo realizan una  actual y significativa síntesis de la evolución  histórica de  España desde 1808 hasta hoy, sino que desarrollan además un breve pero sustancioso análisis de la evolución de la historiografía sobre nuestra historia contemporánea.
    Es cierto que esta Nueva Historia de España contemporánea    no es una obra  original sino que se basa  en la  Spanish  History Since 1808, publicada ya en 2000 por Oxford University Press que fue reeditada por Bloomsbury  en 2016. Pero ésta nueva  versión está   ampliada y adaptada al actual contexto histórico español muy diferente del que existía en el momento de su versión original, sino a la coyuntura histórica  crítica por la que pasa hoy España. Lo que unido a su estructura no convencional la convierte  no sólo en una historia   diferente, sino plenamente actualizada.  

jueves, 30 de agosto de 2018


                 







        NUESTRA DEUDA CON JOSEP FONTANA
                                       JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
 A los 86 años un cáncer se nos  ha llevado al que ha sido desde los años cincuenta uno de los más destacados historiadores españoles y europeos Josep Fontana Lázaro. En cierta medida, todos los historiadores y estudiantes de Historia españoles somos deudores de la importante y polifacética obra historiográfica desarrollada por Fontana.
 Discípulo de los grandes  historiadores catalanes Ferrán Soldevila, Vicens Vives y del historiador marxista francés Pierre Vilar, Fontana ha llevado a cabo una impresionante labor como investigador, divulgador y difusor en España  como editor de las obras historiográficas más modernas y valiosas  que se publicaban  en Europa y América.
 Catedrático de Historia Económica sucesivamente de las universidades de Valencia y Autónoma de Barcelona, su especialidad como investigador fueron sus brillantes y sólidos   análisis de la transición del Antiguo Régimen al capitalismo liberal en España desde el punto de vista económico y político ( ése fue el objeto de su tesis doctoral que después ( 1970) se publicó en la editorial Ariel como  La quiebra de la Monarquía absoluta,1814-1820). Libro que se convirtió en un clásico de la historia contemporánea de España. Estudio al que siguieron otras muchas y valiosas obras sobre la formación del mercado peninsular, las revoluciones de   1820 y 1868 en España y las relaciones entre las finanzas públicas y el desarrollo económico español.
 Pero los centros de interés de sus investigaciones históricas fueron a lo largo de su carrera profesional más variados. Fontana fue un profundo conocedor de la evolución de las teorías historiográficas más novedosas  en el mundo y su difusor en nuestro país. A través de sus obras sobre  ese tema los historiadores y profesores de historia pudimos conocer las más modernas y progresistas corrientes historiográficas además de los autores que las representaban y difundían. A través de sis análisis conocimos  la obra de los marxistas británicos (Hosbawm, Thompson, Rudé…) y los fundamentos e implicaciones de las corrientes historiográficas más actuales. La historia después del fin de Historia. Reflexiones y elementos para una guía de las corrientes actuales (1992) es en ese sentido una de sus obras más significativa y valiosa.
   De la misma manera, Fontana nos ha dejado importantes reflexiones sobre su manera de entender la ciencia histórica. Como buen discípulo de Pierre Vilar mantuvo siempre una concepción de la historia como ciencia social basada en el aparato conceptual marxiano, Ciencia   que debía servirnos para entender el presente y contribuir a proporcionarnos los instrumentos para transformarlo en beneficio de toda la Humanidad.  Esto es; todo lo contrario del positivismo ramplón que todavía se resistía a desaparecer en la historia española de la segunda mitad del siglo XX. Esa concepción explica en gran manera su manera concreta de escribir la historia: análisis fundamentados en una gran masa de documentación de la que extraía interpretaciones sugerentes que expresaba con una gran claridad y brillantez y profundamente fundamentados teórica y bibliográficamente.
  Pero su producción fue todavía más allá. En su última etapa  Fontana publicó unos  profundos análisis  de la historia mundial y europea que tuvieron por su gran calidad una gran difusión dentro y fuera de España y le convirtieron en uno de los historiadores más apreciados y conocidos a nivel mundial. Basta recordar su penúltima gran obra   Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945 (2011) un brillante fresco, por documentadísimo y por la  profundidad de su análisis, de la historia mundial desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. O la última, El siglo de la revolución, un libro en el que hace un brillante y significativo  análisis del acontecer mundial y las implicaciones que en él tuvo la revolución soviética de 1917.
  Por si todo lo anterior no fuera suficiente, en el haber de la obra de Fontana hay que mencionar, sin duda, su labor de difusión de las obras historiográficas más importantes publicadas en el mundo para el mercado español  a través de su labor como editor, primero, en Ariel y después en Crítica. Sus conocimientos bibliográficos eran apabullantes. Era hijo de un librero de viejo y leía todo lo que se publicaba en el mundo sobre historiografía. Su biblioteca llegó a contar con decenas de miles de libros y al contrario de lo que habitualmente sucede los había leído todos  Además fue también importante su  labor como divulgador del conocimiento histórico a través de su labor didáctica entre los profesores de Historia de instituto y entre el público en general. Siempre consideró la divulgación histórica como una labor importante propia del historiador, lo que estaba, sin duda, en consonancia con su concepción de la utilidad social del saber histórico,
    Antifranquista y nacionalista catalán convencido, adscripciones que para él nunca fueron incompatibles, Fontana fue expulsado de la Universidad por Franco por su participación en la creación del Sindicato Democrático de Estudiantes de Barcelona en la conocida como “capuchinada” de Sarriá. Militó en el PSUC pero siempre mantuvo una posición partidaria crítica y propia.
   Tras su muerte, comienza, sin duda, una etapa de análisis crítico y en profundidad de una obra de la que, sin duda, somos deudores todos los historiadores españoles.

(Publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)
       

martes, 21 de agosto de 2018






SIN PERDÓN
                    Julio Antonio  Vaquero  Iglesias
Las declaraciones del ex portavoz del PP,  Rafael Hernando en una reciente entrevista con motivo de su relevo como portavoz  de su  Grupo parlamentario reconociendo algunos de sus errores durante sus intervenciones como tal ( una de las más insolentes e injustas la de acusar a las víctimas de la dictadura franquista  de tratar de recuperar sus restos por razones venales ) nos plantea la cuestión de si en el ejercicio de la actividad parlamentaria  vale todo para los políticos: la mentira, el insulto, la grosería, las amenazas e, incluso, el llegar a las manos como incurrió el tal Hernando con el líder del partido socialista Rubalcaba. 
A pesar de lo que pasa en otros Parlamentos como el británico que siempre se pone de contraejemplo, no es de recibo en ningún caso tal   actitud. Se pueden mantener las posturas más duras y firmes con las formas debidas sin perder por eso ninguna clase de fuerza oratoria ni capacidad de denuncia. Y es que, como ocurre en el  caso de la Monarquía parlamentaria cuya función principal es ser símbolo del Estado y por tanto una de sus funciones esenciales es  el comportamiento social y privado correcto de sus miembros, el Parlamento debe de ser también  un lugar simbólico que exprese la esencia de la democracia :  la lucha a brazo partido entre los partidos por defender y sacar adelante sus  propuestas e intereses partidistas, pero renunciando a la violencia fáctica,  incluso, sin que ésta llegue a manifestarse ni siquiera en el plano  dialéctico
  Por eso nombrar como hizo el PP anterior a un  ¿político? como el que pide hoy perdón por algunas de sus despreciables apreciaciones y ataques ad hominem, qué casualidad ahora precisamente cuando es relevado de sus cargo por el cambio político en su partido, es la expresión del escaso talante democrático que tuvo el PP de Rajoy y de su concepción de la política como mero espectáculo que no tiene nada que ver en la realidad con los verdadero intereses que se mueven detrás del escenario.
Pero también  esa  actitud del  mencionado portavoz pepero es muestra del talante  grosero, de mala baba, con la amenaza y el insulto  en la boca como argumento  que adoptó durante su portavocía.  ¿Se puede fingir tanto si realmente no se es así por naturaleza, a pesar de su actitud condescendiente, de doble cara, en su supuesto y aparente  papel de doctor Jenkin y mister Hyde, duro en la tribuna oratoria, pero amigable en el plano personal con los parlamentarios de los otros partidos como se dice de la actitud que mantenía el que hoy pide perdón como, pelillos a la mar, si no hubiera pasado nada?
La demostración más clara de que ese es su talante natural son sus últimas declaraciones, que, por cierto nos han provocado a muchos vómitos, cuando el susodicho ya no es portavoz parlamentario, de que el destino de esa última expedición del “Aquarius” debía de ser un puerto de Libia, esto es, devolver al horror y  la miseria y  los abusos a esos160 refugiados (no inmigrantes) que buscan su salvación en Europa. Evidentemente, esa declaración ya  no era parte de su papel de portavoz, sino que salía de sus propias entrañas.
 No es extraño que muchos entre los que me encuentro ( ya sé que a él le importará tres pepinos)  no aceptemos sus excusas y no le concedamos el perdón que solicita de los familiares de las víctimas de la dictadura franquista, aquellas que, según él, sólo les movían para pedir la recuperación de los restos de  sus desaparecidos sus intereses crematísticos. ¡Menudo personaje!.
( Publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)


miércoles, 1 de agosto de 2018









EL SALVINI  ESPAÑOL
                                                          JULIO ANTONIO VAQUERO

Ya tardaba mucho, pero se le veía venir. Las recientes declaraciones de Pablo Casado sobre el problema migratorio en España, lo dejan claro. Que Casado tras la senda de su maestro y antiguo jefe Aznar toma la deriva de la extrema derecha que ellos denominan, qué sarcasmo, liberal. De ganar las elecciones esta nueva derecha que hace buena la línea pragmática, quién lo iba decir, de Mariano Rajoy es fácil pensar, tras las esas mencionadas declaraciones, que el “joven viejo” Casado impondría una política migratoria en la línea de la extrema derecha italiana que lidera Salvini:  terminante negativa a aceptar en suelo español de ningún migrante lo que supondría la vuelta a las expulsiones en caliente que implantó, recuerdan, Aznar, cómo no, (ojalá que los socialistas no caigan en la tentación de  esa política que ya han practicado estos días) y la política de tolerancia cero con los migrantes sin aceptar ninguna política común implantada por la Unión europea para tratar de repartir el problema del reparto de los cupos de los inmigrantes.
 Ni recibir ni dejar entrar a ninguno de esos desgraciados que buscan huir del infierno de la guerra y el hambre al que los hemos arrojado  los países desarrollados. Ahora, eso sí, el Salvini español deja claro que lo que se debe es regular su entrada en nuestra país para la recolección agraria y otros trabajos necesarios de temporeros. Claro es la explotación de los migrantes no debe ser desaprovechada, pero el apoyo y la ayuda desinteresada negada terminante. Sin duda, los rasgos de la ideología neoliberal se combinan en su pensamiento con los de la ultraderechista. Ni más ni menos que el  paralelismo  es claro  con el mencionado Salvini en Italia. Ni una sola palabra sobre la adopción de medidas conjuntas de la Unión europea para tratar de canalizar de manera coherente y aceptable  el flujo migratorio hacia Europa. Pero, claro, tampoco ninguna alusión a la necesaria y justa, de justicia porque así lo determinan los derechos humanos reconocidos en nuestro país y que son, además, el soporte ideológico de toda la construcción europea, represión y combate de los traficantes de carne humana que se lucran con este tráfico, como los armadores de los barcos  negreros lo hicieron en siglos anteriores con el tráfico de esclavos. Sólo recibir a los que necesitemos para nuestras necesidades de mano de obra que todos sabemos que es una mano de obra que esta sobreexplotada y que trabaja  y vive en condiciones infrahumanas  en el  sur y sureste de España y si no basta con darse una vuelta por sus zonas rurales.  La lógica de sus palabras está meridianamente clara. Migrantes que nos causen problemas y gastos, no. Migrantes que puedan ser explotados por nuestros (los de ellos) clientes políticos propietarios de las grandes explotaciones agrarias del sur, sí.   
 El Salivini español debe saber, y si no, pobres de nosotros, qué dios nos coja confesados si algún día llega al poder, que la situación actual no es consecuencia del “efecto llamada” propiciado por la actitud justa y loable del nuevo gobierno socialista hacia los migrantes que vagaban sin rumbo por el Mediterráneo porque la Italia de la ultraderecha les negaba el cobijo, permitiéndoles desembarcar en España y proporcionándoles  la justa cobertura legal y el amparo físico. Sino de que el cierre de esa vía migratoria por la ultraderecha italiana ha originado en contrapartida  el aumento de esa corriente por el camino español, vía Marruecos,  a lo que hay que añadir los problemas que arrastra el propio país vecino que ha dejado de ser un pétrea muralla regulada para contener el indetenible flujo migratorio que hasta ahora tampoco  es  de dimensiones bíblicas como da a entender nuestro ultraderechista y neoliberal  político. 
 Se dice que la mejor manera de detectar la carga ideológica de un discurso  político es fijarse en aquellos elementos que no se mencionan. Es decir, establecer  más las ausencias que las afirmaciones  En el del Salvini español es claro. Entre las posibles soluciones a largo plazo de este, sin duda, grave problema no está ni se mencionan el aumentar sustantivamente las subvenciones y apoyos a los países emisores, aunque no sea por una razón de justicia, como pensamos otros, sino puramente  por razones instrumentales. Nadie se arriesga a perder su vida y la de sus hijos y otras muchas cosas  como su propia familia, identidad y cultura  si no es por una imperiosa necesidad. Solucionar los problemas del subdesarrollo, incluidos los ecológicos, y poner fin a las guerras imperialistas es el mejor camino para acabar con los flujos migratorios. De ninguna de esas cosas habla Casado, preocupado, eso sí, por  dejar abierta en  la muralla que pretende establecer, una puerta para la mano de obra que necesiten los grandes propietarios del Sur y Sureste de España.
  Desde luego está bien que en su viaje a la frontera sur, Casado dé un  significativo abrazo a los guardias civiles que bien se lo merecen por tener que soportar en su trabajo policial las contradicciones de los políticos de turno, pero no estaría de más que se acercase a uno de los lugares de acogida de los migrantes  y se lo diese también a una de esas “personas” que han logrado no morir en el intento de huir de la miseria y la muerte.

(Artículo publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)