martes, 20 de mayo de 2014

Franco el asesinato del geneeral Balmes

Click!

Click!
Click!
Click!

Franco y el asesinato del general Balmes 

Las indagaciones de Ángel Viñas sobre los preliminares del golpe que provocó la Guerra Civil


JULIO  ANTONIO VAQUERO IGLESIAS




Franco y el asesinato del general Balmes
Franco y el asesinato del general Balmes  
 MULTIMEDIA
 ¿Cuál fue la participación de Franco en la conspiración que llevó al golpe de Estado de julio de 1936? Ángel Viñas, aprovechando la circunstancia del 75.º aniversario del inicio de la Guerra Civil y siguiendo con su tarea de desmitificar diversos aspectos sobre el conflicto a base de la utilización de nueva y no explotada documentación, nos proporciona en este libro, La conspiración del General Franco (Crítica, 2011), una nueva versión de la participación del dictador en el origen del golpe desde su destino de comandante militar de Canarias, donde el Gobierno de la República le había destinado para alejarlo de la Península como uno de los probables implicados en la conspiración militar.

La respuesta que da Viñas a esa pregunta sobre la participación de Franco en la preparación del golpe militar es demoledora e implica una nueva lectura del origen de la sublevación. Para poder garantizar su éxito en Canarias y trasladarse desde allí a Marruecos para ponerse al frente del ejército colonial español, según el papel que le había asignado «el Director», el general Mola, en el golpe de Estado, Franco ordenó el asesinato del general Amado Balmes, que tenía bajo su mando directo las fuerzas de Gran Canaria. Éste, a pesar de lo que ha venido defendiendo hasta ahora la historiografía profranquista, no era proclive, como demuestra Viñas con datos y deducciones bien fundamentadas, a sumarse al golpe de Estado. Entre las deducciones, apunta Viñas la negativa posterior del dictador a la petición de su viuda durante la guerra para que se le declarase muerto en acto de servicio para así conseguir una pensión mayor. E, incluso, hace referencia a una entrevista secreta entre ambos, de la que deduce que Franco no debió salir muy satisfecho en sus pretensiones de contar con el general zaragozano para la sublevación.

El general Balmes, según la versión de la historia oficial de la guerra de los vencedores, renovada hoy por los pseudohistoriadores revisionistas, habría fallecido a causa de un desgraciado accidente dos días antes de iniciarse la sublevación en Canarias, al disparársele una pistola cuando hacía prácticas de tiro y trató de desencasquillar su pistola apoyándola sobre su estómago. La causa accidental de su muerte ya había sido puesto en duda por algunos historiadores e incluso personajes de la época (el propio Francisco Franco Salgado-Araujo, primo y ayudante de Franco, duda en sus memorias de ese «accidente» y se inclina por un suicidio y hasta por un probable asesinato). Pero es Viñas en este libro el que, en un excelente ejercicio entre historiográfico y detectivesco, no sólo echa abajo con gran fundamento la hipótesis del «accidente», sino que defiende la tesis de que la muerte de Balmes fue un asesinato dentro de un complot maquinado por Franco para garantizar el triunfo de la sublevación en Las Palmas. No habría sido, pues, circunstancial la llegada desde Tenerife el 17 de julio a Las Palmas de Franco para asistir al sepelio del general fallecido. Lo que le dio, así, la oportunidad de apoyar la preparación de la sublevación en Las Palmas y de viajar a Tetuán para ponerse al mando del Ejército sublevado de Marruecos en el «Dragon Rapide», el cual, según su voluntad, había aterrizado y le esperaba en el aeródromo de Gando.

El presunto asesinato del general Balmes el día 16 de julio habría sido, de ser cierta la interpretación de Viñas, el acto germinal de la sublevación militar, y Franco, el primer sublevado. Y echaría abajo, además, la interpretación muy extendida de que el general gallego habría decidido sólo en el último momento su incorporación a la sublevación. Aunque estuviera lejos del centro donde se tejían los hilos de la conspiración, lo cierto es que Franco mantuvo permanente comunicación con Mola y los otros conspiradores y fue él mismo el que decidió cuándo y dónde debía recogerlo el avión que la trama civil de la conspiración había alquilado en Inglaterra para su traslado a Marruecos. Ambas circunstancias, fecha y lugar, estarían, así, estrechamente vinculadas con el plan de la «eliminación» del general Balmes.

Viñas fundamenta su tesis a través de un abrumador y sólido análisis documental y especulativo-deductivo tanto de las circunstancias, contradicciones y sospechosas lagunas (las diligencias judiciales del caso, así como el resultado de la autopsia, han desaparecido) del «accidente» del general Balmes como de todo lo relativo a la organización y vicisitudes del vuelo del «Dragon Rapide» hasta Canarias. Sus pesquisas sobre el asesinato le llevan incluso a deducir quién fue el probable ejecutor material del mismo, aunque no explicite su identidad por falta de pruebas materiales Respecto al vuelo del «Dragon Rapide», rectifica la versión propagandística y sesgada que sobre el mismo había dado uno de sus organizadores y pasajero, el corresponsal de ABC Luis Antonio Bolín, versión que hasta ahora todos los historiadores daban como válida. Y esa nueva versión del vuelo le permite al autor extraer importantes conclusiones para sus tesis.

La sombra de esta primera parte del libro acerca el presunto asesinato del general Balmes ordenado por Franco es, sin duda, alargada y puede dejar en la penumbra a sus otras dos partes, que son, sin embargo, tan interesantes por su calidad y por su contenido como la primera. Una, de corte propiamente historiográfico, con utilización de nuevas y desconocidas fuentes que matizan en gran medida la literatura que existe acerca el tema, sobre las razones de la actitud de Inglaterra contra la República y el decisivo papel que en esa actitud jugó la embajada británica en Madrid bajo la dirección de sir George Grahame. La última parte del libro -y no por ello menos importante- es de carácter ensayístico, se titula «La batalla por la verdad» y desarrolla un conjunto de bien fundamentadas reflexiones -muy apropiadas en relación con el aniversario que se conmemora del inicio del estallido de la sublevación militar de 1936- acerca de las mistificaciones pasadas y actuales de la literatura sobre la Guerra Civil y su explicación histórica e ideológica y cuál debería ser el modo científico con que los historiadores tendrían que abordar su historia. Son las reflexiones de un historiador maduro que aborda esta importante cuestión no sólo con objetividad, sino hasta con una cierta beligerancia que a algunos lectores puede parecerles excesiva, pero que a otros, como el que escribe estas líneas, nos satisface plenamente.

martes, 13 de mayo de 2014

La ideología de la nueva reforma educativa

Las medidas del ministro Wert están cargadas de neoliberalismo y neoconservadurismo 









La ideología de la nueva reforma educativa  
JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS Ya lo dijo Karl Mannheim en su conocida obra sobre la ideología. No hay discurso más ideológico que aquel que se presenta como no ideológico. Y una vez más este aserto se cumple con el anteproyecto de la ley orgánica para la mejora de la calidad educativa con el que se pretende contrarreformar nuestro sistema educativo. El señor ministro de Educación, Cultura y Deporte, señor Wert, lo ha presentado negando explícitamente su condición de ideológico y alabando su naturaleza de ley aséptica y exclusivamente funcional y práctica. No es sólo que esa declaración cause cierta hilaridad (sobre todo proviniendo de alguien que es sociólogo de formación) al atribuirlo a una materia especialmente ideológica como la educación, sino que un análisis de las medidas que desarrolla tal anteproyecto legislativo muestra precisamente todo lo contrario: remiten claramente a las dos fuentes ideológicas que lo han inspirado: el neoliberalismo y el neoconservadurismo.

El neoliberalismo educativo considera la educación como un negocio y, como tal, la gestión de la educación pública debe responder a criterios mercantiles introduciendo la competitividad y los procedimientos de gestión privada en los centros educativos. Del mismo modo que el sistema educativo público, más que tener como finalidad la formación integral de los alumnos, busca para esa ideología prioritariamente como objetivo último su formación para el mercado de trabajo, que en el capitalismo actual debe ser la formación una mano de obra barata y flexible, apta para adaptarse a cualquier clase de tarea o trabajo. Basta simplemente echar una ojeada al contenido del anteproyecto presentado por el ministro Wert para percibir el tufo neoliberal que desprende todo su texto. Mencionemos algunos. El currículo escolar se centra y da prioridad a las disciplinas instrumentales básicas en la formación de la mano de obra flexible y barata que requiere el nuevo capitalismo. Las disciplinas de carácter humanístico quedan minusvaloradas en el currículo oficial propuesto; el adelantamiento al tercer curso de la opción de elección entre Formación Profesional o Bachillerato busca la desviación hacia esta última de una gran parte del alumnado como fuente de formación de mano de obra flexible y barata. Por otro lado, los centros educativos tendrán una autonomía que les permita alcanzar un perfil singular buscando que se establezca la competitividad entre ellos...

La otra fuente ideológica de la que se nutre la propuesta reforma educativa es el neoconservadurismo. Esta ideología considera la escuela pública gratuita como una red subsidiaria de la red de colegios concertados y privados. Esto es, la existencia de una doble red. Una red pública para la formación de las clases populares y medias, bajas, y la red privada para las élites y las clases altas. A la red pública se le atribuye la doble función de cubrir las necesidades de formación de mano de obra de escasa cualificación y la de contribuir a reproducir los valores y la cultura conservadores que permitan mantener la hegemonía ideológica neoconservadora sobre el conjunto de la sociedad. Concibe, además, el sistema educativo público como un filtro o un sistema selectivo que trata que la mayoría, los de abajo, sólo recorra los peldaños inferiores del sistema público y sólo las minorías, miembros de las clases altas, cubran, en el sistema privado preferentemente, todas sus etapas y alcancen así los títulos más elevados y hasta los niveles de excelencia académica.

La lectura del texto del anteproyecto muestra también por doquier la influencia de la ideología neoconservadora. Entre otras, el filtro que van a suponer las tres pruebas nacionales de reválida tras cada una de las etapas del sistema educativo. La creación de una Formación Profesional Básica estigmatizadora para aquellos alumnos que no superen la Educación Secundaria Obligatoria. Las evaluaciones concebidas, contra toda la literatura didáctica, como criterios meramente evaluativos y no correctores. La ausencia de menciones concretas en el texto a las ratios de profesor-alumno va a promover la realidad de clases sobrecargadas de alumnos y convertirse así en obstáculo (casi) insalvable para cualquier intento de educación personalizada. La gran desconfianza que emana todo el texto hacia la labor de los profesores y la desvalorización de su actividad profesional que van a suponer medidas como la que establece que éstos puedan impartir asignaturas afines e incluso ser trasladados de etapa educativa y de centro. Y en el terreno del adoctrinamiento en los valores conservadores, un mayor control del currículo por el Gobierno central y la sustitución de la Educación para Ciudadanía por otra disciplina, Educación Cívica y Constitucional, cuyos contenidos van a estar, sin duda, más en consonancia con los valores tradicionales conservadores...

No sé si el señor Wert es o no -dicen- el peor ministro de Educación de la democracia española, aunque deméritos para ello no le faltan. Pero sí es claro que ha sido un excelente gestor en la implantación de esas ideologías neoliberal y neoconservadora que impregnan su «wertgonzosa» contrarreforma.
  (Articulo publicado en las páginas de opinión de La Nueva España, de Asturias el 30/92012

martes, 6 de mayo de 2014

 BELÉN ESTEBAN COMO PRETEXTO
                                                   JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

    Portada
    Ocurre en algunas ocasiones. Los libros nos llegan como si de eslabones de una cadena se tratara. Así me ha pasado una vez más con este de Miguel Roig, Belén Esteban y la fábrica de porcelana (Península 2010). Apenas había oído hablar de Kate Moss y leí el sugestivo libro de Christian Salmon acerca de la modelo, porque me había interesado mucho su Storytelling. Ahora mi interés por este libro sobre Belén Esteban no proviene del interés televisivo que haya despertado en mí el personaje (apenas veo la televisión, ni siquiera los documentales de la 2 y sí, en cambio, soy un entusiasta de la buena radio) sino por el posible paralelismo que pudiera haber en la interpretación sociológica de los personajes de Kate  Moss y  Belén  Esteban.
            Del mismo modo que apunta  Crhistian  Salmon en el prólogo de este libro,   a mí sólo me interesa la literatura en cuanto que analiza la realidad. Y, desde luego, el éxito mediático de Belén Esteban  que  la ha elevado en un tiempo récord a las portadas del papel couché (“Ni que yo fuera Bin Laden”), forma parte, sin duda, de la realidad de de nuestros días y su  fuerza es tal que es difícil aceptar que baste su interpretación como una simple y esquemática expresión de la mercantilización de los gustos  horteras y morbosos de un amplio sector (como demuestran las mediciones de audiencia) del público televidente.
            Roig desarrolla en su ensayo una interpretación sociológica del fenómeno mediático de Belén Esteban  (refrendada a su vez por Salmón en su prólogo) en clave  posmoderna.  El capitalismo tardío ha entrado en  su  “fase líquida” (de la que nos habla Bauman) y ha acabado (como  dice el culturalismo posmoderno) con  el sujeto centrado, autónomo de la modernidad. No somos otra cosa que un conjunto de roles (sucesivos y simultáneos) adaptados, a través de innumerables conexiones y desconexiones (otra vez Bauman), para producir la máxima empatía, del mismo modo que nos comportamos  como consumidores dúctiles  o como trabajadores flexibles en el terreno del consumo y la producción. Belén Esteban encaja a la perfección, según esto, en esa  interpretación. Es como una matrioska  que se interpreta a sí misma a través de los numerosos roles que desempeña en “Sálvame” y en los cuales se ven representados sus televidentes: de madre coraje amantísima (“yo por mi hija ma-to”, “Andreita, cómete el pollo”) a  vecina modélica pasando por aplicada alumna de baile o ciudadana desencantada de la política y los políticos y… todos cuantos sean necesarios para convertir el programa en una incesante noria que gira sin cesar sin ninguna clase de argumento  y sin decir nada   en realidad, sino emitir una oleada de  sentimientos que la identifican con su público como si de una   terapia colectiva se tratara.
   Un personaje posmoderno, pues, dentro de un formato de programa también posmoderno: un reality show  en el que no hay argumento ni guión, sino que es un bucle que no tiene fin, y que es el  correlato del presente continuo, sin futuro que defiende la ideología posmoderna. Un reality show que ya  no tiene  nada que ver con el culebrón o telenovela con  argumento y guión enraizados en alguno de los grandes relatos que ya no tienen sentido para el posmodernismo. Un reality show que despliega un hiperrealismo que oculta la realidad pretendiendo mostrarla a través no sólo de la Esteban contándose a si misma, sino también de una fauna (con perdón) de participantes (comenzando por el propio presentador del programa) que produce grima en la sensibilidad y la racionalidad de todo aquel que siga (aún) las pautas de la modernidad.
       En realidad, del mismo modo que lo hizo Salmón con Kate Moss, Roig nos proporciona una interpretación de Belén Esteban contaminada por la  propia ideología posmoderna: solamente  como un personaje especular de la  posmodernidad. Pero lo que no han visto ni uno ni otro es que  esa ideología más que  reflejar el mundo del capitalismo avanzado lo que hace es legitimarlo. Ni la Esteban representa a esas capas populares y medias a las que la demediada democracia realmente existente silencia e ignora y únicamente utiliza como potenciales votantes (recuerden los políticos de toda laya que han pasado por “Sálvame”) ni es, como ella y el programa pretenden, la voz del pueblo (“la Princesa del pueblo” la denominan;“Belen Esteban. Nuestra Evita Perón”, decía un rótulo de “Sálvame”). Al contrario, nuestro personaje con su populismo fascistoide (como lo ha calificado acertadamente Josep Ramoneda), lo que hace es en, realidad, silenciar la voz de quienes dice representar ocultando las causas de la situación  política y social que esas clases populares y sectores de las medias padecen. En fin, después de todo esto, entenderán ustedes por qué uno, anclado aún en la modernidad  (y los dioses quieran que sea  por mucho tiempo), rechaza la televisión y  sigue escuchando exclusivamente la radio.       

   ( Publicado en La Nueva España (Asturias) en  enero de 2011)

domingo, 27 de abril de 2014

Click!

El hombre que pagó la peluca de Santiago Carrillo


Teodulfo Lagunero
El 1 de mayo de 1967, el abogado, empresario y millonario Teodulfo Lagunero y su hija Paloma, se tropezaron en París, donde pasaban unos días de asueto, con una gran manifestación llena de republicanos españoles procedentes del exilio y la inmigración plagada de lemas y pancartas antifranquistas. Aquel día, escribe Lagunero en sus memorias (Memorias, Umbriel, 2009), cambió su vida al comenzar una intensa colaboración con el Partido Comunista que iba a durar doce intensos años que fueron cruciales en la historia contemporánea de España..
Presentado por el poeta Marcos Ana a Santiago Carrillo, éste no sólo aceptó su ofrecimiento para apoyar financieramente al Partido en su lucha contra la dictadura franquista (desde el primer momento ya lo hizo con el Centro de Información y Solidaridad con España ( CISE) dedicado a la ayuda a los presos y perseguidos por el franquismo que dirigía Marcos Ana y presidía Pablo Picasso), sino que Carrillo le encomendó, sobre todo, la tarea de llevar ante él a cuantos políticos franquistas o de la oposición al régimen pudiera para explicarles personalmente la posición del Partido ante el previsible final del franquismo, posición basada en “la política de reconciliación nacional” que desde 1956 venían manteniendo los comunistas. Estrategia con la que Lagunero se identificó desde el primer momento dado que estaba en inmejorables condiciones de llevarla a cabo por mantener contactos empresariales con algunos prohombres del régimen. Entre otros, el presidente de las Cortes franquistas, Rodríguez Valcárcel y su grupo de influencia; también con personajes con actitudes liberales de dentro del régimen como eran José Mario Armero, abogado y presidente de la Agencia Europa Press o el que fue ministro de Educación en el primer gobierno de Suárez, el asturiano Aurelio Menéndez.
De esta manera, Peñafiel, nombre de guerra con que Lagunero fue conocido dentro de la organización comunista, se convirtió en un personaje clave de la Transición, sin cuya actuación (llena de peligros y amenazas para él y su familia que, a veces, le produjeron sus miedos y sus dudas) no podría explicarse el éxito que Carrillo tuvo en su objetivo de sacar al Partido de su aislamiento y conseguir la unidad de la oposición al franquismo y hasta liderarla, a través de la Junta Democrática, en cuya constitución y actuación Lagunero tuvo también un importante papel.
En Villa Comète, la residencia de descanso que Lagunero compró en la Costa Azul para llevar a cabo estos contactos se coció, en gran parte, la Transición. En esa residencia y en París se llevaron a cabo algunas de las más importantes entrevistas que jalonaron aquel proceso y en las que Lagunero intervino. Como la que tuvo lugar entre Carrillo y el sobrino del Caudillo, Nicolás Franco, en nombre del Príncipe sin que lo supiera el dictador o la que el mismo Lagunero protagonizó en nombre de Carrillo con don Juan. De esta entrevista que tenía como objeto sumar al personaje real a las filas de la oposición antifranquista ofreciéndole la presidencia de la Junta Democrática que éste rehusó, Lagunero concluyó que el interés primordial de don Juan (como también piensa del papel de don Juan Carlos en aquellos años) no era el devolver la soberanía al pueblo español con la implantación de la democracia sino únicamente conseguir la supervivencia de la Monarquía.
Lagunero fue también el personaje en quien confió Santiago Carrillo para entrar clandestinamente en España y ponerse al frente del Partido Comunista para dirigirlo directamente desde España en aquella difícil y crucial coyuntura. Fue a Lagunero, parece ser, a quien se le ocurrió disfrazar a Carrillo con la famosa peluca, de cuya confección, por cierto, se encargó al peluquero de Pablo Picasso.
¿Cuáles fueron las razones para que alguien como Lagunero en la cima del éxito profesional, con su riñón bien cubierto de millones, aquel Primero de Mayo diese un giro copernicano a su vida comprometiéndose hasta el fondo, con todas las imprevisibles y peligrosas consecuencias que ello conllevaba, con los comunistas en su lucha contra dictadura? ¿Se cayó del caballo y vio la luz como Saulo de Tarso en el camino de Damasco para que se produjese aquella conversión? En la primera parte de este volumen de sus memorias (éstas llegan hasta la mitad de los ochenta y su intención es publicar próximamente su continuación hasta hoy) el lector encuentra las razones que demuestran que la de Lagunero no fue una conversión súbita y milagrosa al comunismo, sino un acto de plena coherencia con su trayectoria política y personal anterior y con la tradición ideológica en que se había movido su familia. Su padre, que había sido catedrático de Instituto formado en la Institución Libre de Enseñanza y director de uno de sus centros, al concluir la guerra civil sería condenado a seis años de prisión y después desterrado en Zamora; su hermano mayor también sufrió varios años de cárcel por sus actividades antifranquistas, y hasta él mismo fue activo luchador contra la dictadura en su etapa universitaria de Valladolid en el temprano foco de oposición a la dictadura que surgió en aquella Universidad en los años cuarenta por lo que sería condenado también a varios meses de prisión e inhabilitado para el ejercicio de su profesión de abogado y materialmente expulsado de Valladolid por las fuerzas vivas del régimen que no pudieron aceptar el éxito de la academia privada que Lagunero había establecido en la ciudad del Pisuerga. En Madrid siguió con su actividad en la enseñanza privada hasta que pasado el periodo de inhabilitación, obtuvo la cátedra de Derecho Mercantil de la Escuela de Comercio de Cádiz. Finalmente regresó a Madrid y en los años sesenta, al calor del desarrollismo, triunfando en negocios inmobiliarios y financieros.
El repaso de esta parte de su vida convierte estas memorias, además de en un excelente testimonio de lo que fue la represión de la dictadura en los cuarenta y cincuenta una significativa muestra de la corrupción e impunidad en que se movió la burguesía de los negocios que apoyó al régimen franquista.
Sin duda, estas memorias (escritas con una prosa fluida, casi torrencial aunque con cierto desorden temático y reiteraciones) nos demuestran cómo el abogado y empresario Teodulfo Lagunero rebasó con creces al personaje que pagó la peluca de Santiago Carrillo: fue el millonario que arriesgó su vida no sólo al poner su cartera, sino, sobre todo, su actividad y su inteligencia al servicio del Partido Comunista para traer a España la libertad que seguimos disfrutando.

miércoles, 23 de abril de 2014


AZAÑA Y SU TIEMPO
vida y tiempo de manuel azaña (1880-1940)-santos julia-9788430606962
 JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
 Vida y tiempo de
 Manuel Azaña
 Santos Juliá
 Taurus, 2008

   
Parece poco creíble, pero es cierto.69 años después de finalizada la Guerra Civil todavía no contábamos con una biografía  completa del que fue símbolo y encarnación de la Segunda República: Manuel Azaña.  Santos Julíá ha puesto fin a ese clamoroso vacío con su Vida y tiempo de Manuel Azaña. La falta de unas verdaderas Obras Completas del intelectual político alcalaíno (el contenido de las de Marichal no era sino una recopilación  parcial de sus escritos) y  el desconocimiento del paradero de su archivo personal, hacían imposible acometer esa labor biográfica con un mínimo de solvencia. A pesar de ello, el final de la dictadura trajo como era de esperar una renovada atracción por el personaje y la publicación de varios libros sobre su vida,  acción y  pensamiento políticos, pero todos ellos lastrados por  esas limitaciones 
            La devolución del archivo de Azaña, que obraba en poder del dictador como si  de una propiedad personal o un trofeo de guerra se tratase, fue, pues, la condición necesaria, pero no suficiente para que se emprendiera la difícil y laboriosa  tarea de editar unas definitivas  Obras Completas de los escritos del que fue  jefe de gobierno, presidente y alma de la Segunda República. Salvados ambos escollos, estaban puestas, pues,  las bases para la confección de una verdadera biografía de Azaña. Y como no podía ser de otro modo, ha sido  el responsable de esa edición de las Obras Completas de Azaña, el historiador y catedrático Santos Juliá, el autor de esta última y completa biografía.  Juliá había escrito ya, en los años ochenta,  otra - la mejor con diferencia para mi gusto- de esas biografías incompletas que se habían escrito en la etapa democrática. Así que creo que podemos decir  que el retrato completo que  Juliá traza ahora de don Manuel es, en parte, el corolario  de la mencionada edición , pero, a la vez, una adecuada y necesaria guía para la recomendable lectura de  la excelente edición que nuestro historiador ha realizado de los escritos de Azaña,.
         Biografía completa e integral
            La visión de Azaña que aporta la biografía de Juliá es completa en un doble sentido. No sólo en el temporal cubriendo su análisis de manera detallada (más de la mitad de las páginas del libro) la primera y casi desconocida  primera etapa de  la vida de Azaña hasta su ascenso al protagonismo político con  la llegada de la República. Sino que, además, toca todos los planos de su vida. Tanto su  pensamiento  como su acción  intelectual y política. Primero a través de su labor  en  dos de los  principales centros de esas actividades en aquel tiempo en España como fueron el Ateneo y el Partido Reformista; y después en su labor como ministro, presidente de Gobierno y presidente de la República, además de su intensa labor partidaria  a través de Acción republicana e Izquierda Republicana  Pero sin dejar fuera de su foco de atención, tanto  su vida íntima y familiar y las fuentes de su sentimentalidad ( si me perdonan la palabreja), como el significado de su labor y obra   literarias.
 Ese análisis biográfico lo  realiza nuestro autor,  por si fuera poco lo anterior, ensamblando perfectamente  todos esos planos de modo que estamos ante una biografía que, además, de completa, podríamos calificarla también de  integral. Y aún más. Todo ello está  contextualizado en el discurrir histórico de su tiempo. De modo que la biografía es un repaso brillante y esclarecedor te  del tiempo histórico  que le tocó vivir a don Manuel, esto es, esencialmente la primera mitad  nuestro siglo XX, etapa de la que  Julíá es un excelente conocedor como nos lo ha demostrado ya varias veces en sus libros de investigación y de síntesis. Por todo ello, se puede decir que el titulo que  encabeza  el libro (“Vida y tiempo de…” ) se corresponde perfectamente con su contenido
De liberal templado a republicano de izquierda
El  Azaña que resulta de esta biografía es el de un intelectual político, no un político intelectual ( aquí el orden del sintagma sí altera el resultado) que comienza como un liberal templado con una clara conciencia de la necesidad de  transformación de aquel corrupto sistema político restaurador en un sentido democrático, lo que cree  factible  realizar, hasta la etapa de la  Dictadura primorriverista, a través de  la reforma desde dentro de la Monarquía restauradora. De ahí su adscripción  y participación política dentro del  Partido Reformista  de Melquíades Álvarez. Actitud y posición políticas que, con la implantación  de la Dictadura, y del mismo modo que otros muchos otros de sus correligionarios, terminó por abandonar, evolucionando hacia un republicanismo radical, de izquierda, cuyo objetivo era  la transformación de aquel régimen desde la raíz.
Para llevar a cabo ese programa radical, revolucionario, como el mismo le denomina a veces, Azaña pensaba que  era necesario enfrentarse sin contemplaciones  a los  dos poderes fácticos sobre los que había pivotado aquel sistema, la Iglesia católica y el Ejército y no excluir, sino integrar a la clase obrera  en  esa nueva sociedad y sistema democráticos que debía  de sustituir  al régimen oligárquico y la sociedad  profundamente clasista y jerarquizada de la Restauración.
.. Programa que conllevaba sustituir la Monarquía por la República y construir un estado descentralizado que diese satisfacción a  las aspiraciones de los nacionalistas,  cuyas  peticiones avalaba  no sólo la historia, sino, y sobre todo, la razón, que para Aza-ña siempre debía primar sobre la tradición histórica.
Ése fue, en sus líneas maestras, el programa que, primero, trató de hacer realidad, y. en parte implantó, en el primer bienio republicano, tras caerse del caballo del accidentalismo monárquico del Partido Reformista. Y posteriormente defendió en el bienio radical-cedista frente al catolicismo político y los militares africanistas,
 Ni anticlerical  ni antipatriota  
. Sin duda, la visión de Azaña que nos proporciona Juliá en este libro contradice tanto la auto versión que el propio don Manuel  dio de sí mismo en relación con la  primera etapa de su vida, antes de su ascenso al protagonismo político con la llegada de la República, como la que de él dio  la derecha de la época y después el franquismo Ni señorito  benaventino, como el mismo se calificó, ni anticlerical furibundo. Como tampoco antipatriota extranjerizante. Y mucho menos, como ha querido catalogarlo  más recientemente algún  azañista de la derecha, miembro destacado de la tercera España por un mal entendimiento de su postura durante el conflicto civil para conseguir la mediación de Francia y Gran Bretaña con el objeto de conseguir la retirada de alemanes e italianos, y con ello  el final del  conflicto.      
En efecto, de señorito benaventino, nada, como demuestra su preocupación continúa  por su preparación intelectual en su etapa de formación ( era un auténtico devorador de libros) y su intensa actividad intelectual  en el Ateneo. Tampoco furibundo anticlerical, sino  persona alejada de la Iglesia por un temprana crisis religiosa y  acerado crítico de la acción pública y política de la Iglesia católica en nuestro país, pero profundamente respetuoso con las ceremonias y el sentimiento religioso ajeno. Y mucho menos antipatriota, sino intelectual  con una concepción progresista y moderna de lo que era la nación y el patriotismo. Pero, sobre todo, como ya sabíamos y abunda Juliá en su excelente y recomendable  biografía, Azaña fue la palabra hecha política.
(Publicado en diciembre de 2010 en el suplemento cultural  Cultura de La Nueva España (Asturias)
 


                          

jueves, 3 de abril de 2014

LA LEYENDA DE CAMELOT
                                                          Julio Antonio Vaquero Iglesias


  Al calor (…y olor pecuniario, todo hay que decirlo) de la conmemoración del 50 aniversario del asesinato del presidente norteamericano J.F. Kennedy, los libros centrados en las diversas teorías sobre el magnicidio  o, más ampliamente, en  su  vida y obra , llenan  estos días  los expositores de novedades de nuestras librerías.
    Entre esa decena larga de libros publicados en España con motivo de la conmemoración,  dos de ellos vienen precedidos de  un gran éxito de ventas  en su país de origen, Estados Unidos, éxito que se debe no sólo a su contenido y  a la notoriedad de sus autores, sino también a la perspectiva conservadora con que abordan  el tema de la  vida y muerte de Kennedy  que es la predominante entre el público norteamericano.
    .  Caso abierto. Historia secreta del asesinato de Kennedy  (Debate) es el resultado de una investigación de cinco años. Su autor,  Philip Shenon, un destacado periodista de investigación del New York Times, reconstruye, a través de entrevistas a los abogados que participaron en la Comisión Warren, cómo ésta llevó a cabo su tarea. Shenon demuestra  que  su labor fue torpedeada con  la ocultación, extravío y  destrucción de pruebas  por parte del la CIA y  el   FBI  (incluso el destrozado cerebro del   presidente desapareció).
Los cuatro responsables de que se  aceptara la farsa que fue la Comisión Warren, fueron, según Shenon, Edgar Hoover, director del FBI, Richard Helms, director de  la CIA, el presidente de la comisión, el juez Warren  y… el propio Robert Kennedy, quien aceptó y firmó sus conclusiones, cuando de manera privada las rechazaba, porque estaba plenamente convencido de que el magnicidio de su hermano era el resultado de una compleja conspiración en la que, según él, había intervenido de manera destacada la Mafia. Otro dato no conocido que revela es que la comisión se reunió en secreto con el mismo Fidel Castro con el objeto de saber si los servicios secretos cubanos habían estado implicados en el asesinato, obteniendo una rotunda negativa del mandatario cubano. A pesar de lo cual Shenon se muestra proclive a aceptar la teoría de la conspiración organizada por cubanos y soviéticos.
Matar a Kennedy (La Esfera de los Libros) es un libro  publicado en los Estados Unidos el pasado  año del que se han  vendidos ya más de un millón de ejemplares en aquel país y  es el origen de la película para la televisión del mismo título dirigida por Ridley Scott. El autor principal es  Bill O´Reilly, presentador de uno de los espacios divulgativos de mayor audiencia en Estados Unidos, columnista y coautor -también como en éste- con el historiador Martin Dugard, de Matar a Lincoln  en el que se inspiró la conocida y exitosa  película que lleva ese mismo título.         
            O´Reilly  y Dugan reconstruyen con minucioso detalle  la trayectoria personal y política  de Kennedy desde su elección hasta los días posteriores del magnicidio, pero también la de Lee Harvey Oswald desde su estancia en la Unión Soviética hasta su asesinato por Jac Ruby en las dependencias de la policía de Dallas el día siguiente del magnicidio. Nos presentan a Kennedy como un presidente carismático cuyas contradicciones son explicables por las difíciles circunstancias en que tuvo que gobernar: la invasión y derrota por Castro en Bahía de Cochinos,  la crisis de los misiles, Vietnam, el movimiento de los derechos civiles. Y en lo personal como un católico ferviente, de misa diaria y confesión frecuente, padre y esposo amantísimo  Pero, paradójicamente, su narración minuciosa, realizada casi con técnica de guión cinematográfico, contradice esa valoración tan positiva y nos muestra a la vez  las  ambigüedades y contradicciones del personaje  Kennedy deja en la estacada a los anticastristas en Bahía de Cochinos, practica una realpolitik que encubre bajo una retórica de grandes ideales un intento de superar en armamento, aunque sea convencional, a los soviéticos, pero también el empleo sistemático de la guerra sucia, como hace con Cuba con la operación Mangosta que pretendía provocar en la isla con sabotajes y asesinatos una insurrección popular contra Castro; o  en Vietnam, donde la CIA también recurre a las operaciones encubiertas con asesinatos y toda clase de desmanes y los aviones norteamericanos arrojan napalm y exfoliantes. Los  datos que nos aportan dejan entrever también el poco entusiasmo de Kennedy por el movimiento de los derechos civiles que en realidad apoyó a iniciativa de su hermano Robert.  La imagen de esposo amantísimo queda enturbiada por los datos de los autores sobre sus excesos sexuales fuera del matrimonio. No es que el presidente fuera un rijoso, sino que era un verdadero obseso sexual que puso imprudentemente  en peligro con sus andanzas sexuales su propia presidencia.
.Oswald, a quien los autores presentan como un comunista recalcitrante y confeso con una personalidad inestable que busca la notoriedad  a costa de lo que sea, actuó, según los autores, solo, movido, según ellos, exclusivamente por su sed de notoriedad y angustiado por su fracaso conyugal.
En fin, más que ante “un ensayo sin una sombra de ficción” como pretenden los autores, estamos ante un ensayo- producto, pensado principalmente para el mercado. Aunque indirectamente todo        ese cúmulo de datos reales nos deja entrever que pretender, como quieren los autores, que la  presidencia de Kennedy  fue el reino de Camelot y el presidente,  Arturo, rey de Britania, poco tiene que ver con la realidad. No es sino una falsa leyenda.  

Al calor (…y olor pecuniario, todo hay que decirlo) de la conmemoración del 50 aniversario del asesinato del presidente norteamericano J.F. Kennedy, los libros centrados en las diversas teorías sobre el magnicidio  o, más ampliamente, en  su  vida y obra , llenan  estos días  los expositores de novedades de nuestras librerías.
    Entre esa decena larga de libros publicados en España con motivo de la conmemoración,  dos de ellos vienen precedidos de  un gran éxito de ventas  en su país de origen, Estados Unidos, éxito que se debe no sólo a su contenido y  a la notoriedad de sus autores, sino también a la perspectiva conservadora con que abordan  el tema de la  vida y muerte de Kennedy  que es la predominante entre el público norteamericano.
    .  Caso abierto. Historia secreta del asesinato de Kennedy  (Debate) es el resultado de una investigación de cinco años. Su autor,  Philip Shenon, un destacado periodista de investigación del New York Times, reconstruye, a través de entrevistas a los abogados que participaron en la Comisión Warren, cómo ésta llevó a cabo su tarea. Shenon demuestra  que  su labor fue torpedeada con  la ocultación, extravío y  destrucción de pruebas  por parte del la CIA y  el   FBI  (incluso el destrozado cerebro del   presidente desapareció).
Los cuatro responsables de que se  aceptara la farsa que fue la Comisión Warren, fueron, según Shenon, Edgar Hoover, director del FBI, Richard Helms, director de  la CIA, el presidente de la comisión, el juez Warren  y… el propio Robert Kennedy, quien aceptó y firmó sus conclusiones, cuando de manera privada las rechazaba, porque estaba plenamente convencido de que el magnicidio de su hermano era el resultado de una compleja conspiración en la que, según él, había intervenido de manera destacada la Mafia. Otro dato no conocido que revela es que la comisión se reunió en secreto con el mismo Fidel Castro con el objeto de saber si los servicios secretos cubanos habían estado implicados en el asesinato, obteniendo una rotunda negativa del mandatario cubano. A pesar de lo cual Shenon se muestra proclive a aceptar la teoría de la conspiración organizada por cubanos y soviéticos.
Matar a Kennedy (La Esfera de los Libros) es un libro  publicado en los Estados Unidos el pasado  año del que se han  vendidos ya más de un millón de ejemplares en aquel país y  es el origen de la película para la televisión del mismo título dirigida por Ridley Scott. El autor principal es  Bill O´Reilly, presentador de uno de los espacios divulgativos de mayor audiencia en Estados Unidos, columnista y coautor -también como en éste- con el historiador Martin Dugard, de Matar a Lincoln  en el que se inspiró la conocida y exitosa  película que lleva ese mismo título.         
            O´Reilly  y Dugan reconstruyen con minucioso detalle  la trayectoria personal y política  de Kennedy desde su elección hasta los días posteriores del magnicidio, pero también la de Lee Harvey Oswald desde su estancia en la Unión Soviética hasta su asesinato por Jac Ruby en las dependencias de la policía de Dallas el día siguiente del magnicidio. Nos presentan a Kennedy como un presidente carismático cuyas contradicciones son explicables por las difíciles circunstancias en que tuvo que gobernar: la invasión y derrota por Castro en Bahía de Cochinos,  la crisis de los misiles, Vietnam, el movimiento de los derechos civiles. Y en lo personal como un católico ferviente, de misa diaria y confesión frecuente, padre y esposo amantísimo  Pero, paradójicamente, su narración minuciosa, realizada casi con técnica de guión cinematográfico, contradice esa valoración tan positiva y nos muestra a la vez  las  ambigüedades y contradicciones del personaje  Kennedy deja en la estacada a los anticastristas en Bahía de Cochinos, practica una realpolitik que encubre bajo una retórica de grandes ideales un intento de superar en armamento, aunque sea convencional, a los soviéticos, pero también el empleo sistemático de la guerra sucia, como hace con Cuba con la operación Mangosta que pretendía provocar en la isla con sabotajes y asesinatos una insurrección popular contra Castro; o  en Vietnam, donde la CIA también recurre a las operaciones encubiertas con asesinatos y toda clase de desmanes y los aviones norteamericanos arrojan napalm y exfoliantes. Los  datos que nos aportan dejan entrever también el poco entusiasmo de Kennedy por el movimiento de los derechos civiles que en realidad apoyó a iniciativa de su hermano Robert.  La imagen de esposo amantísimo queda enturbiada por los datos de los autores sobre sus excesos sexuales fuera del matrimonio. No es que el presidente fuera un rijoso, sino que era un verdadero obseso sexual que puso imprudentemente  en peligro con sus andanzas sexuales su propia presidencia.
.Oswald, a quien los autores presentan como un comunista recalcitrante y confeso con una personalidad inestable que busca la notoriedad  a costa de lo que sea, actuó, según los autores, solo, movido, según ellos, exclusivamente por su sed de notoriedad y angustiado por su fracaso conyugal.

En fin, más que ante “un ensayo sin una sombra de ficción” como pretenden los autores, estamos ante un ensayo- producto, pensado principalmente para el mercado. Aunque indirectamente todo        ese cúmulo de datos reales nos deja entrever que pretender, como quieren los autores, que la  presidencia de Kennedy  fue el reino de Camelot y el presidente,  Arturo, rey de Britania, poco tiene que ver con la realidad. No es sino una falsa leyenda.  
  Al calor (…y olor pecuniario, todo hay que decirlo) de la conmemoración del 50 aniversario del asesinato del presidente norteamericano J.F. Kennedy, los libros centrados en las diversas teorías sobre el magnicidio  o, más ampliamente, en  su  vida y obra , llenan  estos días  los expositores de novedades de nuestras librerías.
    Entre esa decena larga de libros publicados en España con motivo de la conmemoración,  dos de ellos vienen precedidos de  un gran éxito de ventas  en su país de origen, Estados Unidos, éxito que se debe no sólo a su contenido y  a la notoriedad de sus autores, sino también a la perspectiva conservadora con que abordan  el tema de la  vida y muerte de Kennedy  que es la predominante entre el público norteamericano.
    .  Caso abierto. Historia secreta del asesinato de Kennedy  (Debate) es el resultado de una investigación de cinco años. Su autor,  Philip Shenon, un destacado periodista de investigación del New York Times, reconstruye, a través de entrevistas a los abogados que participaron en la Comisión Warren, cómo ésta llevó a cabo su tarea. Shenon demuestra  que  su labor fue torpedeada con  la ocultación, extravío y  destrucción de pruebas  por parte del la CIA y  el   FBI  (incluso el destrozado cerebro del   presidente desapareció).
Los cuatro responsables de que se  aceptara la farsa que fue la Comisión Warren, fueron, según Shenon, Edgar Hoover, director del FBI, Richard Helms, director de  la CIA, el presidente de la comisión, el juez Warren  y… el propio Robert Kennedy, quien aceptó y firmó sus conclusiones, cuando de manera privada las rechazaba, porque estaba plenamente convencido de que el magnicidio de su hermano era el resultado de una compleja conspiración en la que, según él, había intervenido de manera destacada la Mafia. Otro dato no conocido que revela es que la comisión se reunió en secreto con el mismo Fidel Castro con el objeto de saber si los servicios secretos cubanos habían estado implicados en el asesinato, obteniendo una rotunda negativa del mandatario cubano. A pesar de lo cual Shenon se muestra proclive a aceptar la teoría de la conspiración organizada por cubanos y soviéticos.
Matar a Kennedy (La Esfera de los Libros) es un libro  publicado en los Estados Unidos el pasado  año del que se han  vendidos ya más de un millón de ejemplares en aquel país y  es el origen de la película para la televisión del mismo título dirigida por Ridley Scott. El autor principal es  Bill O´Reilly, presentador de uno de los espacios divulgativos de mayor audiencia en Estados Unidos, columnista y coautor -también como en éste- con el historiador Martin Dugard, de Matar a Lincoln  en el que se inspiró la conocida y exitosa  película que lleva ese mismo título.         
            O´Reilly  y Dugan reconstruyen con minucioso detalle  la trayectoria personal y política  de Kennedy desde su elección hasta los días posteriores del magnicidio, pero también la de Lee Harvey Oswald desde su estancia en la Unión Soviética hasta su asesinato por Jac Ruby en las dependencias de la policía de Dallas el día siguiente del magnicidio. Nos presentan a Kennedy como un presidente carismático cuyas contradicciones son explicables por las difíciles circunstancias en que tuvo que gobernar: la invasión y derrota por Castro en Bahía de Cochinos,  la crisis de los misiles, Vietnam, el movimiento de los derechos civiles. Y en lo personal como un católico ferviente, de misa diaria y confesión frecuente, padre y esposo amantísimo  Pero, paradójicamente, su narración minuciosa, realizada casi con técnica de guión cinematográfico, contradice esa valoración tan positiva y nos muestra a la vez  las  ambigüedades y contradicciones del personaje  Kennedy deja en la estacada a los anticastristas en Bahía de Cochinos, practica una realpolitik que encubre bajo una retórica de grandes ideales un intento de superar en armamento, aunque sea convencional, a los soviéticos, pero también el empleo sistemático de la guerra sucia, como hace con Cuba con la operación Mangosta que pretendía provocar en la isla con sabotajes y asesinatos una insurrección popular contra Castro; o  en Vietnam, donde la CIA también recurre a las operaciones encubiertas con asesinatos y toda clase de desmanes y los aviones norteamericanos arrojan napalm y exfoliantes. Los  datos que nos aportan dejan entrever también el poco entusiasmo de Kennedy por el movimiento de los derechos civiles que en realidad apoyó a iniciativa de su hermano Robert.  La imagen de esposo amantísimo queda enturbiada por los datos de los autores sobre sus excesos sexuales fuera del matrimonio. No es que el presidente fuera un rijoso, sino que era un verdadero obseso sexual que puso imprudentemente  en peligro con sus andanzas sexuales su propia presidencia.
.Oswald, a quien los autores presentan como un comunista recalcitrante y confeso con una personalidad inestable que busca la notoriedad  a costa de lo que sea, actuó, según los autores, solo, movido, según ellos, exclusivamente por su sed de notoriedad y angustiado por su fracaso conyugal.

En fin, más que ante “un ensayo sin una sombra de ficción” como pretenden los autores, estamos ante un ensayo- producto, pensado principalmente para el mercado. Aunque indirectamente todo        ese cúmulo de datos reales nos deja entrever que pretender, como quieren los autores, que la  presidencia de Kennedy  fue el reino de Camelot y el presidente,  Arturo, rey de Britania, poco tiene que ver con la realidad. No es sino una falsa leyenda.
( Publicado en noviembre de 2013 en suplemento Cultura de La Nueva España)

martes, 1 de abril de 2014

 UNA GUERRA NO DECLARADA
JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

         
 La conmemoración del centenario de la Gran Guerra está dando lugar a una importante revisión historiográfica de aquel conflicto bélico que se ha venido considerando, con fundamento, como uno de los procesos históricos más importantes  del siglo XX. Y  es  dentro de esa producción donde hay que contextualizar este libro (Nidos de espías ( Alianza, 2014)) que trata  sobre los efectos  que el primer conflicto mundial  tuvo para  España y  del que son autores dos  conocidos historiadores especialistas en este tema: los profesores  Paul Aubert y Eduardo García Calleja.
 La sólida y pormenorizada información que aportan en este libro los autores avala, sin duda, su conclusión. La neutralidad española en la Gran Guerra no fue, desde luego, una “neutralidad beatífica”,  con - eso sí- decisivas consecuencias indirectas  económicas, sociales y políticos para nuestro devenir histórico, como ya sabíamos, sino que también la conflagración europea golpeó además directamente a nuestro país. Porque si no hubo España frentes bélicos, debido a su neutralidad, sí fue el escenario de otras importantes y decisivas batallas como las derivadas de la guerra económica ( comercio, bloqueo económico y contrabando); de la guerra ideológica y de propaganda ( con el control y subvención de los periódicos españoles por parte de uno y otro bando animando la lucha ideológica entre intelectuales aliadófilos y germanófilos que se originó y que fue en cierto modo el  impulso decisivo a la entrada de los “intelectuales”  en  España , y las campañas de intoxicación y la organización de toda una densa red de asociaciones y medios de propaganda en suelo español, Guerra de propaganda que dominaron claramente los  Imperios Centrales).
Pero también guerra diplomática por la presión que sobre el Rey, el presidente del consejo y el Ministro de Estado hicieron los don bandos contendientes .y que, sin duda,   originó numerosos conflictos diplomáticos y tuvo sus efectos  como demuestra el cambio de actitud del imprudente Alfonso XIII que de comenzar apoyando a la Entente, esto es, a los aliados, terminó inclinándose por los  Imperios Centrales.

 España fue también un escenario bélico importante del conflicto por el gran desarrollo  que tuvo en nuestras costas la guerra submarina, decisiva para el bando germano como elemento de control del bloqueo económico. Además, Madrid, Barcelona y los puertos importantes fueron verdaderos nidos de espías  dedicados a misiones de espionaje y sabotajes contra los intereses del bando contrario en territorio español. Entre esos espías están personajes conocidos como Canaris y la incompetente y fatal  Mata-Hari que tuvo en el bando aliado su contramodelo, Marthe Richard. Pero, desde luego, el restrictivo título del libro no hace justicia a su amplio y serio  contenido.
( Publicado en en el suplemento Cultura de La Nueva España, 27 de febrero de 2014)  

lunes, 31 de marzo de 2014

Una visión orteguiana de España


UNA VISIÓN ORTEGUIANA DE ESPAÑA
                                                       JULIO  ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
Este ensayo, El “alma de España”. Cien años de inseguridad  (Ediciones Nobel 2013, 2ª edición)   podríamos clasificarlo, sin duda, como una  obra más de ese subgénero, el ensayismo identitario, que tanto éxito tuvo en las letras españolas a partir de las dudas e interrogantes que surgieron sobre la identidad española con el “Desastre” del 1898 en relación con la necesidad de cambio y regeneración ante  el incierto y poco prometedor futuro que parecía  esperarle a España en el nuevo siglo que se desplegaba en el horizonte. Y digo esto porque en efecto en sus páginas no sólo se trata de explicar la visión de España que desarrollaron los  componentes de la Generación del 98, sino que además el autor  lleva a cabo un recorrido  por la historia intelectual de nuestro siglo XX analizada desde ese punto de vista: la identidad  de la nación española. Para terminar ofreciéndonos su  personal visión  de  esa identidad en la actualidad y los problemas que ha padecido la nación española en esos cien años y los que padece en el momento actual. Visión toda ella profundamente enraizada en los planteamientos y las categorías  del pensamiento de  Ortega y Gasset.
            Este libro, editado ya en la Colección Jovellanos de Ensayo en 1997, se reedita ahora de nuevo con motivo de la concesión  del Premio Internacional Menéndez Pelayo 2013 a su autor, Ciriaco Morón Arroyo, catedrático emérito de la Universidad de Cornell (EE. UU.), cuyo campo de investigación ha sido – y sigue siendo- la historia intelectual española y la epistemología de las humanidades, temáticas sobre la que ha publicado varios libros como, por ejemplo, El sistema de Ortega y Gasset ( 1968) y Las humanidades en la era tecnológica (1997), además de  numerosos trabajos y estudios.
El núcleo del ensayo, y lo más aprovechable de él, en mi opinión, es, sin duda, la  parte dedicada (abarca los cuatro primeros capítulos del libro) al análisis de la visión de España  que desarrollaron  los escritores e intelectuales de la Generación del 98. La tesis central  que defiende el autor es que, a pesar de los diferentes enfoques con que  aquéllos abordaron  esa identidad  y las diversas  características que le atribuyeron, todos ellos nos presentan España como un sujeto colectivo con unos caracteres comunes que constituyen su “espíritu”, “genio”, “carácter”, su “psicología colectiva” esto es, lo que denominan  el “alma nacional”. Fueron más allá del esencialismo patrio, buscando en la nueva ciencia de la psicología colectiva, como aprendices del positivismo que eran, los caracteres que definían lo español. Los fundamentos que utilizaron, pues,  para  descubrir y conocer  ese “alma nacional” fueron, según nuestro autor, los principios que en aquellos momentos estaban poniendo al descubierto la etnopsicología. Y la base teórica a partir de la cual desarrollaron su discurso del “alma de España”, la tomaron de los estudios y trabajos de la revista alemana Revista de etnopsicología y lingüística, fundada en 1860. Ese fue el marco teórico con el que los escritores del 98 explicaron y justificaron  su noción del “alma colectiva” de España.
Morón considera, desde su perspectiva orteguiana, que esa visión de España que,  dentro del marco teórico de la psicología colectiva, propusieron los hombres del 98 es falsa (de ahí  el entrecomillado con que remarca el sintagma alma de España en el título del libro). La nación española existe pero sólo se puede explicar desde la “razón histórica”. Esto es, “desde la presencia de la historia compartida del pasado, no como  tradicionalismo ciego, sino como estudio científico en vista de proyectos de vida presente y futura  y desde la conciencia de lo que esa historia nos brinda como aceptable y nos impone como obligación” ( página XVII del prólogo de esta segunda edición).
La base de su planteamiento está, pues, en el dictum orteguiano de que “el hombre no es naturaleza, sino historia” (principio que, por cierto, el filósofo no desarrolló al tratar en su España invertebrada de la identidad colectiva de los españoles, identidad que explica en esa obra  más bien desde la óptica del naturalismo organicista con su teoría de que el “problema de España” derivaba  de la carencia o debilidad del feudalismo implantado por los godos, quienes no eran sino  un “pueblo decadente”, “alcoholizado  de romanismo”).
Así, pues, Morón desecha para su análisis de la nación tanto los planteamientos esencialistas puros como los provenientes de la psicología étnica que habían fundado la visión de España de los escritores del 98. Pero también le parecen inaceptables los de la actual escuela modernista que consideran al nacionalismo como una construcción artificial, una invención, pero una invención interesada funcional  consecuencia de un profundo cambio histórico cultural  que se  produce con la  Modernidad. Aunque el autor sólo hace referencia entre estos  autores a Benedict Anderson y su teoría de la “comunidades imaginadas”, que descalifica por nominalista.
             En relación con su visión de los problemas  de la nación española, los históricos y los actuales,  el análisis que realiza en  su libro escrito antes del desencadenamiento de  la actual crisis ha quedado, en cierto modo, desfasado. El problema territorial que consideraba superado vuelve a surgir ahora con inusitada fuerza con el intento de independencia de Cataluña como también ha reaparecido  el económico- social  con tintes de profunda  gravedad como consecuencia de la crisis económica, de modo que en su prólogo a  esta segunda edición, arremete con denuedo y argumentos contra tal intento, manteniendo, como diría Ortega, que Cataluña  no sólo es España, sino que es su célula originaria, como núcleo inicial  que fue de  Hispania.
En fin, a un lector como el que escribe estas líneas al que la perspectiva orteguiana que impregna estas páginas no le parece sino un “idealismo” alambicado y le convencen mucho más las teorías del origen artificial de las naciones, los planteamientos de este ensayo identitario le suenan en cierto modo a música celestial. Aunque estoy seguro que su lectura será de interés  y satisfacción para  otros muchos lectores como parece indicar la necesidad de su reedición.    
           (Publicado en Cultura, suplemento cultural de La Nueva España, 24 de enero 2014)