viernes, 18 de mayo de 2018


          
    



         LA VIGENCIA DE MARX (SIN …ISMOS)
                                             JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
 La conmemoración  del bicentenario del nacimiento de Karl  Marx  es, sin duda, una propicia  ocasión  para  revisitar su figura y su pensamiento  y tratar de establecer si su obra  es ya solamente  carne de las historias de la filosofía, la economía, la historiografía y  las ciencias sociales o si  todavía sus propuestas tienen cierta vigencia en los momentos actuales en que parece cada vez más claro que estamos ante un imparable cambio de  época.  Me refiero a una vigencia  entendida como algo que  supere  la que pueda tener  el pensamiento de un clásico,  esto es, que no solo nos interpele hoy o nos oriente  sobre nuestros problemas actuales, sino que  vaya más allá y en sus planteamientos se encuentren todavía elementos pertinentes y útiles  para poder  entender y transformar el mundo en que vivimos, como  pretendió  hacer Marx.      
   Desde las posiciones ideológicas de la derecha y del pensamiento neoliberal es claro que el  pensamiento marxiano, como el de los marxismos posteriores, es rechazado no solo por sus supuestos  errores teóricos, sino también por las negativas consecuencias que para sus intereses y para sus valores causaron (además de la víctimas que originaron) los regímenes marxistas  que se derivaron de las premisas del pensamiento marxiano. Marx no es para ellos, pues, sólo un clásico negativo, sino el creador de un pensamiento  radicalmente equivocado e inaceptable. 
   Los que participan de esa perspectiva ideológica y política –la del pensamiento de derecha y liberal- entienden, sin duda, que el  hundimiento y final del Imperio soviético, ha sido la demostración inapelable de la falsedad e inconsistencia  de los planteamientos teóricos del pensamiento de Marx. Pero también defienden además  que ese trascendental colapso histórico no es sino también  la prueba definitiva de que el capitalismo es el sistema económico idóneo para el desarrollo de la Humanidad. Desde luego, esos argumentos no sólo  no distinguen entre el pensamiento de Marx (quien, por cierto, siempre mantuvo que él nunca había sido marxista), y el de los marxismos posteriores, sobre todo, el de la vulgata que se  desarrolló y difundió como un catecismo entre  la población de la Unión soviética. Sino que también, con gran incongruencia lógica, coligen que la inviabilidad del sistema soviético es a la vez  la prueba de las bondades teóricas y prácticas del sistema capitalista.
  Sin embargo, la realidad es que ante nuestros ojos  se está desarrollando una gran paradoja, aunque sólo sea aparente. El final “del socialismo realmente existente” está  originando, en cambio, un interés creciente por el  pensamiento marxiano. Interés que está ligado, sin duda, a  los efectos negativos de empobrecimiento y desigualdad social que en las clases populares y medias está causando la Gran Recesión, una más de las crisis económicas (en este caso,  la más profunda, con la del 29, que ha sufrido el capitalismo) que Marx dedujo que necesariamente iría desencadenando en su desarrollo el sistema capitalista.             
 Sin duda, el pensamiento marxiano es hijo de su tiempo y la  concepción de Marx de la filosofía, la economía y la historia adolece de limitaciones  y debilidades, inexactitudes  y hasta de errores  y  no es posible hoy validarlo en su unidad  como ciencia en sentido estricto. Pero presenta y desarrolla un conjunto de intuiciones, conceptos, categorías  y teorías que siguen teniendo  validez  hoy  como instrumentos para el análisis científico  de la economía, la historia, la filosofía y otras ciencias sociales. Y de hecho  ese repertorio sigue siendo utilizado actualmente  por muchos  historiadores, científicos sociales, filósofos y economistas en sus  planteamientos.
 Y si hay que destacar por su vigencia ciertos elementos de su pensamiento, estos son, sin duda, los que  constituyen su análisis crítico del capitalismo realmente existente de su tiempo que excluía  del bienestar social a una gran parte de la sociedad. Esos elementos explicativos  pueden seguir siendo utilizados todavía  hoy para describir y analizar también  algunos de los rasgos fundamentales de la actual forma del capitalismo globalizado financiero que padecemos. Entre otros,  la consideración de las crisis económicas como un elemento sistémico del  desarrollo del capitalismo, la explotación económica de los de abajo  y la lucha de clases consecuente, aunque ahora sea ésta más plural y compleja al incorporar una variedad de sujetos y demandas. O la tendencia inexorable a la  expansión mundial del sistema a través del comercio y las finanzas. Análisis este último, por cierto,  que hace de Marx uno de los primeros teóricos del proceso de la globalización económica actual. O, en el marco de su teoría de las ideologías, el efecto alienador, cosificador que este sistema económico genera, y sigue aún hoy generando, sobre las personas  para conseguir la reproducción y la aceptación del sistema.
  Pero del pensamiento marxiano hay que rescatar hoy también su componente ético. Su consideración de la igualdad como uno de los valores supremos del hombre, su crítica a la exclusión de la riqueza social de una gran parte de la población que origina el capitalismo y su propuesta de emancipación  de los desposeídos a través de la lucha social y política.
      En fin, lo cierto es que, aunque son muchos los  que desean ver a Marx encerrado en el arcón de la historia para siempre, es paradójicamente   el propio capitalismo en su despliegue continúo de riqueza concentrada en unos pocos y de desigualdad y pobreza para muchos quien  nos lo hace recordar de  continúo

(PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA NUEVA ESPAÑA, DE OVIEDO




             



     1968: EL AÑO QUE PUDO CAMBIAR EL MUNDO
                                JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
      El cincuenta aniversario de la denominada revolución de Mayo de 1968 no parece estar aportando ninguna novedad editorial destacada en el análisis de aquellos  acontecimientos. No es sólo que los libros publicados sean sobre todo escritos testimoniales, en muchos casos de los que ni siquiera estuvieron en París en aquel mayo caliente en el que  se podía encontrar la playa bajo los adoquines o los universitarios, no sólo de Paris, sino también de México y hasta de los campus de Estados Unidos, España, Italia, Alemania, Grecia y otros trataban de llevar la imaginación al poder tratando de romper no sólo con la realidad política existente sino también  con  los modos de vivir con aquel mundo surgido tras la ola de prosperidad capitalista de la que el mundo desarrollado gozó tras la Segunda Guerra Mundial y que comenzaba a cuartearse en la década de los  sesenta.
  No sólo, pues, no parece hallarse ninguna novedad importante en esta literatura reciente del 68, sino que, además, en muchos de los análisis publicados en estos últimos meses da la impresión que lo que tratan la mayoría de ellos no es sino blanquear aquella etapa revolucionaria, limitando su significado a un movimiento  de carácter  romántico y al margen de la realidad llevado a cabo por estudiantes franceses, mexicanos, norteamericanos o del resto del mundo desarrollado que protestaban y luchaban por una  revolución sin causa justificada viviendo como vivían en sociedades de un alto  nivel de vida en las que no sólo sus necesidades vitales estaban cubiertas sino que, además, como miembros de familias de la burguesía o de las capas más elevadas de las clases medias, tenían por delante  un halagüeño futuro con la posibilidad instalarse en buenas condiciones en sus respectivas sociedades.
En realidad, se ha dicho y se vuelve a repetir en estos días (y esto tiene, sin duda, un punto de verdad, pero que limitado sólo a ello no deja de ser sino un reduccionismo) que aquellos acontecimientos no fueron sino solo una  revolución cultural que trató de hacer realidad los valores de los sentimientos  equiparándolos con los de la racionalidad instrumental imperante. Que en resumidas cuentas -dicen los que así interpretan mayo del 68- que aquella explosión revolucionaria solo fue flor de un mes y nunca trató de ser en la realidad una verdadera revolución política y social que quisiera transformar radicalmente el mundo. Y esas críticas (lo cual  es realmente muy significativo) provinieron tanto desde el socialismo burocrático de raíz estalinista, asustado por los acontecimientos de Praga, como de los sectores de la derecha liberal y de la socialdemocracia reformista que tenía como única meta política y social la consecución del estado de bienestar.                               
   Frente a estas interpretaciones blanqueadoras y reduccionistas que vuelven a pretender ser hegemónicas con motivo del actual cincuentenario de aquellos acontecimientos, se alza la voz de los que mantienen su interpretación de aquellos hechos revolucionarios como un intento frustrado de un cambio radicalmente transformador. Para ellos, aquel proceso  fue un acontecimiento global que se desarrolló en  numerosos países con causas diferentes, pero con un denominador común: el descontento producido por los efectos negativos del  declive en que comenzaba entrar, en esa década de los 60, aquella larga marcha triunfal del capitalismo tras la Segunda Guerra Mundial.
 Los escenarios de aquella crisis amenazante  fueron  múltiples: la ofensiva del Têt en Indochina, la Primavera de Praga, las revueltas estudiantiles con la famosa huelga general en Paris  secundada por los obreros y acompañada con la toma de fábricas, las manifestaciones en México, Estados Unidos, Alemania, Italia, Grecia, España, Pakistán….  Y específicas fueron  también en cada caso las causas que originaron aquellos estallidos revolucionarios de dimensión global. Sin duda, causas inmediatas diferentes, pero todas con un origen común: los efectos negativos que estaba originando la evolución del capitalismo surgido tras el conflicto bélico mundial tanto el  liberal  del mundo desarrollado como el capitalismo de Estado surgido del burocratismo estalinista del socialismo realmente existente en el Este.
  Entre esas causas específicas  que  originaron los distintos focos revolucionarios del 68 habría que mencionar los negativos efectos que para libertad política y cotidiana tuvieron las  dictaduras de izquierda y de derecha; las graves consecuencias que, tanto para los pueblos  que el neocolonialismo imperante en los sesenta intentaba someter como para las propias sociedades de las metrópolis imperialistas, originó la descolonización en marcha; la falta de libertad real, no formal, que dominaba  en las democracias occidentales, tanto como la ausencia de libertad formal y burocratización imperante en los regímenes del socialismo real; la segregación y el racismo imperantes que desencadenó la lucha por los derechos civiles en países como Estados Unidos y el descontento por la guerra de Vietnam; y, en fin, el ascenso creciente entre las mujeres de la conciencia del sistema patriarcal dominante o la de la sensibilidad ecológica nacida como consecuencia del impulso destructor del sistema capitalista industrial.
 Es claro, pues, que, para quienes interpretan el mayo de 68 desde esta perspectiva, aquellos sucesos se entienden como verdaderamente revolucionarios e, incluso, consideran que muchas de sus demandas siguen siendo todavía hoy vigentes en  la actualidad. Incluso muchas de las  intuiciones y protestas del 68 no sólo siguen presentes  hoy, sino que se han hecho todavía más acuciantes de modo que han sido el origen del  desarrollo y las luchas de los movimientos feminista y ecologista actuales. Y han hecho cada vez más generalizada la conciencia de la necesidad  de un cambio cultural, en el marco de una nueva realidad política, social y económica, que haga efectiva  una sociedad que valore y promueva la expresión de verdaderos sentimientos personales y valores colectivos de la sociedad ante el creciente  individualismo y uniformización social  que  genera el  actual capitalismo globalizado.               
       No es extraño, pues,  que, en  este nuevo aniversario, los que piensan el 68 como lo hemos analizado más arriba consideren todavía pertinente la redición de un libro como 1968. El mundo pudo cambiar de base  que fue publicado en el anterior aniversario de aquellos hechos revolucionarios. Libro cuyo contenido desarrolla un análisis bastante  completo de aquel proceso revolucionario a través de 16 artículos y dos apartados, de reducidas dimensiones. Capítulos y apartados que abarcan desde la visión de conjunto de aquel proceso revolucionara hasta las concretas  de los diferentes focos revolucionarios, con especial atención al caso español al que dedican una parte del libro con artículos  de Jaime Pastor, Manuel Gari y Miguel Romero.
  Estos, como los restantes 17 autores del libro (entre los que tenemos otros nombres tan conocidos como Tariq Alí, David Bensaid o Pierre Rousset), no hacen sus análisis desde una óptica académica propiamente dicha, sino desde el compromiso con los planteamientos de la izquierda radical, además de haber sido todos ellos verdaderos actores en aquellos acontecimientos revolucionarios. Al contrario que muchos de los que hoy escriben sobre mayo de 68,  estos  no  es que pasaran por allí, sino que fueron verdaderos protagonistas de aquellos acontecimientos.
     En fin, a pesar de los diez años transcurridos desde su primera edición, estamos todavía con este libro  ante uno de los análisis más completos del ciclo revolucionario del 68 con una interpretación de aquellos sucesos como una verdadera revolución que buscaba una transformación radical de la sociedad de su tiempo y cuyas demandas consideran  todavía hoy vigentes.
(PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA NUEVA ESPAÑA)
          
                         








PACTAR EL DESACUERDO
                                  JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS
 Como es sabido, este libro (Empantanados. Una alternativa federal  al soviet carlista, 2018 )  del sindicalista y político catalán Joan Coscubiela tiene su origen en su notable intervención en el pleno del Parlament de Cataluña como portavoz del grupo parlamentario Catalunya Sí que es  Pot ( CSQEP) los días 6 y 7 de septiembre de 2017 en los debates de la Ley del Referéndum y la Ley de Transitoriedad Jurídica  y Fundacional de la República. Debates en los que nuestro político denunció ante el Pleno la conculcación de los  derechos de las minorías y la ilegalidad de las propuestas del catalanismo unilateralista ganándose el aplauso del bloque constitucionalista y de los miembros de su grupo parlamentario.
  Alguien podría pensar que su contenido no es sino una justificación  de las posiciones discordantes que en el Parlament mantuvo su grupo parlamentario (que se autodenominó expresivamente como “la patrulla nipona”) durante los cuatro duros meses finales  tanto con los grupos constitucionalistas como con los independentistas, defendiendo una tercera posición; la de la equidistancia, pero no la neutralidad, ante el problema de la independencia de Cataluña sobre el que giraron sus debates.
 Pero eso es así sólo en cierta medida.  La primera parte del libro  sí está dedicada a explicar, más que justificar o ajustar cuentas, la posición de su grupo parlamentario  en  aquel enfrentamiento entre el bloque del independentismo unilateral, con su bochornoso intento de  aplicación del rodillo parlamentario para conseguir la desconexión con el Estado español y fundar  una república catalana, y la reacción represora, recentralizadora y exclusivamente judicial del nacionalismo españolista del Gobierno del PP jaleado por el de Ciudadanos. Pero más allá de esa explicación la segunda y tercera parte del libro -que creo  serán las que más interesen a los lectores, sobre todo, a los no catalanes- desarrollan un profundo, agudo y bien articulado análisis de las causas y naturaleza del movimiento independentista catalán y de cuáles pueden ser las soluciones  posibles que deben adoptarse para poner remedio a la que ya es la más grave crisis del Estado español desde el inicio de la democracia
 La tesis central del análisis de  Coscubiela es la de que la causa de esa ola nacionalista que amenaza con anegar toda Cataluña y llevarse por delante  a  la Autonomía catalana y al Estado español  tal y como lo conocemos hoy, no está sólo en las malas prácticas de la política autonómica seguidas desde la Transición  por los gobierno del PP, los de Aznar y Rajoy, que siempre han buscado por ideología y por táctica electoral abortar el profundo e histórico  deseo de  autogobierno de los catalanes y avanzar en cambio por el camino de la recentralización, sino que el movimiento independentista en Cataluña tiene también su origen en los negativos y limitantes efectos que para la soberanía política de los ciudadanos está originando la globalización económica producida por el capitalismo financiero mundial que nos domina.
  En efecto, la  soberanía política empieza a estar sujeta a los intereses de los mercados globales. Y si la política ya no sirve para embridar a la economía y se está convirtiendo en un poderoso factor de la uniformización del modo de vida y de pérdida de la identidad, es explicable que tal situación esté también en el origen de esta nueva oleada del nacionalismo catalán que está poniendo en jaque al Estado español. Oleada que no ha adoptado desgraciadamente las fórmulas del nacionalismo catalán inclusivo que defendieron las izquierdas nacionalistas catalanas durante su lucha contra el franquismo, sino las del nacionalismo identitario y excluyente del nacionalismo romántico decimonónico que, en algunos sectores, llega a decir Coscubiela, y así lo apunta en el subtítulo de su libro, no es sino un nuevo reverdecimiento de las posiciones del carlismo catalán tradicional que el autor denomina como neocarlismo.
  Ese nacionalimo ha adoptado para conseguir sus objetivos la estrategia de un unilateralismo que rompe con los principios democráticos y ha llevado  a Cataluña a un callejón sin salida, a “un empantanamiento” del que puede costar hasta décadas salir. Estamos, pues, dice el autor, ante un  nacionalismo unilateral que parafraseando a Lenin, no es sino la fase superior del procesismo y la enfermedad infantil del independentismo
  A partir de ese diagnóstico, el político catalán propone los remedios que habría que tomar para reconducir la lamentable situación a que nos han llevado tanto las propuestas del movimiento catalanista actual como la reacción represora, inflexible del Gobierno del PP y el centralismo a ultranza que defiende Ciudadanos.
 Para Coscubiela, desde el reconocimiento del derecho a decidir del pueblo catalán y la legalidad constitucional de un posible referéndum en Cataluña, la solución cabal sería una reforma constitucional que constituyera al Estado español como un estado federal asimétrico en el que las naciones como Cataluña tuvieran su pleno reconocimiento, pero sin que eso supusiera en ningún caso la implantación de cualquier clase de desigualdad entre territorios porque una cosa es la desigualdad y otra la diversidad. Y para poder mantener la autonomía de la política frente a la nefasta influencia de  globalización económica apostar por  la Unión  Europea como  espacio político territorial en el que reconstruir la soberanía de la ciudadanía  frente a los mercados.
 Claro es que este objetivo no es cosa de un día,  requiere un largo trayecto y aparece salpicado de numerosas dificultades. Por ello Coscubiela propone, con el sentido práctico del  buen sindicalista y el realismo y  sentido común del seny catalán,  ir avanzando, para salir del empantanamiento actual en que se encuentra  el conflicto en Cataluña a través de lo que él denomina microsoluciones. Como, por ejemplo, aprovechar los márgenes que ofrece la reforma del sistema financiero autonómico para remediar los problemas financieros de la Autonomía catalana o dar un mayor  protagonismo ideológico y político al conflicto social y económico frente a la única cuestión del problema de la independencia.
  Y todo ello debe comenzar por hacer entender a catalanes y españoles, contando para ello con la acción y apoyo de los medios de comunicación ( al contrario del papel que   han tenido hasta  hoy,  que no ha sido sino la  de ser máquinas de  crear hooligans por ambos bloques por lo que les denomina irónicamente  como División Brunete y  División Ítaca),  que la solución no está en la victoria de uno sobre el otro, la del constitucionalista sobre la del nacionalismo unilateral catalán o la inversa, sino por propiciar  la emergencia de otro tercer bloque que hoy mantiene una actitud de equidistancia ante el conflicto, pero no de  neutralidad. Y a partir de ello  Coscubiela, como experimentado sindicalista que ha sido, propone comenzar por lo que parece más razonable: pactar el desacuerdo.    
 El autor  manifiesta varias veces a lo largo de las páginas de su libro su temor de que su contenido nazca ya superado por los  venideros acontecimientos, dado el curso vertiginoso que éstos están teniendo en la crisis catalana. Puede estar tranquilo. La madurez, fineza y detalle de sus análisis (a veces hasta excesivamente prolijos) lo convertirá, sin duda, entre  la profusa bibliografía de variado valor y pelaje ideológico y político que está generando la crisis catalana, en un libro de  obligada  lectura. 
(Publicado en suplemento Cultural de La Nueva España)
                   


sábado, 14 de abril de 2018










  DAVID, RUIZ, HISTORIADOR Y PROFESOR UNIVERSITARIO
                                   JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS.
La conmemoración este año del cincuenta aniversario de la publicación del libro del historiador y catedrático David Ruiz,  La historia del movimiento obrero en Asturias, es, sin duda, una ocasión oportuna para  repasar, aunque solo sea someramente, la importante labor que David ha desarrollado como historiador y como profesor universitario.  
  Como historiador  su labor  se ha caracterizado por  una profunda  coherencia  investigadora. David, procedente  del Cuerpo de Catedráticos de Instituto, tuvo su primer destino en el Instituto de Algeciras desde donde se trasladó al Instituto de LLanes  y, finalmente, pasó al Instituto Femenino de Oviedo (hoy Instituto Aramo)  para terminar como profesor encargado  de la cátedra  de Historia contemporánea de la Universidad de Oviedo y final y sucesivamente ocupar las plazas de profesor adjunto y catedrático de esa asignatura en nuestra universidad. Su llegada a Asturias no fue fruto del azar de un traslado, sino que estuvo determinada por su interés como investigador de la Revolución del 34 en Asturias. Pero para proceder  a su estudio era necesario conocer en profundidad los antecedentes  y consecuencias de ese proceso revolucionario que puso a Asturias, más que el mito de Covadonga, en el escenario mundial. De ahí la dedicación de su pionera tesis, dirigida por don Juan Uría, al estudio del origen y desarrollo del movimiento obrero en Asturias, como paso previo para un análisis en profundidad de la Revolución del 34. Su tesis fue publicada en 1968, con el título de El movimiento obrero en Asturias. De la industrialización a II República. ...
 Fue, sin duda, un estudio pionero porque en aquellos años la historia dedicada en España al estudio de los de abajo, de las clases populares y trabajadoras apenas si tenía algunas muestras en nuestra historiografía. Pero también y, sobre todo, fue un estudio con profundas implicaciones políticas, porque, en aquellos momentos de duro combate contra la dictadura franquista en el que los obreros asturianos estaban teniendo un papel decisivo, el conocimiento de la historia de las organizaciones obreras y de su lucha histórica era un factor  para su concienciación como clase y, por tanto, una motivación más  para la que estaban llevando a cabo en aquellos momentos.  
 Pero, el interés historiográfico de David siguió estando dominado por el conocimiento en profundidad del proceso revolucionario de 1934, al que dedicó numerosos trabajos posteriores, incluido el que presentó para su oposición a la cátedra de Historia contemporánea de la Universidad de Oviedo y fue publicado  posteriormente como Insurrección defensiva y revolución obrera. El Octubre español de 1934 que culminaron en su estudio definitivo Octubre de 1934. Revolución en la República española.     
   Esa coherencia investigadora está también presente en su labor como responsable del Departamento de Historia contemporánea de la Universidad de Oviedo desde el que  planificó y promovió numerosas tesis y tesinas (42 tesinas y 15 tesis doctorales hasta 2002 según el Diccionario Akal de Historiadores españoles contemporáneos) dedicadas  a la investigación de la historia contemporánea de Asturias tratando cubrir con ellas los diversos aspectos apenas tratados  hasta entonces en nuestra historia regional referidos a su evolución política, económica, social y cultural. E, incluso, como demostración del conocimiento  que tenía de los nuevos temas y corrientes historiográficas que se estaban introduciendo en España en aquellos años, también dedicó la  atención de los trabajos de algunos de sus discípulos a campos más novedosos como  la historia de las mentalidades desde la perspectiva metodológica del materialismo histórico en la línea que era ejercitada en aquel tiempo por un historiador de izquierdas de la talla del francés Michel Vovelle.
   Su metodología basada en una historia social que empleaba el aparato conceptual del materialismo histórico y su posición política ideológica como miembro del PCE  le trajeron muchos problemas, como por ejemplo, el no ser renovado por orden gubernativa su contrato como encargado de la cátedra de Historia contemporánea de la Universidad de Oviedo o la suspensión y retirada de su versión de la Historia contemporánea de Asturias en el tomo correspondiente de la Historia de Asturias de la editorial Ayalga por razones ideológicas. Suspensión, por cierto, que fue finalmente invalidada por los tribunales. En su  defensa y apoyo  tuvo David  a historiadores de la talla de  Manuel Tuñón de Lara y Juan José Carreras Ares.
Como profesional de la enseñanza universitaria, David siempre ha destacado como un excelente transmisor  de conocimientos, sino también por ser un profesor profundamente identificado con sus alumnos con los que siempre ha sabido establecer  una sincera y profunda relación de amistad y cordialidad nacida de la auctoritas y  y no de la potestas. Con los que realizaban bajo su dirección  sus tesinas y tesis su apoyo era siempre sin límites. En mi caso, por ejemplo, que hice una tesis doctoral bajo su dirección cuya bibliografía era, sobre todo, de origen francés y no estaba publicada en España, nunca puso ningún reparo para que el Departamento cubriera los elevados gastos que  suponía su adquisición y nunca me faltó su apoyó y estímulo en los momentos de desfallecimiento  y desánimo por los que pasa todo tesitando. Nunca me preguntó por mi ideología y siempre respetó mi  modo concreto de enfocar la investigación, además de solventarme todas  mis dudas y necesidades de investigación La consecuencia de esa actitud era, como hemos dicho, que, al final, sus alumnos terminábamos estableciendo con él una relación de amistad, más que de profesor y alumno.
Otro rasgo  que siempre ha destacado en esa labor profesoral de David, al contrario de lo que era y en cierta medida sigue siendo habitual en nuestra Universidad, es el no haber practicado la endogamia en la elección de sus alumnos de posgrado. Es más, si ha tenido inclinación hacia alguna clase de ellos, ha sido  hacia los profesores provenientes de los cuerpos de Profesores de Enseñanza Media que querían hacer sus tesis y tesinas Apoyo quizás motivado por su procedencia profesional de esos cuerpos y, sobre todo, por  la ausencia en él de cualquier clase de espíritu corporativo.
Sin duda, el libro cuya edición  conmemoramos este año tuvo una importante implicación historiográfica y política, pero también por ser el preámbulo de un largo, fructífero  y coherente ejercicio de su labor profesional, intelectual y política.   
     (PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO CULTURAL DE LA NUEVA ESPAÑA, DE OVIEDO)

miércoles, 7 de marzo de 2018


PRESENTACIÒN DE LA CONFERENCIA DE JUAN SISINIO PÉREZ  GARZÓN EN TRIBUNA CIUDADAN SOBRE LAS CORTES DE CÁDIZ
  JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

      Voy a tratar de ser muy breve en esta presentación para dar el mayor tiempo posible al conferenciante que es realmente a quien hemos venido a escuchar  aquí.
            Quiero comenzar  expresando un doble agradecimiento a Tribuna Ciudadana. Por la confianza que ha depositado en mi para la presentación de Juan Sisinio Pérex Garzón. Pero, además,  quiero también dejar constancia de mi agradecimiento y apoyo a Tribuna por la importante y bien planteada  labor  que viene realizando cada año en orden de la difusión de la cultura en Oviedo y en toda Asturias
            Con muy buen criterio, Tribuna ha querido sumarse con este acto a la conmemoración del bicentenario de la Constitución del 12 que es, sin duda, uno de los momentos seminales  de nuestra historia contemporánea. Y ha tratado de hacerlo huyendo del presentismo y la manipulación política y hasta del folclorismo en que habitualmente se incurre en esta clase de conmemoraciones como hemos estado constatando  y padeciendo en este caso desde que comenzaron los fastos conmemorativos a  principios de año. La impresión que uno tiene  ante tales actos es que lo que menos importa es la difusión del significado y la explicación histórica del   hecho que se conmemora y lo demás la rentabilidad en votos y en imagen de aquellos que  pronuncian discursos y escriben artículos en los medios sobre el mismo.
            El objetivo que se planteó Tribuna era,  pues, el contrario. Conmemorar el bicentenario del texto constitucional  tratando de comprender cuál fue el complejo proceso revolucionario que un lapso de tiempo tan breve,  de 1808 a 1814, transformó la monarquía absoluta hispánica en una nación de ciudadanos, vinculando la idea de España con la noción de libertad. Proceso en el que participaron tanto las élites como las clases populares  Y todo ello  en medio de una guerra internacional desencadenada por la invasión napoleónica. Era necesario para  tratar de tener esa visión integral histórica ir más s allá del análisis jurídico- político  del texto constitucional gaditano y dar explicación de todos los factores que estuvieron implicados en ese proceso revolucionario y de las contradicciones y alternativas que hubo en todo él y que terminaron, en la posterior consolidación del liberalismo español a partir de 1833, dando al traste con la nación de ciudadanos esbozada en Cádiz que fue sustituida finalmente por la  nación de  propietarios que trajo el liberalismo doctrinario, pasando a ser aquel nacionalismo democrático y radical de los doceañistas gaditanos, el  ideal y programa de los demócratas y republicanos españoles.         
Hemos creído que quien  mejor podía darnos esa visión integral histórica del origen y significado de la Constitución del 12 y el nacimiento de la nación liberal en España, es  nuestro conferenciante Juan Sisinio Pérez Garzón, pues  es   uno de los mejores conocedores e investigadores del origen del nacionalismo español y de todo lo relacionado con nuestro nacionalismo historiográfico decimonónico como demuestra su excelente  libro de 2007: Las Cortes de Cádiz. El nacimiento de la nación liberal y así lo testimonian también sus numerosas y cualificadas publicaciones sobre este tema con el ya que se inició desde su tesis doctoral que es todo un clásico de nuestra historiografía sobre el siglo XIX: “Milicia Nacional y revolución burguesa”(1978). Tema que ha sido con el del  análisis teórico del concepto de la revolución burguesa en España y el del nacionalismo historiográfico español los  tres grandes centros de interés de su obra investigadora. Además, del más reciente sobre la historia del Feminismo, al que ha dedicado recientemente un excelente libro, publicado en ediciones de La Catarata.     
            Por lo demás el currículo académico e investigador de Pérez Garzón es abrumador. Formado como profesor en las Facultades de Geografía e Historia y de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, es desde hace más de una década Catedrático de Historia de Contemporánea de la de Castilla- La Mancha y cuenta en su haber con 8 libros; 34 capítulos de libros;23 artículos en revistas especializadas; 5 prólogos; ha participado en 9 proyectos de investigación y ha dirigido 22 tesis doctorales y proyectos de investigación, amén de haber impartido innumerables conferencias y participado en numerosos simposios y congresos. No es, desde luego, pequeño bagaje y la evidente demostración de que estamos en las mejores manos para el desempeño de este tema. Cedo la palabra al conferenciante.





           

        PUNTUALIZACIONES SOBRE LOS ASESINATOS  DE GUMERSINDO GÓMEZ  ANTÓN Y SU ESPOSA OLVIDO DÍAZ FERNÁNDEZ 

            En un articulo  publicado en ese periódico el 27/11/2009, con el título “Rojo fuera, cura por dentro” que trata de  la persecución de los canónigos  de la Catedral de Oviedo por los revolucionarios de Octubre del 34, se alude a nuestro abuelo Gumersindo Gómez Antón (el apellido que se menciona es el de González, pero lo identifica como el dueño de la  funeraria de la calle San Antonio, 13, de la que sí era propietario nuestro abuelo) como responsable de la denuncia a los revolucionarios del lugar donde se escondían los canónigos don Juan Puertes y don Aurelio Gago que fueron detenidos y  fusilados  horas después  en  San Lázaro.
Según el mencionado artículo, el posterior  asesinato de nuestros abuelos y de sus hijos (¿?) ocurrido en marzo de 1937, según consta en el certificado de defunción correspondiente (no en 1936, como se dice en el artículo) fue consecuencia de un  “paseo” llevado a cabo por un grupo de falangistas ovetenses  como represalia o venganza  por la mencionada denuncia.
            Después de pasar cierto tiempo recabando datos e información sobre los  “hechos” que el artículo da como ciertos, queremos que quede constancia en las páginas de su periódico, como rectificación de su contenido, las siguientes precisiones:
 1ª)  No sólo no hay ninguna evidencia judicial objetiva de la mencionada delación , sino que, al contrario, la justicia de los vencedores de la guerra civil, después del asesinato de nuestros abuelos, les aplicó la Ley de Responsabilidades Políticas (según consta en el correspondiente expediente que se halla depositado en el Archivo Histórico de Asturias) con tres acusaciones que  nada tienen que ver con la mencionada delación: a) “ (Gumersindo Gómez Antón)  es- según el expediente judicial-  militante en el partido socialista”. b) “(…) durante la revolución de Octubre, se dedicaba a pasar armas  para los rojos aprovechando a este fin el coche estufa de la conducción de cadáveres (…)”. c) “(…) y en el actual Movimiento Nacional, se dedicaba a propalar bulos y hacer manifestaciones en contra de la Causa liberadora (…)” (Juzgado Instructor de responsabilidades políticas de Oviedo. Signatura 29.110/27)
2º) No hay, en la instrucción del expediente,  ninguna acusación relativa a la delación  por  parte de la Iglesia asturiana ni  ésta se persona como acusadora en la causa. Y no nos  consta que nuestro  abuelo estuviese afiliado al Partido socialista o alguna de sus organizaciones (sí lo hemos constatado para nuestro padre  y dos de los hermanos) y todos los intentos de  averiguar  por nuestra parte la afiliación de nuestro abuelo a ese partido han sido infructuosos. Respecto a la acusación de pasar a los revolucionarios armas en el coche fúnebre, según afirma uno de los testigos de la causa, es preciso tener en cuenta que fueron los propios revolucionarios los que utilizaron el vehículo fúnebre para tales menesteres, y hay pruebas documentales de que en esos días se produjo la incautación por los revolucionarios de todos los vehículos motorizados.
3º) El  asesinato no fue obra de un grupo incontrolado de  falangistas, sino que la orden y la ejecución  material partieron de  la Falange de Oviedo, como consta de manera expresa  en el expediente judicial. En un escrito de 20 de enero de 1938 de la Jefatura Provincial de Asturias de la Falange dirigido al juez instructor se dice: “Que el citado individuo en unión de su esposa han  sido fusilados en cumplimiento de sentencia dictada por nuestros tribunales” Esto es, por  los “tribunales” de la Falange.
4º) Todos los vehículos de la funeraria, mecánicos y de tracción animal, así como   ataúdes y demás enseres funerarios fueron incautados como garantía para la posible sanción económica derivada de la causa. También se les retuvo  el dinero que nuestros abuelos tenían en las cuentas de varios bancos ovetenses.. Ninguno de  eso bienes incautados  ni el dinero en metálico fueron  devueltos a la familia cuando la causa contra ellos fue sobreseída, según consta  en el Boletín Oficial de la Provincia del 10 de enero de 1950 y sólo se les resarció con un pequeña cantidad en metálico en nada equiparable con el valor de los bienes muebles de la funeraria incautados  y el dinero  metálico retenido.
5º) En el citado artículo se  señala que, con nuestros abuelos, fueron asesinados también en el Campo de San Francisco sus hijos. No fue así. Junto a ellos lo fue también  un miembro de la familia que se encontraba circunstancialmente en la casa cuando se produjo el salvaje  “paseo”. Nuestro padre y sus otros hermanos pudieron salvarse porque  se corrió la voz de una posible represalia  y nuestros  abuelos mandaron a sus hijos pernoctar  fuera de casa aquella aciaga noche. Nuestro propio padre, según su testimonio personal, llegó, incluso, a ver, escondido, el fusilamiento de sus progenitores.  Tampoco se encontraron sus cadáveres, como se dice en el artículo, en el Campo San Francisco, sino que, como consta en el expediente judicial, fueron hallados a la salida de Oviedo, en la carretera de Gijón. Sus cuerpos, lo más probable, es que fueran enterrados sin identificar  en una fosa común  en el cementerio de San Pedro de los Arcos  y  quién sabe si no serían algunos de los mil y pico cadáveres que se trasladaron posteriormente por orden gubernativa al  Valle de los Caídos. 
6º) Como es obvio, aquellos  trágicos acontecimientos  han sido un pesado fardo que ha arrastrado  nuestra familia  toda su vida y han condicionado la existencia de nuestro padre y la de sus otros hermanos que sobrevivieron a la guerra civil Bastante sufrimiento y dolor tuvieron que pasar con su recuerdo (como fue el caso  de  nuestro padre que siguió viviendo en Oviedo y tuvo que ver casi a diario a aquellos que habían quitado la vida a sus progenitores) para que, ahora, setenta años después, se vuelva a escribir  sobre   aquellos  hechos  sin el rigor que exige su tratamiento y se trate de condenar  por segunda vez a nuestros abuelos   sin concederles ninguna posibilidad de defensa.           
( Publicado en páginas de opinión de La Nueva España, de Oviedo)

lunes, 19 de febrero de 2018

                            LA HISTORIA EN 2017
                              JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

      


La falta de espacio y tiempo, de oportunidad y otras circunstancias personales  hacen que no todas las obras notables de historia se puedan reseñar a lo largo de  una campaña de nuestro suplemento Cultura Esto ocurre siempre y el crítico al hacer el balance del año transcurrido echa siempre de menos aquellas obras que debería haber presentado a sus lectores y que las mencionadas circunstancias no lo han permitido. Por eso, no es mala idea hacer un somero balance de aquellas obras históricas que, por unas u otras circunstancias, no pudieron aparecer en estas páginas, aunque nuestra intención hubiese sido hacerlo en el momento oportuno.
 2017 ha sido, sin duda, un año de excelente cosecha historiográfica que ha girado, sobre todo, en torno a  una conmemoración, la de Revolución rusa y a la decisiva etapa de la Transición, que ha adquirido especial relevancia hoy por la crítica situación política que vive  España con  la grave crisis política que padecemos que remueve los cimientos del estado territorial que se trató de implantar en aquella etapa crucial de nuestra historia contemporánea.
De la mencionada conmemoración revolucionaria aquí hemos dado cuenta y resaltado algunas de las más importantes  obras publicadas como  la magna obra de Josep Fontana El siglo de la revolución. Una historia del mundo de 1914- 2017 (Crítica) sobre la evolución de la revolución y su enfrentamiento con Occidente a lo largo del siglo XX o la excelente y novedosa síntesis de  Julián Casanova, La venganza de los siervos (Planeta)  sobre su origen y evolución, amén de los numerosos clásicos reeditados en torno a ese proceso histórico sobre el que  ha girado el siglo XX. Pero si es cierto que entre una producción historiográfica tan profusa, algunas obras respecto a los nuevos campos historiográficos tratados por la actual historia de la Revolución rusa, como la historia de las mujeres o la historia cultural, nos han quedado sin tratar como puede constatarse en Nueva historia de la revolución rusa ( Taurus) del historiador  Sean Mac-Meekin.
Respecto a la Transición, aquí se ha dado cuenta de la que ya es , sin duda, una de las obras más importantes que se han escrito sobre este periodo como es la de Santos Juliá La Transición. Historia de una política española, 1937-2017 (Galaxia Gutemberg). Pero no hemos tenido oportunidad para comentar otra de gran interés y calidad historiográfica; España en democracia (1975-2001), volumen de la Historia de España, dirigida por Josep Fontana y Ramón Villares (Crítica/Marcial Pons) y de la que autor Xosé Manuel Seixas, catedrático de la Universidad de Santiago y de la de Munich, obra que constituye un espléndido y completo análisis de todo el período analizado.
  En cuanto a los Premios Nacionales de este año, el de Ensayo y el de Historia de España, sí dimos debida cuenta de la magna obra de Gonzalo Pontón, La lucha por la desigualdad. Una historia del mundo occidental en el siglo XVIII ( Psado&Presente) valorándola como una de las destacadas del año, como así lo constató el galardón de Premio nacional de Ensayo.  En cambio, no llegamos a reseñar por falta de oportunidad la obra que recibió el Nacional de Historia, la  excelente síntesis del catedrático e historiador asturiano Enrique Moradiellos,  y que recomendamos ahora vivamente, sobre La Guerra civil, Historia mínima de la Guerra Civil española publicada en la colección Historias mínimas (Turner). Son trescientas páginas en las  que nuestro historiador desarrolla magistralmente  el difícil ejercicio de  trazar un visión equilibrada y completa de lo que fue y significó  nuestra guerra civil y en la que se responde con claridad y datos  a todas preguntas claves que cualquier lector quiera saber sobre nuestro conflicto  civil.
  En el tintero de este reseñador han quedado también otras obras históricas que, sin duda, fueron de gran interés e importancia en este año. En el campo de la biografía,  es de destacar la excelente y completa biografía del  gran especialista en la historia de Falange Española, Joan María Thomas, sobre el líder del movimiento fascista español, José Antonio; realidad y mito (Debate). Y la legible, actualizada y en algunas ocasiones excesivamente complaciente  biografía Isabel la Católica  del periodista e historiador británico Giles Tremblet ( Debate).
 Y finalmente  el lector que quiera dar un repaso exhaustivo, actualizado, crítico con aportaciones novedosas  al siglo XIX de Europa tiene en el gran fresco de Richard J.Evans, La lucha por el poder en Europa, 18151914,( Crítica) una excelente oportunidad para hacerlo.
  Desde luego, 2017 ha sido un año de excelente cosecha para los lectores amanes de la literatura histórica. Esperemos que el que viene también lo sea.
( Publicado en el suplemento Cultura, de La Nueva España

martes, 23 de enero de 2018

LAS ESTUPIDECES DE CELIA VILLALOBOS

    

                        LAS ESTUPIDECES DE CELIA VILLALOBOs
                            Julio Antonio Vaquero Iglesias



 Las estupideces  a que nos tiene acostumbrados la diputada Celia Villalobos han llegado a su clímax con sus últimas declaraciones sobre las pensiones. Decir que hay muchos españoles  que están más tiempo de pensionistas que trabajando no sólo es  un comentario clasista e injusto, sino que es, además, el de una analfabeta que no merece estar en el Congreso de los diputados y, desde luego, lo más risible, por no decir tragicómico, es que esta señora de cuyas siestas en el hemiciclo tenemos constancia fotográfica, además de su  entera dedicación a los problemas de los españoles mientras se entretiene con sus jueguecitos en su tableta, es que no es ni nada menos ni nada más que  Presidenta de la Comisión de Seguimiento del  Pacto de Toledo.
Cómo es posible que no sepa calcular  lo que un colegial de la ESO podría hacer sin muchas dificultades. Si la edad media de los españoles es de 83 años y en general el trabajador comienza su vida laboral a los 20 años ( me refiero claro es a los privilegiados que los consiguen gracias eso sí a la eficaz política laboral del Gobierno de Rajoy)  y se jubila a los 65 habrá trabajado unos 45 años y malvivirá con su pensión unos 20 años. Claro es hay que excluir de ese cálculo a nuestros diputados y senadores, que con dos legislaturas, esto es, 8 años van a tener derecho a la pensión máxima toda su restante vida. No es el caso claro de doña Celia que quiere llegar a los 80 “trabajando” en su penoso trabajo de diputada. Pero, desde luego, el suyo no es el de su chófer oficial,¡¡ Manolooo!!, que el pobre tendrá que hacerlo hasta los 65 con una pensión ramplona tras un trabajo, sin duda, de gran dureza, aunque sólo sea por el hecho de tener que soportar de doña Celia la falta de  educación y respeto que todo trabajador merece.
 Pero no es sólo esta perla “contable“ la que acaba de dejar Villalobos en sus declaraciones. Hay otra que tiene un trasfondo más peligroso y grave para los pensionistas. Doña Celia hace otro de sus cálculos mágicos. Si un trabajador ahorrase dos euros al mes ( una cervecilla o un café de menos, esto es, claro, si lo consume en la calle y  no en el bar del Congreso, donde los precios son privilegiados para los padres de la patria)  en 40 años, en el momento de la jubilación. habría ahorrado la fabulosa suma de 960 euros que, sin duda, sería el complemento que le sacaría de todos sus problemas para llegar a fin de mes y complementar su raquítica pensión que año a año, con su política de pensiones, el Gobierno del PP  ha ido  devaluando sensiblemente.
Esta estupidez (quizás habría que añadir al Reglamento del Congreso y el Senado que se pudiese despedir a quien dice unas barbaridades tales. Lo que, sin duda, llevaría a dar de baja a muchos diputados y senadores) esconde, sin embargo, la verdadera política del PP para los jubilados, que es, por cierto, la que propone la social y justiciera ( con los negocios de los bancos) Unión Europea.
Las pensiones, proponen con la boca pequeña, deben completarse con los fondos de pensiones privados, como si  las de escasa cuantía que tenemos en nuestro país pudieran estrujarse para llegar a fin de mes  y estirarse como el chicle  para cubrir las necesidades mínimas de sus perceptores y las de los parados que cada familia lleva a sus espaldas. Ese es uno de los verdaderos problema de nuestras  pensiones cuya solución está ligada a la de garantizar vía Presupuestos estatales o por otros medios, unos ingresos de la Seguridad Social que puedan cubrir su déficit crónico.
Hay quien quiere acudir al caladero de votos de los pensionistas con engaños y mentiras y en el caso de doña Celia con estupideces. No nos dejemos engañar.

( Publicado en las páginas de opinión de La Nueva España)

jueves, 16 de noviembre de 2017

        El ORIGEN  DE  LA DESISGUALDAD ACTUAL
                              Julio Antonio Vaquero iglesias








El editor Gonzalo Pontón acaba de ser galardonado con el Premio Nacional de Ensayo de este año. Y lo ha sido por su único y primer libro, La lucha por la desigualdad. Una historia del mundo occidental en el siglo XVIII, una obra publicada por  su propia editorial, Pasado/Presente.
 Que una “opera prima” sea premiada con el Nacional de Ensayo puede parecer algo fuera de lo corriente, pero en este caso no lo es, dada la historia intelectual del autor. Pontón ha sido uno de los más brillantes editores que ha tenido este país, Trabajó como tal en la editorial Ariel, para pasar después a fundar en los setenta la editorial Crítica y ahora  Pasado/Presente, en las  que, con el apoyo del profundo saber histórico y bibliográfico de Josep Fontana, se publicaron y se están publicando  en nuestro país las más importantes obras historiográficas aparecidas en el mundo occidental. Por sus manos han pasado esos manuscritos proporcionándole una vasta e  importante cultura histórica, como prueba no sólo la erudición sino también el saber que exhibe en su único y primer libro: un ensayo denso, pero bien escrito y sin gran aparato crítico.
 En realidad, este es un libro pensado durante muchos años y escrito en los dos en que Pontón, después de dejar la editorial Crítica, no podía  fundar otra editorial. Estamos ante una verdadera visión global histórica ( económica, social, ideológica, política)  del mundo occidental en el siglo XVIII, pero con un objetivo de plena actualidad que es desentrañar la genealogía de la desigualdad del mundo  actual.  Porque es en ese siglo cuando se ponen, con la revolución industrial y con el emergente capitalismo industrial, las raíces de  esa profunda desigualdad que caracteriza nuestra sociedad contemporánea.
 Desde luego, como apuntábamos en nuestra recensión sobre este libro publicada en el suplemento cultural  de este periódico, estamos ante una explicación mucho más fundamentada de la desigualdad actual que la teoría ahistórica de la desigualdad que tanta difusión ha tenido del economista francés Piketty  en su El capital en el siglo XXI.
  Pontón deja claro en su libro con su análisis integral lo que muchos historiadores hemos pensado, frente a la “buena prensa historiográfica” que dominantemente ha tenido la Ilustración y su siglo de las luces, de cuanto tenía ésta de ideología, esto es, de justificación de esa nueva sociedad surgida en el mundo occidental en el siglo XVIII, basada en sus fundamentos en la desigualdad. Desigualdad que ha ido creciendo hasta hoy llegando a alcanzar unas dimensiones extraordinarias y tiene visos, si nadie lo remedia, de seguir creciendo.
  Uno ignora cuál va ser el destino de los libros que comenta y desde que leí el libro de nuestro flamante Premio Nacional de Ensayo, alguna vez he pensado que quizás,  por sus dimensiones y su densidad. su libro no iba tener desgraciadamente el reconocimiento que merecía. Pero mi pronóstico, gracias a sus bondades, resultó  gratamente equivocado.   

( Artículo publicado en la sección de Sociedad y Cultura de la La Nueva España, de Oviedo)  

lunes, 6 de noviembre de 2017

                                    ESPAÑA NO FUE RUSIA
                                                      Julio Antonio Vaquero iglesias





 El final del zarismo y la creación del régimen soviético en 1917 hay que contextualizarlos en el marco del conjunto de crisis sociales y políticas que se desarrollaron en Europa agudizadas por los negativos efectos de la Gran Guerra, y que no son sino un efecto de un proceso más amplio que es el paso de la sociedades elitistas del liberalismo oligárquico a las sociedades de masas y los sistemas liberales democráticos. Proceso que algunos historiadores conocen como “ la guerra civil europea”. España también sufrió las consecuencias de esa profunda crisis y aunque neutral respecto al conflicto mundial, padeció sus efectos económicos y sociales negativos. Y esa crisis se tradujo en nuestro país en un intento frustrado, en la conocida como crisis de 1917, de poner fin por sectores liberales avanzados, republicanos, partidos y sindicatos obreros al régimen oligárquico de la Restauración con el objetivo de sustituirlo por un régimen democrático. La coincidencia cronológica con las dos etapas de la revolución rusa (la de febrero/marzo que supuso el fin del zarismo y la de octubre/noviembre que inició el proceso de implantar la sociedad socialista) fueron dos acontecimientos que influyeron claramente en la crisis española de aquel año y tuvieron importantes consecuencias posteriores. Las noticias de la revolución rusa llegaron a España a través de las agencias de prensa internacionales, aunque con varios meses de retraso, pero el impacto fue muy intenso. El ABC, incluso, tuvo su propio corresponsal en Rusia, Fue la periodista coruñesa Sofía Casanova que tuvo primero, en la etapa de febrero, una actitud positiva hacia los revolucionarios, y, después, profundamente negativa ante la deriva revolucionaria socialista que terminó adoptando en el Octubre rojo. En 1917, en España, tras las crisis creadas por las peticiones corporativas de una sector del ejército, agrupado en las denominadas Juntas de Defensa y la peticiones del reforma del régimen oligárquico por la Asamblea de Parlamentarios dirigida por la Lliga Regionalista catalana, se proyectó y se intentó llevar a cabo en agosto por catalanistas, republicanos PSOE, UGT y CNT una huelga política revolucionaria con el objeto de poner fin al sistema de la Restauración y dar solución a la grave crisis social que la Gran Guerra había provocado en nuestro suelo. En ese contexto, la revolución rusa de febrero de ese año iniciada en Petrogrado, que condujo a la abdicación del zar y la constitución de un gobierno provisional con un doble poder( el de la Duma y el de los Soviets), fue un espejo para el movimiento antioligárquico español Los acontecimientos revolucionarios de febrero en Rusia se entendieron como la instauración, una vez derribada aquella centenaria autocracia, de un sistema liberal democrático que podía servir de modelo o inspiración para el movimiento antioligárquico español. Movimiento que culminó en la huelga revolucionaria política de agosto de 1917. Por todas las partes tenemos indicios de esa influencia positiva de la primera etapa de la revolución rusa en la crisis española. Basta como ejemplo referirnos a las intervenciones que se produjeron en el gran mitin aliadófilo que se celebró en la Plaza de Toros de Madrid, en mayo de 1917, en el que se hicieron referencias positivas a lo que había ocurrido en Rusia como modelo de lo que debía de hacerse en España, realizadas por algunos de los más destacados intervinientes , entre los que estaban intelectuales y políticos de la talla de Álvaro Albornoz, Lerroux, Melquiades Álvarez, Unamuno y fueron bien recibidas por un público entre el que encontraban políticos e intelectuales de la talla de Azaña, Araquistaín o Julián Besteiro, entre otros. La revista España había dedicado numerosas páginas positivas al revolución rusa de febrero y El Socialista publicó incluso un elogioso serial sobre la misma, Actitud que, con más reticencias, mantuvieron también los anarquistas Fracasado el movimiento insurreccional de agosto que fue seguido de una dura represión con graves consecuencias para la continuidad de la lucha contra la oligarquía restauracionista como fueron la división entre la UGT y la CNT y la conciencia por parte del obrerismo de que los partidos burgueses les habían traicionado en el movimiento de agosto, la revolución rusa de octubre no tuvo ya una recepción positiva tan unánime como la de febrero, Entre las partidos burgueses antioligárquicos, porque su deriva hacia revolución social era contraria a sus principios ideológicos y entre los partidos y sindicatos obreros las posiciones fueron en cierto modo diferentes. Los dirigentes socialistas manifestaron una actitud crítica con el Octubre rojo como recogen las páginas de El Socialista (excepto, las Juventudes Socialistas y algunas Agrupaciones socialistas, como la madrileña y la asturiana que lo valoraron positivamente). Los anarquistas, en cambio, mostraron gran simpatía inicialmente por aquél. De hecho la revolución bolchevique que repartió la tierra entre los campesinos fue el espejo de los importantes movimientos huelguísticos campesinos que se produjeron en Andalucía entre 1918- 1920 pidiendo el reparto de la tierra. Movimiento huelguístico que el notario e historiador andaluz Juan Díaz del Moral denominó haciendo referencia a su inspiración como el Trienio bolchevique Pero, sin duda, la principal y trascendental consecuencia que tuvo la revolución rusa de octubre fue la definitiva escisión del obrerismo español. En marzo de 1919 se creó la Internacional comunista en Moscú. Mientras la CNT se adhirió a la nueva organización de inmediato para salirse unos años después, en el PSOE, se produjo un largo parto que conllevó la reunión de tres Congresos extraordinarios para tomar la decisión de la adhesión o no a la organización internacional comunista. El rechazo definitivo vino tras el establecimiento de las ventiuna condiciones establecidas en julio de 1920 para el ingreso en la IC., Lo que suponía la aceptación de un rígido centralismo y la hegemonía del Partido comunista ruso dentro de la organización internacional. Esa negativa de los socialistas españoles, encabezada por su líder Pablo Iglesias se tomó en el congreso de abril de 1921 al aprobar la decisión de adherirse a la “Internacional dos y media” creada en Viena. Se consumó así la escisión del partido al formar los Terceristas el que sería el Partido Comunista Obrero español que pasaría a denominarse en su primer Congreso en marzo de 1922 Partido Comunista de España. España no fue, desde luego, Rusia, como ha escrito el historiador Francisco Javier Romero Salvadó. Pero, sin duda, la revolución rusa fue un importante espejo en positivo o negativo para la crisis española de 1917. Como lo seguiría siendo posteriormente en Octubre de 1934 o en la Guerra civil. Pero eso es, sin duda, otra historia. (Publicado en el suplemento cultural de La Nueva España, de Oviedo)