viernes, 17 de octubre de 2014

La tragedia y el enigma del "Sierra Aránzazu"


                         LA TRAGEDIA Y EL ENIGMA DEL  DEL SIERRA ARÁNZAZU, CINCUENTA AÑOS DESPUÉS

                                           TOMÁS VAQUERO IGLESIAS, PILOTO  DE LA MARINO MERCANTE

                                           jULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS, CATEDRÁTICO E HISTORIADOR

                                    
El buque "Sierra Aránzazu"
                                                                  

  Este 13 de septiembre de 1964 se cumplirán cincuenta años del brutal  ataque terrorista  en el Caribe   al carguero español “Sierra Aránzazu” cuando  se dirigía a  Santiago de Cuba  con una carga  de alimentos, tejidos, aperos de labranza, muñecas y otras mercancías inocuas. La autoría y responsabilidad de  este atentado, que  costó la muerte a tres marinos españoles, el capitán y dos oficiales  y lesiones a  otros seis tripulantes y provocó una intensa reacción emocional en España y tuvo importantes repercusiones mundiales, nunca fue aclarada por la ambigua actitud del Gobierno franquista que no quiso enfrentarse a su aliado norteamericano y dejó que un manto de silencio se extendiese sobre aquel criminal atentado. De ahí que cincuenta años después nos parece un acto de justicia moral con aquellos marinos asesinados y masacrados  recordarlos y difundir su tragedia  dando a conocer, a la luz de los  nuevos datos que tenemos, los hechos con  las respuestas  e interrogantes que existen sobre aquel acto de terrorismo

                 Tras la derrota de los anticastristas en Bahía  Cochinos en 1961, la política del presidente  Kennedy con la revolución castrista fue una política de agresión cuyo objetivo último era derribar a Castro propiciando  la invasión de Cuba por los exiliados cubanos que habían participado en la invasión frustrada de 1961. Esa política de agresión se denominó Operación Mangosta e implicó el apoyo financiero, logístico, de información y  preparación militar de los exiliados  a través de la CIA. Para ello se creó en Miami, la estación JM/WAVE  integrada por varios cientos de miembros, la mayoría de ellos exiliados cubanos y dirigida por la CIA, y se  desarrolló la preparación militar de los participantes en esas acciones subversivas  en el campamento de Fort Benning  (Texas). Pero tras la crisis de los misiles en octubre de 1962, los acuerdos entre Kennedy y Kruschev que   incluían la promesa de aquél de no tratar de   invadir la isla , la política hacia Cuba  de los hermanos Kennedy dio un giro estratégico. Se suspendió la operación Mangosta y se puso en práctica la denominada política de vía múltiple que suponía la simultánea  presión diplomática, económica y de operaciones encubiertas para asfixiar la revolución castrista. Entre las medida económicas estaba la de  mantener el bloqueo comercial de la isla impidiendo la entrada  de mercancías de  cualquier naturaleza presionando a los demás países para que suspendieran  toda  clase de  comercio con Cuba. Las  subversivas consistían en atacar y hacer sabotajes en la propia isla e impedir por la violencia la entrada o salida de los barcos cubanos y los de los países que comerciaban con Cuba. Se trataba con ello de crear el descontento entre la población cubana contra la Revolución que propiciase su reacción contra Castro.

Para conseguir tales objetivos se crearon los denominados comandos autónomos con exiliados cubanos anticastristas que tenían sus bases fuera de territorio americano, en Centroamérica, y establecían sus propios objetivos, de tal manera que el Gobierno norteamericano  pudiese practicar ante tales actos ilegales la política de la negación plausible. La CIA se encargó de su financiación, de su adiestramiento,  de proporcionales barcos, aviones, armamento y aportarles la información necesaria para sus operaciones subversivas encubiertas, que eran finalmente evaluadas y aceptadas o rechazadas por un Comité gubernamental  en el que, como demuestra la documentación desclasificada, estaban representados al más alto nivel el propio Presidente, el Departamento de Estado y  la CIA. Comité que en 1964 recibía el nombre de Comité 303. La llegada a la presidencia de Johnson no cambió en gran medida esa política de agresión encubierta y hasta en los primeros años de su mandato  se hizo incluso más intensa.

 El más importante de esos grupos autónomos era el  Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR)  fundado por  Manuel Artime Buesa,  uno de los líderes  políticos de la Brigada 2506, como se denominaban pomposamente los exiliados cubanos que habían sido derrotados  en Bahía Cochinos. Artime era  amigo personal del presidente Kennedy que le conocía ya desde su época de senador y le había distinguido explícitamente en alguno de los actos conmemorativos de Bahía Cochinos  y   también de su hermano Robert a quien  John  había encargado  poner en práctica las políticas agresivas contra Cuba. El MRR tenía desde 1963 bases de operaciones y entrenamiento instaladas en Nicaragua y Costa Rica. Contaba con 380 hombres, una avioneta, un  barco nodriza, el “Santa María”, que llevaba instalados todos los medios de comunicación y recepción más sofisticados y  transportaba  dos lanchas, la Gitana y la Monty, pertrechadas con ametralladoras pesadas y un cañón, y desde las que  realizaban sus operaciones contra territorio cubano y sus ataques a los barcos mercantes. Todo ello era  financiado por la CIA que entre junio  1963 y junio de  1964  había invertido  en todos esos gastos materiales y de personal  cinco millones de dólares. Podemos hablar, pues, de un verdadero ejército de la Compañía.      

                 Entre los países que se negaron a dejar de comerciar con Cuba  estuvo España  con el permiso expreso de Franco. Lo  que no obstaba para  permitir en España y en la sede diplomática  española en Cuba dejar hacer y hasta apoyar  a los exiliados anticastristas en sus tramas contra la revolución cubana.

 Tras el abandono del tráfico con Cuba por la Compañía Trasatlántica  Española, en  octubre de 1962, con el bloqueo ya en vigor y  a iniciativa del encargado de negocios cubano  en España la Compañía Marítima del Norte  tomó el relevo de ese tráfico destinando  cuatro buques de su flota  (todos ellos con el nombre de “Sierra”) trasportando a la isla mercancía general de la compañía CILASA y regresando a España con azúcar, tabaco en rama y cigarros puros. Cuando se produjo el ataque al Sierra Aránzazu ya eran veinte los viajes realizados por estos buques y el del Sierra Aránzazu, el segundo que llevaba a cabo. Las presiones por parte del Gobierno de Estados Unidos para que se cortara este tráfico existieron desde que se inició, pero desde principios de 1964 arreciaron hasta tal punto que en febrero de ese año el Gerente de Marítima, señor Sendagorta y el Subsecretario de la Marina Mercante, Leopoldo Boado, tuvieron que desplazarse a  Washington para asesorar al embajador español en las conversaciones que éste tenía con las autoridades norteamericanas que presionaban para que España lo suspendiese, obteniendo a regañadientes el placet norteamericano. Pero a principios de septiembre, esto es, unos días antes del brutal ataque al “Sierra Aránzazu”, Merry del Val, el embajador español había sido llamado a una reunión con el Secretario de Estado, Dean Rusk, para comunicarle las decisiones de la OEA de presión sobre Cuba y en  la que, con amenazas veladas,  insistía al embajador en  la necesidad de la suspensión de ese comercio con la isla.

El “Sierra Aránzazu” hacia  Santiago de Cuba  el 31 de agosto de 1964 y tras una travesía normal del Atlántico tuvo que desviarse más hacia el sur del Caribe, para evitar las potenciales consecuencias de los  huracanes Dora y  Ethel que se estaban formando con el objeto de navegar por el Viejo Canal de  Las Bahamas hacia el puerto cubano. El domingo, día 13 de septiembre, sobre la una y media un avión de reconocimiento sobrevoló el barco que se encontraba a setenta millas del punto más oriental de la costa cubana, Punta Maisi, y  a las ocho menos diez una lancha se aproximó por la popa iluminando con sus reflectores  el nombre y la matrícula del  barco. Diez minutos después dos lanchas, una por babor y otra  por estribor, se colocaron a una distancia de unos 50/100  metros del barco y sin previo aviso comenzaron a lanzar ráfagas de ametralladora y algún disparo de cañón sobre el puente de mando, los alojamientos de la tripulación con un evidente ánimo de cortar  las comunicaciones y masacrar a los tripulantes. Alcanzados los depósitos de combustible, el barco se incendió y  el capitán, herido  gravemente, como el primer oficial, dio orden de abandonarlo y arriar el bote de babor, porque el de estribor  estaba inservible por los impactos. Cuando los marinos se aprestaban a hacerlo,  nuevas ráfagas  de ametralladora causó nuevos heridos, algunos de gravedad  como el tercer maquinista.
José Vaquero Iglesias, tercer maquinista del "Sierra Aránzazu"
                                                

 Agolpados los 20 hombres en el bote sin motor con tres heridos de suma gravedad, el capitán, Pedro Ibargurengoitia, el segundo oficial de puente , Javier Cabello, y el tercer maquinista, José Vaquero iglesias,  ante la atenta mirada de los atacantes se alejaron del barco remando con el miedo de que disparasen de nuevo sobre ellos. Fueron doce horas angustiosas en el bote. Durante la travesía  fallecieron el capitán y el tercer maquinista, el bote hacia agua y estropeadas la bomba de achique tuvieron que hacerlo con cajas de galletas y sus zapatos. Hacia  las 10 de la mañana del día 14  los náufragos  localizados y rescatados por el carguero holandés “P. G. Thulin” a través de las indicaciones de un avión de la Navy. Atendidos los heridos en el barco falleció el segundo oficial, Javier Cabello El barco holandés condujo a los supervivientes y los cadáveres a la próxima isla de las Bahamas Mathew Town, desde donde los heridos y los cadáveres son trasladados a Guantánamo y los restantes, al día siguiente, son llevados a San Juan de Puerto Rico formalizando el primer  oficial  al  cónsul la correspondiente  “Protesta de  mar” y, tras la llegada de los heridos y los cadáveres, se celebró un funeral por los tres marinos asesinados. Desde San Juan, los tripulantes fueron repatriados en dos expediciones, Los ilesos y heridos leves llegaron a Madrid el día 17 y los heridos  más graves y los cadáveres el día 19 siendo recibidos por las autoridades del régimen representadas por el ministro de Comercio Alberto Ullastres y el Subsecretario del Ministerio de la Marina Mercante., Leopoldo Boado. Los ataúdes fueron trasladados a hombros de marinos de Guerra y de la Mercante hacia los coches fúnebres que los iban a trasladar a sus lugares de origen. Unos días después se celebró en San Jerónimo un funeral de Estado por los fallecidos.
Bote con los náufragos del "Sierra Aránzazu" al ser recogidos por el barco holandés Thulin
 
               

La noticia del ataque fue recogida en las primeras páginas de casi todos los periódicos del mundo, menos en  Estados Unidos, donde los grandes rotativos norteamericanos  mantuvieron un significativo silencio sobre el hecho. En España, la conmoción fue enorme y todos los periódicos siguieron todo lo relativo al atentado expresando su indignación, incluida  la prensa clandestina de izquierda  que, previendo lo que iba a pasar, atacaba a Estados Unidos y presionaba al régimen pidiendo la identificación y castigo  de los culpables del atentado que atribuían con buen juicio a  anticastristas dirigidos por la CIA. Se produjeron manifestaciones de protesta en varios puntos de España como la que se desarrolló ante la Embajada norteamericana en Madrid o ante el Consulado norteamericano en Vigo. En Oviedo, también hubo un conato de protesta cuando una banda norteamericana intervenía en las fiestas de San Mateo y ya a principios del año siguiente ante la visita a la región de Manuel Artime Buesa,  para visitar a su familia de origen, La Nueva España criticó y  condenó la acción del líder del MRR mientras Región que había tenido una actitud de gran dureza al principio, mantenía ahora  una postura más contemporizadora con la figura del líder anticastrista que negó cínicamente la participación de su grupo en el ataque atribuyéndolo a Castro.

 El Gobierno español protestó a través de su embajador en Washington considerando responsable a los Estados Unidos por producirse el ataque  en aguas bajo su control militar y en una reunión con  el Secretario de Estado Dean Rusk consiguió que prometiese que se investigaría el ataque  y se comunicarían  los resultados al Gobierno español.  El FBI realizó también una encuesta  para averiguar lo sucedido, Como era de esperar, todo quedó en aguas de borrajas. El informe del Departamento de Estado nunca vio la luz y el del FBI fue más bien una maniobra de diversión que una verdadera investigación. El Gobierno franquista en cuanto pasó la tensión dejó de presionar y todo quedó en el más denso silencio. La realpolitik pudo más que el honor patrio mancillado y las justas reivindicaciones de justicia de las familias  y amigos de los asesinados y un sector de la población española. Sólo basta fijarse que  Artime visita España a principios de 1965 y  es recibido por las autoridades españolas y  se dice que incluso por el propio Franco y que el MRR siguió operando en Madrid con plena impunidad.

Los grupos anticastristas con el MRR a la cabeza difundieron  que los autores habían sido los castristas. Pero cuando ese bulo resultó insostenible (hasta el propio líder  anticastrista Gutiérrez Menoyo al ser capturado  por los cubanos en febrero de 1965 identificó al grupo de Artime como el responsable del ataque) el MRR varió sus declaraciones manteniendo que habían  sido ellos por medio del buque nodriza Santa María y las lanchas Gitana y Monty   los autores del ataque, pero como consecuencia de una confusión del “Sierra Aránzazu” con el  buque cubano Sierra Maestra. Esa es la  hipótesis que siguen manteniendo hoy los miembros todavía vivos del grupo y la que predomina hoy entre los autores que han tratado el incidente.

 Pero el análisis de  las pruebas circunstanciales y  los datos directos extraídos de la documentación desclasificada y del archivo de Asuntos Exteriores español obligan a poner en duda tales afirmaciones. Entre esas pruebas circunstanciales está el hecho de que es difícil aceptar  que la lancha que identificó al buque iluminando su popa  pudiera equivocarse o que loa atacantes  no vieran su nombre y matrícula y que  cuando las dos  lanchas atacantes se colocaron  a unos 50/100 metros del Sierra Aránzazu  no se hubieran percatado de su “error”.  Además, ¿cómo es posible que quieran hacernos creer que con la información que contaban de la CIA pudieran confundir  el barco español con el  Sierra Maestra, cuando éste había cruzado el Canal de Panamá el miércoles anterior con dirección hacia China? ¿Cómo fue posible confundir ambos barcos que tenían  una significativa diferencia de envergadura. El “Sierra Maestra” era dos veces mayor que el  “Sierra Aránzazu”? Dos fuentes directas hablan también de que el ataque  fue planeado con premeditación y alevosía. Una procedente de los archivos desclasificados de la CIA  es un cablegrama enviado a la central por un agente  donde le informa que ha mantenido con Alberto Blanco,  lugarteniente de Rolando Cubela, un alto oficial del  régimen castrista que mantenía  contactos con el MRR para preparar el asesinato de Castro y el desembarco en la isla. Blanco dice que va reunirse en París con un miembro del grupo anticastrista que fue “persona que “arregló” el ataque al  “Sierra Aránzazu” mediante el pago al radio operador que envió la posición de la nave atacante, dijo que el radio operador había contado toda la historia a  la policía española”. ( Archivo de la Fundación Mary Ferrell). Hoy sabemos que esa oersona que arregló el ataque” fue Rafael  Quintero, “el coordinador de operaciones navales” del grupo terrorista  De igual modo el carácter premeditado del ataque aparece en un despacho dirigido al Ministro de Asuntos Exteriores   por el Embajador de España en Costa Rica, en el que un espía enviado por éste  a la base anticastrista de Nicaragua, además de describir con todo detalle el barco nodriza  Santa María e identificar a sus jefes, se dice “el ataque contra el “Sierra Aránzazu” fue premeditado, antes de la operación ya se hablaba de hundirlo”  (Archivo del Ministerio de AA.EE). 

Son muchos interrogantes  y datos para que podamos creernos la versión dominante. Pero no existe ninguna duda de quiénes fueron los autores materiales y los responsables últimos de este criminal atentado así como la tortuosa e injusta actuación del Gobierno franquista en el mismo. Dejarlo claro  en este cincuenta aniversario nos parece no sólo una obligación con la verdad histórica, sino, sobre todo, un deber moral hacia los tres marinos asesinados y el resto de la tripulación  masacrada.         
 ( PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO "SIGLO XXI" DE "LA NUEVA ESPAÑA" DE OVIEDO(12 DE SEPTIEMBRE DE 2014)
                        


 




Cómo y por qué hemos llegado hasta aquí



  CÓMO Y POR QUÉ  HEMOS LLEGADO HASTA AQUÍ
                                                            Julio Antonio Vaquero Iglesias
¿ Por qué las promesas de paz, libertad, prosperidad e igualdad que hicieron en la Carta del Atlántico (1941) los que iban a ser en 1945 vencedores de la segunda guerra mundial contra el fascismo no sólo no se han cumplido, sino que la situación actual del mundo en todos esos aspectos se encuentra en una verdadera encrucijada crítica?. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Esto es, a una realidad como la actual en que  las guerras se suceden por doquier, la democracia liberal es cada vez más una fórmula vacía,  la esclavitud continúa existiendo bajo diversas formas, el hambre sigue asolando a una gran parte de la población mundial y los niveles de desigualdad son cada vez mayores en el mundo y dentro de los estados. Esas son las preguntas que el historiador catalán Josep Fontana trata de responder con esta monumental obra, Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945 (Pasado/Presente), de 1200 páginas, 200 de ellas dedicadas a reseñar la bibliografía utilizada para su confección. Nada menos que tres lustros ha tardado en concluirla.
 El autor confiesa  que su propósito no ha sido escribir una obra de investigación dadas las dimensiones del periodo tratado ni un ensayo histórico como lo prueban las  innumerables fuentes bibliográficas utilizadas; sino una reflexión documentada sobre esos 66 años que van desde el fin la segunda guerra mundial hasta hoy que sirva para proporcionar  elementos de discusión que nos ayuden  a comprender las causas que nos han traído a un presente tan difícil y confuso como el que hoy vive la humanidad. Pero la verdad es que, tras su lectura, uno tiene la impresión que Fontana ha sido humilde en la calificación de su obra, porque ésta combina perfectamente elementos de  investigación histórica con los del ensayo. En efecto, estamos  ante un estudio construido con una asombrosa batería de fuentes primarias (documentos y testimonios, muchos de ellos recientemente desclasificados) a una escala que ya quisieran poder utilizar muchas investigaciones históricas, además  de la oceánica bibliografía de múltiples orígenes e idiomas que aquí se emplea; pero, a pesar de su extensión, nos encontramos también ante un texto con claros componentes del ensayo como la claridad meridiana y el buen estilo con que está escrito y las ideas e interpretaciones sugerentes y brillantes que contiene. Y por todo lo anterior el autor ha conseguido perfectamente lo que pretendía: un potente  análisis histórico abierto a la reflexión sobre nuestro pasado reciente y por ello sobre  nuestro presente.    
     El hilo conductor del libro es el análisis de la guerra fría hasta 1991 en que desaparece la Unión Soviética para seguir después con el estudio de la evolución de la realidad política internacional surgida tras el fin de la guerra fría a través de  la práctica imperialista de lo que él denomina como “nuevo imperio” estadounidense. Ese análisis no se limita a los enfrentamientos entre los dos bloques en Estados Unidos y la Unión Soviética, sino que se extiende al del desarrollo de la guerra fría en los otros continentes: Europa, África, Asia y América Latina y llega hasta los últimos conflictos internacionales que están todavía hoy en proceso de desarrollo. .
     Pero además, dado el concepto que el autor tiene de la naturaleza y objetivos de la guerra fría, no sólo trata de los procesos y acontecimientos del nivel político internacional y nacional, sino también de los aspectos económicos y sociales (los culturales también, pero en menor medida) en cuanto que éstos están intrínsecamente imbricados con  aquéllos. Es excelente, por ejemplo, su análisis del origen, desarrollo e implicaciones de la actual crisis económica, y del origen y significado de las políticas neoliberales que nos han llevado a esa crisis. Como el de las causas de la laminación de la resistencia a esas fuerzas neoliberales por parte de las tradicionales fuerzas sociales – trabajadores y sindicatos – que representan los intereses de los sectores sociales más castigados por tales políticas. Así como la reciente aparición de una espontánea y todavía desarticulada oposición a ellas por los jóvenes y otros sectores ciudadanos.   
            La retórica de la guerra fría encubre para Fontana su verdadera naturaleza y objetivos. Ni fue un enfrentamiento entre dos bloques, uno, el occidental, hegemonizado por los Estados Unidos cuyo objetivo era defender las libertades individuales  y el gobierno democrático frente al totalitarismo del  otro dirigido por la Unión Soviética, como pretendía el discurso occidental. Ni tampoco, como se planteaba en el otro bloque, un combate por un proyecto de sociedad socialista igualitaria contra la opresión del capitalismo imperialista. Tras esas legitimaciones lo que verdaderamente existía era la lucha por tratar de  imponer uno u otro sistema político, económico y social, sistemas que en la realidad no buscaban  desarrollar los valores que uno y otro decían defender.
            Los hechos lo demuestran hasta la saciedad con la constatación de la práctica política internacional estadounidense defensora de dictaduras y dictadores de derechas sin escrúpulos (“nuestros” hijos de puta) a lo largo y ancho de todo el mundo como perros guardianes de sus intereses políticos y económicos. Quizás la prueba más fehaciente de ello ha sido que el fin de la guerra fría no ha supuesto, sin embargo, el final de esa política norteamericana hegemónica de control y dominio  del mundo en defensa de sus intereses materiales que ahora aparece disfrazada con el ropaje retórico de guerra contra el “terror”. Así como en el caso del otro bloque, la persecución y eliminación del enemigo interno, la jerarquización burocrática y la ausencia de verdadera libertad que le caracterizaron,  contradecían sus supuestos ideológicos.
            En el aspecto socioeconómico, la pérdida del miedo al enemigo interno y externo que originó la distensión internacional iniciada  a partir de los años setenta fue un factor de primer orden para entender cómo se trató  de salir de la grave  crisis del capitalismo de los años setenta a través de un profundo giro a la derecha  (introducido primero  en Estados Unidos y Gran Bretaña con Reagan y Thatcher y después en la Unión Europa y el resto del mundo ) con la implantación de las políticas económicas neoliberales, las cuales a través de la desregulación financiera y otras medidas conservadoras introdujeron el capitalismo de casino que, tras numerosas crisis, ha desembocado finalmente en la actual crisis económica global..
Desde luego que esta magna obra cumple con creces el propósito inicial de su autor: hacernos reflexionar sobre el mundo en que vivimos. A la vez que le consagra como uno de los grandes historiadores de nuestro tiempo.     .
( Publicado en suplemento “Cultura” de La Nueva España ( Oviedo-Asturias)          
   
 ¿

martes, 7 de octubre de 2014


EL IMPERIO DE LOS BANQUEROS

                                                               Julio Antonio Vaquero Iglesias

 
Para poder  combatir los desastrosos efectos que la Gran Recesión está produciendo    sobre la humanidad es necesario, sin duda, comprender la naturaleza y el funcionamiento del capitalismo financiero o neoliberalismo económico que está en  su origen y ello implica conocer a fondo los instrumentos y procedimientos que éste  viene empleando. Solo así podremos desvelar en su justa medida las consecuencias que su implantación esta teniendo sobre nuestras vidas. Consecuencias  que han conducido en muchos países, como en el nuestro, al  desempleo masivo, el incremento de la desigualdad y la extensión de la pobreza. Estas    son en parte la consecuencia  social de las realidades económicas negativas que ha traído el capital financiero como son la hipertrofia del endeudamiento público y privado, la especulación sobre las materias primas y alimentos o el medio ambiente, la subordinación de la economía real o productiva a la economía especulativa entendida como un fin en si mismo. Así, como en el plano político e ideológico, el desmantelamiento de la democracia liberal realmente existente con la colusión entre poder económico financiero y  el poder político (las denominadas”puertas giratorias”). Y el control mediático de las conciencias que permite el dominio sobre la sociedad de la banca y los grupos financiero que son hoy los “verdaderos amos del mundo”

Solo si conocemos a fondo el funcionamiento de ese capitalismo financiero   podremos ser verdaderamente conscientes -frente al velo con  que lo cubre la ideología neoliberal- de que esta grave situación actual originada por la crisis económica  no es algo natural, irreversible contra lo que es imposible luchar como si de un fenómeno natural se tratara. A la vez que solo con una clara conciencia de ello  podremos tratar de poner en marcha una alternativa eficaz frente a la  desastrosa e injusta situación actual que estamos padeciendo. Alternativa que exige a su vez un replanteamiento de la acción y organización política tradicional, puesto que los poderes financieros  que mueven los hilos de este desequilibrado desarrollo social y económico han terminado por dejar vacía de todo  contenido y competencias reales ( a no ser las vicarias) la democracia formal liberal en que se sustentaba el edificio económico- social capitalista. 

             De todo esto nos habla este sugerente y pertinente libro. Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero (Espasa, 2012) del que son autores dos economistas progresistas  Vicenç Navarro  y Juan Torres no es sino una clara y pedagógica ( como corresponde a su finalidad) disección que analiza el origen, las causas y consecuencias  del capitalismo financiero que nos subyuga, a la vez que nos hace  la propuesta de una alternativa frente al mismo.

 .          Torres y Navarro nos muestran  cuáles son los fundamentos del enorme poder actual de la banca. Su principal  privilegio hoy  se basa  en el poder privado  que ésta ha logrado- con el consiguiente poder político y social que ello conlleva-  de crear dinero bancario a través de los créditos, esto es, elementos de pago que nada o poco tienen que  ver ya con la economía real. Lo que ha llevado a la institución bancaria  a promover  como instrumento básico de explotación humana el desarrollo hipertrofiado del crédito Y,  para ello, ha logrado, a través  de un conjunto de reformas políticas neoliberales - que comenzaron en los años noventa con el Consenso de Washington- , la desregulación casi total  de las operaciones  financieras convirtiendo la especulación a gran escala  en el objetivo final de la economía  mundial frente a la economía real o productiva. Esto es, han convertido la economía  global en  un gran casino. Casino global  en el  que, como titulan los autores un capítulo, se “hace juego” través de un conjunto variado, sofisticado y arriesgado  de instrumentos especulativos  que los autores  analizan con claridad  y no dudan en calificar como “terrorismo financiero”. Análisis que  eriza el vello de los lectores  por los riesgos y abusos (inmorales siempre y  en una gran mayoría de casos, delictivos) que implican tanto para los inversores de a pie como para la mayoría de la población que los padece, dada la  pobreza, la desigualdad e inseguridad que conllevan sus consecuencias.

Las dos condiciones para poner fin a esta situación de injusticia y abuso, según nuestros dos economistas, están hoy ya presentes. Lo que les hace pensar que es factible tratar de ponerle fin. Una condición necesaria, pero no suficiente es el descontento que se extiende lentamente como una mancha de aceite entre la mayoría ciudadana de que esta situación está llegando a límites inaceptables e insostenibles y la historia de la humanidad demuestra que poderes tan imponentes como los que detenta este imperio de los banqueros también  han caído y pasado. La condición suficiente es que ya existe elaborada por los economistas no convencionales, organismos públicos y privados y grupos de pensamiento no serviles con esos poderes, una alternativa fundamentada a ese orden económico y financiero neoliberal que supone el beneficio desmesurado de unos pocos frente al sufrimiento y la pobreza de  la mayoría.

 Esa alternativa, de la que se hace en el libro un sumario repaso, pasa necesariamente, entre otras medidas, por la regulación estricta de los mercados financieros, el fin del  poder privado de la banca de crear dinero, la creación de una banca pública al servicio de las empresas de producción de bienes y servicios, el desarrollo de la cogestión y de la propiedad cooperativa y la desglobalizacón financiera que ha desarrollado el capitalismo neoliberal.

Sin embargo,  desde su perspectiva económica, nuestros autores dejan en el aire un aspecto de vital importancia para diseñar una verdadera alternativa integral: cómo articular políticamente ese potencial sujeto transformador, dada la crisis de la izquierda realmente existente. Pero, a pesar de ello,  estamos, sin duda, ante un libro clarificador  que deberían leer todos aquellos que realmente quieran comprender y responder a  la grave e injusta  situación por la que estamos pasando.           

  

 

 

martes, 23 de septiembre de 2014

El republicanismo como alternativa democrática en España


El REPUBLICANISMO COMO ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA EN ESPAÑA

                                                  Julio Antonio Vaquero iglesias

Alberto Garzón Espinosa es, sin duda y a pesar de su juventud, uno de los políticos más influyentes de la izquierda actual española. Diputado de Izquierda Unida por Málaga, Garzón ha estado vinculado al movimiento del 15 M y en cierta medida viene  ejerciendo  el papel de  enlace entre ese movimiento y la izquierda  alternativa representada en el sistema. Este, su último libro (La III República. Construyamos ya la sociedad de futuro que necesita España, 2014) demuestra que no es casualidad o oportunismo burocrático la destacada posición que viene ejerciendo  dentro de su partido. Sus  páginas nos  lo presentan, al contrario de lo que es habitual en el gremio,  como un político de gran talla intelectual y una madurez política  que llaman la atención por su mencionada juventud.

                A medio camino  entre la teoría y la propuesta política, pero siempre con un claro fin pedagógico por su objetivo divulgativo, Garzón nos plantea en este libro, ni nada más ni nada menos, que una completa propuesta política para el momento crucial en el que se encuentra nuestro  sistema político y la sociedad española. Y lo hace desde una impecable fundamentación teórica de izquierda en un momento en que no sólo a nivel español sino global no existe, en el contexto de una clara  hegemonía ideológica del capitalismo neoliberal, una consistente y aceptable  alternativa a éste. Pero más allá de lo que es habitual no sólo nos presenta su  propuesta  con sólida base teórica inspirada en el pensamiento republicano y socialista  y con un profundo conocimiento de la historia de la teoría política y económica, sino que desarrolla  también  de manera consecuente con su análisis teórico el procedimiento o camino para tratar de  hacer realidad  esa  alternativa política que plantea como respuesta a la actual realidad política, social y económica española actual.

                La solución dada por conservadores , liberales y  socioliberales  a  la   crisis del modelo de acumulación neoliberal  iniciada en 2007  ha  sido en España, siguiendo  las pautas establecidas por las élites políticas y sociales  que dirigen la Unión Europea, la de darle otra vuelta más de tuerca  al modelo neoliberal. Y para ello la derecha que nos gobierna ha impuesto y diseñado un conjunto de reformas institucionales que establecen las condiciones  económicas, sociales y políticas que pueden favorecen el despliegue de ese nuevo modelo de acumulación neoliberal. Tales reformas institucionales suponen  de hecho un verdadero proceso constituyente (dicho sea en sentido amplio y factual) y han  dado lugar a un descontento entre la población  afectada por ellas y  de insatisfacción generalizada entre la ciudadanía   con la actuación de los políticos y el funcionamiento del sistema político.

                En tal coyuntura,  Garzón   traza un modelo alternativo  constituyente inspirado en la tradición política del republicanismo. Tradición cuya historia, contenidos y autores, explora con claridad y abundante y sólida bibliografía  desde el mundo antiguo ( Grecia y Roma-) hasta el moderno y contemporáneo  de las revoluciones burguesas pasando por el análisis de la teoría y práctica del republicanismo renacentista. El autor  destaca cómo  esa tradición republicana se contrapone frontalmente al modelo liberal emergente y termina vinculándose desde la Revolución Francesa con la tradición socialista, puesto que la libertad positiva que defiende el republicanismo frente a la negativa del liberalismo  sólo puede hacerse realidad en el marco de una sociedad que avance hacia el socialismo.

                Ese modelo alternativo tiene  como uno de sus  objetivos  construir una democracia procedimental basada en una mayor participación directa de los ciudadanos  en la actividad política, al contrario de lo que ocurre en el actual  modelo  de  democracia liberal representativa en España  que la  limita  al voto cada cuatro años y  ha ido derivando en la práctica hacia un régimen de  partidocracia. Uno de los capítulos más sugerentes y aprovechables  del libro es precisamente el que dedica al análisis de las limitaciones estructurales  y desviaciones funcionales  de nuestro sistema político liberal representativo.  La otra pata de ese modelo republicano sería  establecer una democracia sustantiva, esto es, que desarrolle  la dimensión social del sistema constitucional como condición necesaria para hacer realidad la libertad positiva del ciudadano, subordinando para ello  la economía capitalista  a la política y avanzando en la dirección de un socialismo basado en los valores de la Ilustración y de carácter no dogmático ni autoritario. Esto es: todo lo contrario de lo que pretende el modelo neoliberal que trata de implantar aquí  la derecha en el poder, eliminando o reduciendo drásticamente con sus reformas el Estado de bienestar y los derechos sociales reconocidos para que no sean obstáculo al  desarrollo  de ese  nuevo  modelo neoliberal de acumulación en el que la política debe estar subordinada a los intereses económicos. La forma de Estado republicana sustituyendo a la monárquica no sería, pues, un elemento central sino una consecuencia más de la implantación de ese modelo político.

  ¿Quién es  el sujeto potencial  que puede protagonizar ese cambio político, cuáles, los procedimientos  y con qué instrumentos debería llevarse a cabo?

                El sujeto transformador no sería sino para Garzón la numerosa pléyade de descontentos producidos por la explotación y las  múltiples   consecuencias negativas  que ha impuesto el desarrollo del modelo de acumulación neoliberal. Desde la heterogénea clase trabajadora originada por el capitalismo neoliberal hasta los descontentos sectoriales  con  alguna de las reformas neoliberales  impuestas por el rodillo electoral de la derecha en el poder como los afectados los o por las reformas educativa o sanitaria, pasando por  los movimientos sociales  ecologista, feminista, pacifista,  de gays y lesbianas,  la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, el  movimiento de  pensionistas y el  del  15- M  y tantos otros.     

                Los procedimientos para convertir  esa masa de descontentos en una  mayoría social que apoye esa alternativa  serían  la lucha ideológica con el objetivo de conseguir la hegemonía ideológica en el sentido gramsciano  que está hoy en manos de la derecha. Lo que implica tanto  desmontar  el “sentido común” impuesto por el neoliberalismo como deconstruir nuestro  sistema político liberal representativo que se asienta sobre dos pilares: el bipartidismo y la Monarquía   para hacer evidentes y difundir sus defectos y la función que viene ejerciendo como soporte del neoliberalismo. De la misma manera que es necesario participar a pie de calle en apoyo de las luchas sociales de los damnificados por el capitalismo neoliberal, tratando de hacerles conscientes de las causas estructurales del problema concreto que les afecta.  Unos partidos políticos radicalmente democráticos sometidos al control de sus afiliados y unos sindicatos renovados no burocratizados, transparentes y controlados por todos sus componentes  serían  loa instrumentos para promover  esa alternativa republicana democrática. Lástima que por la fecha de publicación del libro, Garzón no haya podido analizar el papel que podría jugar Podemos, el nuevo partido surgido de las elecciones europeas, en el marco de su  propuesta

       Sobre el papel el planteamiento  de Garzón en lo que se refiere al modelo de sociedad  política, es  perfectamente asumible desde la perspectiva de la izquierda alternativa. Pero los procedimientos para implantarla, aunque coherentes con su propuesta y acertados, son sin duda  un camino  erizado de numerosos problemas y obstáculos y suscitarán a sus lectores  numerosos problemas e interrogantes. Pero  sólo  su puesta en práctica y su contraste con la realidad nos dirán si son eficaces o no.         

         En fin, un libro de lectura obligada no sólo  para aquellos lectores que se muevan en las coordenadas ideológicas de la izquierda alternativa o quieran  conocer  la historia de la tradición  republicana y su vigencia actual, sino también para aquellos que les interese  comprender a fondo nuestra actual realidad económica, social y política y qué hacer desde una posición de izquierda ante ella. Y todo esto desarrollado  en 200 páginas escritas con meridiana claridad. No es poco desde luego.      

martes, 26 de agosto de 2014


ALTAMIRA Y  EL AMERICANISMO DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO

                                              JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

Mi viaje a América

Rafael Altamira

Servicio de Publicaciones de la

Universidad de Oviedo, 2008

 358  páginas
 

El programa del primer americanismo español a través del viaje de Altamira a América

             En el marco de la conmemoración del cuarto centenario de la fundación de la Universidad ovetense, se ha presentado  estos días pasados en sede universitaria este libro de Rafael Altamira, Mi viaje a América, que recoge la historia del viaje que llevó a cabo, durante diez meses entre 1909 y 1910, el insigne catedrático institucionista  como delegado del alma máter asturiana a cinco países de Hispanoamérica y a Estados Unidos. Los principales  objetivos de aquella misión eran promover el intercambio de profesores universitarios  entre las universidades de aquellos países y la asturiana y estrechar las relaciones intelectuales con ellos para reavivar el tronco común de la civilización hispánica.

.Mi viaje a América  es un libro de documentos que recoge las  circulares, comunicaciones, conferencias y otros documentos que generó aquel viaje con explicaciones intercaladas del autor. A través de  toda esa masa documental se puede reconstruir con todo detalle, como ya hiciera de manera brillantemente nuestro siempre recordado Santiago Melón, el significado y contenido de  aquel viaje triunfal que supuso no sólo uno de los episodios más brillantes  de la historia de nuestra Universidad, sino también, y sobre todo, el origen del americanismos español. Esto es, un movimiento cultural de aproximación y  estrechamiento de relaciones con aquel conjunto de países  que surgieron  del proceso de la independencia colonial.

Pero el intercambio de profesores y alumnos, no era sino un aspecto concreto del  objetivo más amplio y ambicioso que pretendía alcanzar ese viaje y que era  el de iniciar  el  americanismo español y relanzar las  tibias relaciones que se mantenían con los nuevos estados hispánicos después de su independencia, precisamente cuando se cumplía el primer centenario aquellos acontecimientos.  Altamira se le debe considerar, pues,  como uno de los padres fundadores de nuestro americanismo.

El sentido último de ese  americanismo, hay que vincularlo al regeneracionismo de cuño institucionista que ponía el énfasis en la educación y el desarrollo intelectual como medio para regenerar la nación, sumidas sus clases dirigentes, como le gustaba decir  a Altamira, en el pesimismo patriótico tras, no la pérdida, sino el despojo del resto de nuestras colonias por el imperialismo norteamericano. Y en ese sentido el origen intelectual de ese viaje hay que colocarlo en el famoso discurso de inauguración del curso universitario 1898-1899 en Oviedo titulado El patriotismo en la Universidad  en el que  Altamira  desarrolló el programa  del regeneracionismo institucionista y diseñó cómo debía de contribuir la Universidad al mismo. Aunque fuese después en 1908, con motivo de la celebración por nuestra Universidad  de su tercer centenario y del primer centenario de la independencia hispanoamericana, cuando tomó cuerpo el proyecto del viaje americano de Altamira al extender a  cinco países hispanoamericanos(Argentina, Uruguay, Chile, Perú, México), además de una corta estancia en Estados Unidos, el  intercambio de profesores que en un principio se pensó realizar sólo con Cuba, a instancia del rector de la Universidad de La Habana, doctor Dihigo, una de las muchas autoridades universitarias invitadas a la celebración de aquellos eventos de 1908 en la Universidad de Oviedo.

En aquel mencionado discurso, el regeneracionismo que inspiraba el nacionalismo  liberal de Altamira proponía, en el campo del americanismo, una restauración del crédito de la historia de nuestra colonización americana Pero también una difusión ante los nuevos países americanos de los valores intelectuales renacidos de aquella otra España que emergía por debajo de la costra oligárquica del régimen de la Restauración, y de los que la Universidad de Oviedo, en plena renovación por  los institucionistas del Grupo de Oviedo, se entendía portadora. El objetivo final no era sino revitalizar  el tronco de la civilización común hispánica frente al poder avasallador de las civilizaciones anglosajona y germánica. Por tanto, estamos ante un americanismo intelectual, no económico, que predicaba una relación entre España y los países hispanoamericanos, en términos de igualdad y solidaridad, y no una relación espuria nacida intereses y objetivos económicos que pretendiese buscar el dominio o la hegemonía española sobre la comunidad hispánica. .

 A exponer  ese programa americanista Rafael Altamira dedica la última parte de su libro. El conjunto de medidas proyectado  suponía, sin duda, un reflexionado y coherente  programa americanista. Pero, a pesar del éxito del viaje- recibimiento en loor de multitud de Altamira, entrevista y apoyo del propio monarca- sólo hubo una aplicación puntual de algunas de las medidas propuestas. Del mismo modo que en la Universidad de Oviedo, que debería haberse convertido en su centro y foco dinamizador, pasado el brillante capítulo del Grupo de Oviedo, tal  programa fue dejado a un lado  y  se convirtió  con el tiempo en solo  un recuerdo de una etapa en la que los ecos del nombre de la institución universitaria asturiana y de sus renovados planteamientos académicos resonaron  por toda América con la oratoria brillante y sabia  de Altamira.   

 

 

 

 

 

                            ORGANIZACIÓN Y BALANCE DEL VIAJE
                                                                  J. A. V. I
 
    Altamira fue elegido por el claustro ovetense para llevar a cabo el viaje a América  por sus trabajos y vocación americanista, pero también porque era el miembro de la escuela de Oviedo que tenía mayor prestigio académico e intelectual fuera de España. Asombra leer la impresionante labor que desarrolló durante el mismo. Pronunció decenas de conferencias, cursos, discursos, visitas, dictámenes, informes, entrevistas con los principales responsables educativos de los países que visitó- especialmente en Argentina, México y Cuba que fueron los países en los que su estancia fue de mayor duración-. A algunas de sus intervenciones asistieron hasta los presidentes de las repúblicas visitadas. Pero todavía asombra más saber que  el viaje no tuvo ninguna financiación oficial. La cabeza organizadora del mismo fue el rector don Fermín Canella..
             Además de las actividades propiamente universitarias, Altamira realizó una extensa labor  formativa, de  apoyo y contacto con los profesores de los diferentes niveles educativos, visitó escuelas e institutos y dio conferencias en los centros de formación del profesorado sobre cuestiones pedagógicas y la experiencia de la Extensión universitaria ovetense. Pero también se reunió y dio charlas y conferencias a los alumnos universitarios con los que logró un alto grado de identificación. Asimismo fueron  extensas e intensas las relaciones de confraternización que mantuvo con las asociaciones de emigrantes españoles. Para todos ellos arbitró medidas en su programa americanista.

 

sábado, 2 de agosto de 2014

Detrás de las barricadas republicanas


DETRÁS DE LAS BARRICADAS REPUBLICANAS

 

                                                             JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

  

            Como es bien sabido, la guerra civil española se vivió por muchos intelectuales como el primer episodio de un   amenazador avance del fascismo en Europa y el mundo. Ese supuesto explica en cierta manera la gran cobertura periodística y literaria que tuvo el conflicto español. Basta hacer un somero repaso de los intelectuales y creadores que tomaron como tema de sus obras nuestra guerra civil a partir de su experiencia directa o indirecta del conflicto, y utilizaron para ello los más variados registros literarios: la novela, el periodismo, la poesía, el ensayo. Norteamericanos como Hemingway y Dos Passos; franceses como Malraux, Bernanos, Saint- Exupéry; alemanes como Koestler y Thomas Mann; austriacos como Borkenau; latinoamericanos como Neruda, Cesar Vallejo; o británicos como Auden, Spender, Orwell y John Lagdon-Davies… fueron algunos de los principales intelectuales e escritores que dedicaron algunas de sus obras a la guerra de España.

            Sin duda, entre esas obras sobre la guerra civil, hay  dos  de gran importancia  por la difusión que alcanzaron y su valor histórico y literario que va más allá de la función política instrumental inmediata con la que se concibieron  Y también porque son fundamentales para conocer el  desarrollo de los acontecimientos militares, políticos y sociales en la  Cataluña republicana durante el conflicto. Me refiero a   “Homenaje a Cataluña” (1938) de George Orwell y la de Jonh Langdon-Davies, “Detrás de las barricadas españolas” (1936), que ha sido reeditada este año por la editorial Península con prólogo de  Paul Preston.

            John Lagdon-Davies fue un periodista y escritor británico de ideología izquierdista, profundamente  conocedor de la cultura catalana  por su  estancia de varios años en Cataluña en la década de los veinte, al que el periódico progresista londinense News Chronicle encargó, primero, cubrir los desfiles de la fiesta del trabajo del 1º de mayo de 1936 y después, tras la sublevación del 18 de julio, los primeros acontecimientos militares, políticos, sociales y bélicos en la zona republicana. Durante los meses agosto y septiembre Langdon- Davies recorrió en motocicleta toda Cataluña, Valencia, Madrid y Toledo, enviando a su periódico numerosos reportajes con  sus experiencias directas de  aquellos meses iniciales de la guerra, en los que la debacle de las fuerzas del orden público y la amenaza de los sublevados dio lugar a un vacío de poder con  una sustitución del Estado por el pueblo en armas y su organización en aquel “ejército con monos” de milicianos que logró impedir el éxito inmediato del golpe de Estado.

            Esa doble experiencia  es la que después recogió en este libro el periodista y escritor inglés con el objetivo explícito de contrarrestar  entre el público británico la visión tremendista e interesada que los periódicos conservadores y los sesgados informes del cónsul inglés en Barcelona estaban difundiendo sobre el conflicto español. Conflicto que interpretaban como el inicio de una revolución comunista que amenazaba a toda la Europa Occidental. Y no,  como entendían los demócratas, un  peligroso avance del fascismo que ponía en peligro el futuro de  las democracias liberales europeas. Era necesario  difundir entre  la opinión pública anglosajona la verdadera situación española y propiciar con ello la intervención de las países democráticos a favor del bando  republicano que era el depositario de la  razón moral y la legalidad democrática. Y Lagdon-Davies lo hace  sin negar en ningún momento la violencia desatada en la zona republicana contra las personas y las iglesias. Pero desmintiendo con datos las exageraciones de las fuentes conservadoras y tratando de hallar no una justificación, sino una explicación de esos excesos, cuya responsabilidad atribuye en última instancia a los propios rebeldes. Pues, según él, fueron los sublevados, con su golpe de Estado,  los verdaderos  responsables de  haber desencadenado  la peor de las tragedias humanas, una guerra civil que es siempre“la madre de todas las atrocidades”.        
( Publicado en Cultura, suplemento cultural de La Nueva España de Oviedo)
 

 

Contra el revisionismo historiográfico franquista


         CONTRA EL REVISIONISMO HISTORIOGRÁFICO FRANQUISTA

                                                   JULIO ANTONIO VAQUERO IGLESIAS

 

   Tras el escándalo que han levantado las perlas formales y pifias ideológicas contenidas en los tomos referidos a la República, Guerra Civil, Franquismo y Democracia del Diccionario Biográfico Español de la RAH, vino el sainete protagonizado por la resistencia de la real institución para proceder a la rectificación encomendada por el Parlamento español. La Dirección de la “docta” casa intentó “mantenella y no enmendalla” y se apoyó  en la nueva  mayoría parlamentaria del PP, que no había votada a favor de tal rectificación y que, incluso, una vez en el Gobierno, antes de conocer el contenido de los cambios propuestos por la comisión académica de la RAH,  asignó para el Diccionario una nueva dotación en los Presupuestos Generales del Estado de 2012. Finalmente, el ministro del ramo (dicho sea en este caso con otro  sentido metafórico diferente, esto es, la de su lejanía y desconocimiento del suelo y el “humus” educativo), Luis Ignacio Wert, ante la presión parlamentaria, ha optado por aceptar el dictamen llevado a cabo por la primera comisión de la Academia (Artola, Fusi y Sanz) que propuso una rectificación de un 6% de los 500 personajes nacidos entre 1875 y 1931(¿?). Sin embargo, ese porcentaje está muy por debajo del 20% que  recomienda corregir el informe de la Asociación de Historia Contemporánea que ha llevado a cabo el historiador y profesor de la Universidad de Zaragoza José Luis Ledesma. El bochorno intelectual  que han producido esos contenidos ha sido tal   que hasta el Times Literary Supplement ha dedicado un informe al análisis cualitativo del Diccionario que ha titulado significativamente “Los amigos de Franco”.  

        No es extraño que con tales antecedentes, y desde el primer momento en que salieron a la luz los tomos ya publicados de la obra, un sector muy cualificado de los historiadores profesionales españoles  especializados en la historia contemporánea de España, pusieran el grito en el cielo y pidieran la retirada de la parte de la obra ya  publicada. Esa protesta no era sólo porque en su realización la RAH, teóricamente el organismo defensor por excelencia de las esencias historiográficas, no había cumplido las más elementales normas de la objetividad histórica. Basta mencionar como ilustración su  encargo de redactar la entrada de Franco a Luis Suárez, presidente de la Fundación Francisco Franco, y medievalista de especialidad o la biografía de Alfonso Armada, el conspirador del 23 F a su yerno; o la de Esperanza Aguirre, a un historiador de la economía, Manuel González y González, que fue secretario de Estado con ella, o las de los miembros de la familia real, encargadas a la  propia Casa Real. El resultado no podía ser otro. Franco aparece en el Diccionario como un político moderado y prudente que encabezó un régimen autoritario, no dictatorial; Alfonso Armada como un celoso, pero equivocado defensor de la Monarquía; la “lideresa” como una política significada  no sólo por el halo de la fortuna al salir ilesa de un accidente y un atentado, sino también por su especial capacidad para reaccionar ante situaciones críticas. Eso sí, de  la minucia del “tamayazo” no hay en tal semblanza un sola mención. Y los retratos de nuestros  reyes, príncipe, princesa e infantas, claro está,  pura hagiografía monárquica que contrasta burdamente con los últimos episodios reales.

            Sin embargo, como han diagnosticado estos historiadores críticos con la obra, el mal es más profundo que los de  la subjetividad y el  amiguismo. Lo que reflejan una gran parte de las biografías de esas etapas de la historia contemporánea de España es claramente una asunción por parte de sus biógrafos de los planteamientos y tópicos del revisionismo historiográfico franquista que, como denunciaba con fundamento recientemente el historiador Borja Riquer, a pesar de su escaso valor científico, ha experimentado un importante rearme en los últimos tiempos, con el apoyo, incluso, de instituciones oficiales. Basten unos botones como muestra:  el carácter de Cruzada y de Alzamiento Nacional con que califican los autores a la sublevación armada de una parte del ejército contra la legalidad democrática republicana; la caracterización de los guerrilleros resistentes al franquismo como bandoleros y facinerosos; la descripción enfática de la represión en la zona republicana frente  a la  escueta referencia a la realizada por el franquismo  durante y al final de la guerra civil; la relación de causa efecto entre la República y la Guerra Civil considerando que ésta  no fue  sino un corolario inevitable de aquélla... En fin, todos los tópicos de esa  deleznable literatura revisionista   que ha proliferado en estos últimos años  frente a la ingente obra  llevada a cabo por  los historiadores profesionales, a los que paradójicamente aquélla denomina en el colmo de la desfachatez  como “historiadores militantes”..

            Este diagnóstico es el que está en el origen de esta obra: En el combate por la Historia.  La República, la Guevra Civil, el Franqusimo ( Pasado/ Presente, 2012). Era necesario responder sin duda a esa visión revisionista de nuestro pasado reciente contemporáneo que inunda las biografías del Diccionario. Era necesario responder con lo que podría calificarse como un contradiccionario, pero que va mucho más allá que eso. Y desde luego nadie mejor para hacerlo que aquellos profesionales  de la historia contemporánea española que han contribuido con una investigación solvente a reconstruirla y que han sido excluidos, la mayoría, de la participación en el Diccionario. Y nada mejor que hacerlo con una obra que lleva un título que remeda una de las mejores apologías  escritas sobre la historiografía: la del padre fundador de los Anales, Lucien Fevre y su Combates por la Historia (1952).

Coordinada por ángel Viñas, en esta obra colectiva participan 33 historiadores profesionales que son especialistas en cada uno de los campos que tratan. No están, desde luego, todos los que son, pero, sin duda, son todos los que están. Son historiadores elegidos conscientemente, además, como representantes de las tres generaciones que han investigado  sobre la República, la Guerra Civil y el Franquismo y tienen a sus espaldas una obra solvente avalada por la comunidad historiográfica. Entre los de la generación más veterana están entre otros, además del coordinador Viñas,  nombres como Josep  Fontana, Paul Preston, Alberto Reig Tapia, Antonio Elorza, José- Carlos Mainer, Julio Aróstegui, Hilari Raguer….; de la intermedia, esto es aquellos que andan hoy entre los 40 y 50 años, pueden ser representativos Julian Casanova y  Enrique Moradiellos….;  y de los la generación más joven podemos citar , entre otros muchos, historiadores con una obra  ya suficientemente contrastada como José Luis Ledesma y Fernando Hernández Sánchez.

. La estructura del libro comprende cuatro partes. Las tres primeras dedicadas al análisis de  la República, Guerra Civil y Franquismo con entradas bien significativas que tratan de todos los tópicos de cada periodo y han sido analizados por el especialista correspondiente. La cuarta parte como contrapunto al Diccionario Biográfico  recoge  la biografía de 12 de los grandes actores  de esa época como son, entre otras, las de Franco, Azaña, Largo Caballero,  Negrin,  Prieto, José Antonio Primo de Rivera, Serrano Suñer…. Semblanzas cuyo contenido poco tiene ver con las incorporadas por el Diccionario. Finalmente, el epilogo del libro, escrito por Viñas y Reig Tapia es una dura, pero objetiva y pertinente diatriba escrita contra ese revisionismo  historiográfico franquista (la historietografía franquista, como le denominan) analizando su finalidad ideológica y sus procedimientos deformantes como son la denigración de los actores , la distorsión de los hechos, la ocultación de los mismos, la confusión, la apelación a autoridades dudosas, la tergiversación, la sustracción de información y… la mentira pura y dura.    

  En el libro se desmontan, pues, de manera sólida  y documentada todo ese clase de tópicos revisionistas que impregnan las biografías del Diccionario: desde la falsedad del binomío República- Guerra Civil que pretende poner el origen del conflicto en lo ocurrido en la etapa republicana, justificando con ello la sublevación contra la República hasta el del que trata de hacer pasar el franquismo por un régimen meramente autoritario y no por lo que realmente fue: una dictadura fascistizada, pasando, además de muchos otros, por el desmontaje  del de la equiparación en finalidad y volumen de la represión en la zona republicana con la llevada a cabo en la zona sublevada y después durante el franquismo, represión esta última que fue, detrás de la estaliniana, la más sangrienta de las llevadas a cabo por los fascismos en Europa.    

            Desde luego, para muchos de los lectores de este aprovechable libro – entre los que me encuentro- las declaraciones del Director de la RAH manifestando que el Diccionario “es un monumento a la libertad de expresión” no deja de ser un sarcasmo inaceptable.
(Publicado en el suplemento Cultura de La Nueva España de Oviedo)